Foto: Imagen de hosny salah en Pixabay
 There's too many men, too many people
Making too many problems
And not much love to go round
Can't you see this is a land of confusion?
Land of Confusion (Genesis,  Invisible Touch, 1986)

Si la actualidad internacional me lo permite, intentaré llevar acabo una pequeña serie de entradas sobre el conflicto de Gaza y sus repercusiones en las determinadas potencias, sus conflictos de intereses, sus posturas encontradas, sus contradicciones. Hoy, la Unión Europea.

En lo que a Europa toca

En esta entrada, más que añadir cosas que ya se han dicho, intento escudriñar qué lleva aparejado este conflicto en distintas claves, qué cosas no deben seguir así, qué cosas deben cambiar en, digamos, los “contendientes”. En suma, hay mucha gente que crea problemas, que no los soluciona y que tiene que hacer muchos deberes para que las cosas no sigan como van hasta ahora (y lo que queda). Hoy, la Unión Europea.

 

La Unión Europea y su crisis reputacional

Lo más grave es que, ahora que Polonia, estrenado su nuevo presidente Donald  Tusk, cumple – o, al menos, lo intenta- con la UE tras un sinfín de desencuentros desde 2015, es la UE la que falla. En primer lugar, con las declaraciones vertidas por el comisario húngaro Oliver Varhelyi, hablando por su cuenta en nombre de la UE y sugiriendo cortar la ayuda a Gaza por los ataques a territorio israelí de Hamas, suscitando una desautorización de casi todos los países de la UE. Varhelyi pertenece a Fidesz, el partido ultranacionalista y populista de Viktor Orban, que siempre ha mostrado sintonía con Israel, con independencia de que coquetee con el antisemitismo. Es de esperar, pues Israel tiene mucho que aprender de Hungría en el terreno de la (no) independencia del poder judicial (lo veremos más adelante). Lo que no cabe imaginar es que hablara en nombre de la UE, arrojando al mundo una imagen de desunión y de falta de «posición común» (un clásico en las guerras yugoslavas de los años 1990 del mismo modo que las escenas de desunión)

En segundo lugar,  es digno de mención el patinazo diplomático de la presidenta de la Comisión Europea, la alemana Ursula von der Leyen quien, apenas producidos los atentados, voló a Israel para solidarizarse con el país tras el ataque sufrido por parte de Hamas el 7 de octubre de 2023. Para colmo de males, el   Comisario de Ampliación y Vecindad, el húngaro

Tal respaldo y solidaridad mostraban un enorme vacío ético que se tragaba a los millones de palestinos que pagarían —están pagando— los platos rotos en Gaza. La alemana rectificó y prometió tres veces más ayuda, pero el escarnio internacional y el daño a la imagen europea ya estaba hecho, poniéndolo de relieve que el responsable de la política exterior comunitaria, Josep Borrell (Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad y Vicepresidente de la Comisión) la «desautorizara», matizando que sí, que Israel tiene derecho a defenderse, pero que también hay una cosa llamada derecho internacional que es uno de los pilares de la UE, que hay que aplicar siempre. Y desde el 7 de octubre no ha hecho sino recalcarlo. Al responsable de exteriores comunitario le han afeado más de una vez la posición “pro” Palestina, a tenor de la cual, la historia se detiene el 7 de octubre de 2023, cuando Hamas asesinó a 1200 civiles inocentes israelíes -niños incluidos- y secuestró a dos centenares de rehenes.  Alguien tiene que cargar con los valores de la UE que no esté de manos (mentales) atadas con Israel. Porque la señora Von der Leyen es alemana, y lleva a sus espaldas dos grandes mochilas. La primera, una europea. Su padre, Ernst Albrecht viene de una vieja tradición de la nobleza alemana y de los democristianos. Y fue, desde 1958, uno de los primeros funcionarios de la recién fundada Comunidad Económica Europea. Ni el padre ni el abuelo de Von der Leyen tuvieron pasado nazi. Sin embargo, aquí viene la segunda mochila: es alemana. Y eso implica, en muchos casos, culpa. Esa culpa arrastra una consecuencia decisiva: que las mochilas pesan demasiado y no te dejan pensar. Volveremos sobre ella.

De modo que, para empezar, la UE se cubre de gloria con el viajecito de la presidenta y la incontinencia verbal de uno de sus comisarios. Genial para comenzar: tomar parte por Israel desde el primer momento: condenar el terrorismo es necesario, pero ponerse de lado de Tel Aviv es otra cosa, máxime, a tenor de la muy previsible reacción israelí, que arrasaría —está arrasando— Gaza y a sus habitantes.

Consciente de su desafortunado viaje, von der Leyen se dejó asesorar —lo que es loable, no todos se dejan— e intentó compensar el apoyo apasionado a Israel con otras medidas. La presidenta tenía diversos fuegos activos: uno, su criticado viaje, el otro, el desaguisado originado por la incontinencia verbal del mencionado Varhelyi. Así la Comisión Europea, el 16 de octubre, tras un embarazoso silencio de varios días, declaró que triplicaría la actual ayuda humanitaria para la Franja. El 8 de diciembre, certificó que la asistencia inicial humanitaria para Gaza en 2024 aumentaría en 25 millones de euros.

Sin embargo, algo fallaba: el dinero no lo arregla todo. Tanto von der Leyen como como el comisario de Gestión de Crisis, Janez Lenarčič se cuidaban de enojar a Israel, hablando del deterioro de la situación, de la crisis humanintaria, pero todo muy tibio. Muy diplomático

Von der Leyen declaraba, el mismo 8 de diciembre, que:

La Comisión aumentará inmediatamente el actual paquete de ayuda humanitaria previsto para Gaza (…). Continuaremos nuestra estrecha cooperación con la ONU y sus agencias para asegurar que esta ayuda llegue a quienes la necesitan en la Franja de Gaza. La Comisión respalda el derecho de Israel a defenderse contra los terroristas de Hamas, en pleno respeto del derecho internacional humanitario. Estamos trabajando arduamente para garantizar que los civiles inocentes en Gaza reciban apoyo en este contexto

No se habla de agresión ni se condena la actitud de Israel, que bombardeaba la zona y causaba decenas de miles de víctimas inocentes.

Lenarčič, por su parte, aseguraba lo siguiente:

La Comisión está haciendo todo lo posible para brindar apoyo humanitario a los civiles en la Franja de Gaza. Este triplicado de la asistencia humanitaria de la UE ayudará a garantizar que los civiles en Gaza reciban las necesidades básicas requeridas. Es esencial asegurar un acceso seguro e irrestricto para la ayuda humanitaria.

Millones de vidas están en juego, y no podemos fallar a estas personas necesitadas. Es imperativo, además, apoyar y respetar el papel vital de las Naciones Unidas en proporcionar y coordinar la asistencia humanitaria.

Ayuda humanitaria, derecho internacional humanitario, cuya insistencia que implica que «hablamos sólo de ayudar a la gente» es un ejemplo de cinismo. Es decir: ayudar a las víctimas de alguien que no se nombra y que es el agresor. Nada del otro derecho internacional, aquel que condena la invasión actual y anteriores y que reúne una inmensa colección de resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU. En realidad, más bien de su Secretario general, Guterres, porque en Naciones Unidad la cosa está más bien estancada. Estados Unidos veta una y otra vez no la condena a Israel, sino un alto el fuego inmediato: en octubre, Emiratos Árabes Unidos lo propuso en el Consejo de Seguridad, pero Estados Unidos se opuso dos veces desde entonces. Tampoco andan muy bien las cosas allí.

Volvamos a la Comisión Europea, que sigue profundizando en esta actitud aséptica de centrarse en el derecho humanitario:

La Unión Europea ha estado proporcionando asistencia humanitaria a los palestinos necesitados desde el año 2000, apoyando a quienes se ven afectados por emergencias y crisis.

La reciente operación militar a gran escala, desencadenada por el ataque terrorista de Hamás el 7 de octubre, junto con el completo bloqueo a Gaza impuesto por el Gobierno de Israel, ha llevado la ya grave situación humanitaria en Gaza a un nivel catastrófico para su población de 2.2 millones.

En respuesta a la escalada de violencia en Oriente Medio, la Comisión Europea cuadruplicó su financiamiento humanitario. Esto elevó el total de fondos humanitarios asignados a los palestinos en 2023 a 103 millones de euros

Conclusiones:

1) la UE es buena gente, lleva años ayudando a Gaza

2)»Reciente operación militar a gran escala», desencadenada por el ·ataque terrorista de Hamás», «completo bloqueo a Gaza»: nada de condena a Israel.

Se necesita otro frente menos aséptico.

El mencionado Borrell sube un poco el tono y acusa a Israel de matanzas. Más que acusar, da fe de su existencia. Muy en el terreno de las declaraciones, que no es poco, pero sin medidas concretas: claro que la UE tiene que enviar tres veces más ayuda. Es lo lógico, teniendo en cuenta que va a haber que reconstruirlo todo. Es un juego macabro: la UE reconstruye las infraestructuras de Gaza e Israel las destruye. Pero la gente sigue muriendo en Gaza y Cisjordania (aquí, otro desagradable “efecto colateral”). Pero, como decía, el tiempo quedó congelado: Israel tiene derecho a defenderse. No se aceptan más lecturas, prueba de ello: a Borrell casi le vacían la sala cuando se atrevió a decir que lo de Gaza eran matanzas, porque dicho término sólo engloba -parece- a los ataques de Hamas el 7 de octubre.

Con todo, lo más grave y bochornoso de todo ello es que, cuidado: Borrell no conferenciaba en una reunión del “lobby” israelí en Washington, sino en el Foro UE-ONG sobre Derechos Humanos (en su vigésima edición). Se trata de que jóvenes tomen partido y se impliquen en la protección de los derechos humanos (exacto: los derechos humanos). Por lo visto, llamar matanza a (por entonces quince mil víctimas civiles y hoy, muchas más) no es correcto. Matanza es sólo de una parte.

Y es que el ambiente estaba ya caldeado. En su viaje a Israel, los territorios palestinos y Egipto, el presidente español Pedro Sánchez (presidente de turno de la UE) y su homólogo, el belga Alexander de Croo (próximo presidente de turno) recriminaron al presidente israelí, Benjamin Netanyahu la crueldad de las matanzas y la solución de los dos Estados para el viejo contencioso. Tales declaraciones acarrearon, como bien se sabe, todo un conflicto diplomático entre España e Israel. También es cierto que Pedro Sánchez firmó hace no tanto un acuerdo con Marruecos en el que reconocía la soberanía del reino alauita sobre el Sáhara Occidental, una ocupación igual de ilegal y sobre la que España, como potencia administradora que continúa siendo y según el derecho internacional, debería tener responsabilidad. En fin: detalle acá, detalle allá:  la política es así.

En cualquier caso, la UE, dubitativa y errática al inicio en sus posiciones, ha ido poco a poco, unificándose y tomando cada vez más partido por la solución de los dos estados.

Por fin: ya era hora de que alguien lo dijera…

Un momento ¿por fin? En absoluto: resulta que, de hecho, la posición de los dos Estados es la posición oficial de la UE sobre el conflicto. Sólo que, a veces, se les olvida. Y no será porque falten recordatorios : sugestivo resulta una Resolución del Parlamento Europeo, sobre las perspectivas de la solución de dos Estados para Israel y Palestina, que recuerda por enésima vez cual es la postura europea al respecto. La Resolución mencionada es de diciembre de 2022: vamos, que está fresquita, no se les ha podido olvidar. Se remite, además —como suele ser habitual en este tipo de textos— a resoluciones anteriores y a convenios que tienen la misma existencia del Estado de Israel, normas de derecho internacional más antiguas que la propia UE: sólo un ejemplo:

A. Considerando que la Unión ha confirmado en repetidas ocasiones su apoyo a la solución de dos Estados, con dos Estados soberanos y democráticos que convivan en paz y con la seguridad garantizada, con Jerusalén como capital de ambos Estados;

B. Considerando que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ha adoptado múltiples resoluciones al respecto, como la Resolución 2334 (2016); que la EU-27 hizo referencia a estas resoluciones y a la necesidad de respetarlas en su declaración a raíz de la última reunión del Consejo de Asociación UE-Israel;

C. Considerando que, según el informe de 2021 de la Oficina del Representante de la Unión Europea, el año pasado se produjo un nuevo aumento del ritmo de avance de las unidades de asentamiento en los Territorios Palestinos Ocupados (22 030), en particular en Jerusalén Oriental, donde el número de nuevas viviendas se duplicó con creces respecto a 2020 (pasando de 6 288 a 14 894), como consecuencia de la tendencia a la expansión continua de los asentamientos israelíes;

D. Considerando que la violencia, el terrorismo, incluidos los atentados contra civiles, y la incitación a la violencia se están viendo exacerbados por unas medidas provocadoras y una retórica incendiaria y son fundamentalmente incompatibles con una resolución pacífica del conflicto; que la Unión expresa sus condolencias a las familias de todas las víctimas;

E. Considerando que tanto israelíes como palestinos tienen derecho a vivir en condiciones de seguridad; que esto incluye el derecho a proteger su territorio y defender sus legítimos intereses de seguridad;

Y lo peor estaba por venir. Hay mucho más, recomiendo leer la resolución. Por tanto, la UE está a favor de que se dejen de ejercer crímenes contra los palestinos. Sin embargo —todo un clásico— mira a hacia otro lado, a diferencia de Ucrania. Total, si llevan setenta y cinco años matándose, no tienen solución. Netanyahu tampoco parece habérsela leído.

La conexión balcánica: nadie mostrará su preocupación por el deterioro de la democracia en Israel ni ninguna intervención de la OTAN salvará a los palestinos

No podía faltar en todo este embrollo. En primer lugar, Europa y Occidente se olvidaron de los serbios a finales de los 80 y principios de los 90, como digo en esta entrada. Los serbios resbalaban por una pendiente de violencia que ni se le acerca a la que lleva practicando el Estado de Israel contra los palestinos desde hace 75 años. Muchos serbios querían un cambio, pero nadie les hizo caso. Al final el Estado serbio, que no los serbios, acabaron desatando cuatro guerras con asesinatos de civiles y limpiezas étnicas que nublaron los años 1990. Israel lleva haciendo lo mismo 75 años: de hecho, el aeropuerto Ben Gurion lleva su nombre en honor a alguien que expulsó a casi un millón de palestinos de sus hogares y se vanagloriaba, además, de ello. Los israelíes, como los serbios en 1990, querían cambios. Ahora, en especial, protestan por el intento de Netanyahu de hacerse un Orbán o un Morawiecki. Es decir: tomar el poder judicial en tu propio provecho, lo que viene a ser cargarte la independencia del poder judicial. Esto ya le valió a Hungría y a Polonia advertencias por parte de la UE y al último país, la activación histórica de un procedimiento sancionatorio, el artículo 7 del Tratado de la UE, en concreto por vulneración general del estado de derecho. No atentar contra el estado de derecho fue  preceptivo para países que querían ingresar en la UE en el pasaado -como Polonia y Hungría- y lo sigue siendo, por ejemplo, para los Balcanes Occidentales hoy en día.

Volvemos a Serbia (1990). En un principio Occidente habló por ellos y se hizo eco de su situación. Luego es verdad que Clinton se desentendió. Y los serbios con ilusiones de mejoras democráticas acabaron abandonados o enviados a combatir.

En Israel, muchos ciudadanos llevan mucho tiempo en las calles. Los israelíes no son todos son judíos ultra ortodoxos ni ultraderechistas, sino que se trata de personas que no quieren más apartheid contra los palestinos, que rechazan que la intromisión en el poder judicial por parte del gobierno permita aún más abusos y vía libre a los militares, despojando de filtros las decisiones ejecutivas o del ejército. Existe además, desde hace años, una fuerte corriente en el mismo ejército contra la ocupación de Gaza y Cisjordania. Pero, claro, Israel es un estado democrático, quienes son la UE o EE.UU. para decirle a un estado democrático que no viole el estado de derecho. Y, además, como decía Putin, lo de Gaza es un asunto interno. Como en Ucrania, no tienes soberanía sobre el territorio, aunque da igual Putin «desnazifica» e Israel…pues también, porque 1) los israelíes fueron víctimas de los nazis, por tanto no pueden ser nazis ni ser comparados a ellos (ay de aquél que lo haga, quien será tildado de nazi); 2) lo de Gaza es un asunto interno: luchar contra el terrorismo. Quizás haya hasta armas de destrucción masiva allí. Mejor, así puedes entrar con más excusas, si es que queda alguna.

En fin, que se están cometiendo crímenes de guerra y de lesa humanidad en los territorios palestinos como los estaban cometiendo masivamente Serbia —en especial— y Croacia es Bosnia. Lo lógico sería tomar cartas en el asunto: en Yugoslavia, la matanza en un mercado en Sarajevo que causó 68 muertos y casi 150 heridos activó la operación Deliberate Force  de los países de la OTAN en 1995. Era la segunda masacre ya en el mismo lugar: le estaban tomando el pelo a Occidente. En realidad fue la gota que colmó el vaso tras tres años de crímenes. Bill Clinton declaró que había que poner fin al asesinato de inocentes y para prevenir futuros ataques a las “zonas seguras” establecidas por la ONU: es lo que está sucediendo en Gaza, con dos diferencias: que las matanzas de inocentes son masivas en un lapso de tiempo increíblemente breve y, en segundo lugar, que los gazatíes ni siquiera pueden soñar con una «zona segura«. Bueno, sí; las que Israel considere: primero, todos al sur que vamos a machacar el norte. Después, al sur, donde aún están más hacinados. Pero no se vislumbra operación aérea alguna.

La Alianza también intervino en Kosovo y Yugoslavia por los crímenes cometidos por las fuerzas de seguridad serbias allí en la llamada Operación Fuerza Aliada. Que la misma fuera o no legítima es otro asunto. Pero que intervino Occidente para frenar las masacres sí es un hecho. Incluso con la oposición de Rusia. Dudo que veamos una operación de este tipo en Gaza, con independencia de que la legitimidad de la misma es palmaria. Estados Unidos nunca atacaría a Israel. Los muertos palestinos, pues, tienen mucho menos valor que los bosnios o los kosovares (y eso que tampoco valían gran cosa, como los ruandeses).

En resumen: Europa no se unirá a Estados Unidos en una operación para detener las violaciones de los derechos humanos en Gaza, y Europa, sin EE.UU. no es nada en defensa y planificación de operaciones militares.

 

Europa y el poder blando: Europa no puede permanecer indiferente

En muchas ocasiones, no basta ser bueno, sino que, también,  hay que parecerlo. La UE no puede estar dando la matraca a todo el mundo con que está fundada en la democracia, el Estado de derecho, y el respeto a los derechos humanos, etc., etc. y, por otra parte, mirar hacia otro lado cuando se conculcan los valores mencionados.

Mentira: si puede, pero no debe notarse mucho. La Unión Europea tiene un poder blando, un prestigio, una marca que vender y que promocionar. Económicamente, seguimos siendo fuertes o, más bien, nos defendemos. El auge de China y otras potencias nos dejan cada vez menos margen de maniobra, sus trabajadores tienen menos derechos y presentan una ventaja incuestionable: que no hay que estar pendiente de una impertinente opinión pública que te lo critica todo y te puede echar del gobierno en las próximas elecciones. Así cualquiera hace o deshace. Ergo: Europa no puede competir económicamente con China, por ejemplo ¿qué queda? pues que somos mejores porque protegemos los estándares democráticos y los derechos humanos. Es una marca. Estoy de acuerdo con ella, pero es lo que hace que Europa tiene prestigio. Los chinos pueden presumir de la Ruta de la Seda, de su pujanza económica. A nosotros sólo nos queda —y no es poco— los derechos humanos y la democracia, en un momento en que no parece gozar de un predicamento excesivo.

Por consiguiente: Europa tiene que defender los derechos humanos y —qué retorcida es la política— no porque realmente les guste, que no se duda: es que es tu marca, lo que cimenta el prestigio y el poder blando de un país o de una organización como la UE. Es de cajón, todos lo hacen. Borrell, en este sentido, lo deja muy claro:

La influencia de Europa en el mundo se basa principalmente en nuestro «soft power». Tenemos una economía desarrollada y hemos tomado medidas para reforzar nuestras capacidades de defensa, pero aún no somos una verdadera gran potencia. Nuestra influencia en el mundo depende principalmente de la coherencia con la que defendemos los valores y principios universales. Los europeos debemos figurar entre los guardianes del derecho internacional y humanitario. Por eso nuestros socios en el mundo –y nuestros rivales– siguen de cerca las posiciones que adoptamos ante los dramáticos acontecimientos que se están produciendo en Oriente Próximo.

También está lo de Yemen (unos cuatrocientos mil muertos y millones de desplazados), lo de los rohinga o lo del Tibet, asuntos sobre los que la UE no se ha quedado muda, aunque tampoco han sido todo lo combativos que pudieran haber sido como con Ucrania y con Gaza ( con las reticencias que hemos descrito arriba).

Europa, para terminar, tiene interés claro en el asunto, pero también, como hemos dicho, lo siente: ello debe ser dicho:

Nosotros, los europeos, debemos intensificar nuestra acción en favor de la paz entre Israel y Palestina. No sólo porque es nuestro interés, sino porque es nuestro deber moral y político. Una parte importante del futuro papel de la Unión Europea en el mundo, y en particular el futuro de nuestras relaciones con muchos países del «Sur Global», dependerá de nuestro compromiso para ayudar a resolver este conflicto.

Más, claro, agua.

 

Por Antonio Rando Casermeiro

Me llamo Antonio y nací en Santander en 1974, aunque soy, sobre todo, de Málaga. Soy licenciado en Derecho e Historia y doctor en Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales por la universidad de Málaga y quisiera dedicarme a ello. Soy un apasionado desde pequeño del este de Europa, especialmente de los Balcanes y Yugoslavia. Me encantan las relaciones internacionales y concibo escribir sobre ellas como una especie de cuento. Soy apasionado de escribir también cuentos y otras cosillas. Desde 2013 resido en Colonia (Alemania)

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