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Bienvenidos a la última entrada de de este 2023. Pensaba tomarme unas vacaciones, pero Serbia nunca me lo permite. Vamos a ello

Si en las tres anteriores entradas (véanse, desde el principio de la serie) me mojé algo intuyendo que podíamos estar ante el principio del fin del gobierno de Vučić, hoy hay que decir que, de momento, ello no va a ser así. Alcaldías como la de Belgrado, que la oposición consideraba con opciones, han caído del lado del gobierno. Es decir: gracias a un proceso electoral totalmente manipulado. Si la oposición soñaba con usar Belgrado como trampolín para apartar al gobierno del poder, tendrá que esperar. Cabe una última esperanza: que, a tenor del fraude electoral tan masivo que se ha producido, se repitan las elecciones en Belgrado. Pero en Serbia esto es quizá mucho esperar,

«Fantasmas de pucherazo en Serbia», lo reconozco, iba a ser el título de esta entrada. Sin embargo, pocos fantasmas hay: el falseo de los comicios es un hecho tan evidente, que los serbios y serbias lo conocían antes ya de emitir su voto; en muchos casos, por la razón expuesta, fue la razón de no emitirlo.

Realmente, fantasmas sí que hay: los veremos a continuación.

Cuando uno habla con amigos serbios, tanto en Alemania como en España, llama la atención el hecho de que asumen con naturalidad que las elecciones serían un fraude. Lo dan por hecho: cada día sale el sol y cada cita electoral es una farsa. Aquellos serbios y serbias que volvían a casa por navidad tenían sólo una incertidumbre: si podrían volar a Belgrado tras las elecciones por los disturbios que sabían que se producirían, por unos comicios que sabían un engaño y que echarían a la gente a la calle ⸺eso sí: certidumbre.

En contraste con polacos y polacas, ilusionados con cambiar la realidad política de su país, los serbios permanecen apáticos ¿son los polacos unos soñadores y los serbios unos displicentes conformistas? En absoluto. El gobierno en Polonia había arrasado con muchos componentes democráticos, pero los resortes del Estado ⸺y no será por falta de empeño por parte del PiS, el partido gobernante hasta octubre de 2023⸺ aún aguantaban, pues Polonia, en primer lugar, estaba en la UE y ésta le recordaba contantemente por dónde no debía ir y, en segundo lugar, contaba con experiencia democrática de unos 30 años. El sueño del PiS pasaba por convertir a Polonia en algo parecido a la Serbia de Vučić, pero los polacos y las polacas reaccionaron a tiempo, porque sabían que podía cambiarse un designio que no era ineluctable. Es cierto que mientras el PiS era fuerte, se podía hacer poco: sólo confiar en un desgaste y una oposición unida, como realmente ocurrió. Entonces, ellos y ellas acudieron desde Alemania, desde España, desde Francia, a votar. Muchos lo hicieron por correo. Otros muchos, si les era posible, aprovechaban para viajar a Polonia y pasar horas y horas de cola para asegurarse en los centros electorales. Sí. Hubo irregularidades, pero se pudo.

El largo camino hacia ninguna parte de Serbia

A los serbios no les vale la ilusión. El sistema es corrupto de manera estructural. Tras la salida de Slobodan Milošević del poder, la organización del estado estaba infiltrada por elementos del antiguo régimen. La Yugoslavia de Tito (1945-1980) era abierta y un soplo de aire fresco si se la comparaba como otros países del este europeo, pero era lo que era: un sistema de partido único que podía permitir algún tipo de disidencia, pero que no dudaba en reprimirla si la consideraba amenaza. Tras el advenimiento de Milošević al poder en Serbia y una década de guerras, el Estado había heredado el carácter no democrático del titismo, pero sin su apertura. Cuatro guerras y la escasa tradición democrática habían hecho de Serbia una democracia de opereta. Koštunica había abierto el camino a la República Federal de Yugoslavia a la entonces Comunidad Económica Europa (germen de la actual UE). El líder serbio era en 2000 un demócrata convencido pero impregnado de nacionalismo más bien poco civilizado, que supo ver que no llevaba a Europa, por lo que lo dejó a un lado.

Boris Tadić puso suponer un cambio, el inicio de la transición de Serbia hacia un país moderno y más acorde con los valores europeos. Serbia empezaba a parecerse de 2004 a 2012 a un país que caminaba hacia la integración europea, que parecía haber ido superando los flecos pendientes de diez años de guerras en las que fue protagonista. Pero perdió, contra todo pronóstico, contra Tomislav Nikolić, un nacionalista más identificado con aquello que Serbia pretendía dejar atrás. El problema no era tanto él como las maniobras que comenzaba a llevar a cabo entre bastidores un tal Aleksandar Vučić, quien las malas lenguas en Serbia aseguraban que era quien mandaba en realidad en el país. Acordó como Nikolić que este sería el presidente y él, el jefe del partido, el Partido Progresista Serbio (SNS), una escisión del SRS (Partido Radical Serbio), demasiado ultramontano para ganar unas elecciones o consolidarse más en la opinión pública Serbia. Su líder Vojislav Šešelj, era igual de nacionalista que Milošević, sólo que este último tuvo que retirar su ayuda a los serbobosnios por exigencias de la comunidad internacional y Šešelj quería seguir: las diferencias con Milošević eran por extremismo, no por perseguir una democracia.

Nikolić gobernaba, Vučić se hacía con el partido. De sobra sabía las ventajas que albergaba dirigir una organización y ponerla a su servicio, bien como presidente de su partido, bien como presidente de la Serbia actual. No en vano, ocupó el cargo de ministro de información de Serbia en los años 1998-2000. Como Putin en la República Democrática Alemana veinte años antes, pudo sentirse traicionado cuando Milošević fue desalojado por el poder. Las elecciones fueron un fraude y la población, demasiado harta salió a la calle, porque Milošević deseaba anular los comicios por supuestas irregularidades las cuales, que las había, eran las desplegadas por su gobierno.

Vučić decidió que la próxima vez no fallaría. La ocasión se le arrojó a los pies al ganar las elecciones de mayo de 2017: desde entonces, iría torciendo el brazo al escaso Estado de derecho que comenzaba tímidamente a despegar en Serbia.  Los elementos que se mantenían del antiguo régimen no habían desaparecido del todo: de hecho, infiltraban todo el estado.  Vučić sólo tuvo que conectar con ellos. No le fue difícil, pues de ahí venía.

Irregularidades en las elecciones serbias: una constante histórica

Disuelta la Yugoslavia de Tito, terminada la guerra en Eslovenia y preparándose la de Bosnia, corría el año1992. Elecciones en Serbia y 67% de los votos Milošević. El heredero de la Liga de los Comunistas de Serbia, el SPS (Partido Socialista de Serbia) no era un prodigio de organización de elecciones limpias. Entre los elementos de organización de las mismas se contaban la poca información sobre la preparación y fecha de los comicios aupada por la falta de tiempo para prepararlas por parte de la oposición, acallamiento de los rivales políticos o el control de los medios de información —en especial, los estatales. 31 años después, pese al interludio de Djinjić Tadić, la situación es la misma. Un año después, en1993 los habitantes de Kosovo ⸺un quinto de la población de la entonces República Federal de Yugoslavia (RFY)⸺ boicoteó las elecciones. No sería la primera vez. En 1996, la oposición clamó por la poca limpieza de las elecciones, aunque el Supremo dio la razón a Milošević. El órgano judicial estaba controlado por él, claro. De ahí el interés del mencionado PiS polaco por llevar a cabo lo mismo, Orbán también le pone empeño e Israel también. Los serbios, como ahora, se echaron a las calles. En 2000, la misma situación, con la diferencia de que los resultados eran tan incontestablemente adversos para el gobierno que, pese a que este insistió en anular las elecciones, Milošević hubo de ceder ante una renovada presión en las calles y en Europa. Sin embargo, los medios para anular unos comicios ganados por la oposición pueden ser mucho más expeditivos: uno de ellos es el asesinado del primer ministro europeísta Zoran Đinđić en 2003.

La lista de irregularidades es interminable y también las hubo en las elecciones del 2004, 2008 y 2012, aunque en menor medida por el empeño del presidente Tadić.

No obstante, en 2017, año en que ganó Vučić, volvieron las irregularidades. Casualidad o no, se da la circunstancia de que el actual líder serbio ya tenía participación en los mecanismos del Estado ⸺había sido ministro de defensa (2012-2013), vicepresidente del Gobierno (2012-2013) y primer ministro (2014-2017). A ello se sumaba la jefatura incontestada de su partido (SNS). En las elecciones en las que salió elegido (2017) volvieron las irregularidades masivas, entre otras ⸺cito por lo pintoresco⸺ votantes que habían nacido en el siglo XIX. Es más: puede sonar a broma, pero una de las reivindicaciones de los manifestantes, de nuevo en las calles ⸺uno de cuyos lemas era “contra la dictadura”⸺ era la supresión de las personas fallecida del padrón electoral. No era una cuestión anecdótica, por mucho que suscite hilaridad: se trataba de aproximadamente un millón de personas que había vuelto de la otra vida para votar ⸺ni que decir tiene⸺ a Vučić. Así las cosas, la motivación para presentarse contra el predsednik serbio no son grandes. En 2020 la mayoría de los partidos decidió boicotear las elecciones y en 2022, año de la reelección de Vučić  la oposición y a OSCE alertaban del fraude. Ese año, se llevó también a cabo un Referéndum ⸺¡qúe casualidad!⸺ sobre cambios en la constitución que, en teoría, preservarían la independencia del poder judicial, exigencia de la Unión Europea para la integración de Serbia. Viejos conocidos se dan cita entonces: plazos muy cortos para su preparación, casi en navidad -como ahora- y en plena pandemia, cambios de la ley a pocos días de su convocatoria, poco interés por parte del gobierno al objeto en proporcionar información, a fin de que no se movilizara la oposición. El porcentaje de participación, debido a la falta de información gubernamental sobre el mismo, no llegó al 30%. Y es que Serbia hace años que no es una democracia plena, sino un sistema o “régimen en transición”, según aseguran muchos expertos.

Obviamente, la situación no podía mejorar en la última cita electoral.

En las elecciones legislativas, donde se contaba con un apoyo mayor a Vučić, la oposición contaba con el pucherazo y las prácticas descritas. Protestó pero, digamos sin muchas esperanzas. Sin embargo, en Belgrado, donde la oposición contaba con la victoria, los resultados fueron más ajustados. Si lo del parlamento fue fraude, lo de la capital fue robo a mano armada. De nuevo la oposición se echó a las calles -hasta hoy- para protestar contra el fraude. A decir verdad, los líderes de Serbia contra la Violencia (SPN) y el Partido Democrático (DS) del expresidente Tadić -además de otras formaciones- ya venían denunciado el pucherazo desde el mismo día de las elecciones.

Fraude electoral `2023

El enésimo amaño es tan masivo en las últimas elecciones que, primero: es imposible de ocultar y; segundo: no hay manera de que pueda ser organizado sin el concurso del estado. Y el estado es el gobierno, como de ordinario acaece en los sistemas políticos de democracias híbridas. Dentro de esta enorme maquinaria de amaño destaca el partido de Vučić (SNS). La formación política ha recibido diversas acusaciones de financiación ilegal; en realidad, más que eso, pues se trata de todo un sistema perfectamente engrasado más que de donaciones puntuales. Se documentan falsos donantes y montantes procedentes de actividades ilegales que recibían a cambio beneficios de toda índole en un régimen ya de por sí caracterizado por el nepotismo y el amiguismo. Sorpresa: la Fiscalía archivó el caso. Otra vertiente más del poder omnímodo de Vučić, cuyos flecos llegan al poder judicial, instancia que la Unión Europea y el Consejo de Europa conminan a reformar para lograr la plena independencia e imparcialidad judicial. No sólo se trata de conminar: la UE aporta muchísimo dinero en tal empeño: cientos de millones de euros. Actualmente, Serbia forma parte de un programa en este rubro hasta 2025 (aunque es hecho claro que se prorrogará, pues no se ha hecho absolutamente nada. Bueno, sí: alejarse de los estándares europeos). El problema de ello es que los avances en la materia son requisito sine qua non para progresar en el camino de la integración en la UE. Vučić, en realidad, quiere meterse en la UE pero no demasiado. Está cómodo no siendo estado miembro, pues la fiscalización por parte de la UE sería aún mayor. Es un decir, por supuesto: Serbia no reúne las condiciones necesarias para la adhesión, solamente por el área que se comenta (dos capítulos de 31 del acervo comunitario).

Volvamos a las elecciones ⸺perdón por la palabra⸺ de diciembre. Los ejemplos de fraude son múltiples, como se ha dicho. Por hacer un recuento no exhaustivo, podemos hablar de lo siguiente:

  • Sólo un tercio de los municipios ⸺y, dentro de ellos, no todos los distritos⸺ son convocados para las elecciones locales.

Los demás se dejan para dentro de 6 meses: la fecha en que debieron ser llevados a cabo si no se hubieran adelantado. Ello suscita interrogantes. Entre otras respuestas, organizar un pucherazo tan masivo implica que sea más eficiente llevarlo a acabo por partes; es más fácil y no sobrecarga la máquina. Además, el fraude parece menos masivo.

  • Migración ilegal de votos: los votantes fantasma

Es una característica no sólo serbia, sino que también se halla presente en sistemas parecidos al serbio (democracias no consolidadas) con economías no demasiado boyantes y que, en consecuencia, presentan unos índices muy altos de emigración al exterior.

Y no hablamos de las almas de los fallecidos que regresan de utratumba de otras elecciones: supone algo más mundano, entre los vivos. Ello no quita que, efectivamente, como ya se ha dicho, pueda haber muertos votando, aunque esperamos que por lo menos hayan nacido en el siglo XX.

Lo de los cambios ilegales en el censo electoral es un caso aparte. Diversas ONG como la serbia CRTA prueban distintas manifestaciones de este tipo de fraude, organizado por el SNS y con apoyo, como se verá, de instituciones y servidores del Estado. La escala de la manipulación electoral es de tal, que resulta imposible que pase desapercibida. No se trata de acusaciones de muchos casos de fraude: es una maquinación que no puede realizarse sin el concurso del estado o el SNS.

Se trata de cambios de residencia de votantes para reforzar ⸺o, directamente, revertir⸺ el resultado electoral en distritos electorales donde el gobierno no obtendría el resultado “esperado” ¿cómo se lleva a cabo? Muy fácil. Hay zonas no tan proclives al SNS o discutidas ¿qué hacemos? Simplemente, empadronamos a gente que sí vote a Vučić (o aliados). Una variante de ello es declarar una residencia ficticia.

Hay más: muchos votantes serbokosovares tienen derecho al voto en las elecciones. Ello puede ser más o menos discutible, aunque no se trata de ocultar. Dichos votantes suelen ser pro Vučić quien como se ha visto en la anterior entrada, invirtió buen tiempo en llevar a cabo propaganda en este sentido, incluyendo movilización de fuerzas armadas serbias. Utilizar el estado para ganar votos no es muy ético, pero al menos tienen derecho a voto. Sin embargo, hablamos de otro detalle más grave: se documentan votantes no sólo de Kosovo, sino también de Bosnia-Herzegovina (especialmente de la Republika Srpska, RS, la entidad de predominancia étnica serbia del país) e incluso de Croacia. Para hacernos una idea: sólo en Belgrado se han detectado irregularidades en 71 colegios electorales. La ecuación es simple: mientras mayor número de votos hay en un colegio electoral, mayor número de votos “migrados” existe.

  • registro electoral poco claro.

Antes el censo electoral era una tarea de las municipalidades, ahora del ministerio de información. Pequeño recordatorio: Vučić fue ministro de información durante la Yugoslavia de Milošević, sabe de qué va. Desde que tal institución se ocupa de los censos, aumentan las irregularidades: es otro caso de votantes fantasma: se da un desajuste entre el número de ciudadanos en edad de votar y el número real de votantes. No coinciden. Lo dicho implica que cientos de miles de votantes ajenos al sistema o registrados de manera irregular están fuera de control. Mejor dicho: a disposición del gobierno serbio para falsear elecciones. Precisamente por ello, la UE y el Consejo de Europa (amen de numerosas ONG) insisten en que la tarea de elaborar el padrón electoral debe volver a los entes locales. Evidentemente, desde un ministerio de información que depende del gobierno es más fácil influir en la confección del censo que si lo efectúa un ayuntamiento, que puede estar en manos de la oposición. Por cierto: Belgrado sigue estando en discusión. Imaginemos un censo de la mayor ciudad de Serbia controlado por la oposición, y que además elabore un censo con limpieza: Vučić puede perder ⸺más bien, dejar de ganar o de “conseguir”⸺ quizá cientos de miles de votos. De ahí: 1) la importancia de que el gobierno, a través del ministerio de información, siga controlando el censo y; 2) que el consistorio de Belgrado no esté en manos de la oposición.

  • Votantes (remunerados) de municipios limítrofes con Belgrado que pueden votar en la capital

Ciertamente, otra modalidad de lo que estamos comentando. Votantes de municipios limítrofes con Belgrado son convenientemente “ llamados” por el SNS: se les abona 2000 dínares serbios (unos 17 euros) antes de votar, y 2000 dínares más después de los comicios.

  • Funcionarios municipales implicados

Funcionarios de todas las escalas de la administración serbia al servicio del gobierno para manipular las elecciones y participar en los recuentos, incluso para facilitar la llegada de los votantes fantasma aludidos a los centros de votación.

La respuesta de la población: nueva toma de las calles por la oposición

La gente en Serbia no suele aceptar el fraude así como así. Desde los años 1990 ha salido a la calle para protestar contra la manipulación electoral de turno, salvo el breve interludio del mandato de Tadić (2004-2012), mandatario que intentó desterrar los manejos ilegales de elecciones y en general mejorar el Estado de derecho en su afán de acercar Serbia a la UE. A partir de 2017 en especial, la oposición comenzó a llevar de nuevo las ciudades serbias, en especial desde el año 2020 (como comento en anteriores entradas). En la última ola de manifestaciones, se consiguió articular un movimiento/plataforma opositora: Serbia contra la Violencia (SPN). El robo de las elecciones sobre todo en Belgrado, algo que se sabría que sucedería, no ha hecho sino seguir con la campaña contra Vučić. Nadie en la oposición pensaba objetivamente que la campaña iba a finalizar el 17 de diciembre, día de la última cita electoral. Verdaderamente, las movilizaciones empiezan ahora. Y no se detienen, pese a la actuación del gobierno, que comentamos después

Se habla de un nuevo Maidan, como comparación con las manifestaciones  que tuvieron lugar en Kiev (2013-2014) contra Víktor Yanukóvich (aquí lo explico un poco), que a buen seguro obligarán a reaccionar -ya ha pasado- a las cancillerías estadounidenses y europeas. Varios partidos de la oposición, así como ONG y movimientos de la sociedad civil proclaman la existencia de fraude electoral.

 

Respuesta del gobierno: agentes occidentales, antiserbiosque  intentan desestabilizar Serbia

            El gobierno serbio ha pasado a la ofensiva, si es que no lo tenía preparado de antes, que es lo más seguro. En primer lugar, cabe hablar de represión física: represión brutal de manifestantes por parte de la policía, algo que, por otra parte, no es nada nuevo y ya ha sido desplegado durante la campaña y precampaña. Se han producido detenciones arbitrarias de, en especial, jóvenes manifestantes, quienes permanecen detenidos y aislados sin formación de causa ignorando cualquier disposición internacional al respecto. De nada vale que ONG, partidos políticos y expresidentes como Tadić muestren en sus redes las fotografías de los detenidos y pidan su liberación. Repercusión internacional tiene, aunque el gobierno serbio recurre a la tradicional y machacona cantinela de que se trata de maquinaciones occidentales o de la UE para desestabilizar Serbia. Hablamos de ello ahora

En segundo lugar, la represión propagandística y/o verbal, que consiste en acallar los mensajes de ONG como CRTA contra el fraude electoral. La organización se encarga de poner en conocimiento del público las sospechas que trasmiten los ciudadanos sobre la infinidad de casos de pucherazo durante las elecciones) simplemente se les acusa de propaganda ilegal y son silenciados.  No sólo por parte del gobierno, sino por agencias de información influidas por él. Muestra de ello lo tenemos (dentro de un mar de sucesos de este tipo) en la agencia de información y noticias “Alma Quattro”, que “decide” no publicar los mensajes de la mencionada CRTA, incluso tratándose de organizaciones han trabajado juntas durante años.

Por parte del Gobierno, todo es conspiración: los manifestantes serían agentes occidentales que pretenden desestabilizar Serbia. Asegura, asimismo asegura que no tendrá lugar un Maidán como en Ucrania en su momento.

En la labor de martillo de la oposición, el gobierno serbio recibe la asistencia de la Rusia de Putin, quien tiene experiencia en el mensaje de «el mundo va contra mí». Según el Kremlin, todo consiste en una campaña occidental y de la UE (en especial como sucedió en Polonia con el PiS) Alemania,  para desestabilizar Serbia (Me suena: el mensaje es el mismo).

Si leemos medios pro Rusia como Sputnik, nos encontramos acusaciones como esta

 

Detrás de las protestas de la oposición en Serbia están los servicios de Inteligencia occidentales, sobre todo los de Alemania, por lo cual no se descartan nuevos desórdenes, declaró a Sputnik el ex vice primer ministro del Estado y el líder del Partido Radical Serbio, Vojislav Seselj.

El político mencionado fue el jefe de Vučić en el Partido Radical Serbio, de donde viene el actual partido del presidente. Como hemos explicado en otras entradas, es un político envuelto en turbios crímenes de guerra durante las guerras de los años 1990. Vučić se encargó de defenderlo en su momento, con casi las mismas palabras: Si se ataca a Vojislav Šešelj, se ataca a Serbia.

Por desgracia para Vučić, no puede legislar como su homólogo ruso y promulgar una ley que declare agente occidental, espía o traidor a cualquier opositor que considere molesto. Tiempo al tiempo.

El nivel de sutileza va descendiendo (ya hemos visto cómo se las gasta Vučić insultando a los opositores, lo abordo aquí). Grupos afines al gobierno se dedican a denigrar a los manifestantes, acusándolos de Maidan-Antifa, golpistas y nazis. Obsérvese el paralelismo con la Rusia de Putin, cuyos partidarios llaman “maidanetz” (participantes en el Maidan), de manera despectiva, pero, por si no queda duda, también les denominan banderoviets” (partidarios de Stepán Bandera, nacionalista ucranio que colaboró con los nazis durante la última guerra mundial), además de nazis, porque, no se olvide, Rusia persigue (sostiene Putin) desnazificar Ucrania.

Esto no es todo: la Serbia de resaca (violenta) electoral, seguirá «ofreciéndonos» más material para sucesivas entradas, pues la situación no tiene visos de resolverse pronto y todo apunta a un 2024 caliente como toda la década desde su inicio.

Continuará

 

Por Antonio Rando Casermeiro

Me llamo Antonio y nací en Santander en 1974, aunque soy, sobre todo, de Málaga. Soy licenciado en Derecho e Historia y doctor en Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales por la universidad de Málaga y quisiera dedicarme a ello. Soy un apasionado desde pequeño del este de Europa, especialmente de los Balcanes y Yugoslavia. Me encantan las relaciones internacionales y concibo escribir sobre ellas como una especie de cuento. Soy apasionado de escribir también cuentos y otras cosillas. Desde 2013 resido en Colonia (Alemania)

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