la Casa Rosada envuelta en nubarrones

En la anterior entrada, analizamos los primeros cuatro componentes de una lista de 8:

1. Liberal libertario.
2. rockero, motero
3. Democracias soberanas, equidistancias e iliberalismo
4. El otro: conversación de nacionalpopulistas europeos y americanos.

Hoy, abordamos los otros 4

5. Casta y Outsiderismo
6. una persona sencilla que habla la lengua del pueblo
7. Negacionismos y antis varios
8. Apoyo de la derecha «tradicional» a los neo/nacionalpopulismos

 

  1. Los políticos son casta. Outsider, ma non troppo

Los políticos son todos iguales,son una casta. No lo inventó Pablo iglesias, ojo. Íñigo Errejón fue uno de los primeros qen usarlo…pero tampoco lo inventó él, sino el  Movimiento Cinco Estrellas de Beppe Grillo en Italia, populista al principio. Y seguro que la idea tampoco fueron originales. En cualquier caso, Vox, el partido ultraderechista español, si lo tomó de Iglesias. Son conceptos molones…porque nadie sabe quiénes son-. Son.. pues eso, la casta. Ya. Es cierto que Abascal empleó el término, digamos, de manera distinta: habla de «casta LGTBI”, de «casta sindical«, hasta la patronal española es casta por apoyar los indultos a algunos encarcelados en el procés catalán. Abascal lo tomó de Podemos, porque estaba claro que vendía, pero hay alguien que lo usó en España antes que Podemos: la ultraderechista y xenófoba Plataforma per Catalunya, de Josep Anglada.

Casta o no, todos los políticos «son todos unos ladrones». Bueno…esto en Argentina tampoco es descubrir vida extraterrestre. Milei proclamó que quiere sacar los delincuentes (políticos) a patadas. En Argentina, es comprensible si estás desesperado: no creo que exista gente lo suficientemente añosa como para acordarse de una Argentina sin inflación: desde que el mundo es mundo. Las respuestas – o propuestas- son siempre del mismo pelo: si saco los delincuentes, vivirás en un mundo de flores. Aunque la economía vaya cuesta abajo y sin frenos. A la población le mola que otra gente se pudra en la cárcel. Su vida no es que vaya a cambiar mucho pero, al menos, hay gente en la cárcel que lo está pagando. Oye, menos es nada.

Entonces, como Trump, es un espécimen ajeno a la política —eso, al menos, es lo que quiere que la gente crea— que viene de fuera.  Un outsider se dice, que viene a poner orden. No tengo compromisos con nadie, no debo favores: por eso meto caña sin tener que caer bien a nadie. Aunque cae muy bien y cuenta con el asesoramiento de Macri, quien llama orcos a aquellos que previsiblemente van a salir a contestarlo en la calle. Pero Macri nones el único. Como pago a haber pedido el voto para Milei, el presidente electo ha dado a Patricia Bullrich un trabajito: el de ministra de segridad. Explíqueseme por favor. Porque no entiendo nada: 1) los políticos son corruptos y delincuentes; 2) no le debes favores a nadie… entonces ¿Que hace la Sra. Bullrich en tu gobierno? Vamos: que Millei,  de outsider no tiene absolutamente nada. Al final, como todos los políticos, tiene llevar a cabo 1) represión —pero ¿no estabas de parte del pueblo? ¿no iba a salir Argentina ganando? — de hecho, justifica , vía su vicepresidenta, la llamada dictadura del proceso en Argentina (1976-1983); y 2) al final, resulta que no es tan lenguaraz, porque sus asesores, entre los que no faltan el mencionado Macri, comienzan a quitar hierro a muchas de las «reflexiones» con las que Macri se ha ganado la bilis el corazón de muchos argentinos. El papa ya no es el demonio, es Su Santidad: oiga, venga usted cuando quiera ¿eh?. Hasta Lula da Silva ha sido invitado: (Inácio, lo de cortar relaciones con Brasil lo dije con la borrachera). En cuanto a los «asesinos comunistas chinos», bueno, a ver, ya me conocés: soy un tipo iracundo que a veces no sé lo que digo, pero no tengo nada contra ti.

Agradezco al Presidente Xi Jinping las felicitaciones y los buenos deseos que me ha hecho llegar a través de su carta. Le envío mis más sinceros deseos de bienestar para el pueblo de China

¡Anda!

— Un admirador, un esclavo, un amigo, un siervo — proferiría, extasiado, José Luis López-Vazquez en «Atraco a las tres».

Es que, claro, dolarizar la economía está muy bien, genial. Sin embargo, aquella economía a la que tanto ama Milei te escupe que  EE.UU. es el cuarto socio comercial de Argentina, y  el país del Cono Sur trabaja mucho más con Brasil y China; de  hecho, estos dos países juntos suman en volumen comercial que triplica a las relaciones comerciales con Washington. Pues ustedes perdonen ¡qué decepción! Al final resulta que va a hacer buenas migas con el representante del Maligno en la Tierra, con el comunista asesino y con el también comunista y corrupto que rige Brasil. Sí, vale: EE.UU. Israel y el «mundo libre» son tus aliados pero…

Con todo, la inconveniencia de este falso outsiderismo es que camufla un rasgo preocupante en una persona que aspira a dirigir un país: esa ira y esa incapacidad para contener sus emociones recuerda más al personaje de Amador Rivas en la serie La que se avecina, cuando dice que es un borderline sin tener idea de qué significa realmente, porque suena a alguien que vive al margen, guay. Cuando Milei se considera outsider/amticasta, recuerda más bien a un borderline en su correcta acepción, un trastorno de la personalidad. Saquen sus propias conclusiones.

  1. Soy una persona del pueblo, que te hablo en tu propio idioma

O, quizá, deberíamos decir «te hablo en tu idioma de aquello que quieres escuchar«. Apelo a tus sentimientos, a lo irracional. No te voy a solucionar pero, al echar las culpas a otro y proponer soluciones radicales, piensas que peor no te puede ir, que algo hay que hacer. Llamas hijos de puta o comunistas de mierda«a los progresistas.  Insultas hasta al papa (comunista , anticristo, nefasto o imbécil ¿quién dijo que iba a afectar a la campaña?). Los insultos también transmiten el mensaje de que habla claro. Son muchos, algunos más insensibles y discriminatorios  que otros. Ni siquiera un tótem en Argentina como Maradona se libró de sus invectivas: lo llamó, entre otras cosas, Mardedroga: drogadicto. Además el astro argentino hacía buenas migas con Fidel Castro. Otro motivo más para el agravio .

Pero «no se corta». Es lo que todos piensan y no se atreven a decir, piensan muchos. Y sus asesores, que ahora trabajan a toda máquina para que, una vez presidente, modere el tono, como hemos visto en el anterior punto, también vendieron de manera muy eficiente esa moto. De este modo, a tenor del discurso de la espontaneídad del presidente electo argentino. Los ataques de ira y descontrol que lo caracterizan no se deslizan en un político que no sabe controlarse, es, por el contrario,  alguien que tiene ataques de espontaneidad-sinceridad porque le enerva la situación y la gente que quiere desguazar Argentina.

  1. Negacionismos varios

   Revisionismo histórico.Llama la atención en primer lugar el de la dictadura y sus miles de desaparecidos. Un triste asunto que tenía hasta la fecha un consenso entre los demócratas argentinos y un lema «nunca más», desde 1985, cuando las Juntas de la «dictadura del proceso» fueron juzgadas. De nuevo se intenta blanquear y se vuelve a afirmaciones como la de la guerra interna. Su candidata a vicepresidenta, Villaroel, hija de militares, le acompaña en su lavado. Como ha sucedido en España, tras mucho blanquear al franquismo, este se muerta ahora abiertamente en las calles con  proclamas que durante casi 50 años no se atrevieron a pronunciar.

No es original: El PiS de Polonia, liderado por Kaczyński y derrotado hace un mes, mostraba una actitud revisionista con respecto a  la participación polaca en el Holocausto, penalizando a periodistas o profesores que osaran decir algo distinto a que los polacos combatieron a nazis y rusos y que fueron los buenos en la última guerra mundial y olvidando que pusideron su granito de arena en el exterminio.

               Putin es negacionista de los crímenes de Stalin, entre otros muchas glorificaciones. Una línea más nostálgica del mundo soviético que no se queda en recordad a la URSS con los ojos empañados: tiene efectos secundarios que se aplican a Ucrania: son nazis mientras ellos siguen siendo los luchadores contra el nazismo, cosa que es cierta pero también que se repartieron Polonia con ellos y que, durante el Holodomor, Stalin mató de hambre literalmente a millones de ucranianos y de otras zonas. También niega los Acuerdos de Minsk, que firmó en 2015 con Francia y Alemania y Ucrania, que tenían como meta lograr la paz entre los entonces separatistas prorrusos y las fuerzas ucranianas en el conflicto que había estallado en 2014. Y eso que el acuerdo beneficiaba más a Rusia, que para eso es el país grande y agresor. En realidad, por negar, negaba entonces hasta que era un contendiente implicado en la guerra…él estaba ahí mirando, las tropas rusas que entraban y salían por la noche del territorio ucraniano deben ser contrabandistas, vaya usted a saber. Ya que pasaba por allí, por cierto, es verdad que regó de pasaportes rusos a cientos de miles de ucranianos en Donbás.

              Viktor Orbán también se abona al revisionismo histórico y a los sueños imperiales de vieja potencia, A menudo indica implícitamente su querencia por la Gran Hungría y los territorios perdidos en la Primera Guerra Mundial. La UE le acusó de conculcar los valores de la Unión. Y el líder húngaro contestó que la bufanda que portaba (que hacía referencia a la Gran Hungría) era sólo fútbol. Oiga que el fútbol no es política, decía ¡Como si no lo supiera! ¡que se lo digan a Nole! Que inocente este húngaro.

                 Aleksandar Vučić también tiene su granito de arena. Se marca un Kaczyński al manifestar algo parecido: que todos los serbios fueron buenos durante la Segunda Guerra Mundial, todos lucharon contra los nazis, cuando lo cierto es que los Četnici (chetniks) de Dragoljub Draža Mihajlović eran en principio monárquicos serbios que luchaban contra los nazis. es verdad, si bien acabaron colaborando con ellos, porque los primeros en la clasificación de odiados no eran la Alemania nazi, sino los partisanos comunistas de Tito. Vučić y compañía han ido intentando blanquear paulatinamente a los Četnici y rehabilitar a a Mihajlović  Un ejemplo: la Ley de Derechos de los Veteranos equipara a četnici y partisanos como antifascistas. Es uno de tantos.

En la Republica Srpska de Dodik, proliferan carteles de exaltación de Ratko Mladić, comandante militar de las tropas serbobosnias durante el conflicto yugoslavo (1992-1995) y también criminal de guerra convicto, condenado a cadena perpetua desde 2017 Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia (TPIY) (de la Haya, para los amigos)

El partido de extrema derecha español Vox es asiduo negacionista de la dictadura de Franco, y es que con Franco, había elecciones,  seguridad social, obras públicas, que siguen rindiendo frutos. Y porque no le dejaron venirse arriba: estuvo a un tris de soltar lo de «con Franco te dejabas la puerta abierta y no te robaban»(Ortega-Smith). Igualmente practican el negacionismo del negacionismo de la dictadura franquista, pues dentro de Vox, hay gente que «tiene una opinión sobre el régimen de Franco y otras que tienen la contraria»: la peña tiene una opinión normal, como otra cualquiera», viene a decir.

Negacionismo covidiano. De dominio público son las posturas de Donald Trump o BOlsonaro en lo atinente al Covid-19. El último participó incluso en una marcha en Brasilia contra las medidas de cuarentena de los gobernadores estatales contra lo que el llamaba «una pequeña gripe». Su falta de respuesta y su negacionismo costó muchos millones de muertos.

Negacionismo de la brecha salarial o la violencia de género

Propugna cerrar el Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad, como se dijo antes. S decir verdad, en eso es un aficionado: ya tenemos al partido polaco Konfederacja, formación que junto a PiS formaba parte de la coalición de gobierno polaca derrotada a principios de octubre. Konfederacja equipara la mujer a una mascota o parte del inventario del hombre (como un caballo o un buey). Se les considera parte de la riqueza del hombre: no son compañeras. Milei tiene donde aprender. Tal y como las trata en las tertulias, va por buen camino.

Negacionismo LGTBIQ+

La homosexualidad para Milei no es una enfermedad; eso sí: es una elección de cada uno. Es muy amigo, sin embargo, de referirse a los animales para hablar de las personas LGTBIQ+. Su obsesión es recurrente: que no lo pague el estado. «Si te querés percibir como un puma (animales, otra vez) a mí me da lo mismo, pero no que te lo pague yo» —ha llegado a decir.

Curiosamente, no tiene un especial despliegue de odio contra el matrimonio gay. Dice que no tiene nada que decir porque es un contrato privado. Como el matrimonio. En, a tenor de esta reacción, consecuente con su libertarianismo que pretende expulsar al Estado de toda regulación. Eso sí: que no implique gasto público.

Estamos ante un viejo conocido  muchos neopopulistas, un juguetito muy preciado. Tenemos a Putin, con sus conocidos mensajes homófobos, su ya  clásica prohibición de la «propaganda LGTB», o su ley antitrans. El líder ruso se halla secundado por personajes vodevilescos como el Patriarca ortodoxo Kirill, experto en mezclar churras con meninas, que asegura que la guerra de Ucrania es correcta por que va contra al lobby gay.

En la Hungría de Orbán, alumno aventajado de Vladimir Putin, despunta la llamada Ley anti-LGTB, un conjunto de obra legislativa que en realidad engloba varios preceptos como  de leyes Ley de protección de la infancia, la Ley de protección de la familia, la Ley de actividades publicitarias comerciales, la Ley de medios de comunicación y la Ley de educación pública. De un plumazo, puede resumirse en lo siguiente «que no se hable de gays en los medios, en la publicidad o en las escuelas». Perjudica a la infancia.

La Polonia de Kaczyński  fue otro escenario de normativa anti LGTBI, con las insólitas «Zonas libres de ideología LGTB», que se marcaban un objeto más «ambicioso» tal como terminar con la «ideología gay» en todo el continente europeo. Pese a que en Polonia la homosexualidad dejó de ser delito en una fecha tan pionera como 1932, el recién derrotado gobierno de PiS y Konfederacja equiparaba en peligrosidad la «ideología LGTB» y el comunismo, amenazando la familia tradicional heterosexual polaca. El arzobispo de Varsovia, rivalizando en homfobia con su homólogo el mencionado Kirill calificaba el colectivo como «plaga neomarxista de las banderas del arco iris». La homosexualidad, ni que decir  tiene, es una enfermedad curable.

La Serbia de Aleksandar Vučić presenta la peculiaridad de que el mandatario serbio trabaja con una primera ministra (Ana Brnabić) a quien considera muy capaz y valora. Sin embargo los derechos del colectivo o LGTBIQ+ no gozan de su mejor momento, siendo la iglesia, como en Rusia o Polonia, muy activa contra dicho sector, llegándose anular desfiles del orgullo ante la presencia de ultras y clérigos. En alguna ocasión Vučić ha cedido demasiado pronto a la cancelación de estas celebraciones, argumentando la protección de sus participantes.

A Jair Bolsonaro casi le faltó tiempo para hablar del colectivo LGTB. Recién calzada la banda presidencial en 2019, no desaprovechó lo que para él representaba una «oportunidad única de rescatar al país de las amarras ideológicas«, una de ellas la  ideología de género». Ahí es donde (no) caben los derechos de los LGBTIQ+. Una de sus primeras disposiciones pasó por eliminar de legislación en materia protección de los Derechos Humanos atinentes al colectivo LGBTIQ+ ¿Cómo? Sencillo: coloca a la cabeza del Ministerio de la Mujer, Familia y Derechos Humanos a Damares Alves, pastora evangélica u furibunada antiabortista y antieducación sexual (léase que no quiere saber nada de la diversidad sexual).

Para Vox, en fin, nada nuevo: se conjuga para «impedir el adoctrinamiento LGTBI» en los centros educativos para velar por los derechos de la infancia: un Orbán en toda regla.

En cuanto a Milei, el presidente electo mantiene una posición ambigua en teoría. Fiel a su libertarianismo, no tiene problema, es un contrato, lo que quiera le gente está bien…

Si vos querés estar con un elefante… Si tenés el consentimiento del elefante, es tu problema y del elefante. No me opongo a que dos personas del mismo sexo se casen

Eso sí, las comparaciones con animales al hablar de homosexuales suelen ser clásico en su «oratoria». Eso si, puedes percibirte si quieres como un puma (de nuevo, más animales), pero no pretendas que el estado te pague la cuenta.

8. Apoyo de la derecha «tradicional» a los neo/nacionalpopulismos y la lenta desaparición de los cordones sanitarios

Una excepción en una regla general parece ser Polonia. Allí la derecha tradicional, representada por el europeista Donald Tusk (adscrito al Partido Popular Europeo, PPE) capitanea una oposición muy heterogénea no sólo con la derecha en sus más variadas versiones, sino también con una izquierda aún más diversa.

Ya hemos visto como en Argentina  fue crucial en el balotaje el apoyo de Bullrich y Macri a Milei, sin lo cual no se explica la victoria del capitán Anarco Libertario. Tampoco es nuevo. En Finlandia también se posibilitó la entrada de la ultraderecha en el poder de la mano de los conservadores. En España, muestran buena sintonía. De momento, están fuera del gobierno central, pero ya hay muchos gobiernos regionales a lo finlandés o, mejor dicho, modelo español para Finlandia. En la vecina Suecia,   Demócratas Cristianos y Liberales formaron una coalición de gobierno apoyada por fuera por la ultraderecha. Anteayer mismo, El ultraderechista PVV de Geert Wilders ganó las elecciones en Holanda. Fue un resultado inesperado en el que pudo influir la victoria de Javier Milei en Argentina. La derecha tradicional se mostró dispuesta a formar gobierno con la ultraderecha de Wilders… pero no toda: los liberales rechazan esa posibilidad.

EE.UU. es más de lo mismo. Sólo hay dos partidos con posibilidades de gobernar. Sin embargo, la ultraderecha y populismo de Trump ha acabado arrinconando al tradicional sector moderado que existía dentro del partido del elefante.

Existen cordones sanitarios en riesgo de extinción. En Alemania, por ejemplo siempre se ha vetado pactar con la ultraderecha, aunque no es una actitud única. Manfred Wagner, líder del PPE sugiere que los conservadores deberían pactar con la ultraderecha, arrojando a la papelera la tradicional postura de no hacerlo. No obstante, dentro de la propia Alemania, las directrices son claras: nada de pactos con la extrema derecha. Alguno que lo ha sugerido ha visto truncada de manera precipitada su carrera política. Ejemplos claros fueron dos, íntimamente conexos:

1) En 2020, el candidato del Partido Demócrata Liberal (FDP), Thomas Kemmerich fue investido presidente en Turingia, Land alemán, con los votos de su  Partido Demócrata Liberal (FDP), el CDU (partido de Angela Merkel, democristianos, conservadores) y Alternativa para Alemania (AfD, extrema derecha).  Kemmerich  tuvo que dimitir poco despues.

2) La rutilante estrella del CDU, con todas las papeletas para suceder a Angela Merkel, Annegret Kramp-Karrenbauer (conocida como AKK) quedó arrollada por los acontecimientos mencionados y tuvo que irse por el apoyo de su partido a un presidente regional en el que participaba también AfD.

Conclusión: una rara avis que no es tan rara

Para empezar, Milei es un neopopulista, un populista de derechas, una nacionalpopulista. Puede  denominarse como se desee, pero está a la extrema derecha.

En cualquier caso, no habrán faltado oportunidades para leer en las más diversas valoraciones en relación a que, dentro de la ultraderecha, es más bien alguien que va por su cuenta, yo no lo veo tan así. La ira, dicen. Más bien parece un tipo lenguaraz y maleducado que ha traspasado límites a la hora de ejercer el insulto y la descalificación de sus adversarios, convirtiendo a Trump en un gentleman. La mencionada ira no es una explosión contra la indignación que le produce el mal funcionamiento del sistema, es que es así: le pasa algo, tiene un carácter inestable. Pero le fue bien. Escupe la rabia porque en realidad es un personaje rabioso. Es cierto que es una vuelta de tuerca más que esperemos no sea tomada de ejemplo.

Bueno…eso me pasa por hablar: la gente llana y sencilla como Milei es contagiosa. Todo lo es si da votos. Siempre me vienen a la memoria los debates entre candidatos en Alemania. Son como los conciertos allí: sosos. Pero quiero que falte sal, que haya educación, que se deje hablar. Eso sí que es hoy en día una rara avis en nuestra cultura del zasca, de la inmediatez. Un valor añadido lo integra hoy es la ausencia de sal… y, sobre todo, de pimienta

 

 

Por Antonio Rando Casermeiro

Me llamo Antonio y nací en Santander en 1974, aunque soy, sobre todo, de Málaga. Soy licenciado en Derecho e Historia y doctor en Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales por la universidad de Málaga y quisiera dedicarme a ello. Soy un apasionado desde pequeño del este de Europa, especialmente de los Balcanes y Yugoslavia. Me encantan las relaciones internacionales y concibo escribir sobre ellas como una especie de cuento. Soy apasionado de escribir también cuentos y otras cosillas. Desde 2013 resido en Colonia (Alemania)

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