Bandera de Israel izada junto a la alemana, en Sankt Augustin, Alemania, octubre de 2023
Foto: Jairo Compostela. Bandera de Israel izada junto a la alemana en solidaridad por los atentados de Hamas (Sankt Augustin, Alemania, octubre de 2023)

 

„Die Deutschen müssen Verantwortung tragen. Verantwortung ist jedoch nicht dasselbe wie Schuld. Diejenigen, die sich nicht schuldig fühlen und an den nazistischen Verbrechen nicht schuld sind, können sich gleichwohl nicht den Konsequenzen einer Politik entziehen, der sich ein allzu großer Teil desselben Volkes bereitwillig angeschlossen hatte.“
Willy Brandt, 1946

No teman los lectores por la cita que encabeza este apartado, pues será traducida en su momento.

Hablábamos en la anterior entrada sobre los, digamos “deberes de las potencias en relación al conflicto actual en Gaza”, del patinazo diplomático de la presidenta de la Comisión Europea, la alemana Ursula von der Leyen quien, apenas producidos los atentados, voló a Israel para solidarizarse con el país tras el ataque sufrido por parte de Hamas el 7 de octubre de 2023. Lo más preocupante es que representa a la UE, del mismo modo que el comisario VarhelyiY claro, ambos tienen su mochila personal. Tanta desmesurada solidaridad con Israel olvidando a los palestinos dañó el prestigio de la UE, tan basado en la invocación del derecho internacional y la protección de los derechos humanos. Así, los equipajes de cada uno no deben influir en la dirección de la UE, a la que representan por encima de sus nacionalidades. Del mismo modo que un funcionario comunitario deja de pensar en clave nacional cuando trabaja para la UE, sus dirigentes habrían de llevar a cabo la misma actitud.

Ursula von der Leyen es alemana, decíamos en la anterior entrada, lleva a sus espaldas dos grandes mochilas. En primer lugar, la europea: su padre, Ernst Albrecht fue, desde 1958, uno de los primeros funcionarios del entonces recién fundada Comunidad Económica Europea. Ni él, ni su familia tuvieron pasado nazi. Sin embargo, y en segundo lugar, Von der Leyen es alemana. Y eso implica, en muchos casos, culpa. Esa culpa arrastra una consecuencia decisiva: que las mochilas pesan demasiado y no te dejan pensar, o piensas con el juicio nublado.

En esta enésima crisis en Palestina, hay que señalar que ha sido una desafortunada coincidencia que la presidenta de la Comisión Europea sea germana. Los alemanes viven traumatizados con su planificación y ejecución del Holocausto. Culpa compartida (Kollektivschuld), llaman a esto. Es un trauma que hace ponerse al Estado de parte de Israel, con más o menos matices. Por eso, creo que la presidenta de la Comisión actuó más como alemana que como jefa de la UE.

En Alemania, naturalmente, hay muchas opiniones de ciudadanos que no aprueban lo que hace Israel en los territorios palestinos. En cualquier caso, hay que señalar que no es fácil expresar una opinión de este cariz: sigue pesando el miedo a que te llamen antisemita o nazi, o te identifiquen con eso, que se lo digan al antinazi Roger Waters.  Criticar las políticas Israel en Palestina lleva aparejado el riesgo de ser tachado de antisemita. Y esto, en Alemania, es muy serio. Se trata de un país en el que no es fácil conseguir un ejemplar de Mein Kampf en una biblioteca. Te lo prestan, pero tienes que leerlo en una sala aparte. Es cierto que se pueden “violar” las restricciones comprando el libro por internet en más de una plataforma, pero lo dicho pone de relieve lo decisivo del asunto en el país germánico. Mi experiencia en Alemania me demuestra que no lo han superado en absoluto. Toda opinión contra Israel debe estar muy medida y libre de equívocos, pues equívoco puede ser cualquier cosa: eres antisemita hasta que se demuestre lo contrario. Y nadie quiere a un antisemita en el trabajo o en un colegio: así que, cuidado con lo que dices. Es una especie de finlandización (aquí lo explico un poco), salvando las distancias, pero con Israel como clave.

El problema es que la culpa colectiva es en realidad una forma de escurrir el bulto: ya explicaba Hanna Arendt que la culpa colectiva es el recurso fácil, pues al decir “todos tenemos la culpa”, se está en realidad queriendo decir que nadie la tiene. Es tan abstracto decir que todos somos culpables que se acaba no viendo al que lo es:
—¿quién es culpable? -inquiere una persona concreta
—Todos —responde alguien desconocido
Intentas mirar y no lo encuentras: todos es nadie. Es por esto que Arendt sostenía que ya está bien de culpa colectiva, que hay que pasar a la responsabilidad colectiva.

De algo parecido hablaba Willy Brandt en la cita que da entrada a este subapartado:

Los alemanes deben asumir responsabilidad. No obstante, responsabilidad no es lo mismo que culpa. Aquellos que no se sienten culpables y no son responsables de los crímenes nazis, no pueden eludir las consecuencias de una política a la que una parte considerable de su propio pueblo se unió de manera voluntaria.

Afirmaba que los alemanes debían asumir responsabilidad. Aunque no se fuera culpable (estar implicado en los hechos). Hay muchos germanos que no participaron en la barbarie nazi, por tanto, de culpables, nada. Que todos son culpables es una equidistancia peligrosa, más bien se antoja un subterfugio para los que sí lo son: todos hemos participado. Lo dicho, empero, no implica que, por mucho que no seamos culpables, no se pueden obviar las atrocidades que tu pueblo ha infligido a otros pueblos: quizá no cargas con ninguna culpa, pero sí eres responsable.

Responsabilidad histórica; a eso se refería Willy, reconocer los errores del pasado para, con dicha enseñanza, no volver a repetirlos. No obstante, se entendió mal por parte de muchos alemanes y, sobre todo, por parte del Estado. No se trataba de “pagar a Israel” con el eterno apoyo a causa de los incontables crímenes que Alemania había perpetrado contra el pueblo judío (muchos de ellos, también -se sentían- alemanes). Cuidado: porque eran alemanes y polacos, checos, etc. Las personas que fueron exterminadas en los diversos campos de la muerte no eran nacionales de un estado que no existía: eran ciudadanos alemanes, polacos, franceses, checos o italianos, entre otros. Tampoco hay una “gitanilandia” con la que estar en deuda, ni una “homosexualandia”. Y no será porque gitanos y homosexuales no fueron víctimas del exterminio nazi. Pero claro, no hay “un algo”, “un alguien” con quien saldar los debes. Por cierto: la palabra “gitano” (en alemán, „Zigeuner”) no está bien visto utilizarla: es discriminatoria. Aquí en Alemania, el gran Camarón no podría proclamar orgulloso su famoso «Soy gitano y vengo a tu casamiento«, porque estaría usando un lenguaje discriminatorio. Curiosidades semánticas aparte, en Alemania se les denomina Sinti y Roma, aunque no es un término del todo correcto —o, mejor dicho, preciso—, ya que hace referencia a uno o dos de los pueblos que componen la etnia gitana y engloba, para mayor confusión, a pueblos que nada tienen que ver con los pueblos mencionados. En cualquier caso, este ejemplo da fe de la carga que el nazismo sigue representando para Alemania y muchos de sus habitantes.

La aludida Kollektivschuld que tienen interiorizada muchos alemanes conduce a un apoyo a Israel casi incondicional, con independencia de que no suelan olvidarse de los palestinos, aunque, ante la duda, apoyo al estado hebreo.

Pequeño excurso: el doble rasero, como siempre presente

Los alemanes tienen otro problema, y es que la ultraderecha revisionista con el nazismo está paulatinamente escalando puestos y muchos políticos conservadores alemanes no hacen ascos a pactar con ellos (como el alemán Manfred Weber, el jefe de los populares europeos), si bien son rápidamente desautorizados por sus propios partido. No sólo:  por ejemplo, el presidente español, el mes pasado, subrayó la contradicción de que el presidente del Partido Popular Europeo, el mencionado Weber, apoyara a Vox, un partido que restaura nombres de la dictadura filonazi franquista en el callejero español, y se preguntaba si a Weber le gustaría que sucediera en Alemania lo mismo con los nombres de los jerarcas nazis ¿se imaginan una Reinhard Heydrichstraße (Calle Reinhard Heydrich) en Alemania? Nadie osa ni pensarlo allí.

Al fin y al cabo, es el doble rasero típico de sociedades occidentales. Pedro Sánchez condena lo de Gaza, pero permite que Marruecos que se quede el Sáhara Occidental, cuando España sigue siendo aún potencia administradora y tiene la obligación de proceder a una descolonización efectiva del territorio. También los alemanes organizan expediciones para protestar por la deplorable situación de Doñana o las condiciones laborales de los trabajadores agrícolas en el Ejido. Pero no por las de los camareros, porque los necesitan para su ocio. Tampoco hubo una expedición de diputados españoles, polacos, franceses o checos cuando Angela Merkel firmó en 2014 un tratado con la Rusia del ahora malvado Putin que consagraba la dependencia energética alemana del gas ruso. Y eso que ese mismo año  se había producido la invasión y anexión ilegal de Crimea por Rusia y la desestabilización del Dombás.  Lo último constituye el inicio real de la guerra actual en Ucrania. En fin, doble rasero de toda la vida.

Pero seguimos con la ultraderecha alemana y su expansión en la opinión pública (hoy AfDAlternativa por Alemania) ya es, según aseguran las encuestas, la segunda fuerza política tras la CDU). Ya es un rumor que empieza a sonar más de la cuenta: como dicen en Alemania, wo Rauch ist, da ist auch Feuer: «donde hay humo, también hay fuego». Nosotros somos más acuosos para tal dicho.

Angela Merkel presenta sus respetos a Israel

Alemania, por las razones aludidas, despliega siempre una “especial sensibilidad” por Israel. Tal idea está corroborada por Angela Merkel, primera canciller de Alemania en ser invitada a la Knéset (parlamento israelí) en el marco de la conmemoración del 60 aniversario de la creación del estado de Israel en 2008: allí declaró ante los diputados israelíes que conjugarse por la seguridad y existencia del estado de Israel es razón de estado para Alemania. En cualquier caso, Frau Merkel nunca dejó de recordar los derechos de los palestinos. Ahora en Alemania, nos encontramos muestras de esta “sensibilidad especial” hacia Israel en forma de banderas de Israel ondeando en varias administraciones alemanas (como la foto que ilustra la presente entrada), ignorando la suerte de los palestinos de Gaza (ninguna o casi ninguna bandera de Gaza ondea junto a enseña alemana): la Franja permanece en situación de bloqueo por parte de Israel desde 2007, año en que Hamás arrebató el poder a la Autoridad Nacional Palestina (ANP) en Gaza. Hace pocos meses, Israel declaró el estado de sitio; es decir: lo ha convertido en un guetto. La invasión terrestre convirtió dicho guetto en una ratonera mortal. Sólo Rafah —de momento— parece ser algo que se puede llamar medio seguro, por eso todos los refugiados van allí. La realidad es que no hay sitio en Gaza donde exista un mínimo de seguridad para la población civil. Si eres periodista y palestino, además, tienes todas las papeletas para que te maten: si disparan a niños que portan piedras, un periodista es mucho más «molesto».

Consecuencias internacionales de los actos de genocidio cometidos por Israel en Gaza.

Sudáfrica interpuso una demanda contra Israel en el Tribunal Penal Internacional (TPI, que se suele traducir en ocasiones de manera no demasiado acertada como «Corte», formando un calco del inglés Court). La demanda está muy bien fundamentada, además de astuta: se trata de medidas cautelares que puedan parar unos hechos (la invasión ed Gaza) que pudieran ser objeto de genocidio. Es una medida cautelar, algo de mucha menor envergadura que denunciar a Israel por genocidio (Israel es estado parte de la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio (1946). Los abogados surafricanos lo saben, como también conocen que el TPI ya ha dictado sentencias en casos similares. Israel, lejos de ignorar el requerimiento (algo que lleva haciendo por sistema durante decenios), ha decidido que se defenderá: mal tiene que pintar el asunto para ello. Israel puede muy bien ignorar una sentencia adversa del TPI, pero con un Biden y Blinken presionando constantemente, con llamadas a diario, y una opinión internacional cada vez más en contra, podría ganar la guerra y perder la paz. No sería la primera vez. Estados Unidos y la mayoría de Occidente, excepto España, Luxemburgo o Irlanda apoyan a Israel por acción y omisión y hablan de acciones humanitarias para las vidas que siega Israel, no que el genocidio deba parar. Borrell, el Alto Representante de Exteriores de la UE, también, pero representa a la UE, y no tendrá que medir lo que dice, que no será revolucionario.

Así que así están las cosas: Suráfrica demanda medidas cautelares contra Israel (y cada vez se le suman más estados), pero Berlín permanece en (un incómodo) silencio.

Lo que es seguro es lo siguiente: que tras la guerra no habrá tribunales penales internacionales ad hoc para juzgar las responsabilidades por crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y otros atropellos graves a los derechos humanos, como en Yugoslavia o Ruanda.

La posición alemana sobre el conflicto actual

Pese a lo arriba expuesto, Alemania se declara “al lado de Israel”, por mucho que no olvide mencionar la situación de los palestinos para quedar bien (y tampoco con demasiada vehemencia, como veremos). De hecho, el 10 de enero de 2024, el gobierno alemán, 24.000 muertos gazatíes después, sigue declarando que

«Alemania está del lado de Israel y aboga por la desescalada»

Hay que desescalar. No se habla de «dejar de matar civiles»: “hay que ver, no os peleéis”, como si fuera una lucha de igual a igual y los civiles que se lleva por delante no contaran. En octubre podían andar despistados, pero que hayan asistido a tres meses y medio de crímenes y mantengan su actitud es cinismo, y muy retorcido. De la actitud alemana ante el conflicto, se dará cuenta un poco más abajo.

Una palabra clave define muy bien todos los miedos germanos con respecto a Israel: la Staatsräson o “razón de Estado”, a tenor de la cual nadie debe meterse con Israel en Alemania. El 7 de octubre todavía se podía expresar la solidaridad con el país hebreo por los atentados terroristas perpetrados por Hamas. Lo del viaje de von der Leyen está feo, sí, pero es un hecho indiscutible que las matanzas del grupo terrorista son deleznables.

Dicho día, el Bundeskanzler (canciller) Olaf Scholz exponía que el 7 de octubre que Israel se despertó en medio de una pesadilla y que los cohetes siguen cayendo en territorio israelí. Bien. Tiene razón. También telefoneó a Bejamin Netanyahu para expresarle que

 La seguridad de Israel es razón de Estado para Alemania. Esto es especialmente válido en momentos difíciles como estos. Actuaremos en consecuencia

Un estado acaba de sufrir un atentado terrorista, es normal manifestar empatía. Para que no cupiera duda, se proyecta la bandera de Israel en la berlinesa Puerta de Brandemburgo y otros fuegos artificiales. La web del gobierno, por si permanecía algún remanente de duda aún, titula al pie de foto que la solidaridad con Israel es grande. Las localidades alemanas, incluso las pequeñas, se llenaron de banderas israelíes como la que ilustra esta entrada. A todos los niveles administrativos, no sólo federales, sino también a escala regional y local, se tomaba parte sin ambages a favor de Israel. Que sí, que ya lo sabemos: no nos vayan a recordar lo del Holocausto.

El Bundesregierung, se volcó en intentar detener una escalada que estaba más que cantada, desde el mismo día de los ataques de Hamas. Los enviados por parte de Alemania son funcionarios del más alto nivel. Se asegura estar trabajando de manera intensa para evitar una crisis que afecte a la totalidad de Oriente Medio. Así, el canciller alemán Olaf Scholz viaja a Israel y a países árabes vecinos para lograr la liberación de los rehenes. A él se suma Annalena Baerbock, ministra de asuntos exteriores, quien visita Israel hasta tres veces y lleva a cabo gestiones diplomáticas en Egipto, Jordania, Líbano, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos. Igualmente, Boris Pistorius, el titular de defensa, anduvo visitando las tropas alemanas en Líbano.

Sí. Es lo que parece: la diplomacia alemana está trabajando para Israel

Es cierto que puede sonar discutible tanto nivel de implicación por Israel mientras el mundo muere por cualquier razón, como decía aquel. De acuerdo. Puede pasar. No obstante, lo que no es de recibo es que más de dos meses después, con Israel masacrando a toda máquina a los gazatíes el Bundesregierung (gobierno federal) despliegue una tibieza criticable cuanto menos. El 13 de noviembre, cuando se contaban por miles los civiles inocentes —niños y adolescentes incluidos—, el gobierno declara que “Alemania está del lado de Israel y aboga por la desescalada”. Muy bien. No se menciona el sufrimiento de los palestinos y se exhorta a desescalar, como si fuera un combate de igual a igual: “venga, no pelearos, hombre; sed buenos”. En Ucrania, por el contrario, no se urge a la desescalada, sino a la victoria de Ucrania porque Rusia atenta contra los valores europeos. Se ve que Israel no.

En lo tocante a la expresión “Actuar en consecuencia” del 7 de octubre, ya es harina de otro costal, pues no es lo mismo si se refiere a Israel que en lo relativo a los palestinos. No parece que las masacres de civiles constituyan una Staatrasön para Berlín. El 12 de octubre, las víctimas civiles palestinas habían superado con creces a las israelíes del ataque terrorista de Hamas y el ejército israelí había convertido Gaza en una trampa que se cobraba cientos de vidas de inocentes por día, bombardeándolo todo y con civiles huyendo hacia ninguna parte en medio de la destrucción total. No se trata de una competición, pero sí que podía haber movido al gobierno alemán a la reflexión. Sin embargo, el 12 de octubre, el Kanzler Scholz deja claro que:

«En este momento, solo hay un lugar para Alemania: estar al lado de Israel».

En la web del gobierno, se expone que

La historia de Alemania y la responsabilidad surgida del Holocausto hacen que sea una tarea perpetua para Alemania respaldar la existencia y seguridad de Israel.

Blanco y en botella: Alemania no carece de una política exterior autónoma en lo atinente a Israel. Se ha impuesto una israelización de la política exterior que les dicta una pauta se conducta específica: “prohibido criticar a Israel porque fuimos asesinos de judíos”. Punto.

El parlamento alemán (Bundestag), del mismo modo, emitió su solidaridad con Israel el mismo día de los atentados. Entretanto, apelaciones a la “región”, “Oriente Medio” de manera muy reiterativa, sin faltar “los ataques de Hamas a Israel”; de palestinos, nada.  El 22 de octubre, según la web del Bundesregierung, Alemania lleva a cabo las múltiples reuniones con mandatarios de EE.UU., Canadá, Francia, Italia, Reino Unido: “continuo conflicto entre Israel y la organización terrorista Hamas” y “liberación de rehenes”. De los gazatíes, nada.

Verdaderamente, es neurótica es la actuación alemana.

La posición alemana de la “Zwei-Staaten-Lösung” (Solución de los Dos Estados”)

Alemania aboga por una solución coincidente con la de la Unión Europea:  de “los dos estados”, negociada y aceptable para ambas partes, como requisito para “una paz duradera entre israelíes y palestinos”. Sin embargo, tal afirmación tiene un matiz peligroso, porque ¿es aceptable que Israel dinamite la viabilidad de un estado palestino agujereando su territorio con cientos o miles de asentamientos de colonos israelíes? El mismo Auswärtiges Amt (Bundesministerium des Auswärtigen, “Ministerio de Asuntos Exteriores “, “AA“) pone en valor

la importancia de las negociaciones, que deben llevar finalmente a un estado palestino independiente, democrático y viable, conviviendo en paz y seguridad junto a Israel”.

Muy diplomático todo. Por tanto, procedamos a analizar tales nada inocentes aseveraciones: mucho hablar sin decir demasiado, aunque algunos matices dan que pensar:

  • La democracia es, hasta donde sé, el mejor sistema posible, pero —importante detalle— Palestina tiene derecho a existir con independencia del sistema elegido, no del que se considere que debe ser el mejor. De acuerdo con lo dicho, China y Rusia no son la panacea de los valores democráticos y nadie cuestiona si deben o no existir por dicha causa.
  • ¿viable? ¿cómo? Israel lo está dificultando de manera extrema, por ello se despliega una contradicción interesante: hay que negociar para lograr un estado viable, pero, tal como están las cosas (ver arriba), es imposible. Ergo…como no será viable ¿no tiene Palestina derecho a existir?
  • conviviendo en paz y seguridad junto a Israel”. Del mismo modo que podría haber dicho que “Israel debe convivir en paz y seguridad con Palestina”. Pero no se expresa. Por otra parte, es de cajón: todos los estados tienen la obligación de convivir en paz y seguridad. Es un principio recogido en la Carta de Naciones Unidas (1945), donde aparece hasta casi veinte veces la coletilla “mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales”. El dogma se vuelve a reflejar en distintas resoluciones de la ONU como la 2625 de 1970 la cual, a su vez, hace mención a otras resoluciones que lo abordan del mismo modo. Sobra decirlo.
  • La paz y seguridad entre Palestina e Israel no es lo único, por desgracia. Que en Líbano que —de momento— “sólo” intercambia cohetes con Israel hasta que alguien se pase y escale la violencia) y Cisjordania (implicado un Irán que controla diversas milicias) o unos piratas hutíes de Yemen que comprometen el comercio internacional en el Mar Rojo en solidaridad con Palestina y una Arabia Saudí inmersa en la guerra con Yemen, la paz y seguridad regionales no pasan en modo alguno por su mejor momento.

Netanyahu: un activo quemado (con perdón de la palabra «activo»)

En cuanto a Netanyahu, resulta dudoso hasta qué punto supone un activo salir en una foto con él. No se trata sólo la falla absoluta en seguridad en la zona fronteriza con Gaza, que le ha hecho caer en popularidad hasta el punto de que en Israel muy pocos confían ya en él y muy pocos quieren que repita como primer ministro: se presentó como artífice de la excepción israelí en Oriente Medio a tenor de la cual Israel es -era- una isla de seguridad y estabilidad en medio de tanto caos. Los ataques de Hamás de octubre de 2023 lo desmintieron. Bibi (apodo de Banjamin Netanyahu) huye de la caída de su popularidad hacia delante: cometiendo crímenes de guerra contra la población civil en Gaza se puede galvanizar a muchos de los sectores de la población israelí partidarios del ojo por ojo, regla que está en las antípodas del derecho internacional.
Pero volvemos a la foto: no es eso, no son las múltiples violaciones de los derechos humanos en Palestina en general. Estamos hablando de algo no más grave pero sí muy políticamente incorrecto. Masacrar civiles puede «justificarse» con el injustificable argumento de “son “guerras”, «son cosas que pasan”. Sin embargo, lo que no admite siquiera una disculpa torticera es el pensamiento racista del mandatario israelí, que no dudó en su momento de exculpar a Hitler del Holocausto en 2015.  Por favor, busquen sus libros de historia y corríjanlos porque, según Netanyahu, no fue Hitler el culpable del Holocausto, sino el palestino Gran Muftí de Jerusalén Mohammed Amin al-Husseini , líder nacionalista, religioso y furibundo antisemita. Es cierto que Al Husseini colaboró con el eje, pero de ahí a convencer a Hitler de llevar a cabo la “Solución Final”, hay un largo trecho. En primer lugar, porque esta ya había comenzado y; en segundo, porque a Hitler no hacía falta convencerle para su obra más genocida. Por último: al-Huseini es un árabe. Hitler quería utilizar -y utilizó- a dicho pueblo por conveniencia, porque compartían —el mismo al Husseini lo expresaba— enemigos como el Imperio británico, la URSS y los judíos, si bien conviene no olvidar que los árabes no eran arios. Un pueblo valeroso, decía Hitler. Sí, pero, repito, no arios.  Y por todos es conocido la poca apreciación de Hitler hacia los no arios: son inferiores o, según de qué no ario se discuta, no tan excelsos como la raza alemana. Destruir Palestina porque al-Huseini simpatizaba con Hitler es como decir que Putin puede invadir Ucrania porque Stepan Bandera colaboraba con los nazis.

Berlín, escandalizado —ya hemos adelantado que en Alemania no se juega con lo relativo al Holocausto— respondió a estas palabras afirmando que los responsables del Holocausto —Usted perdone—fueron los alemanes, faltaría más. En fin…que Netanyahu se hiciera eco de esta teoría es escandaloso, pero ¿recuerdan que pasara algo? No. No pasó nada. Es más: nadie lo recuerda.

Alemania tiene un problema con su política exterior “israelí”. El Holocausto fue un crimen monstruoso, pero Berlín no puede seguir siendo rehén de su autoría en un genocidio para no condenar otro en Palestina. Estoy seguro de que esta política cambiará, no sabemos si tarde o temprano, pero no en este momento, baste con recordar la declaración del 10 de enero pasado.

Alemania debería exhortar a Netanyahu a detener las masacres los combates, dejar el poder y convocar elecciones. Sería lo más sensato, y en nada perjuzgaría la Staatsräson. Es muy fácil: como estamos al lado de Israel, abogamos por un mejor gobierno que respete el derecho internacional.  Mientras gente como Netanyahu siga en el poder, aumentan las existencias de alimentos para los Orbán húngaros, los Mileis argentinos, los Modi o los Dutarte filipinos. También para la extrema derecha alemana o francesa, porque una de las cosas que ha hecho Israel es normalizar una ultraderecha tan casposa, anticuada, atávica y ultramontana como intolerante, peligrosa y desestabilizadora.

Por Antonio Rando Casermeiro

Me llamo Antonio y nací en Santander en 1974, aunque soy, sobre todo, de Málaga. Soy licenciado en Derecho e Historia y doctor en Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales por la universidad de Málaga y quisiera dedicarme a ello. Soy un apasionado desde pequeño del este de Europa, especialmente de los Balcanes y Yugoslavia. Me encantan las relaciones internacionales y concibo escribir sobre ellas como una especie de cuento. Soy apasionado de escribir también cuentos y otras cosillas. Desde 2013 resido en Colonia (Alemania)

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