perro ladrador en Bosnia

Créditos de la Imagen: wahrnehmer y nanto de Pixabay

 

El enésimo exabrupto del antiguo chico aplicado

Aquel soplo de aire fresco, el «chico» del que hablaba Madeline Albright (Secretaria de Estado estadounidense, fallecida el año pasado) se fue calentando con el tiempo, como comentábamos en esta entrada. La noticia que da pie a esta entrada es, hace una semana y poco, que Milorad Dodik presidente de la Republika Srpska (RS), una de las entidades que integran la compleja arquitectura daytoniana de Bosnia-Herzegovina, llamó «marica» y «psicópata» al embajador estadounidense Michael Murphy. En respuesta no a los insultos sino al asunto del día nacional, dos cazas estadounidenses sobrevolaron el territorio de la RS. Según pude leer, La Razón recogió la noticia el 8 de enero, si bien otros medios la reprodujeron antes: los asuntos balcánicos suelen llegar tarde a los rotativos españoles. .  Ello supone una escalada en el lenguaje siempre agresivo del mandatario serbobosnio. No es menos cierto que EE.UU. no es santo de devoción de Dodik, quien siempre acusó a Washington de perseguir el objetivo de destruir a los serbios de Bosnia. No es nada nuevo. Lo decía Slobodan Milošević en los años 90 y lo dice Aleksandar Vučić hoy. Todo populista ve fantasmas que pretenden destruirlos: los Orbanes en Hungría o los Morawiecki en Polonia, pasando naturalmente por Putin y su mundo ruso.

Un desacuerdo con trasfondo marino

Hace ya algún tiempo, aunque en este siglo, me sorprendió una curiosa noticia: Dos navíos de guerra —uno de Estados Unidos y otro de China— transitaban una misma ruta que, de seguir sin ser rectificada, podía significar una colisión inevitable entre los dos buques. Como en el chiste o leyenda, el comandante estadounidense se comunicó con el chino, exhortando a su homólogo que desviara su derrotero. Básicamente, el único argumento del norteamericano era «EE.UU. es más importante; por tanto, quien tiene que apartarse eres tú». Pero el capitán chino no se arrugó, iniciándose un rifi-rafe entre los dos gallitos en el que, al final, el chino llamó «villano» al norteamericano. Este debió quedar bastante ojiplático ante tal osadía. Claro que China no era lo que es ahora, pero estaba empezando. El hecho muestra cómo una potencia entonces 0en ascenso —o en los inicios del mismo, pacífico o no— deja claro a la única superpotencia del momento que se acabó su hegemonía.

Eran otros tiempos y otras circunstancias si bien, en cualquier caso, un insulto tan claro y poco explícito como el de villano dista de poder ser considerado como lenguaje diplomático.

¿El insulto como nuevo elemento de la comunicación política y diplomática?

No voy a trazar antecedentes con respecto a la situación que vengo a describir, por motivos: fue una «conversación» entre dos militares quienes, por mucho que representen a sus respectivos estados —y más, tratándose de barcos de guerra— no es más que una discusión entre dos señores que manejan una situación en la que se ventila quién manda, al menos, en ese momento. Sin embargo, la situación que pasamos a describir ahora es distinta.

Hace menos de una semana, el presidente de la Republika Srpska (RS), una de las entidades que integran la compleja arquitectura daytoniana de Bosnia-Herzegovina, Milorad Dodik, llamó «marica» y «psicópata» al embajador estadounidense Michael Murphy. Ello supone una escalada en el lenguaje siempre agresivo del mandatario serbobosnio. No es menos cierto que EE.UU. no es santo de devoción de Dodik, quien siempre acusó a Washington de perseguir el objetivo de destruir a los serbios de Bosnia. No es nada nuevo. Lo decía Slobodan Milošević en los años 90 y lo dice Aleksandar Vučić hoy. Todo populista ve fantasmas que pretenden destruirlos: los Orbanes en Hungría o los Morawiecki en Polonia, pasando naturalmente por Putin y su mundo ruso.

Donald Trump, el maestro

Pero una cosa son las acusaciones de toda la vida, expresadas en un lenguaje más o menos agresivo, y otro asunto bien distinto es el claro insulto como forma de dirigirse a otro líder o diplomático de un país extranjero. Un precedente más o menos cercano es, sí, el que están pensando: Donald Trump. el exmandatario estadounidense —esperemos que lo sea por siempre— se caracterizó por emplear un lenguaje ajeno a la diplomacia…hasta ahora: la descalificación personal. Trump es un matón no demasiado inteligente con mucho dinero y, lo que es peor, con total control sobre su partido, donde quien puede hacerle sombra es inmediatamente enviado al ostracismo y quien puede competir con él es de su mismo pelaje, como Ron de Santis. De las descalificaciones de Trump hay webs que las listan, como esta del NYT y que sorprenden, por mucho que todos sepamos cómo se las gasta Trump. Del mismo modo, las hay específicas para recoger aquellos insultos que el magnate neoyorquino prodigó a líderes mundiales: llama la atención esta de enero de 2018 por la cantidad de injurias vertidas en sólo un año de ejercer la más alta magistratura estadounidense. Las ofensas no son sólo verbales: famosas son los desaires diplomáticos, como negarse a dar la mano a Angela Merkel o echar a un lado al presidente esloveno en el momento de posar para una foto en una cumbre. Clase, la mínima. Faltaría más.

En fin: no seguiremos hablando de él. porque con Dodik y compañía tenemos más que suficiente

El contexto de las descalificaciones de Dodik

Un poco aquel al que nos tiene acostumbrados. Estados Unidos es anti RS, aboga por hacer desaparecer a los serbios del mapa. Tampoco es nada nuevo. Ya Milošević y Vučić han mostrado, junto a una pléyade de victimistas —en muchas ocasiones, también victimarios— sus «preocupaciones» por líderes europeos o estadounidenses cuyo objetivo es borrar de la fa de la tierra a los serbios. Morawiecki , Orbán, Trump (con su teoría del reemplazo), o  Bolsonaro o Milei (en este caso, sobre todo la oposición, las feministas o la izquierda). Robert Fico, por citar a un socialdemócrata —que en realidad y pese al nombre, pertenece por sus afirmaciones a la extrema derecha—también piensa lo mismo: su país, Eslovaquia, está en peligro por la llegada de musulmanes. Algo que comparten sus colegas húngaros y, hasta hace poco, polacos.

El nuevo despropósito de Milorad Dodik es su empeño en instaurar el 9 de enero como día nacional de la RS. Para ser sinceros, no es tan nuevo: el líder serbobosnio, antaño adalid de la reconciliación entre las distintas etnias y en contra de las limpiezas étnicas, celebró el 9 de enero de 2022 un gran desfile para conmemorar esta fecha. Sin embargo, dicha data no es, en caso alguno, digna de conmemoración, sino de vergüenza: es el día en que los serbobosnios proclamaron su independencia, dando lugar a una cruel guerra (1992-1995) que fue testigo de deportaciones, limpiezas étnicas y diversos crímenes de guerra, contra la Humanidad, contra la población musulmana. La más tristemente famosa de dichas atrocidades fue la llevada a cabo en Srebenica, en la que 8.000 civiles fueron asesinados por las fuerzas serbobosnias capitaneadas por Ratko Mladić. El jefe «civil» fue Radovan  Karadžić. Ambos asesinos convictos que cumplen prisión perpetua en la Haya por genocidio, crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra. Sin embargo, son considerados héroes por un gran sector de la población de la RS. Dodik ni lo afirma ni lo niega, aunque el sólo hecho de no manifestar su oposición le convierte en cómplice.

De hecho, ya hemos visto en otros posts, ya señalados arriba, que el líder serbobosnio sueña con la independencia de la RS y que no acepta Dayton, otra de sus bestias negras, en tanto que —como no— perjudica a los serbios, etc., etc., Los acuerdos de Dayton fueron firmados en EE.UU, uno  de los principales promotores pero no el único. De hecho, Dodik tenía planeado declarar al mencionado Michael Murphy persona non grata, aunque había un problema: como sostiene:

 me di cuenta de que no es el embajador de EE. UU. ante la RS, sino solo ante la entidad de la Federación (FBiH, Bosnia-Herzegovina), así que no quiero interferir en los asuntos internos de otro país. Ya sabemos qué hará la Federación con él

Lo hemos pillado, Milorad, la RS es un país y BiH, no. Además —recurrente cantinela— vuelve a incidir en el carácter antiserbio de Estados Unidos, por lo que la RS

tiene su derecho completamente legítimo a defenderse contra tales psicópatas que intentan sembrar dudas incluso sobre el proceso electoral legítimo, solo para fortalecer las frustraciones y mentiras que mantiene la oposición en la Republika Srpska, especialmente Jelena Trivić. Eso muestra que ella es su favorita

El proceso electoral se refiere al muy irregular y dudoso llevado a cabo en octubre  de2022, en el que la líder de la oposición, Jelena Trivić se declaró ganadora, pero Dodik, tres horas después de que los partidarios de Trivić estuvieran celebrando la victoria de la opositora, Dodik se atribuyó ganador de los comicios merced al recuento de la Comisión Electoral central de BiH, que ordenó el recuento de más de seiscientos mil votos por las sospechas de pucherazo. La diferencia fueron sólo 30.000 votos y los partidos de la oposición clamaron contra la manipulación electoral, pues esos votos recontados se produjeron de manera irregular, asegurando Jelena Trivić que los «matones» de Dodik intimidaron a los votantes el día de las elecciones y que los trabajadores electorales leales a su partido político alteraron los recuentos de votos para reducir el número de papeletas emitidas a su favor y así darle la victoria. En fin… igual les suena de algo. Como Vučić, Milorad Dodik mantiene una especial furia contra los periodistas: diversos ataques han sido ya documentados.

Lo descrito constituye la enésima andanada dodikiana contra todo enviado por la comunidad internacional a BiH. De hecho, se está entablando desde diciembre de 2023 un proceso contra el líder serbobosnio, donde se le acusa de negarse a reconocer las decisiones del alto representante para Bosnia y Herzegovina (enviado internacional encargado de supervisar la paz en Bosnia), el exministro alemán Christian Schmidt . El alto representante para Bosnia y Herzegovina declaró nulas diversas leyes promulgadas por el Parlamento de la RS que van en contra de los Acuerdos de Dayton. Dodik, del mismo modo que sucede con Murphy, no lo reconoce ya que, según él, es un extranjero que coarta la labor legislativa de un país soberanos como es —según él— la RS. El el alto representante es europeo, siendo los adjuntos estadounidenses, según estipula una regla no escrita.

La descalificación como forma de hacer política

Ya hemos visto que se pasa del victimismo al insulto directamente. Como se ha dicho, Donald Trump inauguró esta tendencia, que perfeccionó hasta la «maestría» el actual presidente electo de Argentina Javier Milei. Poco después, el líder de la extrema derecha española, Santiago Abascal, precisamente desde Argentina, donde se hacía fotos con su amado Milei y departía con Viktor Orbán, proclamó que la multitud colgaría de los pies a Pedro Sánchez. No le funcionó: por suerte en España aún no. El hombre, quizá, se vino arriba» de tanto andar con el «efusivo» argentino. Hay que entenderlo: en plena celebración de la asunción de la presidencia uno se calienta y, en fin, dice cosas que no debería.

Por supuesto, no sería ni decente terminar este artículo sin hacer referencia a otro rey del insulto como eje de sus campañas electorales. Hablamos del mencionado Aleksandar Vučić. Como ya dije en otra entrada,  el predsednik serbio no suele andarse con rodeos, asegurando a finales del pasado año, que los opositores que están en las calles  carecen de compromiso, además de ser unos “lunáticos anormales, criminales y asesinos. La sutileza no es una de las cualidades del mandatario, desde luego.

Me temo que el recurso a la descalificación va a ser lo que nos espera, así que tomemos nota.

 

 

Por Antonio Rando Casermeiro

Me llamo Antonio y nací en Santander en 1974, aunque soy, sobre todo, de Málaga. Soy licenciado en Derecho e Historia y doctor en Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales por la universidad de Málaga y quisiera dedicarme a ello. Soy un apasionado desde pequeño del este de Europa, especialmente de los Balcanes y Yugoslavia. Me encantan las relaciones internacionales y concibo escribir sobre ellas como una especie de cuento. Soy apasionado de escribir también cuentos y otras cosillas. Desde 2013 resido en Colonia (Alemania)

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