En la anterior entrada sobre las elecciones, hemos analizado los años previos a este 2023, donde la potencia de la coalición gubernamental de Vučić comenzaba a presentar signos de desgaste y cansancio. Lo dicho, hasta ahora, no pareció representar una amenaza para la hegemonía vučićniana. El control que ejerce sobre los medios de comunicación y su autobombo permanente, además de una desunida oposición, aseguraban al dirigente serbio las victorias electorales.

 

Una oposición unida y funcionando: recuerdos del pasado… ¿hasta ahora?

 

Pequeño prólogo: cuando la comunidad internacional se olvidó de los serbios

En el esbozo que llevamos a cabo de los intentos de oposición al régimen de Milošević, conviene destacar el olvido por parte de la comunidad internacional —en especial, Occidente y la entonces CEE— de los serbios. Había muchas ansias de cambio por parte de eslovenos, croatas, albaneses de Kosovo (entre otros). Parece que el nacionalismo-secesionismo era la única vía de salida para capear la fuerte crisis económica que vivía Yugoslavia en los años 1980 y principio de los noventa. Al menos la única que impelía ponerse a la diplomacias comunitaria y estadounidense manos a la obra. Pero los serbios también querían cambios. Querían “independizarse” de un régimen que, desde que Milošević ocupó el poder en particular, pero también desde antes, no les ofrecía una vida cómoda. Europa y EE.UU., si no miraron hacia otro lado, es verdad que prestaron poca atención a los serbios: los sucesivos pucherazos y las prácticas poco democráticas acaecidas en Serbia en los primeros 1990 debieron merecer el mismo interés que las protestas eslovenas y croatas. Las Protestas de Belgrado en 1991 comenzaron en la Ciudad Universitaria y tomaron la capital. Su líder Vuk Drašković fue detenido y la ciudad tomada por los carros de combate del ejército yugoslavo ,algo que no se veía desde la II Guerra Mundial. La administración Clinton, por ejemplo, pasó de apoyar las protestas a pedir elecciones anticipadas: ello implicaba echar a la oposición a los leones, pues el gobierno serbio no tenía precisamente miedo a unas elecciones que podía manejar a su antojo. En historia no hay futuribles, aunque, si se hubieran dado las circunstancias para un cambio de gobierno en Serbia por entonces, las cosas podrían haber quizá discurrido de otra forma.

 

Los antecedentes: diversas plataformas opositoras durante el milosevismo: DEPOS, Zajedno y DOS

  

Tomaron forma en los años 1990. Las mismas, debido al omnímodo e indisimulado control de los medios de comunicación y los organismos electorales por parte de Slobodan Milošević no estuvieron en realidad en condiciones de competir con el líder serbio.

 

 Una de las más decisivas fue el Movimiento Democrático de Serbia (Demokratski pokret Srbije, DEPOS), liderado por el aludido Vuk Drašković. Fue fundado en 1992 y se deshizo en 1994. Drašković fue culpado por el régimen de Milošević de una manifestación violenta que provocó un falleciso. El caso arrastró cierta repercusión internacional, con líderes europeos pidiendo la liberación del líder, pero poco más. 

 

En 1996 la oposición lleva a cabo un nuevo proyecto de unión: la coalición Zajedno (“Juntos”, no confundir con el partido del mismo nombre fundado en 2022). Como en 2023, se había organizado para las elecciones municipales de aquel año. En ella estaba integrado el DS (ver después), de Zoran Ðinđić. Zajedno resultó ganador en gran parte de los municipios, incluida la capital Belgrado y las urbes más importantes del país, como Kragujevac o Niš. 

 Era la primera derrota de un comunista (o antiguo comunista). Como la oposición sabía con quién se la estaba jugando, salió a la calle a exigir al régimen que reconociera los resultados. La petición, algo que no debiera ser objeto de debate en cualquier democracia consolidada (con permiso del Sr. Trump) no carecía aquí de fundamento, pues el gobierno serbio anuló los resultados electorales. Tras protestas y presión internacional, hubo que esperar hasta 1997 para confirmar la victoria de la oposición.

Zajedno se disolvió aquel mismo año.

 

A la tercera…

 

Tres años más tarde, la oposición podría consumar, por fin, la expulsión de Milošević del poder. La oportunidad se materializaría en la Demokratska opozicija Srbije (Oposición Democrática de Serbia, DOS). Dicha plataforma de 18 partidos estaba conformada por gentes de las más diversas opciones ideológicas que se marcó como objetivo derrotar al milosevismo. Sus dos líderes eran una clara muestra de lo dicho: Vojislav Koštunica, un demócrata medio monárquico y ultranacionalista, pero reconvertido en nacionalista conservador “civilizado” (con ramalazos del antiguo Koštunica, como la negación del genocidio de Srebrenica). Eso sí, es un hombre curtido en la lucha contra el régimen de Slobodan Milošević; y Zoran Đinđić, socialdemócrata europeísta con experiencia en ámbitos europeos. Como en 1996, Milošević se negó a reconocer los resultados favorables a DOS. Tras varios días en las calles y cientos de miles de manifestantes exigiendo al gobierno que acatara los resultados electorales, Milošević hubo de aceptar. Veremos en la posterior entrada los paralelismos con la situación actual, cuando el aún mandatario serbio identificaba los ataques a su persona con los ataques a su país.

 

Abandonado el poder por Milošević, Koštunica le sucedió: fue el primer presidente (2000-2003) de Yugoslavia (RFY) tras Milošević y la herencia comunista y primer ministro (2004-2008). En cuanto a Đinđić, ocupó el cargo de primer ministro, el primero no milosevista. Juntos, Koštunica y Đinđić pilotaron el acercamiento de Yugoslavia a las democracias occidentales en lo que supone el comienzo del fin del aislamiento internacional de Yugoslavia y los prolegómenos del (interminable) viaje a la membresía en la UE del país más importante de los WB6/5. Ambos muy distintos, como se avanzó: Koštunica venía de un entorno ultranacionalista que tenía mucho en común en ese sentido con su rival Milošević, pero su pragmatismo le llevó a moderarse y orientarse al principal objetivo de la Yugoslavia de entonces: la Unión Europea. Đinđić era, por su parte, un europeísta con formación en Alemania y serio compromiso con la democracia y la Unión Europea. A Koštunica, demócrata convencido, pero de posiciones conservadoras, nacionalistas y, en fin, aunque contrario al milosevismo, un hombre del antiguo régimen, no lo tocaron. Pero lo de Đinđić fue demasiado para gran parte de los sectores involucionistas que controlaban los resortes del estado: Đinđić fue asesinado en 2003.

Volviendo a DOS, la coalición no resistió al asesinato del primer ministro y se disolvió en 2003. El objetivo, hay que decirlo, estaba conseguido: echar a Slobodan Milošević del poder. 

 

Pequeño excurso polaco:  la Polonia de hoy no es la Serbia de 2000, pero hay similitudes. Donad Tusk encabezó en octubre de 2023 en Polonia una plataforma integrada por diversas sensibilidades, que, junto a otra serie de partidos y coaliciones a su vez heterogéneos, logró formar gobierno en una Polonia arrasada en materia de derechos humanos, libertades y convergencia con la UE. El país estaba dirigido por el partido ultra nacionalista y ultraderechista PiS, y Konfederacja (indefinible, aún más ultra). El PiS no es el Partido Socialista de Milošević, porque en Polonia la democracia se ha ido consolidando desde principios de los años 1990 y en Serbia permanecía en 2000 un dirigente anclado en el pasado que hizo de la Yugoslavia de Tito un régimen más autoritario frente a la relativa flexibilidad que existía ¿Cuánto durará tal coalición?

 

 

Dejamos Polonia y tornamos de nuevo a Serbia: dentro de la coalición DOS, destacaba el Partido Democrático (Demokratska Stranka, DS), fundado por Zoran Ðinđić en 1989 (aunque no fue reconocido hasta 1990). Era una de las fuerzas principales en la política serbia y dio al país los quizá mejores políticos. Con el DS fue Ðinđić, alcalde de Belgrado (1997) y primer ministro de Serbia (ver arriba). Boris Tadić, ocupó la presidencia serbia por ocho años (2004-2012).

 

La alcaldía de Belgrado, como ahora, es un importante trampolín para la política en clave nacional. Ejemplos similares los tenemos en Turquía, donde el alcalde de Estambul de 1994 a 1998 era un tal Recep Tayyip Erdoğan, que luego fue primer ministro (2003-2014). De ahí que las elecciones municipales de 2023 en Serbia adquieren relevancia adicional.

 

El DS fue también el partido de Boris Tadić, quien comandó el ministerio de defensa de Serbia y Montenegro (2003-2004) y, finalmente, la presidencia de Serbia de 2004 a 2012. Es posiblemente el mejor presidente que haya tenido el país balcánico, con permiso Zoran Ðinđić, cuya trayectoria se vio truncada por su violento deceso. En cualquier caso, el perfil europeísta y reformista de ambos es similar.  Con Tadić al frente se afrontaron diversos retos, como la independencia de Montenegro (2006), la declaración de independencia de Kosovo (2008 que hizo dimitir al primer ministro Koštunica) y la entrega de diversos criminales de guerra de los conflictos yugoslavos (1991-1995) en el marco de la exigencia por parte de la UE de colaborar con el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia (TPIY). Comenzó un importante proceso de recomposición de relaciones con los países vecinos que formaron parte de Yugoslavia, en especial con Croacia y Bosnia-Herzegovina: la última, república yugoslava donde nació el propio Tadić. Asimismo, hubo de afrontar la crisis financiera mundial de 2008, aspecto que pudo coadyuvar en su derrota por Nikolić en las presidenciales serbias de 2012. Es cierto que fue una sorpresa y que el resultado fue ajustado, pero el DS no supo rehacerse. El mismo Tadić abandonó la fuerza política y acabó fundando el Partido Socialdemócrata (Socijaldemokratska Stranka, SDS), que obtuvo paupérrimos resultados en las elecciones parlamentarias de 2014 y 2016 y no fue nunca una opción para las elecciones presidenciales.

 

Al DS, por su parte, le fue sólo un poco mejor que al SDS. Ninguno de los dos partidos consiguió levantar cabeza. En las elecciones presidenciales serbias de 2017 no tuvieron nada que hacer frente al rodillo del actual presidente, Aleksandar Vučić. Hoy en día, como se verá, no son formaciones significativas, aunque, tal y como se prevén de ajustados los comicios de diciembre, todo grano de arena es poco. Tras 6 años en el poder y con todos los resortes del estado para favorecer a su gobierno, la oposición lo tenía aún más complicado.

 

Los antecedentes de “Serbia contra la violencia”: proyectos de unión de la oposición desde 2016

 

En las elecciones parlamentarias anticipadas de 2016, convocadas como termómetro de su poder, Vučić aseguró que se Serbia votaba entre ser o no un país moderno en 2020 (naturalmente, se sobreentiende que un país moderno sólo era posible si ganaba él). Ganó con mayoría -y dudas- aplastantes. Si por modernidad se entendía la entrada en el parlamento de partidos más ultraderechistas y extremistas (como el de Šešelj, que volvía a resucitar), lo consiguió.  

 

En la anterior entrada, analizaba el período de 2018 (un año después de la llegada de Vučić al poder) a 2022. Su forma de gobierno era autoritaria, con control absoluto de los medios de comunicación y nepotismo y compra de fidelidades electorales por parte del entonces nuevo predsednik Vučić. Tales prácticas fueron denunciadas por distintas organizaciones internacionales. Una de ellas, la Misión de observación electoral en Serbia de la OSCE y su Oficina de Instituciones Democráticas y Derechos Humanos (OIDDH) “recomendaba” “garantizar la igualdad de condiciones durante el periodo de campaña”, “entablar un diálogo con las misiones nacionales independientes de observación electoral”. De igual manera, da cuenta de las numerosas “irregularidades, violencia e intimidación durante procesos electorales anteriores y se mostraba preocupada por la falta de transparencia en la financiación de los partidos políticos y las campañas electorales, que no observaban las normas internacionales.

 

Esto sucede al año de Vučić en el poder. Los sucesivos informes para los años siguientes no han hecho sino empeorar la situación. De hecho, ya en 2020, el Informe de Freedom House  constataba que, mientras países como Macedonia e incluso el territorio de Kosovo han ido paulatinamente progresando, Serbia ha perdido la cualidad de democracia plena, pudiendo ser definida más bien como régimen transicional o democracia híbrida. Así, Serbia detentaba el dudoso privilegio de encontrarse dentro del grupo de democracias no plenas. En dicho grupo, Polonia había dejado de ser una democracia consolidada, pasando a ser “semiconsolidada”, y Hungría formaba junto a Serbia y Montenegro un trío de “democracias híbridas”. En 2023, no ha mejorado. 

 

Por todo lo dicho, se lanzó a la oposición serbia a la calle en 2017 y, con más o menos intensidad, no ha parado hasta la actualidad. Ya hemos visto que, pese a lo mencionado, el SNS, en el poder desde 2012, se mantuvo intratable para todo aquel que osaba “desafiarlo” en unas elecciones. Sin embargo, las protestas y el desgaste sufrido por la coalición gobernante, sin que corriera peligro de inquietarla, suponían un runrún de fondo que sí podía ser preocupante a medo o largo plazo. La oposición iba dando pasos cada vez más seguros para organizarse de manera cada vez más efectiva, aunque no fueron asociaciones duraderas:

 

  • Alianza por Serbia (SzS)

En 2018, Dragan Đilas, exalcalde de Belgrado, y viejo opositor, fogueado en la lucha estudiantil en el marco de las llamadas Protestas de Belgrado de 1991 contra Slobodan Milošević, funda la coalición Savez za Srbiju , “Alianza por Serbia” (fue sucedido por el exdiplomático y político del DS Zoran Lutovac). El espectro político de la coalición era muy amplio: desde la izquierda con, por ejemplo, el DS (donde ya no estaba Tadić) a liberales, conservadores e incluso la ultraderecha nacionalista más o menos moderada. En 2019, las difíciles condiciones para concurrir a unos comicios, y la violencia con que la policía reprimía a periodistas y manifestantes hizo salir a la gente a manifestarse. El lema de la protesta era Jedan od pet miliona, “uno entre cinco millones”. El eslogan era una réplica a las palabras de Vučić, quien había asegurado que “aunque hubiera cinco millones de personas en la calle”, no cedería a las protestas. Decenas de miles de personas se manifestaron en las principales ciudades serbias. 

  

La coalición decidió boicotear las elecciones parlamentarias de 2020, no atendiendo a la petición del Parlamento Europeo, que quería evitar dicho boicot. Consideraban que no valdría de nada. 

 

  1. Oposición Unida de Serbia

La Udružena opozicija Srbije, UOPS, sucedió a la SzS en agosto 2020. Uno de sus fines pasaba por la contestación a las medidas tomadas por el gobierno de Vučić frente a la pandemia de Covid-19, que el presidente serbio había utilizado para acercarse a China y Rusia mientras desplegaba una retórica antieuropea. Como suele ser habitual, se fue ampliando, exigiendo mayor acercamiento a la UE o exigiendo más estándares democráticos. Se componía de más de una decena de partidos y organizaciones que poseían bastante libertad de movimientos y abarcaban todo el espectro político.

 

La plataforma vio su fin en enero de 2021 (apenas cinco meses de duración), si bien era un secreto a voces que hacía tiempo que no eran un grupo unificado. Como su predecesora, la SZS, acabó diluida en luchas intestinas, en especial por la decisión de concurrir o no a las elecciones de 2020. Los partidos más importantes fueron el DS, Partido Popular (Narodna Stranka) y el Partido de la Libertad y la Justicia (Stranka slobode i pravde, SSP) de Dragan Đilas. Contó además con importantes académicos y curtidos opositores como Janko Veselinović. El SDS de Tadić no quiso formar parte.  Las diferencias entre los miembros de la coalición llevaron a la plataforma a su disolución. Era difícil en el clima acostumbrado de obstaculización de la labor de la oposición, con violaciones de la ley electoral e irregularidades en el 10% -al menos- de los colegios electorales. Además del consabido control de los medios o los intentos de sujetar el poder judicial por parte del gobierno.

 

  1. Unidos por la Victoria de Serbia

“Alianza”, “oposición unida”; ahora “unidos por la victoria” (no sabían ni qué nombre ponerle, sólo había voluntad) … representaba el enésimo intento de articular una oposición dividida y desactivada por las aludidas malas artes del gobierno.  En aquel momento (finales de 2021) Ujedinjeni za pobedu Srbije, UZPS ve la luz. Como ya eran viejos conocidos, asociados y desasociados en varias ocasiones, los líderes ya presentaban cierto predicamento y era políticos experimentados, destacando el trío formado por Zdravko Ponoš, Marinika Tepić, y Vladeta Janković. Ponoš, un militar muy abierto y proeuropeo, vivió con pesar la desintegración de su país. Ocupó altos puestos en el gobierno de Boris Tadić, que califica de fructífero. Y fue cabeza de cartel de UZPS.

 Tepić  ya había trabajado en la UOPS y en Alianza por Serbia con Dragan Đilas. Vladeta Janković es diplomático y formó parte de las plataformas opositoras DOS y Zajedno.

Esta vez, no optaron por boicotear los comicios, participando, en 2022, en los parlamentarios (Tepić), presidenciales (Ponoš) y locales (presentándose en Belgrado Janković). Salvo el último, ningún candidato pasó del 20% de los votos. Vučić volvió a arrasar en unas elecciones mediatizadas pro el efecto Ucrania (no exento, siguiendo la tradición, de las más diversas irregularidades y acusaciones de autoritarismo).

 

Serbia contra la violencia” ¿va la vencida?

 

Retomamos la oposición actual. Las protestas llevadas a cabo contra la violencia de este último año y la cuestionable actitud de Vučić al respecto (lo comentaba en la primera parte de esta entrada), llevaron a la deshilachada oposición a formar un frente común contra la coalición gobernante en Serbia. Tras años de protestas en las calles, llegan a conocerse bien y ya hay abiertos canales para organizarse. Ve la luz, así Srbija protiv nasilja (SPN)

 (Serbia contra la Violencia). Es cierto que el título de este apartado es más una pregunta retórica: es muy probable que SPN sea otra plataforma más y que, en las próximas elecciones, pase a los anaqueles del apartado “antecedentes”. Con todo, esta vez sí parece que pueda pasar algo, Vučić adelantó las elecciones parlamentarias a este mes. Tocaban en 2024. Muy tranquilo no debe andar.  

 

SPN clama contra lo que llaman cultura de la violencia, cuyo culmen fueron las matanzas de mayo en Serbia. Algo que siempre ha existido pero que en 2023 ha explotado. Las armas no son algo ajeno al público, tras unos años 1990 inundados de guerras, casi todo el mundo tenía un arma. Quedan milicias y mafias que poseen pertrechos militares, no sorprende ver un arma. Lo que sí es grave son las llamadas a la violencia que proliferan en determinadas redes sociales y medios cuyas licencias han sido otorgadas por el gobierno. Inflaman una atmósfera ya caliente con exaltación de la violencia, como las televisiones Pink o Happy, cadenas que, por cierto, presentan una visión muy edulcorada de Vučić. Estas y otras televisiones, empezando por la estatal y muy manipulada y progubernamental Radio-televizije Srbije (RTS) son uno de los blancos de las protestas de SPN, que considera al ente como una de las causas de la marcha actual de las cosas. Este flamígero ambiente tiene, para la oposición, responsables como el ministro del Interior y el director de la Agencia de Información y Seguridad, por lo que exigen su dimisión y el cambio de rumbo de los medios estatales. Evidentemente, esto salpica a Vučić, que es el jefe de todos los aludidos. 

 

El gobierno replicó a los manifestantes de dos formas:

          En lo verbal, acusa cínicamente a la oposición de utilizar las muertes para fines políticos y exhorta que luchen por sus demandas en unas elecciones y no mediante “manifestaciones violentas”. Como si las elecciones de desarrollaran en igualdad de condiciones y con limpieza. 

No satisfecho con ello, se explaya en un video oficial. En él, se muestra a Vučić junto a dos de sus lugartenientes (la primera ministra Ana Brnabić una de ellos) en la terraza del edificio presidencial:  el presidente, apesadumbrado pero firme, se lamenta en esta “conversación” en la que mira a cámara mientras sus ministros asienten, de los opositores. Estos, según el predsednik, carecen de compromiso y son unos “lunáticos anormales, criminales y asesinos” —entre otras lindezas—, marcándose un “tontos del culo” a lo Rubiales. Evidentemente, no pretende ganarse a los opositores sino crear un frente (ellos o yo) ante las elecciones que convocaría dos meses más tarde. El presidente no entiende cómo pueden manifestarse contra él. “Cómo podéis hacerme esto a mí; yo, que os hubiese querido hasta el fin”, parece querer decir un hombre que se ha erigido en defensor del pueblo serbio, incluido el de Kosovo.

 

En el terreno de la actuación del gobierno, esta no fue convincente. Anunció la restricción de armas e incluso un desarme total de la población. Sin embargo de poco sirve en un país en el que las armas ya están ahí. De acuerdo: no puedes tener un Kaláshnikov (está prohibido si eres civil, pero, haberlos, haylos) pero circula un número obsceno de armas de fuego entre la población civil —el tercer país en el mundo por número de habitantes— y las mafias las usan como herramienta de trabajo, por lo que el caldo de cultivo se halla presente. El “desarme total” que asegura el predsednik son sólo palabras vacías: como cuando Israel declara que limpiará Gaza de Hamas. El mandatario considera un éxito reducri el número de armas de fuego de casi un millón a tres cuartos de millón. Evidentemente, de ahí al “desarme total” anunciado (una falta de respeto) hay un largo trecho.

El recurrente asunto de Kosovo también se relaciona con la violencia. Las autoridades de Pristina no están siendo las más prudentes ni conciliadoras, pero Vučić suele responder a un incendio con otro, elevando el termómetro de la violencia. Lo veremos en la siguiente entrada.  

 

Los manifestantes gritan “Vučić vete”, mientras Djinjić es recordado con nostalgia, como un mandatario que se acercaba a Europa y modernizaba el país (su retrato aparece, de hecho, en algunas pancartas). Su gobierno era europeísta y reformista, a diferencia del alejamiento actual de Europa y la alianza con Rusia. No se habla de Tadić, compañero de partido del malogrado Zoran Djinjić, todo un símbolo de los (abortados) cambios en Serbia. Y es que, como se verá, las relaciones del antiguo predsednik con SPN no son las mejores. 

 

En principio, SPN no tenía una intención electoral, por así decirlo. Es más: abogaban por boicotear las elecciones (como ya han hecho más de una vez muchos partidos de la oposición en disconformidad con la falta de garantías de un proceso electoral limpio), pero el éxito de convocatoria obtenido hizo repensarse a los líderes de la plataforma la posibilidad de usar la fuerza social para competir en unos comicios contra Vučić; de hecho, una de sus demandas fue la convocatoria de elecciones. Vučić respondió con dos tazas: también parlamentarias, no sea que me quede en minoría en 2024.  

 

Por desgracia, la oposición no está unida al completo: el expresidente Tadić, que podría ser una figura de peso en apoyo de la coalición, está fuera. En contraste, las relaciones entre el SDS de Tadić y SPN son pésimas, con graves acusaciones por las dos partes. Tadić y SPN concurrirán por separado a los comicios de diciembre de 2023. Como bien dice Tadić vía X (antiguo Tweeter), las divisiones entre la oposición sólo dan votos a Vučić, aunque ahí siguen, peleados. Con todo, llevando a cabo una pequeña investigación personal, me encuentro con serbios que han ocupado cargos durante la presidencia de Tadić, fervientes seguidores de su SNS, que me confiesan, mirando a todos lados —no sea que alguien los escuche— que “Serbia contra la Violencia está bien”. Tendrán que entenderse tarde o temprano, la plataforma y el SNS. Voluntad hay: de hecho, se llegó a firmar en septiembre de este año, coincidiendo con el 22º día de protestas, una especie de tregua entre los distintos elementos de la oposición, un “Acuerdo para la victoria” en la que se acordó no hablar mal los unos de los otros dentro del mundo de la oposición. Parece que no está funcionando.

 

La coalición de gobierno en Serbia: el tándem Vučić- Dačić

 

En Serbia gobiernan el Partido Progresista Serbio, (Srpska Napredna Stranka, SNS) de Vučić y el Partido Socialista de Serbia (Socijalistička partija Srbije, SPS). 

El SNS no tiene nada de progresista, aunque, en fin, tampoco es grave: el Partido Socialdemócrata portugués también es conservador pese a su denominación. 

Además, hay varios elementos que lo sitúan no en la derecha, sino en la ultraderecha. 

En primer lugar, no forma parte de la familia conservadora popular en Europa, ni se espera que lo sea. Está bastante más a la derecha, teniendo en cuenta sus vínculos con partidos como Partido de la Libertad de Austria (FPÖ) y Rusia Unida de Putin, de tendencia ultraderechista y nacionalista; esto es: Vučić. Aspiran, claro está, a formar parte de la familia europea del Partido Popular Europeo (PPE), si bien, como se ha dicho, los conservadores europeos no están por la labor. Es cierto que el alemán Wagner, jefe del PPE, hace cada vez menos ascos a pactar con la ultraderecha, aunque Wagner es alemán, y en el país germánico los principales partidos de la derecha no quieren ni oír hablar de ello.

 

En el partido de Vučić, la palabra “progresista” debe ser un juego de palabras intencionado: como explicaré a continuación, el SNS es una escisión del SRS (Partido Radical Serbio). En octubre de 2008, Tomislav Nikolić y una veintena de diputados abandonaron el SRS y fundaron una plataforma llamada “Napred, Srbijo”, que puede traducirse como “adelante, Serbia”, o “vamos, Serbia”. En serbio sonaría a “Partido “adelantista” serbio”: presenta un matiz distinto, por mucho que napred significa “progreesista”.

Putin y Vučić, si bien se definen de derecha, huyen de denominaciones que la incluyan. Putin es un nostálgico de la URSS, por lo que no puede decir que es de derecha: le interesa mantener el relato de comunista-que-lucha-contra-los-nazis para entroncar con la legitimidad soviética, máxime en este momento, a tenor del discurso que sostiene que Rusia lucha contra los “nazis ucranianos” (desnazificar Ucrania, dice, es su objetivo) del mismo modo que la URSS luchaba contra el invasor nazi. Vučić despliega un discurso similar: defendió en su momento la unidad yugoslava, aunque a su manera miloseviana: “lo que quede, para Serbia”. Ser yugoslavo es ser partisano, ser partisano es ser comunista. El dirigente serbio no es comunista, pero siempre viene bien entroncar con la épica partisana, aunque sea dejando caer la idea. 

 

El Partido Radical Serbio (SRS), madre del SNS del actual predsednik  serbio, es una formación ultranacionalista y de extrema derecha dirigida por Vojislav Šešelj, autor de diversos delitos durante las guerras yugoslavas entre los que se incluyen crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad. Vučić lo defendió en 2006: del mismo modo que hace ahora, aseguraba que atacar a Šešelj, era atacar a Serbia. Claro: es que Vučić fue ministro de propaganda con Milošević y, en 1995, destacó por “proponer” otras formas más drásticas de defender a Serbia: un jovendiputado Vučić de 35 años se explayaba en el parlamento conjurándose a matar a cien musulmanes por cada serbio muerto. Luego rectificó, sosteniendo que su frase se había sacado de contexto… ¡en 2022! “Matar a cien musulmanes por cada serbio muerto” puede o no sacarse de contexto, pero significa lo que significa. 

 

En 2012, el SRS se ganó los corazones de muchos votantes del Partido Radical, demasiado extremista y demasiado explícito. El partido lideró la plataforma opositora Pokrenimo Srbiju (Impulsemos Serbia, una precuela del trumpista Make Amerika Great Again. Nikolić derrotó con esta formación a Boris Tadić en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 2012. A cambio de ser presidente de Serbia, el político aceptó dejar la dirección del SRS a alguien que dará mucho que hablar: Aleksandar Vučić. Al final la jugada —o jugarreta—le salió bien, pues gobierna Serbia desde 2017. Le quedan aún 4 años de presidencia, pero las elecciones de diciembre serán determinantes. De ser los resultados adversos, es posible que el presidente serbio convoque elecciones presidenciales anticipadas antes del término para el que están previstas (2026).  

 

En lo tocante al SPS, el partido del otro socio de gobierno, Ivica Dačić, tiene más historia. Fue fundado por Slobodan Milošević en 1990. El partido se construye como una fusión de la Liga de los Comunistas de Yugoslavia y la Alianza del Frente Obrero de Serbia. La Liga fue mermando en importancia desde la muerte de su líder carismático Josip Broz “Tito”, quien la dirigió desde 1939 a 1980 (si bien la Liga se había fundado en 1919). Tras el mariscal, se sucedieron, desde mayo de 1980 hasta la disolución de la Liga, en enero de 1991, nada menos que trece dirigentes, algunos de los cuales ocupaban sólo algunos días el cargo. Se intentó llevar a cabo un equilibrio étnico que correspondía al complejo mosaico étnico yugoslavo: un esloveno, un montenegrino, un serbio de Croacia, un serbio de Bosnia o de Vojvodina, un albanés de Kosovo, entre otros muchos. En fin, reflejar lo imposible: un país multicultural cuyas costuras estaban ya rotas. De facto, cada república tenía su propia “liga”. Así, cuando en 1986 Milošević ocupó la jefatura de la Liga de los Comunistas de Serbia se produce el divorcio definitivo, pues el nuevo líder serbio tenía una visión de liderazgo muy yugoslava pero entendida como Serbia predominante. El propio Ejército Popular Yugoslavo (JNA) era un buen exponente de lo dicho, siendo copado paulatinamente por mandos serbios y convirtiéndose con el paso del tiempo en una fuerza más serbia que federal.

 

Los resultados electorales del SPS han sido dispares. En 1990 venció Milošević con boicots y sospechas sobre la limpieza de los comicios incluidos. A finales de 1992, en plena campaña de limpieza étnica en Bosnia-Herzegovina, Milošević volvió resultar ganador de los comicios con el 67% de los votos, de nuevo envuelto en manipulación estatal y polémicas, a la par que renovados boicots de otras formaciones políticas. EL SPS formó gobiernos de coalición con el Partido Radical Serbio, partido donde militaba Vučić. El SPS no era un prodigio de organización de elecciones limpias: poca información sobre la preparación y fecha de los comicios, acallamiento de la oposición, o el control de los medios de información —em especial, los estatales— en su propio beneficio eran sus señas de identidad…un poco lo que está llevando a cabo Vučić ahora, aunque sin tanto descaro. 

En las parlamentarias de 1993, los albaneses de Kosovo, casi un quinto de la población, volvieron a boicotear una cita electoral. Para 1996 el poder del SPS comenzó su declive hasta ser desalojado del poder. Los serbios y las serbias no querían tener que ver con un partido que se percibía anticuado y corrupto y culpable de cuatro guerras. En los sucesivos comicios, pasó a un rol muy minoritario, tocando fondo en 2004 con menos el cuatro por ciento de los votos. Entonces era su candidato Ivica Dačić, quien detentó un ministerio durante el gobierno de transición en Serbia tras la marcha de Milošević: su carrera política no se presentaba con demasiado futuro. No obstante, sí mejoró sus resultados en 2008, ocupando el ministerio de interior, si bien la gran oportunidad se presentó en 2012. Pese a ser el tercer partido en votos es nombrado primer ministro por el presidente electo Tomislav Nikolić. Dačić ostentó el mismo cargo como socio de gobierno actual de Aleksandar Vučić. Hoy es vicepresidente primero del Gobierno y ministro de Educación, Ciencia y Desarrollo Tecnológico.

 

Por Antonio Rando Casermeiro

Me llamo Antonio y nací en Santander en 1974, aunque soy, sobre todo, de Málaga. Soy licenciado en Derecho e Historia y doctor en Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales por la universidad de Málaga y quisiera dedicarme a ello. Soy un apasionado desde pequeño del este de Europa, especialmente de los Balcanes y Yugoslavia. Me encantan las relaciones internacionales y concibo escribir sobre ellas como una especie de cuento. Soy apasionado de escribir también cuentos y otras cosillas. Desde 2013 resido en Colonia (Alemania)

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