Futbolistas que se olvidan…de que  (no sólo) son futbolistas. Otra ocasión perdida

Que el fútbol es política, ya estamos viendo en las entradas anteriores (esta y esta) que es un hecho patente. Y hay más que eso: el fútbol no sólo es política, sino que —lo que es más grave— es susceptible de ser usado como arma política. Normalmente, todo suele transcurrir sin estridencias en los límites del por momentos soporífero protocolo de recepciones de autoridades con sus correspondientes discursos. Sólo hace falta imaginar esta escena: casi mes y medio de competición, celebración tras la victoria en Berlín (en este caso), vuelo a Madrid, madrugón para que de tiempo a los mencionados recibimientos y, luego, la fiesta. La misma puede ser más o menos divertida o más o menos excesiva pero —al fin y al cabo— otra obligación más. Igual hasta alguno de los 26 convocados por la selección española lo único que quería era irse a su casa, meterse en su cama, dormir todo el día y no despertar hasta el día siguiente. Vaya por adelantado tal perspectiva: muchos también querían despertar aquella noche de autos y descubrir que sólo fue un sueño.

Durante la celebración en Madrid de un éxito estrictamente deportivo (lo cual no le resta un ápice de valor) los fastos acabaron degenerando en consignas nacionalistas y descalificaciones personales. De nuevo, por desgracia, estamos volviendo a algo que nos suena demasiado: el mérito deportivo desbordado por la mala gestión y comportamientos ajenos a la propia gesta futbolística. Una historia que en España ya es recurrente: ¿recuerdan cuando una selección femenina de fútbol se impuso en el mundial de fútbol 2023? ¿recuerdan cómo alguien como Luis Rubiales estropeó el momento futbolístico restando protagonismo a las artífices del triunfo futbolístico? Dicho de otra forma: a las pobres chicas, después de lo mucho que habían penado—tanto en el ámbito deportivo cono en el extradeportivo a él conexo— para alzar el título, se les aguaba la fiesta y se les impedía una celebración como hubiera correspondido. Yendo a Ibiza envueltas en el fondo de microondas del ruido mediático provocado por la actuación de Rubiales, Jenni Hermoso fue objeto de presiones durante las mismas vacaciones en la mayor de la Pitiusas. Se hablaba de las futbolistas, pero no de fútbol.

Casi un año después, nos encontramos con lo mismo, se platica de los jugadores españoles, pero hace una semana ya que no se habla de deporte. Tras la victoria frente a Inglaterra —importante dato para conspiracionistas y alineadores varios de astros: los chicos, hace una semana  ¡también contra Inglaterra!— si pudieron celebrar efusivamente su logro… pero ese fue el principal problema, que fue demasiado efusivo. Lo que debió ser el festejo de unos laureles deportivos, degeneró, de nuevo, en una imagen pésima para España. Hoy se habla de la selección española de fútbol, sí, pero —¿les suena?— también de «otros asuntos». Y esta vez no hubo ningún Rubiales, se bastaron algunos de ellos solitos. Vamos a repasar el desaguisado:

     El incidente de los saludos (I). Los antecedentes

Los políticos,  con independencia de que representan a un país y que un presidente felicita a los ganadores en nombre del mismo, no hacen ascos a «la foto». Siempre viene bien. Una victoria apuntala el prestigio de un país en el exterior desplegando en este caso, además, unos valores de trabajo en equipo y de integración y ahí está el líder para asociarse a él. Nada como la conquista de un importante torneo internacional para hacerse querer también. En otras palabras: todo político, con independencia de su signo, tiene a bien sacarse una foto aderezada con la correspondiente «sonrisa Profident». Lo normal es observar, por parte de los homenajeados, decoro institucional, asistir, dar la mano y a otra cosa.

Es de creer que los campeones protagonistas están cansados y cansadas de tanto torneo, fotos, entrevistas, celebraciones y más celebraciones que vienen después pero, en fin, obligación institucional con independencia del partido a quien pertenezca el presidente… en España suele ser un protocolo más (debajo veremos que en otros países no). Sin ánimo de realizar un análisis exhaustivo de todas las celebraciones coperas de la selección, si llevaremos a cabo un minirepaso. Vamos allá.

     Los chicos (2010)

España conquista el mundial de 2010. Hay un incidente en el estadio cuando Andrés Iniesta marca el gol: se levanta la camiseta para que se pueda ver la dedicatoria a Daniel Jarque, futbolista que había fallecido hacía no poco tiempo, de muerte súbita. Al jugador manchego, infractor, el árbitro le sacó una amarilla, como estipula el reglamento. Fin. Dicho incidente fue el más reseñable y el más gamberro. Llegada a España. Comienza el protocolo. Tedioso, sí…muchos compromisos.

José Luis Rodríguez Zapatero,  presidente del gobierno en 2010 (no le quedaría mucho en el cargo, ya que en 2011 arrasó Mariano Rajoy en las elecciones ) recibió a los campeones. Típica audiencia y reseña especial al fútbol como escaparate de lo bueno: el aludido homenaje a Daniel Jarque. Listo.

¿Repercusión internacional? Sí: la BBC, cadena estatal británica titulaba en julio de 2010 «Una marea roja recibe a los campeones en Madrid«. La SER, «Colosal fiesta de los campeones del mundo en Madrid«. La fiesta fue grandiosa, eso parece, pero los periodistas no tuvieron más trabajo que el de comentar la ovación a los deportistas.

Los festejos, celebrados en Madrid, dejan otro titular (entre muchos): «Reina volvió a ser el ‘showman‘». El saleroso guardamata —entonces del Liverpool— presentó a los jugadores con su particular vis cómica. Hubo canciones de Manolo Escobar, el «yo soy español» de rigor (nunca conseguí entender tal canción y/o qué pretende). También We will rock you y We are the Champions, éxitos de Queen, símbolos ya parte de celebraciones deportivas. Bueno… un poco de España cañí y las dosis de caspa justas. Listo. Al fin y al cabo, se trata de una fiesta. Y después, cada uno a lo suyo, que había crisis económica.

     Las chicas (2023)

En 2023, como todos sabemos, fue la selección femenina de fútbol la que conquistó la copa del mundo. Jenni Hermoso también se acordó de México tras ganar el título en el estadio de Sidney. Se trata de su país de adopción futbolístico, pues la internacional española juega en el Pachuca mexicano. Un detalle posar con un sombrero charro. Buen rollo. Tras ganar el título. Cuando se usa bien, el fútbol une, no separa. Veremos que por desgracia no es siempre así.

Hubo, después,  una recepción con el presidente del gobierno, Pedro Sánchez. El ambiente estaba algo enrarecido por el juego de tronos que empezaba a organizarse en la Federación  Española de Fútbol a consecuencia de la actitud protagonizada por Luis Rubiales al felicitar a las campeonas tras la conquista del título, aunque todo transcurrió en la normalidad —aburrida, de protocolo— de una recepción presidencial, con las declaraciones altisonantes y las loas a unas chicas que no lo necesitan porque ellas han sido las que han jugado y han vencido.

Siguiente parada: baño de masas en Madrid, chunda-chunda realmente hortera —bochornoso, por momentos (para quien quiera revivirlo, está aquí: ánimo). Incluso actuó Camela, que no  es mi santo de devoción musical precisamente, pero que por veteranos y simpatía son objeto del cariño de todos. «Sueño contigo» —en teoría— deleitó al público.Bailes, manteos y cánticos…dentro de lo posible, porque Olga Carmona perdió a su padre un día antes. Nada fuera de lo común. Presentaciones de las jugadoras, ánimos a la mencionada Olga Carmona. Emotivo. Jenni Hermoso dejó claro España molaba pero que Madrid es lo más. Vale. Y todos a casa, sin incidentes

          El incidente de los saludos (II): Los chicos (2024)

Si ya hemos visto que la tónica general era la recepción presidencia y unos festejos más o menos correctos, todo iba a ser distinto en 2024. Este año nada escapó a la polémica de tono político. En primer lugar, calentamiento previo:  el marco de las recepciones por la conquista del título, una formalidad como estrechar la mano con el presidente del gobierno, que suele durar apenas unos segundos, llenó varias portadas; en especial, la frialdad con que Dani Carvajal, uno de los capitanes de la selección, saludó al presidente del gobierno, Pedro Sánchez. Dicha gelidez contrastaba con la efusividad en el encuentro con el monarca español Felipe VI. Las reacciones de todas las bandas del espectro político-ideológico no se hicieron esperar. Así, no faltaron las muestras de apoyo como las de Nacho Cano, declarado seguidor de la presidente de la Comunidad de Madrid Isabel Díaz-Ayuso (PP): se hizo hasta una camiseta en la que podía leerse «Yo soy Dani Carvajal«. El periódico conservador la La Razón, por su parte, se apresura a sacar un titular llamativo: «Pedro Sánchez, vetado por los jugadores de la Selección«. Rotativos escorados a la izquierda como Público, cargaron contra el posicionamiento político de Dani Carvajal. Es cierto que el defensa español es simpatizante de personalidades del universo ultraderechista como Vito Quiles, político del partido de Alvise Pérez, Se Acabó la Fiesta. Una foto con él desató iras de muchos sectores. No me parece bien que se apoye a la ultraderecha pero, por otra parte, todo el mundo es libre de ser amigo de quien quiera: sólo es futbolista. Pero el mentidero político ya estaba irremediablemente abierto, porque el mismo Santiago Abascal salió a defender al futbolista español, llevando a cabo incluso una retrospectiva que hasta los besos no consentidos que todos conocemos. Que no pasa nada —afirma el político vasco— , porque él tampoco saluda al presidente. No fue el único —no se asusten, tampoco pretendo plasmar una lista exhaustiva—: otras personalidades de la política como el regidor de Madrid, José Luis Martínez Almeida, salieron a prestar su apoyo al genial defensa español: que oye, es un sentimiento que tienen muchos españoles. Con todos los respetos, eso sí, por los ingleses y los gibraltareños. Lo que hace el fútbol. Ergo: si los políticos de meten en fútbol, es que el fútbol es política.

    Comparaciones odiosas y gente de a pie

Pongamos por ejemplo que 1) se da el caso de que un servidor es requerido por el presidente de España y le ofrece su presidencial mano; 2) que, aun cumplida tal imposible premisa, servidor haga un desaire al mandatario. Bien. Los logros que me han llevado a tal gubernamental audiencia pueden ser increíbles, si bien carezco del potente amplificador que supone ser un futbolista partícipe de la victoria de España en la Eurocopa. Ahí quedaría todo. El jefe del gobierno pensaría «que tío más borde» y olvidaría pronto lo sucedido. Los medios ni siquiera cubrirían la noticia, y yo lo contaría a mis nietos… Pero como bien he dejado claro, no soy Dani Carvajal. Porque Dani Carvajal es mucho Dani; y tan así es que hasta la prestigiosa revista Forbes a la par que se hacía eco de sus gestas deportivas, también lo hacía de la frialdad de la salutación a Pedro Sánchez, que, según la revista, es un indicativo de aquella España con la que se identifica el lateral español. Es por este motivo que los futbolistas igual no han sido educados en cuestiones de etiqueta, pero cada gesto que hagan representa o da una imagen de España. Lo trataremos en la siguiente entrada: Mbappé, por ejemplo, se ha identificado también con una determinada Francia, y su actitud ha dado la vuelta al mundo por ello.

Fiesta desbordada y cruce de invectivas

Dejamos a Pedro Sánchez cariacontecido (no es verdad: sonreía porque no le quedaba más remedio) y nos trasladamos, unas horas después, a la Plaza Cibeles, tradicional punto de celebración de los seguidores del Real Madrid. El capitán español, Álvaro Morata fue el encargado de ejercer el papel de maestro de ceremonias y se ocupó de presentar a los jugadores: cualquier comparación con las celebraciones de 2010 y 2023 es odiosa.

Morata preguntaba al público, para introducir a Dani Carvajal,»¿Dónde está Musiala?», en referencia a la joven estrella alemana Jamal Musiala. A continuación apareció un Dani Carvajal descamisado dándose puñetazos en el pecho y gritando «Vamos España». El asunto no es especialmente grave, aunque no hay que olvidar que se trata de celebrar el buen juego, no de criticar a otros. Bailes y cánticos de rigor, más alcohol de lo que hubiera sido deseable en público y destrozo de mobiliario urbano… pero es cierto que esta vez el asunto tenía más tintes de «Desmadre a la americana», una fiesta universitaria de primavera o, como alguno propuso, una despedida de soltero cutre.

     Las menciones a Musiala no gustaron en Alemania, como es lógico. No es menos cierto que exhiben poca deportividad, de acuerdo. De todos modos, que tire la primera piedra (o lata, como veremos) quien esté libre de pecado: he presenciado en Colonia durante el España-Alemania, a hinchas germanos lanzando latas de cerveza a los españoles allí congregados cuando marcaba España. Es cierto que el ambiente en la ciudad renana fue por lo general magnífico y que la ministra de interior alemana,  Nancy Faeser, no faltaba a la verdad cuando aseguraba, tras felicitar a España,  que la Euro fue un éxito organizativo y una gran fiesta del fútbol sin incidentes reseñables; eso mismo: reseñables.

Por desgracia, hay que aádir que no todos estaban por la labor de buen rollo: medios vinculados al Bayern, club donde juega Musiala, tampoco estuvieron a la altura. Ciertos medios vinculados a la Verein  bávara podían haberse limitado a afear la conducta de Morata —ciertamente gratuita e inapropiada—. Pero no: donde esté un «tú más»…

Así, procedió a responder a una niñería con otra: titulando en X (ver enlace anterior) «The road to winning the European Championship«, se ilustraba la ironía con una mano de Cucurella (que el VAR no acreditó como tal) y un supuesto fuera de juego del mismo jugador (objeto de pitadas por parte de la hinchada alemana cada vez que tocaba el balón, algo no muy deportivo) en el gol frente a Inglaterra. Evidentemente, una foto manipulada, porque el VAR también estableció que no había fuera de juego: celebrantes de la selección española 1-Bayern Times (medio proclive al Bayern de Múnich) 1…en actitudes infantiles.

Del mismo modo, me vi arrastrado a la mayor de las sorpresas cuando Toni Kroos se escandalizaba por el posible penalty no pitado a Cucurella. Aseguraba que cuando lo vio después se enfadó más y no se pudo contener. Sin embargo, se ignora si se enojó o no cuando realizó aquella falta al internacional español Pedri que supuso apartarlo de la Eurocopa, con esguince de rodilla. No es casualidad haber sacado del torneo precisamente al cerebro de juego de la selección española. Nadie sabe qué hubiera sucedido en caso de que fuera o no penalty la mano de Cucurella, pero también habríamos estado ante otro escenario totalmente distinto si Kroos hubiera visto la roja que probablemente se merecía por la entrada a Pedri (por mucho que se disculpara por ello). Al menos si hubiera visto el color amarillo, se hubiera contenido más (ahora, de verdad) y no hubiera llegado a la quinta falta. En historia no hay futuribles. No tiene sentido. En todo caso: son futbolistas y nadie les paga por saber comportarse o emitir juicios ecuánimes. Aunque deberían.

De patio de escuela total. Claro…ya estamos entrando en un terreno peligroso: trasladar las disputas futbolísticas a nacionales: del mismo que ya he comentado (aquí) que el deporte y la diplomacia a ella vinculada pueden ser excelentes medios para acercar países, también pueden ser empleados para lo contrario.

Otro episodio algo apabullante, siguiendo con la fiesta acaecida en Cibeles,  es cuando le toca el turno a Rodri, el mejor jugador de la Eurocopa, quien salió profiriendo «Gibraltar español». Otro clásico. No se trata aquí, en primer lugar de escandalizarse por ello, pues Gibraltar es una colonia según la ONU. Además de que el Tratado de Utrecht (1711) no establece una soberanía del todo clara y el Reino Unido se ha ido apropiando de franjas que no estaban estipuladas en el tratado. En cualquier caso, el Reino Unido debía haber descolonizado el territorio como estipula Naciones Unidas (aquí, más), si bien las directrices de Naciones Unidas se cumplen -o se exige su cumplimiento— según interesen o no (léase Gaza).  Sin embargo no es es esa la cuestión: se trata de que hay otros espacios más apropiados que una fiesta deportivo para reivindicaciones territoriales y, como segunda apreciación, lo más grave: se usa para insultar o para ir en contra de Inglaterra…¿no le han ganado justamente? ¿para que injuriar a los ingleses? se vuelve a desbordar el terreno deportivo y se usa una victoria deportiva para molestar. Incluso Morata tuvo a bien recordarle que jugaba en Inglaterra…aunque él también había entonado los cánticos sobre Gibraltar. Luego veremos que en el caso de Argentina, se siguen acordando de la final de Catar contra Francia…¡tras haber ganado la Copa América!

Fútbol, tenis, declaraciones, cánticos y derecho internacional. Un inciso (ius)internacionalista: lo cortés no quita lo valiente

Es cierto que los futbolistas son sólo futbolistas pero a nadie se le escapa que, del mismo modo que sucedió a Rubiales, saben del reflejo que tienen en la sociedad y que son personajes públicos o, al menos, portadores mundiales de la imagen reputacional española. Por tanto, ejercen de embajadores y voceros de España ante el mundo. Prueba de ello es que de sus comportamientos se encargan de dar cuenta los medios internacionales. Y no sólo: hasta el gobierno de Gibraltar pidió explicaciones al Gobierno español por las celebraciones y el jefe del gobierno español tuvo que salir a quitar hierro al asunto, porque, al fin y al cabo, son ciudadanos privados. Odio ser repetitivo, pero el deporte es política pura, y más el fútbol y su potencia mediática. La cosa no acabó ahí, pues la FIFA estudia sancionar a los jugadores españoles Rodri y Morata por sus consignas sobre Gibraltar.

Con todo: no nos equivoquemos. A mi juicio, están fuera de lugar las apelaciones al Gibraltar español, si bien soy terminante en algo: me parece contraponer un politiqueo a otro. Del mismo modo que afirmé en su momento que el tenista Novak Djoković no debería ser sancionado por el particular «Gibraltar español» de los serbios («Kosovo es Serbia»), porque estaba en su derecho de defender una idea, pienso lo mismo en este caso. No se está insultando a nadie, aunque moleste. El gobierno de Gibraltar puede decir lo que le convenga y protestar contra quien quiera, pero su territorio es, como se adelantó, una colonia («territorios no autónomos pendientes de descolonización», dice la terminología) y, por tanto, a tenor de las resoluciones de Naciones Unidas, en especial Resolución 1514 (XV), de 1960, debe ser descolonizado. El Reino Unido puede argüir con bastante creatividad que Gibraltar es un pueblo, pero la ONU no lo considera así: aquí se aplica el principio de integridad territorial español y no el de libre determinación. Pero vemos que el derecho internacional, que no es hipócrita, suele ser a menudo interpretado de dicha manera. También Naciones Unidas aseguró defender y preservar la integridad territorial de Serbia y se procedió a lo contrario, sancionando por parte de muchos de sus miembros la independencia del territorio. Por tanto: que se puede —y se debe— celebrar lo que sea sin apelar a algo que nada tiene que ver con el deporte, de acuerdo: España es la mejor en fútbol…y punto, los himnos nacionalistas no tienen cabida en este tipo de celebraciones, pero de ahí a ser sancionados, creo que es excesivo.

No estamos solos: la manita de Argentina y de Turquía

Si nos sirve de consuelo, los hermanos  argentinos han salido a ayudar para que no nos quedemos solos en el bochorno de la celebración. El país del Cono Sur conquistó la Copa América de fútbol unas horas después de que lo hiciera España. No hubo polémica institucional con los saludos…porque no hubo salutación alguna: aunque Milei puso la Casa Rosada a disposición de los jugadores, estos rehusaron la oferta. De hecho, algunos no volaron a su país y pusieron rumbo a París para prepararse para los Juegos Olímpicos.

Desafortunadamente, las celebraciones de determinados jugadores argentinos (Enzo Fernández en especial) hicieron palidecer a las españolas con lemas racistas sin ambages:

«Escuchen, corran la bola, juegan en Francia pero son todos de Angola. Que lindo es, van a correr, son cometravas como el puto 1 Mbappé. Su vieja es nigeriana y su viejo camerunés, pero en el documento, nacionalidad francés”.

Si lo de Dani Carvajal puede ser una falta de decoro institucional más o menos reprobable según las fuentes, lo de la albiceleste es harina de otro costal. Enzo Rodríguez acabó disculpándose en las redes. Pero el daño estaba hecho. La Federación Francesa de Fútbol procedió a denunciar ante la FIFA el deplorable episodio. Y la FIFA tomará medidas.

En realidad: todavía venía lo peor: lo que diga un jugador puede pertenecer al ámbito de lo privado en cierto sentido. Bocazas, pero sin responsabilidad política. El problema es cuando viene de políticos que representan oficialmente al país. Así, los lemas racistas reciben la solidaridad de Javier Milei (no nos sorprende: ya le conocemos).

Y eso que el incidente pudo haberse reparado: aunque cueste creerlo, todo indica que en el gobierno de Milei había personas normales con independencia de la ideología ultraconservadora que profesan al pertenecer al equipo del líder argentino. Tal es el caso de Julio Garro, adscrito a la Subsecretaría de Deportes, que tuvo una idea ajena a toda filiación política y sobre todo, muy razonable: pedir al capitán argentino Lionel Messi que emitiera disculpas por el racismo expresado por algunos jugadores en los festejos. Ello debería ser lo normal —hasta Rubiales lo practicó en su momento, a su manera—: un empleado público que intenta apagar un fuego que puede afectar —que de hecho afecta— a la imagen exterior de su país. Reacción de su jefe: despedirlo de manera fulminante.

Su ultraderechista entorno  tampoco se queda atrás. Así, su vicepresidenta Victoria Villaruel, explotó en las redes sociales declarando que nadie tenía que decirle a Argentina qué debían hacer o cantar y, aún menos, un «país colonialista»… Total…es una simple «canción de cancha» (de cancha racista, por cierto)  acompañado la publicación con imágenes de próceres de la nación de piel oscura: la versión argentina del «yo tengo muchos amigos negros». El problema es que quien esto afirma es una conspicua negacionista de la dictadura argentina (1976-1983) y artífice de contactos de la extrema derecha argentina y española. Como se ha adelantado, Milei es de sobra conocido por sus huidas hacia adelante, su grosería y su falta total de formas en lo institucional.

Ponemos  de la forma explicada en bandeja a otros racistas anglosajones la afirmación también racista de que los latinos no sabemos comportarnos

Argentina no es nueva en estos lances y, por fortuna, se ha prodigado en otro modo de dar al fútbol un sentido políticamente comprometido con los derechos humanos y la democracia: Hablamos de cesar Menotti, conductor del camino de Argentina hacia su primer mundial allá por 1978, opuesto a una dictadura a la que, paradójicamente, dio su mejor imagen internacional.  Para el régimen era mucho atreverse a exigir el paradero de los desaparecidos. Para la oposición democrática,  no hizo lo suficiente. Nunca llueve al gusto de todos.

Turquía: la sanción a Merih Demiral

El jugador turco fue el héroe del pase a octavos de final de su equipo. Sin embargo, no tuvo mejor ocurrencia que celebrar una de sus dianas con el gesto que define a los Lobos Grises, grupo de extrema derecha nacionalista turco que vuelca sus odios en griegos y armenios y sueña con una gran Turquía que, como suele darse en estos casos (léase Rusia y su Mundo ruso) se llevaría a costa de otros países que no albergan ilusión alguna por tal proyecto. La FIFA le sancionó con dos partidos.

     Serbia, fútbol y el contencioso de Kosovo

No es una lista exhaustiva: en 2022 la FIFA investigó a Serbia por la actitud de rechazo de los hinchas serbios a la bandera de Kosovo. Es un caso, como ya se dijo, similar al de «Gibraltar español», y no debería ser sancionado abogar por algo que es legítimo, máxime cuando, como hemos explicado arriba, el procedimiento de independencia de Kosovo fue y sigue siendo polémico.

     Kosovo, fútbol y el contencioso con Serbia

Cuando el jugador de Kosovo Xherdan Shaqiri … perdón: quise decir de la selección suiza de fútbol celebra los goles, tiene a bien desplegar un gesto que, en este caso, es ofensivo para los serbios: componer un gesto de águila con las manos, como cuando uno hace sombras chinescas. Claro, que el águila es el símbolo de Albania. Más aún: Albania es «el país de las águilas» (tal cosa significa Shqipëria, Albania, en albanés). El  jugador es de origen albanokosovar y representa a Suiza, pero en los estadios parece olvidar esto último.

En 2018 protagonizó junto a otro jugador suizo (igualmente de origen kosovar) Granit Xhaka polémica por el susodicho gesto de las águilas. La FIFA abrió un procedimiento disciplinario contra los dos futbolistas. Shaqiri no parece por cierto tenerle demasiado miedo a la FIFA: aquí lo tenemos en 2022 celebrando un gol contra Serbia en la Copa del Mundo. Ciertos partidos que no deberían tener lugar por la tensión que conllevan: Serbia-Suiza. Vale que no es Kosovo-Serbia, algo a lo que Serbia siempre se negará porque no reconoce el territorio, pero como si lo fuera: con jugadores como Shaqiri, la polémica está garantizada

 

Todo lo explicado deja claro que la selección española en su conjunto fue un ejemplo de superación, esfuerzo y diversidad que exhibió aquello en lo que consiste su trabajo: hacer buen fútbol y, por ende, reflejar esa diversidad y multiculturalidad del país ibérico, así como una historia de integración exitosa. Se contrapone, pues, con la poca altura de miras de determinados futbolistas, políticos y comentaristas.

En la próxima entrada, veremos cómo hay deportistas que saben de su popularidad y predicamento e intentan comprometerse con la sociedad.

 

 

 

Por Antonio Rando Casermeiro

Me llamo Antonio y nací en Santander en 1974, aunque soy, sobre todo, de Málaga. Soy licenciado en Derecho e Historia y doctor en Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales por la universidad de Málaga y quisiera dedicarme a ello. Soy un apasionado desde pequeño del este de Europa, especialmente de los Balcanes y Yugoslavia. Me encantan las relaciones internacionales y concibo escribir sobre ellas como una especie de cuento. Soy apasionado de escribir también cuentos y otras cosillas. Desde 2013 resido en Colonia (Alemania)

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