Créditos imagen: montaje a partir de PicElysium, Julio Velázquez Mejía (pixabay)

¿Cómo está yendo Polonia tras las elecciones de octubre? Pues espérate, que vienen otras en abril.

Ya hemos visto en la anterior entrada sobre la materia que la armonía no es en modo alguno un rasgo definitorio entre los socios de gobierno y los apoyos parlamentarios externos. Una vez puesto a andar el gobierno y pasada la resaca de la curda de optimismo inicial, “está sucediendo”. Sí: lo que todos sabíamos, se presenta una legislatura entera teniendo que negociar cada coma de lo que se proponga: no será fácil. Como hemos dicho en otro post, Pedro Sánchez es un aprendiz comparado con lo que le queda a Donald Tusk por delante. No son pocos asuntos los que se levantan en el camino. Se desconoce cuántas horas podrán dormir al día los políticos y negociadores gubernamentales, pero a buen seguro (destripo): serán pocas.

Varios son los temas que ―un día sí y el otro también― pondrán a prueba las ya tensas costuras del gobierno polaco, a saber:

  1. Los medios de comunicación

Tusk habrá de revertir la calamitosa situación de los medios de comunicación, muchos de los cuales ―en especial, los públicos― tiempo ha que dejaron de ser un servicio público para convertirse en propaganda del gobierno del PiS.

  1. Ucrania y Rusia

Tras las dudas y boca pequeña del gobierno anterior, que cuestionaban la ayuda a Ucrania y el tratamiento a sus refugiados, a la vez que tendían a suscribir a Putin, Tusk vuelve por enésima vez a la senda europea (o eso asegura, aunque ya veremos que no siempre se da).

  1. La guerra del grano

La UE decidió —como medida de solidaridad y asistencia a Kiev— liberalizar las exportaciones ucranianas de cereal a Europa: lo normal si la armada rusa tiene bloqueados tus puertos. El problema es que los vecinos (Polonia, Hungría, Chequia, Eslovaquia) son… ¡el grupo de Visegrado!… del que formaba parte Polonia hasta hace bien poco. Eran famosos por su cuestionamiento de todo lo que viniera de Bruselas. Y el sector agrario de estos países es muy anti liberalización de productos ucranianos. Tusk mira hacia otro lado: les permite una especie de kale borroka a los del sector agrario, porque el campo es el punto fuerte del PiS y Tusk no tiene ninguna gana de que vuelvan a su redil.

  1. El Estado de derecho

El Estado de derecho, como no, es importante, es uno de los valores fundamentales de la UE. De hecho, las instituciones comunitarias llevan ya tiempo leyendo la cartilla al gobierno polaco (2015/2023) … y lo que no es la cartilla. Ya marcó un hito en su historial sancionador a países miembros con la activación del artículo 7 del Tratado de la Unión Europea (TUE): sanciones, para los amigos.

  1. Avances sociales y derechos fundamentales

En este cajón caben varias áreas: desde la inmigración y la xenofobia al antisemitismo, negacionismo, derechos de la comunidad LGTBIQ+ y, como no: el aborto: ello será el tema que trataremos hoy. Con ustedes: el espinoso enredo del aborto en Polonia.

El resto de las cuestiones van a ser por supuesto acometidas en posteriores entradas.

La muy enrevesada cuestión del aborto en Polonia

El aborto es un asunto que parece por lo general superado en los países de Europa Occidental. Lo último es Francia, donde se eleva a nivel de protección constitucional como derecho de la mujer. El presidente de Francia es Enmanuel Macron, poco sospechoso de izquierdismo. Sin embargo, la cuestión no está superada en Polonia. Continúa allí la dicotomía aborto sí/aborto no.  La interrupción voluntaria del embarazo se está (re)construyendo ahora tras los ocho años de gobierno ultraconservador, antifeminista, antieuropeo, y casi todos los antis que les puedan venir a las mientes a ustedes.

Para hacerse una idea: el aborto en España fue difícil; en Polonia, lo siguiente. Pero ilustra una situación muy parecida a la del país eslavo

 La evolución de la legislación sobre la interrupción del embarazo en España

El aborto en Polonia es una cosa muy seria. En España tampoco fue un camino de rosas. Durante la República española, se planteó legalizar el aborto, algo revolucionario en un país y momento donde la iglesia católica ejercía una poderosa influencia. Estalló la guerra y se pasó a otros problemas más acuciantes como defender la democracia. Franco ganó la guerra y lo del aborto pasó a segundo plano; mejor dicho: a otra dimensión. En el nacional-catolicismo no cabía interrumpir el embarazo, lo cual no quiere decir que no se hiciera, en las condiciones sanitarias más ínfimas, lo que conllevaba miles de muertes por las consecuencias de las intervenciones practicadas por las llamadas “aborteras”, gente que en muchos casos no tenía la formación ni los conocimientos sanitarios mínimos. Cabía otra posibilidad, si eras de familia acomodada: irte a Londres. Es verdad que era un poco doble moral, pero también que salías del paso.

Tras el final de la dictadura, muchas estructuras del régimen franquista siguen intactas, por lo que no fue nada fácil despenalizar la interrupción voluntaria del embarazo. La iglesia católica ―uno de los pilares del régimen― y su comandante supremo global, el polaco Juan Pablo II (he aquí la polish connection) estaba de su parte. El papa Wojtyła, para los amigos (polacos, se entiende) clamaba contra el retroceso de los valores cristianos en España. Ya con un gobierno socialista, se aprobó una ley del aborto en 1983 que no satisfizo a nadie: los conservadores y muchos retronostálgicos franquistas lo veían una aberración;  para muchos sectores progresistas, sin embargo, era una norma cercana a cero.

Desde entonces, tienen lugar varias décadas de dimes y diretes: leyes, sentencias del tribunal constitucional español (“STC”, decimos los juristas) que regañaban al gobierno por ir tan lejos unas veces, mientras que otras le daban la razón. De STC (polacas) vamos a tener oportunidad de hablar aquí.

En 1985 llega la llamada ley del embarazo de los tres supuestos. Era una modificación del código penal español de 1973. La nueva norma no era nada revolucionario: 1)se permitía (despenalizaba) la interrupción del embarazo durante las 12 primeras semanas si este se produjo a causa de una violación (aborto ético), previa denuncia ante la policía; 2) se ampliaba el plazo para interrumpir el embarazo hasta las 22 semanas si se daban malformaciones en el feto que hacían imposible la vida niño/a una vez nacido (aborto eugenésico); y 3) interrupción del embarazo en caso de peligro para la vida de la madre, sin límite de tiempo. El gobierno socialista intentó en 1995 un último proyecto de liberalizar el aborto, incluyendo el cuarto supuesto: que el nacimiento del niño/a supusiera para la madre una merma de sus condiciones sociales o de vida. Los sectores conservadores y la Conferencia Episcopal Español (CEE) pusieron el grito en el cielo. Pero no fue necesario: un muy erosionado gobierno socialista tras cuatro legislaturas en el gobierno y con casos de corrupción que empezaban a aflorar llevó a Felipe González a convocar elecciones anticipadas en 1996. La cuestión del aborto quedó aparcada con los cuatro años de mayoría simple y mayoría absoluta del PP de José María Azar (1996-2004).

En 2004 el socialista José Luis Rodríguez Zapatero se impuso en las generales de 2004. El nuevo gobierno redacta una nueva ley del aborto que fue contestada fuertemente en la calle por la CEE, las asociaciones pro-familia, el PP y el gobierno de Navarra (que lo recurrieron al TC, que no se pronuncia hasta… ¡2023!). La ley entra en vigor en 2010 y considera el aborto libre como un derecho de la mujer hasta la semana 14 de gestación y hasta la 22 si concurren riesgos para la salud o la vida de la mujer o graves anomalías en el feto que lo hagan incompatible con la vida.

En 2011, con el gobierno de Mariano Rajoy, se lleva a cabo un intento de modificar la ley de 2010. Establecía “objeción de conciencia[1]” para los profesionales de la salud a la hora de practicar un aborto. Sin embargo, un amplio sector de la población no está de acuerdo y el PP retira el proyecto, que se lleva por delante a un muy dolido Alberto Ruiz-Gallardón, ministro de justicia de entonces, quien presentó su dimisión. Al final, se opta por otra versión: en 2015 tiene lugar una ley que “corregía” la de 2010, siendo una de sus características exigir el consentimiento de los padres para los abortos en el caso de menores.

Desde 2015, España asiste al fin del bipartidismo. La poca costumbre ―en especial, entre la izquierda― de ponerse de acuerdo derivó en nuevas elecciones en diciembre de 2015, 2016 y abril y noviembre de 2019, con una moción de censura en 2018 que aupó al poder a Pedro Sánchez, quien detenta hoy el cargo de presidente del gobierno.

Los gobiernos de Pedro Sánchez (sus enemigos le conocen por otros perrunos apelativos) se caracterizan por una actividad legislativa abocada a negociaciones a varias bandas. Con todo, hay acuerdos en la cuestión del aborto, como la ley de 2022 (aprobada en 2023), que preceptúa que el consentimiento de los progenitores no es necesario para las mujeres mayores de 16 años que tengan planeado interrumpir sus embarazos. Es la legislación actual.

 La cuestión del aborto en Polonia

Ahora, vamos con Polonia, que comparte con España las presiones de una sociedad muy conservadora y donde la influencia de la iglesia católica no es menor.

Asombra saber que, contra lo que se piensa, Polonia fue en su momento un país bastante pionero en la permisión de la interrupción voluntaria del embarazo, presentando una muy avanzada ley de 1932 y una legislación aún más permisiva en 1950, norma que pasó a establecer en la práctica el aborto libre el 1959.

El pontificado de Juan Pablo II fue un elemento de presión en la sociedad polaca. Y Juan Pablo II no era cualquiera: era una persona muy respetada que había padecido la ocupación nazi y había luchado contra el régimen comunista por el establecimiento de una democracia en el país eslavo. Fue uno de los principales apoyos de Solidarność (Solidaridad, sindicato polaco), de Lech Wałęsa, que presidió el primer gobierno no comunista de Polonia. Con todo, el papa Wojtyła mantenía una posición contraria al aborto sin matices.

Durante los años 1970, grupos nacionalistas, y católicos (o ambos a la vez) comenzaron las protestas contra el aborto, la más famosa, la del “Comité de Defensa de la Vida, la Familia y la Nación”. Consiguieron reunir miles de firmas para mandarlas al parlamento polaco. Virtualidad no es que tuviera mucho, porque el parlamento era tal sólo de nombre, pero sí que consiguieron predicamento entre la población y lanzar una idea que sigue hoy viva entre los sectores más ultraconservadores: el aborto, señores, es antipolaco, algo que enarbolaría el PiS, que lo puso en práctica en 2015-2023.

La ley de 1993 y la importancia de Juan Pablo II

En un país de honda raigambre católica, la iglesia tuvo no poca influencia. Las diversas encíclicas desde Roma siempre tuvieron en el aborto uno de sus más claros blancos. Ejemplos son la Humanae Vitae (1968) y las opiniones de Juan Pablo II, quien incidió en el carácter antipolaco del aborto en sus viajes a su país natal en  1979 y 1991. Jugó un papel fundamental para que se aprobara la restrictiva ley de 1993 (aunque, si por él hubiera sido, ni siquiera tal norma hubiera tenido lugar). En cualquier caso, los antiabortistas polacos estarán por siempre agradecidos a la campaña juanpablista en contra de la interrupción voluntaria del embarazo: la norma de 1993 era mucho más restrictiva que la del régimen comunista y circunscribía el aborto a tres supuestos: 1) peligro para la vida o salud de la madre; 2) embarazo consecuencia de una violación; y 3) daños en el feto que lo hacían incompatible con la vida.

Como no podía ser de otra forma, también Wojtyła tuvo su correspondiente encíclica, la Evangelium Vitae (1995). En este último texto, el Supremo Pontífice polaco afilaba sus invectivas contra el aborto, la contracepción y la eutanasia. El argumento es más que creativo: se están protegiendo los derechos de las mujeres pobres en concreto. Se explica así: “el bien más preciado del matrimonio” es la procreación. Las mujeres en realidad no quieren abortar, pero, claro, la sociedad las corrompe y —quizá diablo mediante— les pone en bandeja la tentación fácil del aborto. Si eres pobre, no te preocupes, mujer, que hay asociaciones y familias que ya te cuidarán al niño si no tienes recursos. Y es palmario: la mujer pobre tiene su mente obnubilada, no puede decidir en libertad, la sociedad presiona para que aborte. Porque, si tuviera libertad para decidir sin presiones sociales, sin duda no abortaría. Se ayuda a la mujer, no se le coartan sus libertades. Esta es la lógica.

La regulación de 1996

Con la izquierda de nuevo mandando en el parlamento polaco (por entonces no era insignificante como ahora), una mayoría muy amplia promulgó una nueva ley de interrupción del embarazo que lo ampliaba a un cuarto supuesto (razones personales y económicas). Como cabía esperar, la ley enfureció a Wojtyła, quien calificó el aborto como crimen terrible y advertía a los polacos de que su nación, en tanto mata a sus hijos, estaba condenando su futuro. La jerarquía católica polaca suscribió sus palabras y siguió clamando contra la interrupción voluntaria del embarazo. Dio sus frutos: en 1997, era el conservador poder judicial quien contraatacaba y, a través de la STC de 28 de mayo de 1997, de dictamina que el aborto es contrario a la constitución polaca (derecho a la vida). En otras palabras: el aborto no es un derecho de la mujer, pues al quedarse esta encinta, se produce una relación (de maternidad) con el concebido no nacido. No se podía romper dicha relación así como así. Por tanto, el feto también tiene derechos. Para esta STC, lo que no podía ser es que se protegieran los derechos de la madre en exclusiva sin atender a los del feto, que también los posee. Esto implicaba que, incluso en casos de malformación grave, el niño tenía que salir adelante. Sólo se exceptuaban los casos de peligro para la salud o la vida de la madre

Gobierno del PiS y antiaaborto: como uña y carne

El PiS entró ingresó con fuerza en el Sejm (Parlamento polaco) en 2001. En 2005 subió en aceptación y fue el partido más votado y se iniciaron negociaciones con el otro partido mejor representado en el parlamento: el de Donald Tusk. El hoy presidente por tercera vez no se declaró cerrado desde un principio a las negociaciones: el PiS no daba tanta grima entonces y era del ala conservadora, como el liberal Tusk; no tenían por qué no entenderse. Pero el PiS es cierto que apuntaba maneras, quizá esas maneras decidieran a Tusk a no pactar con ellos.

No se sabe qué fue peor, porque el PiS comenzó a hacer migas  con formaciones políticas más —digámoslo así— frikis: Autodefensa de la República de Polonia y la Liga de las Familias Polacas, partidos ultraderechistas y ultraconservadores que podían sonar a broma pero que no eran graciosos en absoluto. Jarosław Kaczyński ocupó el cargo de primer ministro del gobierno polaco con dichos compañeros de viaje. No duró mucho la legislatura y, tras dos años, el gobierno se hizo pedazos: corrupción de los socios de gobierno y una coalición muy quemada por los roces entre sus componentes. Se convocan entonces elecciones anticipadas. Autodefensa y Liga cayeron en picado, si bien alguna de ellas consiguiera remontar. Muchas de sus “ideas” pasaron a Konfederacja cuando este partido se fundó en 2018. Fue fiel aliado del PiS durante dos legislaturas, la última en coalición (2015-2023, cuento sus andanzas en el apartado “¿Hay algo aún más ultra que PiS? Sí: Konfederacja”). Las elecciones de 2007 fueron ganadas por Donald Tusk y el PiS transitó de desgracia en desgracia: de la derrota electoral a la muerte en accidente aéreo de casi toda la plana mayor del partido, incluyendo a Lech Kaczyński (gemelo de Jarosław) en 2010.

Con todo, en 2015, estaban de vuelta. Arrasaron en las elecciones, dándose el hecho inédito en Polonia de que un partido obtuviese mayoría absoluta tanto en el Sejm como en el senado. Ya no tenían nada que esconder, y encima la ultraderecha estaba de moda en Europa: abogan por la pena de muerte, el proteccionismo económico, la lucha contra los derechos del colectivo LGTBI (con la “original” idea de las “zonas libres de LGTBIQ+”, que trataremos en otra entrada) y por supuesto contra el aborto. Comienzan, además, una cantinela machacona: la Unión Europea es antipolaca, va contra la esencia y tradiciones del pueblo polaco (todo muy en la onda de los nacional-populismos europeos). Un período de oscuridad en términos democráticos comenzaba en Polonia.

PiS-Konfederacja y el aborto

Los derechos de las mujeres no fueron desde luego la punta de lanza del nuevo gobierno, en especial, desde que entró en la coalición Konfederacja, partido misógino (aquí lo contaba). Una de sus muchas perlas consiste en equiparar a la mujer con las posesiones de un hombre. Y no es la única.

Era de esperar que acabar con interrupción voluntaria del embarazo fuera uno de sus objetivos: un poder judicial controlado por el PiS desde la polémica ley de 2019 (algo que la UE y diversas ONG denuncian constantemente) emitió una STC en 2020 que eliminaba en la práctica la posibilidad de abortar: quedaba limitado a “defecto fetal grave e irreversible o enfermedad incurable que amenace la vida del feto”.  Al entrar en vigor la sentencia, en 2021, miles de mujeres y ONG objetaron la norma al Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH). No sólo se trataba de un derecho de las mujeres, es que la restricción de los abortos tiene en muchas ocasiones consecuencias trágicas: una de ellas, la muerte de una mujer de 30 años en septiembre de 2021 como consecuencia de la negativa de los médicos a practicar un aborto, lo que encendió las protestas de los polacos y polacas. El problema de una ley tan restrictiva pasa por la propia autocensura que se marcan los facultativos: si no hay seguridad de los mencionados “defecto fetal grave e irreversible, etc.”, nadie se va a arriesgar a que lo inhabiliten. Entre tanto, las mujeres mueren por esa causa.

 

El gobierno de Tusk

Entre los partidos que rigen el gobierno de Polonia y sus apoyos exteriores parlamentarios, hay distintas sensibilidades, y cada uno tiene que atender a las demandas de sus votantes. Una cosa es unirse para derrotar a PiS y otra distinta es ponerse de acuerdo después. Porque el problema es el siguiente: muchas de estas formaciones despliegan un conservadurismo radical en materia de aborto, comulgan en no poca medida con el PiS, por mucho que difieran en que no quieren ataques contra el Estado de derecho ni contra la independencia judicial, entre otros campos.

De este modo, empiezan los desencuentros entre la salsa no demasiado bien emulsionada de los compadres de gobierno: cada partido decide presentar su propio proyecto de ley de aborto.

Abrió la veda la izquierda, quienes proponen liberalizar el aborto hasta la 12ª semana de embarazo. A finales de enero, la Coalición Cívica de Tusk propuso un proyecto similar, aunque los mismos socios de la KO presentan diferencias entre ellos. A continuación, desfilan una serie de partidos que suelen ser reacios al aborto, como Polonia 2050, proyectando incluso un referéndum. Ello le ha valido acusaciones por parte de la izquierda Lewica, que reprocha, con razón, a Hołownia (el líder del partido) de estar dilatando la cuestión y de no tener voluntad política real de hacer nada. De hecho, Polonia 2050 está de acuerdo con cambiar la dañina ley del aborto, pero sin “pasarse”: su objetivo es la ley de 1993, bastante conservadora y restrictiva. El Partido Popular Polaco (agraristas) son de opinión similar a Polonia 2050.

La imagen de desunión que se estaba proyectando a la población, para alegría del PiS, era patética, un regalo; y todo ello en un contexto muy muy peligroso: las elecciones municipales de abril. Queda un mes y no es buena cosa que el aborto monopolice el debate político: es dar munición al PiS, que siempre podrá decir aquello de “ya os lo dije: teníamos una ley del aborto que respetaba las tradiciones y ser polacos y ahora estos inútiles se ponen a discutir sobre tonterías olvidándose de los verdaderos problemas de los polacos”. “Ah, se me olvida: la UE es mala”.

Tanto es así que el mencionado Hołownia (que es presidente del Sejm), decidió poner fin a los debates: ya se hablará de ello tras las elecciones.

El proceso electoral puede ser una prueba de fuego para el gobierno y sus apoyos. Si el PiS y sus correligionarios obtienen buenos resultados, es posible que muchos partidos que no son partidarios del aborto dejen de apoyar al gobierno (tampoco es que lo estuvieran apoyando mucho, todo hay que decirlo). Es más: para marcar distancias podrían endurecer sus posiciones para competir con la ultraderecha. Esto ya ha sucedido en otros países europeos, cuando la derecha tradicional radicaliza sus posturas para atraer al voto ultraconservador.

Esto es todo, de momento, volveremos luego con más problemas de la coalición de gobierno polaca.

[1]«Artículo 4 bis. Objeción de conciencia.

1.” Los profesionales sanitarios, por cuenta propia o ajena, tienen el derecho a ejercer la

objeción de conciencia para inhibirse de cualquier participación o colaboración en la interrupción

voluntaria del embarazo en los supuestos despenalizados en el Código Penal (…)”

Por Antonio Rando Casermeiro

Me llamo Antonio y nací en Santander en 1974, aunque soy, sobre todo, de Málaga. Soy licenciado en Derecho e Historia y doctor en Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales por la universidad de Málaga y quisiera dedicarme a ello. Soy un apasionado desde pequeño del este de Europa, especialmente de los Balcanes y Yugoslavia. Me encantan las relaciones internacionales y concibo escribir sobre ellas como una especie de cuento. Soy apasionado de escribir también cuentos y otras cosillas. Desde 2013 resido en Colonia (Alemania)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *