gracias, Max, Maximilian Ihm (Pixabay)

Una vez esbozado en orden internacional en que se desenvuelve Serbia en la anterior entrada, vamos a entrar en materia con Serbia:

La posición serbia ante la invasión rusa de Ucrania: equilibrismo diplomático

Ya hemos tratado en anteriores artículos la relación secular entre Rusia y Serbia. Tras el análisis de varios períodos históricos que comienzan en este post, puede concluirse que no es la amistad, precisamente, lo que ha caracterizado dicha relación, oscilando entre la indiferencia y el oportunismo político. Sin embargo, si examinamos las declaraciones de los gobiernos de Vladimir Putin y —en especial— Aleksandar Vučić,  llama la atención de una narrativa que presenta los vínculos entre ambos países rayana en lo meloso.  De lo que no cabe duda, en ningún caso, es que ambos países son, hoy por hoy,  estrechos aliados.

Cuando tiene lugar, hace ya dos años, la invasión de Ucrania por las fuerzas rusas, Ucrania llevaba en guerra siete años y fue una escalada masiva del conflicto. Serbia decide cerrar filas con su aliada Rusia, evitando calificarla como agresora. Dicha decisión es consecuente, por una parte, pero extraña si se tiene en cuenta que el sistema de defensa territorial yugoslavo estaba especialmente ideado para una eventual invasión soviética similar a la que tiene lugar en Ucrania. Como ya se abordó en esta entrada, A Stalin no le hacía ninguna gracia que, tras su paseo triunfal por toda la Europa del Este y los Balcanes Orientales, Tito se empeñara en que Yugoslavia siguiera su propio camino. Socialista, sí, pero libre de toda tutela sociética. Este verso suelto en el comunismo europeo irritaba mucho a Stalin. Durante la guerra, los líderes de EE.UU. y el Reino Unido habían prometido a Stalin manos libres en Europa del Este en sucesivas cnferencias desde Teherán (1943) a la de Postdam (1945), pasando por la de Yalta. Venía de hablar con la flor y nata del mundo y no iba a tolerar que un desharapado como Tito le negara el acceso a la guinda final del pastel. De ahí lo de la Defensa Territorial (Teritorijalna odbrana, TO), que creó Tito para poder gestionar una eventual invasión soviética que ocupara Belgrado fulminantemente (casualidades de la vida: lo que planeaba Rusia con Ucrania en febrero de 2022): el resto del país podía seguir funcionando de manera descentralizada en la defensa. Algo muy partisano y guerrillero, algo en lo que el mariscal croata tenía experiencia acreditada. Al final, no pasó nada porque la situación internacional desvió el foco hacia otras latitudes y la posterior desestalinización de Jrushev. Pero que Stalin se murió con las ganas, qué duda cabe.

Lo del Dombás y Crimea, pase…

Pero volvemos a 2022 y a la peculiar posición de Serbia, que no sorprende absolutamente a nadie. Cuando Rusia promovió la desestabilización del Donbás y la anexión ilegal de Crimea en 2014, EE.UU., la UE y otros países desplegaron una batería de sanciones contra Moscú. Ello no impidió a la Bundeskanzlerin Angela Merkel cerrar jugosos contratos de suministro de gas con la Rusia de Putin aunque, en fin, la (geo)política forma siempre extraños compañeros de cama. Serbia, por su parte, nunca apoyó las sanciones (medidas restrictivas, se les suele llamar) contra Moscú. No suscribió las norteamericanas (eso también es congruente con el nacionalismo serbio más o menos antiestadounidense instalado en el poder desde 2012), ni las europeas. Ay, amigo: eso es más grave: más que nada, porque quieres pertenecer a la UE y en teoría debes seguir sus lineamientos en materia de política exterior. Y no lo haces. Y te pueden castigar y dilatar (aún más) el ya interminable proceso de adhesión. Porque es este el quid: que Serbia quiere pertenecer a la UE y no sigue sus reglas. Mal vamos.

Pero esto ya es demasiado

En 2022, Serbia vuelve a resistirse a aplicar las sanciones que la UE, EE. UU. y la mayoría de los Estados desplegaron contra Rusia. En 2014 la UE podía mirar hacia otro lado (e incluso comprarle gas a Rusia, como se dejó escrito arriba). Pero no en 2024. Esto es mucho más grave. Se juega Europa poco menos que su futuro. Si cae Ucrania, no hay que ser un avezado observador para pensar en Moldavia o incluso Polonia. En consecuencia, la UE se enfada, y mucho: advierte a Belgrado que su actitud puede salir al país balcánico muy cara y le recuerda, además en su resolución del Parlamento Europeo del 1 de marzo de 2022, que el proceso de adhesión no consiste sólo en adoptar el acervo comunitario (armonizar la legislación serbia a los estándares comunitarios), sino también en actuar de acuerdo con las directrices de la política exterior comunitaria.

Para ganar tiempo, Vučić insinuó que podría apoyar las sanciones tras las elecciones de abril de 2022. Sin embargo, Vučić vence en dichos comicios —también los legislativos anticipados de 2023—y despeja cualquier duda: no apoyará las sanciones, declarando que los intereses serbios son lo primero, y que no son ni los de la UE ni los de Rusia: habitual “equidistancia”. Por dicho motivo, algunos observadores sostienen que Serbia práctica, una “neutralidad disruptiva”: asegura no querer pertenecer a ninguno de los dos bloques, predicando un espurio apego a la tradición yugoslava de no alineamiento, pero aspira a ser miembro de la UE, si bien sus acciones parecen ir en el sentido contrario a los valores comunitarios.

Asistimos así a un ejercicio de cuadratura del círculo redomado: por una parte, Ucrania es un amigo que no ha reconocido la independencia de Kosovo, por lo que apoya su integridad territorial; por otro, no se respaldan las sanciones que persiguen, precisamente condenar el atentado del Kremlin contra dicha integridad desde la anexión ilegal de Crimea en 2014.

Con respecto a Bielorrusia, la posición de Serbia se torna aún más incómoda, ya que, efectivamente, Belgrado aplicó sanciones contra Minsk por las irregularidades en el proceso electoral de 2020 (en fin, habría que decirle a la UE que sí en algo). La causa parece venir dada porque en 2021 Vladimir Putin no estaba de acuerdo con Lukashenko en su política de equilibrio entre Rusia y la UE, algo que puede hacer Serbia pero que en ningún caso se le “permite” a Bielorrusia. El problema de la posición serbia es haber quedado comprometida cuando Minsk cerró filas con Rusia desde 2021 (Rusia preparaba ya su “operación especial” en Ucrania).

Brigadas internacionales a la serbia
Otro asunto de especial significancia pasa por el apoyo de ciertos sectores en Serbia, –aunque también en Montenegro y en la RS de Dodik– a la causa rusa en Ucrania. Se trata de voluntarios –por lo general grupos nacionalistas de extrema derecha, como las “Patrullas Nacionales”, entre otros– que van a luchar al Dombás contra el gobierno ucraniano. En dicho escenario combaten muchos antiguos militares que sirvieron en la RFY en las guerras de Croacia, Bosnia o Kosovo. En Serbia, Montenegro y BiH está prohibido por ley combatir en el extranjero, aunque hay elementos que indican que Serbia no aplica especial celo en ello: en primer lugar, Air Serbia, la compañía aérea de bandera serbia, mantiene el flujo de vuelos a Rusia, al contrario que otros países europeos, que los han reducido significativamente debido a la invasión de Ucrania; en segundo lugar, destaca la suavidad o ausencia de sentencias condenatorias a ciudadanos serbios por luchar en el extranjero; en tercer lugar, no existen ni en Serbia ni en BiH (básicamente, la RS) datos oficiales de voluntarios con destino a Ucrania; cuarto: no se trata de grupos marginales ni recientes, como lo prueba el hecho de que Nikola Djakonov, un «voluntario» porruso del Dombás,  realizó en 2014 una visita a Banja Luka, la capital oficiosa de la RS, donde expresa su apoyo a Milorad Dodik quien, por coherencia (es partidario de un referéndum para separar la RS de la federación de BiH) es un aliado natural de los separatistas prorrusos del Dombás. Su narrativa es similar a la del Kremlin: Occidente va contra Rusia y fue en su momento contra los serbios, negándoles el derecho a proteger a las minorías serbias –en este caso– en Bosnia. Por tanto, simplemente intentan que a Rusia no le pase lo que les sucedió a los serbios en las guerras de los años 1990. Claridad meridiana.

De todos modos, buena onda con la UE
Sin embargo, y pese a todo lo mencionado, Serbia no tiene intención de enemistarse con la UE: el partido de Vučić (Partido Progresista de Serbia, SNS) tiene que calibrar de manera muy cuidadosa cómo no ir contra Rusia, no sólo por la «tradicional» alianza con el Kremlin, sino porque además no quiere perder la base electoral de su partido, decididamente prorrusa. Quizá por este motivo vota a favor de la condena casi unánime a Rusia en la sesión de emergencia de la Asamblea General de Naciones Unidas (el derecho de veto de Rusia hace impensable algo similar en el Consejo de Seguridad), el 2 de marzo de 2022, algo que constituye una novedad en la política “rusa” de Serbia, dejando al aliado ruso con apoyos irrelevantes en la esfera internacional.

Y no digamos con Rusia

Serbia ha estado estos dos años haciendo un poco el paripé con la UE, buscando no irritarla hasta un punto de no retorno, pero en modo alguno ha cesado en los gestos amigables con Rusia. Son no pocos los que se cuentan: desde la negativa a acoger a ciudadanas y ciudadanos rusos críticos con la guerra que huyen hacia Serbia o incluso la revocación, sin mediar razón, de sus visados, al secreto a voces del envío de armas a Rusia por parte de Belgrado, pasando por otro «descubrimiento» que todo el mundo sabía: que el «Centro Humanitario Ruso-Serbio» de Niš, no es en ralidad, tal cosa: todo apunta a que su naturaleza es la de base comjunta serbo-rusa. Lo saben los estadounidenses bien: su base de la KFOR en Kosovo está a un tiro de piedra.

 

Esta entrada es parte de mi artículo, revisado y actualizado:
LOS CONSTRUCTOS POLÍTICOS DE “MUNDO RUSO” Y “FRATERNIDAD ESLAVA” A LA LUZ DE LA INVASIÓN DE UCRANIA DE 2022: EL CASO DE SERBIA

Resumen:
La Federación Rusa utiliza dos herramientas para posibilitar o acrecentar su influencia, en especial en el ámbito eslavo: el “mundo ruso”y el constructo de la“fraternidad eslava”. La primera presenta dos manifestaciones: en primer lugar, la protección de las minorías rusas en un área que considera de influencia rusa (Transnistria en Moldavia, Osetia del Sur y Abjasia en Georgia, Crimea y el Dombás1 en Ucrania); en segundo lugar, al negar a ciertos Estados eslavos su carácter nacional, éstos pasan a ser considerados rusos, o una forma de serlo (Bielorrusia, Ucrania). En ambos casos, el corolario es un derecho de intervención para proteger a las minorías rusas.En cuanto a la “fraternidad eslava”, el constructo se aplica a otros pueblos que, si bien no se consideran rusos, son para Rusia “hermanos eslavos”: es el caso de Serbia, que se aborda en el presente estudio. Así, la invención de la idea de una “fraternidad eslava” secular, de protección a la nación serbia, sirve a Rusia –en especial, desde la guerra de Kosovo– para incrementar su influencia en grandes sectores de la opinión pública serbia.
Palabras clave: Balcanes occidentales, Serbia, Rusia, invasión rusa de Ucrania, mundo ruso, fraternidad eslava.

THE POLITICAL CONSTRUCTS OF “RUSSIAN WORLD” AND “SLAVIC BROTHERHOOD” IN THE LIGHT OF THE 2022 RUSSIAN INVASION OF UKRAINE: THE CASE OF SERBIA
Abstract:
The Russian Federation uses two tools to facilitate and extend its influence in the Slavic post-Soviet sphere: the “Russian World,” and its twin idea “Slavic brotherhood.” The first tool is expressed in two ways: first, protection of Russian minorities in an area that Russia considers its sphere of influence (Transnistria in Moldova, South Ossetia and Abkhazia in Georgia, or Crimea and Donbas in Ukraine). Second, Russia denies the national character of cer-tain states, such as Belarus and Ukraine. Instead, both are defined as Russians, or ways of being Russian. In either case, the consequence is that Russia reserves its right to (military) intervention to protect the Russian minorities.Regarding the second tool, Slavic brotherhood, this construct is applied to other peoples who are not considered by the Kremlin to be Russians, but fellow Slavs. This is the case of Serbia, dealt with in this paper. Perpetuating the myth of “Slavic Brotherhood” allows Russia—particularly since the Kosovan war—to increase its influence in large sectors of Serbian public opinion.
Keywords: West Balkans, Serbia, Russia, Russian invasion of Ukraine, Russian world, Slavic Brotherhood.

LES CONSTRUITS POLITIQUES DU « MONDE RUSSE » ET DE LA « FRATERNITÉ SLAVE » À LA LUMIÈRE DE L’INVASION DE L’UKRAINE EN 2022: LE CAS DE LA SERBIE
Résumé:
La Fédération de Russie utilise deux outils pour permettre ou ac-croître son influence, notamment dans la sphère slave: le « monde russe »et la validation de modèle de« Fraternité slave ». Le premier présente deux manifestations : premièrement, la protection des minorités russes dans une zone qu’elle considère comme d’influence russe (Transnistrie en Moldavie, Ossétie du Sud et Abkhazie en Géorgie, Crimée et Donbass en Ukraine) ; deuxième-ment, en déniant à certains États slaves leur caractère national, ils en viennent à être considérés comme russes, ou l’étant d’une certaine manière (Biélorus-sie, Ukraine). Dans les deux cas, le corollaire est un droit d’intervention pour protéger les minorités russes.Quant à la « fraternité slave », le construit s’applique à d’autres peuples qui, bien qu’ils ne se considèrent pas russes, sont pour la Russie des « frères slaves » : c’est le cas de la Serbie, lequel est abordé dans cette étude. Ainsi, l’invention de l’idée d’une « fraternité slave » laïque, pour protéger la nation serbe, sert à la Russie – surtout depuis la guerre du Kosovo – pour accroître son influence dans de larges secteurs de l’opinion publique serbe.
Mots clés : Balkans occidentaux, Serbie, Russie, invasion russe de l’Ukraine, monde russe, fraternité slave

 

Por Antonio Rando Casermeiro

Me llamo Antonio y nací en Santander en 1974, aunque soy, sobre todo, de Málaga. Soy licenciado en Derecho e Historia y doctor en Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales por la universidad de Málaga y quisiera dedicarme a ello. Soy un apasionado desde pequeño del este de Europa, especialmente de los Balcanes y Yugoslavia. Me encantan las relaciones internacionales y concibo escribir sobre ellas como una especie de cuento. Soy apasionado de escribir también cuentos y otras cosillas. Desde 2013 resido en Colonia (Alemania)

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