Imagen: composición a partir de bdane de pixabay

 

El convulso año 2023

Adquiere una significancia clave. Tanto es así que se presenta una inédita unión de la oposición que no se veía desde hacía tiempo.

Ya hemos tratado en la entrada anterior que los tiroteos de mayo pasado y la reacción del gobierno, que ocasionaron un clima de violencia (aún más) intenso en Serbia, terminó de echar a  la oposición, que llevaba varios años en la calle, una vez más contra Vučić. El año 2023, lejos de sofocar un clima asfixiante, no ha hecho sino empeorar, con violencia y escaladas interconectadas, como los acontecimientos de Kosovo.

Relaciones Serbia-Kosovo: otro espinoso apéndice de la violencia

En las elecciones serbias de este domingo se dan unas condiciones ideales para que no se pueda pensar con claridad a la hora de emitir el voto: hablamos de alta inflación, la violencia y clima que la sustenta (no por nada la principal plataforma opositora se hace llamar “Serbia contra la violencia) y, por supuesto, Kosovo. Siempre Kosovo. Lo último sobre la mesa es la llamada Propuesta franco-alemana, enésima sobre el “estatus definitivo de Kosovo” (más adelante lo vemos).

Kosovo es un asunto antiguo: raro es no haber oído hablar de él. Siempre va a estar ahí. Sin embargo, en 2023 es especialmente relevante por un ambiente irrespirable que lo impregna todo. La UE exige relaciones de vecindad con la antigua provincia serbia —a ser posible, que Belgrado reconozca su independencia. “Normalización de las relaciones”, se le llama ( que, en el esquivo lenguaje diplomático, equivale a independencia de Kosovo). Es un requisito para la adhesión del país balcánico. Los negociadores comunitarios no se enteran: se lo pueden decir de las maneras más inimaginables (lo veremos) pero Kosovo no va a ser reconocido por Serbia. Ursula von der Leyen lo intenta una vez más: “oigan, reconozcan a Kosovo, aunque sea de facto”. Pero Serbia no quiere facto alguno — y en esta cuestión coinciden hasta los que no simpatizan por Vučić—, porque sería establecer un precedente, una conducta de un estado que puede inferirse como reconocimiento tácito de un estado en un futuro dictamen de algún tribunal internacional.

Pero eso lo saben los serbios, claro: se trata de presionar. Serbia firmará lo que le echen (total, con no firmar el plan de implementación correspondiente ya es papel mojado). Firma porque  no desea que la diplomacia comunitaria se saque de la manda la enésima excusa para parar el ya de por sí muy frenado proceso de integración de Serbia en la UE. De todos modos, lo hacen: el pasado octubre, Belgrado y Pristina se levantaron de la mesa de negociación de la UE (no sé las veces que van ya). Se dice que Vučić y Kurti (por Pristina) desconfían mucho uno del otro. Más bien es que no quieren confiar.

Kosovo tampoco está muy por la labor. Enrocado en el todo o nadase niega a permitir la Asociación de Municipalidades serbias (más adelante hablamos sobre ello). Kosovo se “independizó” porque Serbia no permitía su autogobierno y reprimía su cultura, amén de la represión indiscriminada que se recrudeció en 1998-1999. Sin embargo, son ellos ahora los que no posibilitan que la minoría serbia se organice: justo lo que querían ellos cuando pertenecían a Serbia. Contradictorio, cuando menos, pero así es la política. El problema es que Kosovo teme que las municipalidades serbias sean el prólogo de un estado serbio: lo saben por experiencia porque ellos hicieron lo mismo.

La suspensión de las conversaciones Pristina-Belgrado, dicen las malas lenguas, fue uno de los detonantes para que Vučić, que se intitula como defensor de los serbios (de Kosovo también) convocara elecciones. Y es que el voto serbokosovar, fuertemente polarizado y pro Vučić  puede marcar la diferencia, toda vez que los serbios de Kosovo pueden votar en las elecciones en Serbia mientras suelen boicotear las de Kosovo, autoridad que no reconocen.

La espiral de violencia en Kosovo

Se entiende “más violencia” porque el territorio no puede decirse que fuera nunca un oasis de paz. Algunas cabeceras inciden en que la violencia ha vuelto, pero nunca se terminó de ir del todo, realmente.

     Provocación por parte de Pristina (julio de 2022)

El ambiente ya venía caldeado por la torpe e irresponsable actuación de Pristina, que parece empeñada en provocar a la minoría serbia, pese a las advertencias de diversos países. Todos conocemos cómo se las gasta Vučić, siempre dispuesto a utilizar cualquier incidente en su propio beneficio para denostar a Pristina, pero las autoridades de Koovo da la impresión de que quieren ganárselo a pulso. Una de dichas provocaciones consistió, en julio de 2022, en un intento de dejar sin validez las matrículas serbias en Kosovo, lo que provocó protestas en Mitrovica, cortando el puente más importante de la ciudad, que separa las comunidades serbia y albanokosovar, e iniciandose disturbios. Claro: Rusia, encantada, sale en apoyo de Serbia y los serbokosovares porque tiene la razón de su parte.

     Los sucesos de mayo

En Zvečan, Leposavić y Zubin Potok, municipios de etnia mayoritaria serbia, tomaron posesión alcaldes albanokosovares… con ayuda de la policía kosovar. Los serbios no reconocían las elecciones y las boicotearon (hubo un 3% de participación). Muy limpios no debieron ser los comicios porque la UE o Estados Unidos obligaron finalmente a repetirlos. Anthony Blinken, el secretario de Estado de Biden, acusó además a Kosovo de generar desestabilización.

En especial en Zvečan, la policía kosovar reprimió de manera muy violenta a los serbios. Aleksandar Vučić, para añadir leña al fuego, pone en alerta máxima al ejército ya que, según Serbia, “se está practicando terrorismo contra los serbios”.  Con tales declaraciones más propias de un tweet, no se imponde la calma. Es cierto que la policía kosovar se excedió, aunque no lo es menos que los atacantes serbokosvares fueran incitados por Serbia.  Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Italia, Alemania y la Unión Europea condenan la represión de las fuerzas policiales kosovares y también la escalada provocada por Serbia.

La escalada va en aumento y fuerzas de paz de la OTAN (KFOR) acuden para poner orden, siendo a su vez objetos de agresiones por parte de la multitud serbia enfervorecida, que les ocasiona 30 heridos. Vučić quien, de entrada, considera ilegal dicha fuerza (establecida al término de la guerra de Kosovo (1999), asegura que más de cincuenta serbios han resultado también heridos.

Lo más preocupante es que Vučić lleva a cabo estos peligrosos movimientos en su propio beneficio. La oposición de “Serbia contra la violencia (SPN)” volvía a llenar las calles de varias ciudades tras las matanzas de mayo, reclamando el fin de la violencia, y el gobierno. Pero Vučić responde con una contramanifestación. Todo esto coincide con los disturbios en Kosovo: el presidente serbio quiere galvanizar a la población: “tenéis que estar conmigo, Serbia y los serbios están amenazados”. El recurso de llamar antiserbios a la oposición es conocido:  a los europeístas que no niegan la matanza perpetrada por las fuerzas serbobosnias en Srebrenica en 1995, se les acusa de proclamar que los serbios son un pueblo genocida. Estas tesis negacionistas pasan por asegurar que la mencionada masacre fue un crimen cometido por algunos serbios, pero no un genocidio. Cadi se reduce una matanza meticulosamente planificada a una acción de delincuencia común.

Volviendo a la manifestación progubernamental, la misma adquiere proporciones grandiosas: por algo se dispone de todos los medios de comunicación del estado en su poder y provecho. Se despliega una muestra de poder por parte de Vučić a la que asistió Milorad Dodik, el presidente de la Republika Srpska (RS), la entidad de etnia serbia mayoritaria  de Bosnia-Herzegovina, otro pirómano como su homólogo en Belgrado. De paso, se gritan consignas a favor de Rusia y de “buscar la paz en Ucrania”, una cantinela muy frecuente en Serbia y en la RS. Conocidas son, de acuerdo con lo dicho, las invectivas de Vučić a Macedonia del Norte por contribuir con armas a Ucrania, con “bromas” hacia su presidente, a quien se acusa -siempre de buen rollo- de vaciar los almacenes, entregar todas las armas y hasta de enviar a la banda militar de música a Ucrania: la enésima subida de tono antieuropea del presidente serbio: se orienta hacia su electorado más radical y más asustado.

Los sucesos de septiembre

Con este contexto, las cosas no prometen. Por eso la oposición exige salir de esa espiral en la que se recurre a la violencia para todo. En Mitrovica Norte tuvieron lugar en septiembre choques violentos entre serbokosovares armados y la policía kosovar: los alzados protestaban por la no aceptación de la asociación de municipalidades serbias por parte del gobierno de Pristina. La policía kosovar los reduce, pero todo muy de película: los serbios se refugian en el monasterio serboortodoxo de Banjska, que la policía kosovar, connmiu poca delicadeza, somete a sitio. No es cualquier cosa: asedio de un monasterio serbio por kosovares: toneladas de potencia simbólica. Durante horas la policía kosovar rodea el edificio: mueren tres serbios y un policía kosovar. El fuerte simbolismo aludido encrespa los ánimos y Vučić, conocido incediario, reacciona enviando al ejército a la frontera, lo que provoca repulsas internacionalesLas autoridades kosovares tampoco se cuidaron de quitar hierro al asunto -volvemos al tweetismo irresponsable-, asegurando que “Kosovo se encontraba bajo un ataque” o que los atacantes serbios estaban dirigidos por Vučić/Serbia (esto último arrojaba bastantes paralelismos con la realidad, todo hay que decirlo).

 

    El Acuerdo de Ohrid

La propuesta franco-alemana o acuerdo de Ohrid (2023) es un poco más de los mismo. Los países autores de lanproouesta reconocieron inmediatamente a Kosovo tras la declaración unilateral de independencia de 2008. Por tanto: no esperen cambios revolucionarios. De hecho, la independencia de Kosovo es la idea clave. Y esto lo saben los serbios por mucho que se intente maquillar con expresiones que no engañan a nadie.  Cuando se habla de que “ninguna de las dos partes obstaculizará el ingreso de la otra en algún organismo internacional», se está hablando sólo de Serbia pues, evidentemente a Kosovo le da igual a qué organización pertenezca Serbia. Pero para Serbia es lo contrario, porque no quiere dejar escapar su provincia, ya que todo paso emprendido en ese terreno implicaría reconocer que Kosovo no es parte de Serbia. Ya en abril votaron en contra de la pertenencia de Kosovo al Consejo de Europa, así que, de la ONU, ni hablar. Y la ONU es una organización internacional ¿de verdad pensaban los francoalemanes que Serbia no se daría cuenta?

Eso sí, se habla (no viene en la propuesta) que Kosovo posibilitaría el autogobierno de las regiones de etnia mayoritaria serbia (recuerden ¿para qué ser una minoría en tu estado si puedes ser tú una minoría en el mío?). Se trata de Mitrovica del norte, Zubin Potok, Leposavić, Zvečan, Štrpce, Klokot, Gračanica, Novo Brdo, Ranilug y Parteš. Es la eterna cuestión de las municipalidades. Pero es que cualquier país debe proporcionar autogobierno o autonomía a las minorías étnicas. No hace falta meterlo en un tratado.

Además, en un lenguaje ciertamente cínico, se establece que Kosovo y Serbia respetarán la integridad territorial del otro. Pero ¿Qué integridad territorial? ¿la de Serbia, que aseguró Naciones Unidas mediante la Resolución 1244 del Consejo de Seguridad? ¿esa misma que estipulaba el respeto a “los principios de soberanía e integridad territorial de la [entonces] República Federal de Yugoslavia” y que, entre otros, aprobaron Francia y Alemania pero que no respetaron?

Las elecciones del domingo

La gestión económica del gobierno no es algo que, a priori, vaya a desalojar a la coalición gobernante del poder. El desempleo es alto, pero menor o similar a muchos países importantes de la UE, y hubo crecimiento económico pese a la pandemia y la guerra en Ucrania. La inflación es alta (más del 8.5%, si bien con máximos este año que superaban el 16%) pero no demasiado lejos de Alemania. Allí, pese a que se ha contenido, se llegó a alcanzar un 8.7% este mismo año.  La oposición, por tanto, por mucho que la economía sea mejorable, se centrará más en el acercamiento a la UE, el aumento de los estándares democráticos, del Estado de derecho, de la libertad de prensa y de expresión, así como la lucha contra la corrupción, el crimen organizado y las mafias o la violencia fomentada por los medios gubernamentales o afines: justo el blanco de las críticas de la UE.

Solamente por existir dudas sobre la victoria de los partidos gobernantes ya son decisivas estas elecciones. Por mucha contramanifestación y baño de multitudes con que se obsequie Vučić, lo cierto es que está actuando a la defensiva: no le van demasiado bien las cosas. La victoria de su partido (SNS) está fuera de toda duda, del mismo modo que nadie tenía dudas de que el PiS ganaría en Polonia en octubre. Sin embargo Vučić, quien no corre de momento peligro porque las elecciones no son presidenciales sino parlamentarias y locales, podría verse afectado con una mayoría parlamentaria en su contra o por un Belgrado en manos de la oposición. Y su popularidad va paulatinamente decreciendo. Con todo, no hay que pecar de optimistas en exceso, pues es muy posible que la coalición gobernante reedite el gobierno, y las encuestas no son muy favorables a la oposición.

No obstante, existe un factor que puede constituir una victoria de la oposición: como se adelantó, es la alcaldía de Belgrado, amén de otras ciudades importantes. En la capital, los resultados están más ajustados e incluso hay ventaja de la oposición proeuropea. Esta ciudad es decisiva como tradicional trampolín al poder central. Zoran Đinđić fue alcalde de Belgrado en 1997 antes de primer ministro, y nadie sabe dónde habría llegado si su asesinato en 2003 no hubiera truncado abruptamente su carrera política.Una victoria de la oposición en Belgrado podría, por sí sola, complicar la vida al presidente serbio.

En las últimas elecciones en abril de 2022, el SNS (en el poder desde 2012) y su socio de coalición, el SPS, obtuvieron una amplia mayoría de escaños en la Skupština (Asamblea Nacional serbia). En 2020, la oposición decidió boicotear los comicios por las dificultades que conllevaba a causa de los manejos de Vučić, que imposibilitaban unos comicios libres de irregularidades y con limpieza.

Sin embargo, simplemente con presentar ahora batalla, y los meses de protestas ininterrumpidas en las calles serbias, la oposición ha puesto a Vučić en guardia, y es posible que dicha razón sea otra de las que han llevado al predsednik serbio a convocar elecciones, en una jugada arriesgada: se pone en peligro su cómoda mayoría (tiene hasta 2026) para mejorarla y blindarla. O por que considera que, si se celebran en la fecha prevista, podría perder muchos más diputados. Bien para reforzar la mayoría parlamentaria (que no es ya absoluta), bien para lograr mejores resultados ante las próximas elecciones presidenciales, el presidente serbio apuesta fuerte.

Son muchos factores que, en un país democrático, podrían bastar para tumbar a un mandatario, aunque no es el caso de Serbia, que presenta preocupantes déficits en muchos parámetros pero, especialmente en los que nos ocupan: los derechos políticos, en especial los relativos a un proceso electoral justo y limpio, participación y pluralismo político. El gobierno presenta altos niveles de corrupción, falta de transparencia, ataques a la libertad de expresión, de enseñanza, de reunión -connincontables abusos policiales-, y por supuesto, no muy respetuoso con el Estado de derecho. La lucha contra dicho entorno es uno de los lemas de la oposición. Una oposición que, sabiendo que el sector más indeciso es el joven, se vuelca en ellos especialmente.

Las figuras más importantes de la oposición inciden en lo siguiente:

Marinika Tepić, diputada en la skupština, una de las líderes de la oposición, por el Partido de la Libertad y la Justicia (SSP), partidaria de las sanciones a Rusia en contra de la línea gubernamental, sostiene que en estas elecciones hay que votar contra Vučić, contra la corrupción y la mafia, y votar por la oposición para garantizar el Estado de derecho y la constitución: lo dice una política curtida en esas protestas.

Dragan Djilas, el jefe de Tepić y presidente del SSP, profundiza que el nuevo gobierno debería centrarse en arrestar a todos los delincuentes, en un país en el que la delincuencia está disparada. Como Tepić, carga contra las fuerzas de seguridad cómplices en el tráfico de drogas y aboga por una limpieza en los cuerpos de seguridad.

Zdravko Ponoš, teniente coronel retirado y de vocación europeísta, de Centro Serbia (Srce, que en serbio significa “corazón”, por cierto), fue excandidato presidencial de 2022. Su candidatura contra Vučić fue un auténtico acto de fe, quizá por eso lo del corazón. Acusa a la coalición gobernante de manipulación electoral ya desde los comicios de 2022: en el mismo 2023, la lista opositora de SPN, por ejemplo, fue impugnada día y medio después de expirado el plazo legal, lo que suscitó diversas reclamaciones y quejas. A ello, se suman prácticas como la compra de votos a través de subsidios con un claro fin electoralista, o el empleo de funcionarios y altos cargos administrativos para hacer campaña a favor del gobierno. Define la disfuncionalidad del sistema judicial y las fuerzas de seguridad (famosas por excederse en la represión de las protestas) como otro de los problemas acuciantes que la oposición deberá acometer si llega al poder. El político mantiene cierto optimismo en que la SPN conquiste la alcaldía de la capital serbia, si bien no mantiene demasiadas esperanzas en torno a los resultados de las elecciones parlamentarias.

A tenor de lo expuesto, competir contra Vučić es una empresa nada exenta de dificultades, pero poco a poco, se va limando su predicamento: en las pasadas elecciones, en 2022, la coalición de gobierno obtuvo sólo 50.000 votos más que la oposición. Es cierto que, al estar desunida, ello no se tradujo en un número equivalente en diputados, pero es bastante significativo el hecho de que el gobierno, con todos los medios a su favor para obstaculizar a la oposición, no haya obtenido mayor ganancia.

Este 2023, con todo lo acontecido y la oposición más unida, podría ser diferente. Para ello, será fundamental la tarea de supervisión electoral en un país donde seis millones y medio de electores están llamados a las urnas en unos ocho mil centros de votación repartidos por todo el país. Viejos conocidos tendrán encomendada dicha tarea,  como las misiones de la OSCE, el Consejo de Europa, la Unión Europea (Parlamento Europeo) y diversas ONG serbias (como la CRTA, que aporta 3.000 observadores) e internacionales. Como ya ha sucedido en otras ocasiones (lo comentaba en esta entrada), se teme que el gobierno pueda impugnar un resultado adverso o no reconocerlo (una moda en la que Donald Trump no aportó nada nuevo, pues ya se daba en Serbia desde que se llamaba Yugoslavia).

Vučić empieza a recordar a Milošević, con independencia del resultado de las elecciones 

Sin embargo, hay que advertir de algo: una posición no es eterna. Por mucho que lo parezca, puede estar a merced de un cambio de coyuntura que lo cambie todo. Ya en 2017, un interesante artículo acerca de la «Orbanización» de Serbia sugería la idea de  que La sostenibilidad a largo plazo de Vučić podía depender de tres factores: a) la competencia de las otras fuerzas políticas para proyectar una alternativa drástica al predominante SNS; y b) la aparición gradual de actores cívicos y extraparlamentarios con el potencial de impugnar la ‘orbánización’ de la política serbia. Es pronto para dilucidar hasta qué punto, pero los dos elementos aludidos se están dando. Si tienen fuerza -o logran adquirirla- es otra cosa. En cualquier caso, como se ha recalcado, el predsednik está incómodo. En junio de este año habló como lo hizo Slobodan Milošević en su momento. El por entonces presidente proclamó  en 2000 que los ataques que estaba recibiendo no eran a él, sino a Serbia. Es decir: se utilizan los ataques a Milošević como excusa para atacar a Serbia. La jugada no le salió bien: poco después las manifestaciones del 5 de octubre de 2000, con una oposición bien articulada en torno al movimiento DOS (ver anterior entrada), encabezado por un nada moderado Koštunica, ganó les elecciones, Milošević fue apartado del poder (no sin resistencias) y, medio año después, entregado al Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia en la Haya, donde se suicidó cinco años más tarde.

Vučić no es Milošević , vaya por adelantado, aunque bien relacionado con él sí que estuvo, pues fue diputado y ministro de Información bajo el primer ministro de Serbia Mirko Marjanović, dentro de la Yugoslavia de Milošević. Decíamos que no es él, pero comienza a hablar como él: en junio de este año, el dirigente serbio actual proclamó, en muy similares términos a aquellos de hace 23 años “No están derribando a Serbia desde afuera por Vučić, sino que están derribando a alguien [ él] para derribar a Serbia. Juzguen y vean. En cualquier caso, no arrojan los términos empleados por el presidente actual mucho sentido de la oportunidad.

Como en Polonia, se ventila parte del futuro inmediato de Europa en Serbia, un país estrechamente aliado de China y Rusia y con una ultraderecha, que parece avanzar posiciones en Europa y en el mundo y que gusta de negar genocidios. La permanencia de Vučić en el poder, con su autoritarismo y retórica antioccidental y antieuropea — lo dicen algunos expertos— supone una amenaza para Europa.

 

Por Antonio Rando Casermeiro

Me llamo Antonio y nací en Santander en 1974, aunque soy, sobre todo, de Málaga. Soy licenciado en Derecho e Historia y doctor en Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales por la universidad de Málaga y quisiera dedicarme a ello. Soy un apasionado desde pequeño del este de Europa, especialmente de los Balcanes y Yugoslavia. Me encantan las relaciones internacionales y concibo escribir sobre ellas como una especie de cuento. Soy apasionado de escribir también cuentos y otras cosillas. Desde 2013 resido en Colonia (Alemania)

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