Foto: composición a partir de foto de Steinchen en Pixabay

La adhesión de Ucrania: el paso ¿decisivo?

Semana loca de negociaciones para ampliar la ayuda a Ucrania y abrir negociaciones de adhesión. Se habla del novamás, que el camino de Ucrania está ya expedito.

Ahora, vamos a hablar en serio. Mentira. El camino de Ucrania hacia la membresía en el selecto club europeo no puede estar más trufado de obstáculos. Las circunstancias no han cambiado desde mayo, en que escribí el “supuesto” camino ucranio hacia la UE. En realidad, no seamos tan optimistas: todo está peor. Así a bote pronto, me vienen unas cuantas razones. 1) el entusiasmo europeo por la defensa de Ucrania se está desvaneciendo. Más bien el dinero que se precisa para ello.

2) Hay crisis, inflación, Alemania está regular (y se dice que es la locomotora, a ver quién tira ahora de Europa)

3) los países del grupo de Visegrado —y eso que la coalición PiS-Konfederacja fue desalojada del gobierno polaco en octubre— capitaneados por el húngaro Viktor Orbán ponen cada vez más pegas. Asegura que Ucrania no cumple las condiciones para abrir negociaciones. Se ve que el líder húngaro es más amigo de ver pajas en el ojo ajeno que vigas en el suyo, pues se ha erigido en campeón de vulneraciones del Estado de derecho, en especial su ataque decidido a la independencia judicial. Si Hungría hubiera querido entrar en la UE hoy, los negociadores comunitarios le habrían entregado una centena de folios repletos de deberes para poder tener un Estado de derecho decente. Luego si eso, ya empezamos a hablar. Pero Hungría está dentro: se siente.

4) Estados Unidos no está por la labor de dar más dinero a Ucrania. Lejos quedaron los días de gloria del líder ucraniano, cuando, poco después de la invasión, hablaba al Congreso estadounidense y los representantes aplaudían con los ojos aguados, o cuando Nancy Pelosi viajaba a Kiev. En marzo de 2022 —del mismo modo que Martin Luther King tenía un sueño— el mandatario ucraniano declara que “tenía una necesidad” y exhortaba ayuda para proteger los cielos del país europeo. Este diciembre, negros nubarrones oscurecen la cuestión: el Congreso, de mayoría republicana, bloquea más ayudas para Ucrania. Biden ha invitado a Zelenski, Biden se ha reunido con él, donde muestran sintonía y buena relación. Zelenski también habló al Congreso pero, esta vez, ni fu ni fa. Y eso que era en vivo. Se fue del país norteamericano sin conseguir nada. Los republicanos están más pendientes de inventarse un proceso contra Biden que de ayudar a Ucrania. Y 2024 es año electoral: si Trump gana, despídete, porque el expresidente, que lleva sorteados los más diversos procesos judiciales en su contra, tiene muchas papeletas para ganar en un país polarizado y con un Biden que no hace soñar (¿por qué no han sacado ya a Kamala?). Trump, por otra parte, es más de Putin que de Zelenski. Se muere de ganas por que Putin lo reciba porque, en el fondo, quiere ser como él.

5) La Unión Europea tiene menos dinero. Claro… la inflación y la pieza que falta de la ¿locomotora? alemana complican todo. La UE debió de superar un verdadero tetris para seguir ayudando a Ucrania.

6) comienza a haber oposición hacia Zelenski. En un principio todos estaban unidos porque el país corría serio riesgo de desaparecer ante la acometida inicial rusa. Ahora, casi dos años después, todo está más organizado y los políticos pueden empezar a pelearse entre ellos, cuestionando e incluso atacando a Zelenski.

7. Putin avanza en su autorizarismo. La noticia en si mismo es mala, pero no se trata de eso. Al principio de la guerra, las voces disidentes eran contadas y mediatizadas por el miedo a ser detenidos y encarcelados. Ahora, mucho peor se presentan las reglas de juego.Putin tiene mucho más amarrado cualquier oposición, con leyes que ven agentes extranjeros por todas partes (hasta los LGTBIQ+). A esto se añade que, si durante 2022 muchos rusos huyeron con los pies, abandonando el pais para no ser allstados, ahora se está trabajando para que el alistamiento sea general. El incordio de la constitucion, que tampoco es que Putin se empeñe en cumplir en demasía, se va haciendo a su medida. La futura reforma de la constitución le permite la elección hasta 2036… no se podrá ceder ceder territorio a un estado extranjero (si. Las Kuriles. El viejo contencioso…pero en especial los territorios ocupados de Ucrania). Ah, se olvida, otro fastidioso elemento: el molesto derecho internacional. Fuera. El proyecto de Constitución estipula que tendrá prioridad el derecho interno.

Son solo algunas pinceladas. Por último. El atisbo de disidencia interna de la milicia Wagner está también bajo control

 

La apertura de negociaciones de adhesión para Ucrania no fue un camino de rosas

Al final, daba la impresión de que los negociadores europeos estaban más en un patio de colegio. Todos intentando convencer a Orbán para que cediera. Nada. Uno tras otro “déjame a mí que yo seguro que…”. Nada ¿qué pasó al final?  Que alguien tuvo una idea. El canciller alemán —Scholz— sugirió a Orbán que se fuera de la sala, así no votaba. Orbán: que de acuerdo.

—así no tengo que ceder. Que conste que yo no he votado ¿eh? —dice el líder húngaro mientras, mirando su móvil, envía el enésimo (antiguo) tweet oponiéndose firmemente a la adhesión de Ucrania. “no cumple las condiciones”.

—    Que sí ¿te vas, por favor? Tómate un café o algo —insiste, con gesto cansino, el alemán

 

Orbán se va y comienza la votación. Todavía entreabre la puerta y dice “que conste que no he votado”

—    Que sí, hombre. Anda. Cierra la puerta.

 

Votan. Orbán —ahora sí, o “ahora no”, depende cómo se mire— no está en la sala. Sale adelante la votación. Se abren negociaciones con Ucrania. Zelenski, eufórico, a distancia, “Victoria de Ucrania, Victoria de Europa” —proclama, arrobado. Pero le cuesta que la sonrisa no sea helada. Menos mal que no pueden verle la cara. Sabe que ha obtenido lo mínimo e indispensable para seguir adelante. No tiene en realidad mucho que celebrar, si bien supone un alivio. Ahora viene lo peor. Lo peor está por llegar y Zelenski lo sabe, pero al menos ese “peor” se puede empezar a gestionar. Menos es nada.

La “claudicación” del presidente húngaro no ha salido gratis, claro. Tiene la sartén por el mango: y lo sabe. Ya hemos visto en el punto 3 que Orbán es un entregado conculcador de la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE (Estado de derecho, en concreto). Y esto le ha acarreado —hace justo un año— sanciones por parte de la UE: el bloqueo de 31.000 millones de euros de diversos fondos comunitarios. Pues bien: a cambio de que Orbán se fuera de la sala, la UE desbloquea parte de dichos fondos: descongela 10.000 millones.

Orbán vuelve a la sala. Se ha ido para que se pueda votar sin su oposición, pero no todo está resuelto. Porque resta ahora una difícil tarea como es la de diseñar el presupuesto comunitario, que incluirá ayudas a Ucrania, tanto en dinero urgente para necesidades inmediatas como como en préstamos para que el Estado no colapse: y esto es otro cantar. Orbán se opondrá, y también el populista Robert Fico, el nuevo primer ministro checo, amigo de Orbán, que nunca fue un fan de Ucrania ni de Zelenski. Volarán cuchillos cuando tenga que aprobarse el presupuesto, porque estamos hablando de dinero.

 

El avance hacia la adhesión a la Unión Europea de Ucrania no es —ni será— un camino de rosas

De acuerdo. Vamos a suponer que todo lo dicho no sea nada. Bien. “Luz verde” para Ucrania: negociaciones abiertas (Yuju). Escenas que humedecen ojos en los negociadores comunitarios. Manos unidas de los políticos. Lo hemos conseguido. “Un paso más cerca” dice algún líder europeo. Y quien no lo espeta clavando los términos, utiliza otros. Ojo, que Ucrania va sin frenos hacia la Unión. En realidad, la luz verde se llena de niebla porque ¿qué quiere decir “abrir negociaciones”? Pues…algo cercano a cero. “Un paso más”. Pues sí, queda menos camino… pero no se aclara cuántos kilómetros abarca el camino. Los expertos dicen que una caminata a paso rápido son 5,5 km por hora. Pero Ucrania no irá lento (3,5km/h) sino increíblemente lento, como Serbia y los países de los Balcanes Occidentales (que ya han cubierto un trecho aceptable). Ahora hace acto de presencia el tortazo de realismo: la cantidad de kilómetros es inimaginable.

El acervo comunitario

También llamado acquisSe trata de las condiciones que debe cumplir todo país para integrarse en la Unión Europea. Son 35 capítulos , y regulan todos los aspectos del funcionamiento de un país. Desde la pesca y la agricultura al Estado de derecho, la libre circulación de personas, reglas de competencia, educación etc. Igualmente, puede haber algunos chapters especiales en función del país en concreto, como es el caso de Serbia y otros países de los WB6. Un ejemplo de dichos capítulos: entre los más importantes, el 23 (Poder Judicial y Derechos Fundamentales), 24 (Justicia, Libertad y Seguridad). Pero hay muchos más. Entre los “menos” importantes, entre otros muchos, el 34 (Instituciones), que implica nada menos que aplicar una arquitectura institucional conforme a la UE. Ello puede durar años, y son 35 capítulos.

Pongamos el ejemplo de Serbia, un frontrunner según la jerga comunitaria; es decir: junto a Montenegro, el más avanzado:  se han abierto a negociación un total de 18 capítulos, con dos de los mismos provisionalmente cerrados. Sólo dos se han cerrado, y Serbia es candidato desde 2012 (aunque las negociaciones no comenzaron hasta 2013). Vamos a hacer un cálculo aproximado: sale a 0.2 capítulos por año. Y se han cerrado los más “fáciles” y que menos materia de negociación tienen. Ucrania tiene un desarrollo de los estándares comunitarios que está a años luz de Serbia.

Luego, como en el caso de Serbia, la UE puede

–        Suspender el inicio de las negociaciones o hacerse de rogar. Suele suceder cuando la UE quiere algo y no se lo dan. En el caso de Serbia, la entrega de criminales de guerra como Radovan Karadžić o Ratko Mladić o. Yo no digo nada, pero tú sabes lo que tienes que hacer. Ello, con un presidente europeísta como Tadić, fue bien. Pero no sabemos en una Ucrania de posguerra quién puede venir. En Serbia tenemos ahora a un prorruso como Vučić. El europeísmo no ha sido una constante en los dirigentes ucranianos, más bien el prorrusismo.

–         sacarse de la manga “nuevas metodologías”, que suponen detener en seco el camino endureciendo los requisitos. Aunque no se dice así, claro

–        Los países miembros pueden poner muchos palos en las ruedas: el ejemplo más claro y sangrante ha sido Macedonia. Primero, los griegos querían que cambiaran el nombre, pues una región griega se llamaba igual. Bueno. Treinta años después, el país se llama Macedonia del Norte, no la vayan a confundir con la griega. Ahora, los búlgaros, que dicen que nada de que allí se hable macedonia, que es búlgaro. Igual acaban llamándole al idioma “búlgaro del norte”. Vaya Ud. a saber. Estos “caprichitos” están lejos de ser una tontería. Grecia en su momento y Bulgaria, ahora tienen poder de veto. Y esto podría sucederle a Ucrania también, bien sea por Orbán o por su análogo de turno.

 

No, ni luz verde, ni pasos ni camino exento de obstáculos. Hablamos, en el mejor de los casos, de un país (junto a Georgia o Moldavia) cuya configuración y configuración dista décadas de parecerse a los estados miembros con menos estándares comunitarios. No obstante: también está la guerra contra Rusia, que ocupa un quinto del territorio ucraniano. Con todo, siempre se lanzan afirmaciones que, a mi juicio, no hacen sino confundir al público. Hablemos claro: el paso que se ha dado es meramente simbólico: Ucrania está infinitamente lejos de convertirse en estado miembro.

Por Antonio Rando Casermeiro

Me llamo Antonio y nací en Santander en 1974, aunque soy, sobre todo, de Málaga. Soy licenciado en Derecho e Historia y doctor en Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales por la universidad de Málaga y quisiera dedicarme a ello. Soy un apasionado desde pequeño del este de Europa, especialmente de los Balcanes y Yugoslavia. Me encantan las relaciones internacionales y concibo escribir sobre ellas como una especie de cuento. Soy apasionado de escribir también cuentos y otras cosillas. Desde 2013 resido en Colonia (Alemania)

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