créditos foto: montaje a partir de imagen de deeznutz1

 

Serbia y el ígneo invierno de 2025: protestas, estudiantes, abogados y más violencia.

Como no podía ser de otra forma, (ya expliqué algo aquí) 2025 iba a constituir un “continuará…” de manual.

El nuevo año no dejó en la inercia a opositores y estudiantes. En absoluto. Con fuerza renovada, salieron a la calle para continuar con lo que empezaron a finales de 2024: protestar por lo que consideran un pucherazo masivo. De paso, otro aspecto recurrente de muchos serbios: quieren un cambio de tercio. Están hartos de manipulación política, violencia desde el Estado y corrupción. El gobierno, por su parte, no tiene empacho, como se irá desbrozando, en llamar violentos a aquellos que son, precisamente, víctimas de la violencia por parte de él. Los secuaces del gobierno se han infiltrado en la protesta, practicando con denuedo la violencia y el matonismo como iremos viendo en esta serie especial. Se dice que la ebullición popular es la mayor en veinticinco años. En realidad, veintiséis.

Hoy, como ahora, hace 25 años

La efervescencia de los serbios ahora pone en la mente aquella la que muchos vivieron a finales del pasado siglo, cuando la gente en pie de guerra se levantaba contra Slobodan Milošević. Exigían un cambio de régimen, porque no podían soportar más la manipulación electoral, la corrupción, los manejos de clanes mafiosos con conexiones con grupos paramilitares que habían cometido crímenes de guerra de la pasada década.

Como en 2023, 2024 y 2025, los serbios están hartos del enésimo fraude electoral y de la venialidad de un sistema que retrocede en estándares democráticos y en el acercamiento a la Unión Europea. En los años 1990 la farsa electoral era aún menos sutil, pero, en fin, venían de una dictadura que, por muy abierta que fuera en comparación con los lúgubres regímenes del telón de acero era eso, una dictadura.

1991-1992: estudiantes y dura represión

Para ver los antecedentes y diversas plataformas opositoras durante el milosevismo (DEPOS, Zajedno y DOS), aquí.

Mucho se ha especulado acerca de la poca atención que merecieron a Occidente los serbios ansiosos de reformas y democracia. Mientras Yugoslavia estaba desintegrándose parece que sólo eran objeto de interés eslovenos y croatas, quien sabe si con una Serbia enclavada en la senda más democrática los acontecimientos se hubieran desarrollado de otra manera. Y ganas había de cambio. Ya en 1991 y 1992, cuando Yugoslavia se dirigía sin freno a una década de guerras, surgió una ola de protestas estudiantiles que, como ahora, fueron el catalizador. Se enfocaban contra la guerra en Croacia y Bosnia: la mayoría de los serbios no quería la guerra ni la censura consiguiente. Milošević detentaba ―como hoy Vučić― el control de los medios, con el agravante de entroncar de manera directa con un sistema político de partido único.

La policía se empleó a fondo contra los manifestantes y hubo multitud de heridos y dos fallecidos. Milošević, como hace Vučić hoy (para eso fue ministro de propaganda del antiguo régimen), sostenía que los manifestantes eran agentes extranjeros que querían que Serbia fuera un títere de Occidente. Desde luego, la originalidad no es uno de los atributos que caracteriza a actual predsednik (presidente).

1996-1997: cuando se torció por primera vez el brazo a Milošević

La segunda oleada llegó en 1996-1997. Como Vučić en 2023 y 2024 (también antes), el fraude electoral era generalizado La coalición opositora Zajedno (Unidos) obtuvo la victoria en varias circunscripciones, pero el gobierno decidió anular los resultados. De noviembre de 1996 a febrero de 1997 miles de personas tomaron la calle para exigir que el gobierno reconociera los resultados electorales. Como solía suceder, el gobierno tuvo la deferencia de acompañar a los manifestantes con 20.000 miembros de las fuerzas de seguridad que rodeaban a los manifestantes con claro ánimo intimidatorio…y también repartiendo leña o rociándolos con agua hirviendo, tal y como puede verse en esta publicación actual conmemorativa . De igual modo, se tiró de contramanifestantes promilosevic, que no se limitaban a protestar. La OSCE visitó Serbia, además de otras organizaciones internacionales, presionando al régimen.

La posición de Milošević era más precaria que antes: la presión internacional después de un lustro de guerras y el recrudecimiento de la situación en Kosovo hizo su efecto y el gobernante serbio Milošević tuvo que reconocer la victoria de la oposición en varias ciudades para evitar un enfrentamiento civil. Serbia se encontraba aislada internacionalmente y su economía golpeada por sanciones económicas debido a su participación en los conflictos del quinquenio anterior.

Las ondas de 1999 y 2000: la definitiva

La tercera ocasión de protestas masivas en Serbia vino dada por la campaña de bombardeos de la OTAN contra Yugoslavia (FRY) en 1999. Milošević se las prometía bien, porque era una buena ocasión para aglutinar a un pueblo totalmente contrario a la OTAN y sus bombardeos. Sin embargo, los manifestantes no se olvidaban de cargar contra la guerra en Kosovo y contra su instigador, que no era otro que Milošević, quien iba perdiendo popularidad por mucho que intentara amañar cada cita electoral. Si el líder serbio podía contar con cierta tregua durante la campaña de la Alianza, finalizada esta, los manifestantes se encargaron de recordarle, dos meses después en una multitudinaria protesta de más de cien mil personas frente al parlamento serbio que no querían que siguiera rigiendo los destinos serbios ( socio mayor de la RFY entonces).

Al igual que está sucediendo en estos momentos, se está dando una fase que para muchos es un 1968 serbio, similar en intensidad a octubre de 2000, cuando la población pudo tumbar por fin a Milošević. Se presentaba, al frente de la heterogénea coalición DOS (Oposición Democrática de Serbia), un antiguo nacionalista radical, Vojislav Koštunica.

Vojislav Koštunica, todo un elemento que, a tenor de la fauna ultranacionalista que poblaba el paisaje político serbio, era bienvenido. Es más: él mismo era parte de tal fauna, con una diferencia, que era un demócrata convencido y sus credenciales en la lucha contra el milosevismo estaban fuera de toda duda. Nacionalista, sí, de kaláshnikov (exacto: en el aclamado Underground, Emir Kusturica no tuvo que pensar mucho para construir su mundo imaginario subterráneo: estaba a la vista de todos). Con todo, se trataba de un nacionalista moderado, pragmático, de los que saben que a Serbia lo que conviene ―lo que convenía― era dejar atrás un rosario de guerras y posiciones maximalistas que habían sumido al país en el ostracismo internacional, con la economía devastada y el país objeto de sanciones económicas. Y decimos pragmático, porque Koštunica es el típico serbio de posiciones antioccidentales, pero…. ¿con quién pactamos? ¿con el “hermano” ruso? Mejor la Unión Europea y el denostado Occidente que el abrazo de oso. El lugar de Serbia debía ser la UE.  Como nacionalista, quiere lo mejor para Serbia, y con Milošević el camino estaba más que cerrado: Serbia no puede progresar. Se caminaría hacia la UE quizá no a cualquier precio, pero por lo menos había que cultivar dicha ruta.

En las elecciones presidenciales de septiembre de 2000, DOS arrolló en los comicios con más del 50% de los votos, aunque, como de costumbre, Milošević (mejor dicho, el Tribunal Constitucional, por él controlado) negó el resultado y congregó a los serbios a una segunda vuelta.  De nuevo cientos de miles de personas tomaron las calles de Belgrado en la protesta más grande hasta la fecha. Los manifestantes, colmada ya su paciencia con creces, ocuparon el Parlamento y la odiada televisión estatal, además de otros edificios gubernamentales. Una revuelta en toda regla. Un Milošević acorralado se vio obligado a renunciar. Sabía que quemaba su último cartucho: un año después fue extraditado al TPIY donde fue juzgado por crímenes de guerra y genocidio. No llegó a ser condenado porque se suicidó antes. Los serbios dieron un ejemplo de civismo, como lo están dando ahora. La Unión Europea se apresuró a invitar a Koštunica al Consejo Europeo de Hendaya, donde se inició un camino hacia Europa que Vučić ha deshecho.

2000-2021.Tiempo de esperanza

En aquel año 2000 en que Koštunica accedió por fin al poder, se respiraba esperanza. La UE lo invitó inmediatamente a la cumbre de Hendaya para saludar el fin del milosevismo. Serbia avanzaba: se firmó el Acuerdo de Estabilización y Asociación con la UE, se obtuvo el estatuto de candidato, tras no pocos esfuerzos y requerimientos de la UE: no sólo ajustar la economía de guerra del país a una de mercado, también limpiar el corrupto sistema político serbio, colaborar con el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia, en el procesamiento de los criminales de guerra de la década anterior. Claro que a un nacionalista moderado (queremos decir que se moderó, no que lo tuviera de serie) esa cuestión, ni maldita la gracia ¿Qué Serbia, que es un país soberano, tiene que entregar criminales de guerra a un tribunal extranjero, que ―en eso coincidía con Milošević― no tiene, para él, legitimidad? No. Son nuestros criminales y los juzgamos nosotros. Oiga: que no les hablo de impunidad.

Pero acabó accediendo. No me hago moderado para acabar siendo intransigente y que Serbia siga en el pozo. Pero pasa que el sistema está podrido. Radovan Karadžić y Ratko Mladić seguían escondidos en Serbia…a la vista de todos. El primero, criminal de guerra en su vertiente política, responsable de la limpieza étnica de bosniomusulmanes y convertido en venerable anciano de larguísima barba blanca―un rollo pope ortodoxo total cuando “apareció”. Como Gandalf en el señor de los anillos pero en versión criminal masivo. Se dedicaba a la medicina alternativa después de largos años al servicio del genocidio.

El otro prófugo de la justicia, Ratko Mladić, general serbobosnio y hoy criminal convicto por su especial participación en el genocidio de Srebrenica, para qué ir de lo que no es: se escondió y punto. Ambos permanecieron en un conocido paradero desconocido, protegidos por redes militares, de inteligencia y políticas del Estado, que albergaba un buen componente de milosevismo. El caso de Mladić, por ejemplo, es especialmente llamativo: vivía a tope en Belgrado, sin esconderse, con escolta oficial y la protección del gobierno y del ejército. Sin embargo, entró al poder Koštunica en 2000. Con él de presidente y Zoran Đinđić de primer ministro, a lo que se sumaba la presión internacional, a Ratko se le acabó el rollo: tuvo que esconderse a partir de 2002, en un entorno rural, con documentación falsa y protegido por la élite militar serbia y muchos nacionalistas, que lo consideraban ―siguen considerándolo― un héroe, hasta que lo pescaron en Lazarevo, en casa de un primo, en 2011.

Zoran Djinjić-Boris Tadić: la esperanza truncada

Con el tándem Zoran Djinjić-Boris Tadić en el poder en Serbia, todo indicaba que el largo invierno nuclear de Serbia en el ámbito de las relaciones internacionales comenzaba a dejar ver algún que otro rayo de sol.

Pero esos tiempos no volverán, de momento. Ambos políticos eran justo lo que necesitaba Serbia. Cada uno a su estilo, ambos proeuropeos. Zoran Đinđić era más lanzado, más decidido a acelerar la entrada de Serbia en una Europa donde siempre debió estar, y de forma más rápida. Ello lo colocó en rumbo de colisión constante con la vieja guardia del país, miloseviana aún y yugoslava en el peor de los sentidos: desde luego, no la Yugoslavia en su faceta aperturista. Fue quien extraditó a Slobodan Milošević al Tribunal penal Internacional para la antigua Yugoslavia (TPIY) en 2001. Su empeño en acabar con las anquilosadas y reaccionarias estructuras que conformaban la élite del país le granjeó las enemistades de una élite serbia que tenía mucho que callar, porque altos mandos y muchos sectores del ejército o de milicias paramilitares de tintes mafiosos  estaban implicados en crímenes contra la humanidad.

Los vínculos con el crimen organizado, las mafias y los manejos corruptos hundían sus raíces en el largo tiempo que Milošević llevaba en el poder en las distintas configuraciones estatales en las que participó Serbia. Los negociadores comunitarios lo sabían y exigían a Serbia más avances en ese campo bajo pena de no realizar progresos en el camino de la integración del país en la Unión. Milošević ocupó los cargos de presidente de la República Socialista de Serbia (1989-1991), dentro de la RFSY, presidente de la República de Serbia, en la RFY (1991-1997), presidente de la República Federal de Yugoslavia (1997-2000). Por último, omnímodo presidente del Partido Socialista de Serbia (SNS). El político lo fundó en 1990; en realidad una fusión de una serie de partidos que provenían de la yugoslava Liga de los Comunistas de la Republica Socialista de Serbia, una sucursal regional de la Liga de los Comunistas Yugoslavos. No, la palabra “comunista” ya no molaba, no vendía.

En todo caso, el aglutinante de la élite que se resistía a dejar de mover los hilos en el país balcánico pasaba por Milošević. Đinđić tenía ante sí una tarea titánica, y no le tembló la mano para aplicar las reformas que Serbia necesitaba. Sin embargo, a la caverna del país tampoco le tembló el dedo para apretar el gatillo del fusil de francotirador alemán de alta precisión Heckler & Koch G3. El primer ministro serbio fue alcanzado el 12 de marzo de 2003 por un beso de plomo en el corazón, como decía la canción, cuando se dirigía a su trabajo. La seguridad del Estado tenía que estar implicada, porque el disparo se produjo a pleno día, en un edificio situado justo enfrente de la sede del gobierno a donde se dirigía el malogrado Đinđić. Si alguien se pudo permitir apostar su fusil en el edificio de enfrente, la seguridad tenía grandes fallos… o lo que todos piensan.

La investigación puesta en marcha encontró varios culpables, dos de los principales vinculados a clanes mafiosos como el de Zemun y los Tigres de Arkan. Tal y como suele ser de recibo en tales ocasiones, dichos clanes presentaban fuertes conexiones con unidades militares de élite, como los JSO (Unidad de Operaciones Especiales). Como su nombre indica, su cometido es justo ese, pero también estuvo involucrada en limpieza étnica, crímenes de guerra varios, genocidio, y crímenes contra la humanidad durante las guerras yugoslavas ¿Me está Ud. diciendo que Đinđić quiere luchar contra la delincuencia organizada y los clanes mafiosos y mandarlos al TPIY? Pues esto hay que arreglarlo. La élite ayuda a la élite.

Quien sucede a Đinđić no podía ser otro que Boris Tadić. Ansioso de reformas, pero más moderado, era un hombre de mundo, que conocía Europa, a donde viajó de niño, con su padre, opositor político perseguido y encarcelado en los 1970 por su oposición al gobierno. Tadić conocía el funcionamiento de Europa, y bajo su mandato tuvieron lugar las entregas al TPIY de Radovan Karadžić y Ratko Mladić, la separación de Montenegro y la liquidación consiguiente de la Unión Serbia-Montenegro.

De hecho, debido al enfoque regatta de la UE, hacía ya tiempo se trataba a las dos unidades como candidatos por separado en el camino hacia la UE. Las dos repúblicas siempre estuvieron muy unidas, pero Montenegro era diez veces más pequeño en población y seis veces menor en extensión que Serbia, sus economías eran distintas, incluso el euro se movía con fluidez por la pequeña república. Los montenegrinos, muchos de ellos, pensaban que tenían poco peso en la federación y no andarían muy descaminados. Un imperativo de Realpolitik tampoco es desdeñable: Montenegro se veía arrastrada a los problemas de Serbia, que estaba aislada internacionalmente, y quería seguir su propio camino, por mucho que en un principio secundó las políticas de su vecino. El momento para hacerlo era con Boris Tadić: si no queréis seguir con nosotros, no pasa nada. Lo que importa es transitar nosotros el camino que queremos seguir. Con todo, casi la mitad de los montenegrinos votó por permanecer en la unión serbomontenegrina.

También le tocó la injusta decisión de que muchos países reconocieran la independencia de Kosovo en 2008 por un procedimiento anómalo y contraviniendo la Resolución de Naciones Unidas de 1999, que garantizaba autonomía para Kosovo, sí, pero también la integridad territorial de Serbia (más, aquí).

Así las cosas, Boris Tadić, tras el asesinato de su amigo y aliado, sabía por donde pisaba. Es cierto que su vía hacia las reformas conducentes a la integración del país en la UE era más lenta que la de Đinđić, más moderada. El destino de Đinđić era sin duda un aviso en toda regla para navegantes demasiado ávidos de reformas.

Tadić representó una época de progreso para Serbia, pero tuvo el inconveniente de que la opinión pública le fue restando apoyo. Al final es un político más derrotado electoralmente, por lo que el pueblo no le tiene el mismo cariño que a Đinđić, asesinado en lo mejor de la vida, sin sufrir desgaste político y venerado por los manifestantes de hoy, que portan su efigie: es como un ídolo que luchó contra el sistema y fue asesinado por él.

El interludio Nikolić: un alto en el camino de Vučić hacia el Vojvodato en Serbia

Boris Tadić, sin embargo, no fue comprendido por la opinión pública. La marcha de la economía, en plena recesión mundial, no ayudó. Sus ímprobos esfuerzos contra la corrupción y la delincuencia organizada (mafias) no fueron lo rápido que querían los serbios; era muy difícil depurar un sistema donde dichos males infiltraban las instituciones: no es el gobierno, es el sistema el que hay que tumbar. En estas llegó Partido Progresista Serbio (SNS), un partido que podía dar a los grandes problemas de los serbios soluciones fáciles, como todo populismo. La formación a cuyo frente se hallaba un tal Vučić, presentó la candidatura de Toma Nikolić, un nacionalista más de la vieja guardia que derrotó contra todo pronóstico a Tadić.

Con todo, Toma no se desvió de la senda del camino hacia la UE como los más agoreros pronosticaban. Sin embargo, el problema no era él: era Vučić, que apartó a Nikolić del poder en una maniobra totalmente trápala y que hizo comprender a muchos que Nikolić era sólo un peón en los planes de Vučić. El político barruntaba una estrategia más a largo plazo para controlar todos los resortes del país de la forma que le había enseñado su antiguo jefe y maestro, Milošević. En 2017, Vučić apartó a Nikolić del poder en un plan bien engrasado. Nikolić quería presentarse a un segundo mandato en 2017 (al fin y al cabo, para eso era el predsednik). Pero quien manejaba los hilos en el SNS era Vučić. Sin decirlo abiertamente, era él quien deseaba presentarse. En un flujo de tretas muy propios de la política de partido único a la yugoslava, hizo ver ―o creer―a Nikolić que el partido no le respaldaba, porque el pueblo tampoco es que estuviera muy allá con él. Así que Toma, preocupado por no lograr nada por aspirar a todo, se retiró de las primarias e inmediatamente salió aclamado Aleksandar Vučić. A Nikolić se le compensó con un cargo simbólico de relaciones con Rusia y China, bien pagado, pero sin influencia política. Nikolić sentía un regusto amargo: se la habían jugado.

Vučić: un profesional de la manipulación y el populismo

El actual presidente sí sabía lo que se hacía. Además, se enganchó rápido a la locomotora del populismo, un arma eficiente que hoy rige la primera potencia mundial y que entonces manejaba bien un advenedizo sin futuro ninguno a punto de ser derrotado por alguien mejor preparado que ella y mucho más inteligente como Hillary Clinton. Donald, creo que tenía como nombre de pila.

Manejando de manera muy eficiente los hilos de la apelación a la emoción de todo nacionalpopulismo, ganó sin contestación las elecciones. Parece que le dijo a Nikolić: deja a los profesionales que saben lo que hacen.

Aleksandar Vučić comenzó por implementar algo que puede resumirse de manera un poco tajante: volver al pasado de una Serbia que se alejaba de la democracia y que Koštunica, Djinjić-Tadić e incluso Nikolić ―a su manera― habían intentado conjurar.

La actuación política de Vučić se caracteriza por los siguientes rasgos:

En primer lugar, una concentración de poder en todos los niveles del Estado y debilitamiento de las instituciones, que pone al servicio de su partido: dentro de las instituciones afectadas, destacan la independencia del poder judicial, el parlamento y otros organismos de control.

En segundo lugar, “toma” de los medios de comunicación bien haciéndose con el control de la Radio Televisión Serbia, bien otorgando licencias a los afines. La mayoría de los medios serbios están alineados con el gobierno, bien sea por control directo o por presión económica (se retiran licencias, se asfixia la financiación, se ponen trabas legales al desempeño de la profesión periodística). Está claro que los periodistas estorban porque dicen cosas feas del régimen, por lo que, en tercer lugar, se persigue y difama (mediante campañas de desinformación o insultos directos) a los periodistas independientes, y se sanciona o se ponen palos en las ruedas a medios críticos, presiones que van desde “consejos” a matonismo y amenazas físicas que se materializan sin inconveniente alguno.

En cuarto lugar, claro: si se presiona a los periodistas qué no se hará con la oposición. Vučić despliega, así, un autoritarismo y represión de la oposición, que precisamente está…opuesta a Vučić, claro. Lo dicho de acompaña de pucherazos y manipulación electoral, por si no es suficiente. Todo esto ha erosionado la democracia serbia, que tiempo ha que no es considerada plena por diversos expertos internacionales. El país entra dentro de las “democracias híbridas” o “regímenes” en transición desde hace varios años. Es sobre el papel un sistema democrático, pero con elementos en los que las elecciones no son justas (mirar aquí en las últimas de 2024, un moas entre cientos de ejemplos) y el partido del gobierno está dopado.

En esta democracia híbrida represiva, donde se documenta la compra de equipos de identificación facial a China que tienen como objeto señalar a los manifestantes en las protestas para luego difamarlos o detenerlos por cualquier excusa

Un quinto elemento del vucicismo es un nacionalismo que usa en su propio beneficio, apelando a lo emocional como mandan los cánones del populismo. En su vertiente negacionista, se niega a aceptar el genocidio que cometieron los serbios contra los bosniomusulmanes en los 1990, esgrimiendo que Serbia no es un pueblo genocida ¿qué utilidad tiene tal narrativa? Ninguna, salvo conectar en lo emocional con muchos sectores que lo piensan y obtener rédito electoral: populismo.

En cuanto a su política exterior, se alinea con Rusia y demoniza a la UE y a Occidente quien, a tenor de este discurso, persigue convertir a Serbia en una marioneta de Occidente, destruyendo la soberanía serbia, algo que toma de otro de sus principales ídolos: Vladimir Putin. Una muestra del atentado contra la soberanía serbia aludido es la exigencia comunitaria de aplicar sanciones a Rusia, asunto al que Vučić no está dispuesto, en primer lugar porque el Kremlin es su principal aliado en la cuestión estéril de Kosovo (que da muchos votos y no aporta nada al Serbia)  y también porque funge de excusa perfecta para no cumplir las exigencias de la UE en materia de lucha contra la corrupción, el crimen organizado, condiciones opacas de transparencia en la adjudicación de contratos con el Estado y demás maniobras que emplea para comprar favores políticos y económicos.

Como sexto punto, cabe hablar de la corrupción y clientelismo: se trata simplemente de aplicar lo que ya operaba con fluidez en la etapa yugoslava y con Slobodan Milošević. Este clientelismo y nepotismo presenta, además, fuertes vínculos con las diversas mafias que operan en el país. Además, el SNS se asegura, mediante sobornos y compra de voluntades, lealtad política a cambio de los mentados favores políticos y económicos. Si ello no vale para que le voten, se usa el fraude electoral.

Por último, el recurso al populismo y la manipulación de la opinión pública: uso del miedo y la propaganda para consolidar el poder, ante un complot de agentes exteriores que se empeñan en destruir Serbia, Así, las cosas, Vučić se erige como un protector, el último dique de contención contra fuerzas externas de aviesas intenciones. Victimismo clásico de “todos os tienen manía, pero yo estoy ahí con vosotros”, de lo que se extrae otro ingrediente:  caudillismo.

Enel próximo post analizaremos las características de las macroprotestas de 2025 que tienen al gobierno acorralado, aunque Vučić es un superviviente político que, hasta ahora, parece haber resistido toda circunstancia adversa.

Ante una oposición que lleva en pie de guerra varios años, articulada, habrá que ver si esta vez es la definitiva. Ojalá me equivoque, pero no lo creo.

 

Por Antonio Rando Casermeiro

Me llamo Antonio y nací en Santander en 1974, aunque soy, sobre todo, de Málaga. Soy licenciado en Derecho e Historia y doctor en Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales por la universidad de Málaga y quisiera dedicarme a ello. Soy un apasionado desde pequeño del este de Europa, especialmente de los Balcanes y Yugoslavia. Me encantan las relaciones internacionales y concibo escribir sobre ellas como una especie de cuento. Soy apasionado de escribir también cuentos y otras cosillas. Desde 2013 resido en Colonia (Alemania)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

You missed