copa de Europa y política

imagen: montaje propio, realizado a partir de una aportación geralt (Pixabay)

Summary in English and German coming soon.

Zusammenfassung in Englisch und Deutsch bald

El sabor de una gloria deportiva

Como no podía ser de otra forma al calor del triunfo de la selección española en la Eurocopa, hoy toca fútbol. En dos entradas (y una tercera más o menos relacionada), iremos desgranando las implicaciones políticas de este deporte. La pasada Eurocopa es un pretexto de primer orden. Los torneos en los que se ventila que país es el mejor futbolísticamente hablando, llevan aparejado otras dimensiones que desbordan lo meramente deportivo. Hablaremos en estas dos entradas de integración

España es la flamante campeona de Europa de fútbol masculino, del mismo modo que el año pasado lo fue mundialmente la femenina. Volveremos sobre ello. Evidentemente, no es mi cometido ―ni pretende serlo― llevar a cabo un análisis futbolístico de tal hazaña, pues es de recibo que se suceden por miles sesudas reflexiones de comentaristas, periodistas y/o expertos deportivos con mucho mayor nivel de conocimiento y capacidad de análisis que el mío. Yo me ocupo de la política y sus consecuencias en ella.

Ya hemos dicho en varias entradas que el deporte, bien se trate de tenis o de otros deportes, la inevitable conexión política del fútbol con el terreno político. De manera constante es un escaparate de primer orden para reforzar el Nation Branding o lo que ―para entendernos― sería la “Marca España”. Platicamos un poco sobre tal concepto: dicho lema fue creado en 2012 bajo la dirección del Ministerio de Asuntos Exteriores (MAE) por parte de José Manuel García-Margallo (2011-2016). Según la web del MAE, la Marca España pasa por lo siguiente: “Las personas tenemos una imagen. Las empresas tienen una imagen. Los colectivos humanos tienen una imagen. Y los estados, por supuesto, tienen una imagen que se proyecta no sólo sobre sus propios ciudadanos, sino que trasciende las fronteras y va más allá, hacia la opinión pública internacional”. Es lo que se conoce como “poder blando”, término del que se habló en no pocos posts. Su misión consistía en “mejorar de la imagen exterior de España”; o sea: aumentar el poder blando o un importante componente del mismo.

Hoy en día, el concepto no se llama igual, si bien la idea es aproximadamente la misma: “España Global” es el nuevo nombre. El cambio de denominación fue una idea del nuevo titular de exteriores Josep Borrell en 2018. Sus principios no difieren mucho de la antigua “Marca España”. Así, si nos atenemos al portal del MAE,  la finalidad principal de España Global se define por “la mejora de la imagen exterior de España, así como la planificación, y el impulso, coordinación y seguimiento de la acción exterior española, pública y privada, en los ámbitos económico, cultural, social, científico y tecnológico, encaminada a la promoción de dicha imagen”. En cualquier caso, no es raro que se siga tirando del anterior eslogan “Marca España”, que parece más pregnante, de manera más informal.

Introducción: el mundial femenino de 2023

El fútbol, como deporte mayoritario que es, participa aún más de ese atributo “político” del que estamos departiendo (desde esta serie de entradas que comienza aquí). En 2023, la selección femenina de fútbol de España era portadora de una fuerza alegórica sin parangón. Habían luchado por ser equiparadas a los hombres (en realidad, “equiparar” es mucho decir, simplemente querían tener unas condiciones que se acercaran a las de sus colegas masculinos). Muchas decidieron no ir a la selección para seguir adelante en tal pugna. Aun así, España se hizo con el título. Un equipo multicultural, un crisol de procedencias que representaba a casi todas las comunidades autónomas de España, con la zaragozana Salma Paralluelo quien, como su segundo apellido ―Ayingono― denota, presenta ascendencia ecuatoguineana por rama materna. Ella fue la mejor jugadora joven del torneo con 19 años: dos más que Lamine Yamal el domingo pasado, del que hablaremos luego.

Fue particularmente emocionante cómo, tras el partido, una periodista colombiana entrevistaba a Alexia Putellas, preguntándole que puede significar para Colombia el ejemplo de un conjunto de jugadores que tuvieron que estar más pendientes de lo que pasaba fuera del campo que dentro de él: eran un ejemplo a seguir…ahí tenemos el poder blando de España como referente mundial en igualdad de género o en la lucha por la misma, en cualquier caso. Con todo, a la misma Alexia la pregunta de la reportera colombiana no era algo que le pillara de sorpresa: sabía de que estaba hablando. Es más: las jugadoras españolas habían tenido como parte de la inspiración a sus colegas colombianas: en 2016, trece de las jugadoras más significativas del combinado tricolor convocaron una rueda de prensa donde denunciaron las deplorables condiciones que atravesaban en los torneos internacionales o locales. Como las ibéricas en 2023, ellas trascendieron la situación anímica fuera de la cancha y ganaron títulos como la Copa América.

Sin embargo, eran momentos de euforia desbordada, con las camisetas aún húmedas del esfuerzo de ganar a Inglaterra. Ya había tenido lugar el famoso beso de Rubiales, que echó por el sumidero el deslumbrante éxito deportivo. A partir de entonces, el triunfo deportivo pasó a segundo plano y sólo se habló de indeseado ósculo. Aún hoy se sigue comentando, de hecho. Este año pude comprobar cómo mis alumnos de secundaria en un instituto alemán recordaban más el famoso beso que la gesta deportiva, entre otras cosas, porque el fútbol femenino sigue teniendo menos predicamento que el masculino. Como decía en una parte de esta entrada en el apartado “Desfaciendo el entuerto: partir no tan cero” se le pudo dar la vuelta a la tortilla: si la actuación de Luis Rubiales echó por tierra la visión de España como un país moderno, sí que se pudo exportar al mundo una historia en que se ponía todo el empeño, bajo una inusitada unidad política, de acabar con las atávicas estructuras de la RFEF. Pero dejemos el recuerdo y retornemos a la actualidad:

La conquista de la Copa de Europa 2024 de fútbol por España.

En junio comenzó el torneo. Antes de proclamarse campeona la Furia Roja (oígase Fujia joja cuando veía los partidos por la tele alemana), ya lo había hecho alguien en el Europeo de Atletismo: Ana Peleteiro en triple salto. El fútbol eclipsó del mismo modo la victoria de la selección española de baloncesto para poder obtener un billete a los Juegos Olímpicos de París que se celebran en breve, este mismo mes. Los baloncestistas españoles también exportaban valores de unión y cohesión (no por nada se autodenomina el equipo como “La Familia”).

En Alemania, la Euro ha dado por vencedor el domingo pasado el juego alegre y desbordante de la selección española, máximo exponente de un conjunto donde los valores de unión y trabajo juntos son un rasgo distintivo. En la retina de los aficionados de todo el mundo quedará grabado el juego jubiloso y vistoso de las dos balas ― gusta decir al ídolo mexicano Hugo Sánchez― Nico Williams y Lamine Yamal, junto al esfuerzo denodado de los centrales francoespañoles Robin Le Normand y Aymeric Laporte, para cerrar el capítulo de antecedentes migratorios. La coralidad es el secreto: no hay un gran goleador o alguien para quien todo el equipo trabaja (como es el caso del Portugal de Cristiano Ronaldo), es una selección donde todos marcaron. No hay goleadores porque es el equipo entero como actor principal quien ha ganado los siete partidos. La potencia simbólica de la pareja mencionada con las camisetas rojo brillante de la selección, su juventud y desparpajo y su palmario origen africano y alegría enamoraron al mundo: un ejemplo de integración de alguien que viene de barrios humildes ―el muy marginal barrio de Rocafonda en Mataró saltó a los mapas gracias a Lamine Yamal― y de nada fáciles circunstancias vitales.  Así, los progenitores del jugador culé llegaron de África y se conocieron en España. Los de Nico Williams, cruzaron el desierto a pie a mediados de los años 1990 cuando la mafia que debía llevarlos a España los abandonó en medio del Sáhara, árido espacio que hubieron de cruzar a pie hasta llegar a la valla de Melilla, que rebasaron con su correspondiente dificultad. La parte física estaba hecha…pero la peor venía después: la valla administrativa. Tras un ínterin interminable en el que faltó poco para ser deportados, la pareja ghanesa (el futuro Iñaki se formaba dentro de la madre, aunque ellos no lo sabían aún) declaró que venían de un país en guerra, pues un abogado voluntario les recomendó alegar tal razón. En el País Vasco podía prosperar esa vía (aseguraron que su procedencia era Liberia), y salió bien. Una gota en el océano de tantos que lo intentan y no lo logran o mueren en el intento. No voy a seguir hablando aquí de la historia migratoria de cada uno de estos dos chavales nacidos en España porque, a estas alturas, es de sobra conocida. Ellos dos son los arietes del combinado nacional, de tez oscura y, por tanto, los más mediáticos y de mayor potencia simbólica. Por su forma de jugar colorida llaman más la atención: se expone más quien hace los goles o lleva a cabo las asistencias de gol que el trabajo de un defensa. De los defensas nos ocupamos luego, por cierto.

Lamine Yamal y Nico nacieron en España y en un momento dado tuvieron que elegir entre jugar respectivamente con Marruecos/Ghana o España. Lo natural es que, si han nacido en el país ibérico, son españoles y toda su vida está aquí, opten por España. Pero no es tan sencillo el asunto de las identidades. El sentimiento de pertenencia, pero también el Nation Branding, entran en juego. Un ejemplo: Lamine Yamal es de padre marroquí y madre ecuatoguineana. Pero ―entre ustedes y yo― ¿quién va a pensar en jugar con el combinado de Guinea Ecuatorial habiendo dos equipos con mucho más predicamento y buena imagen (Nation Branding de toda la vida) como España o Marruecos?  Un caso similar es el de Iñaki Williams ―el hermano mayor de Nico. Una de sus motivaciones para jugar con Ghana fue, por ejemplo, cumplir el sueño de su abuelo de verlo defendiendo la camiseta de los Black Stars o “devolver parte de lo que África y el país de sus ancestros le había dado”.

Orgullosos de las raíces

Este aspecto aludido es otro ingrediente de esta especie de fábula: son jóvenes orgullosos de su procedencia. Todo el planeta conoce ya el famoso gesto con sus manos de Lamine Yamal que representa a su barrio: el 304 de Rocafonda, en Mataró. Hoy en día famoso pero nada exclusivo: más bien, con características de exclusión social. Allí se crio el jugador del F.C. Barcelona.  No sólo se trata del barrio: tampoco renuncia a sus orígenes étnicos y tiene en sus botas las banderas de Marruecos y de Guinea Ecuatorial. Ya se ha comentado que los hermanos Williams no olvidan sus raíces y lo que hicieron sus padres por ellos; y con Lamine Yamal no iba a ser distinto, en este caso muy especialmente con su abuela Fatma, cabeza de puente de una familia de Tánger que llegó a España buscando mejores condiciones de vida y que crio al niño mientras los progenitores trabajaban.

Claro ¿por qué no sentirse orgulloso de sus raíces? El niño prodigio del fútbol lleva en sus botas tres banderas: además de la de España. Aunque sea tan español como yo, también participa de otras identidades: los orígenes son algo que conforma y moldea a una persona. Yo mismo lo he vivido como profesor en el instituto arriba aludido: clases de 20 niños en los que podía no haber alemanes típicos; es decir: aquellos que portan apellido germánico o tez clara y/o ojos azules, porque alemanes de nacionalidad son todos excepto yo, todos orgullosos del país de sus ancestros  Alemania quizá no tiene en cuenta mucho esa parte integral de la personalidad, como describiré en otra entrada: más de una vez el profesorado da su clase tratándolos como alemanes descendientes de Goethe…no tratan de intentar comprender la personalidad de gente que, aun alemanes, no son como ellos. España no me consta que opere de forma muy distinta. En resumidas cuentas: nunca llueve a gusto de todos. Muchos visten prensascon las barras y estrellas estadounidenses, por moda o tendencia ideada por las empresas textiles (o por gusto), y no pasa nada, y eso que Estados Unidos, quitando la democracia, no comparte muchos valores con la Unión Europea; sin embargo, sí arrecian las críticas cuando quien las muestra es el crack de la Masía, de piel no clara. Lo absurdo de todo esto es que no se trata sólo españoles “de los que comen jamón” (de estos discurriremos en la siguiente entrada), sino que lo piensan: muchos marroquíes ―que no todos―, quiene ven con desagrado que Lamine Yamal ostente el emblema marroquí habiendo elegido España para jugar en vez del país magrebí. De igual manera, tampoco muchos independentistas catalanes ―que no todos―, lo ven como traidor (esta vez, a los catalanes que ellos consideran catalanes); y no podían faltar españoles ―cierto sector nacionalista― que, del mismo modo, meditan sobre una posible traición a España.

No es el primero ni será el último objeto de polémica: otro as del deporte español, Ilia Topuria el laureado luchador en las disciplinas de lucha UFC, lucha grecorromana y jiu-jitsu brasileño celebra siempre sus victorias con las banderas española y georgiana (y eso que es nacido en Alemania y su lengua casi materna fue el alemán cuando era niño). Como hemos visto con otras estrellas del deporte, se da la misma constante: afincado en Alicante desde los 15 años, declara algo que nos suena: que quiere devolver un poco de lo mucho que le ha dado su ciudad adoptiva y España. También él desempeñó los más diversos trabajos “de inmigrante” antes de despuntar en el deporte. En cualquier caso, es verdad que su piel no es oscura y está un poco más a resguardo de críticas más o menos racistas, aunque no le faltaron.

Sobre el color de la piel, Iñaki Williams (recordemos, el hermano mayor de Nico), el jugador del Athletic de Bilbao es pionero en muchos aspectos: en primer lugar, estamos ante el primer jugador negro en marcar un gol con su equipo (club donde también juega su hermano). En segundo lugar, por ser el triste protagonista de otro hito: el primer juicio por racismo en España (2023); esta vez, por los insultos racistas que recibió en el estadio del Espanyol en 2020, si bien no fue la primera vez que Iñaki Williams recibe este tipo de injurias. En lo relativo al Espanyol, la misma Liga (LFP) presentó la querella, y no es una acción judicial nueva: la misma LFP atestigua que hubo casos similares con el jugador del Real Madrid, Vinicius Jr. Entonces se presentaron denuncias por injurias racistas en 2021 y el juicio se ganó, condenas incluidas. Una querella, empero, implica más, en tanto que la LFP se presenta como parte interesada y afectada.

Regresamos al jugador de los leones (el origen de tal apelativo es, por cierto, bastante curioso): siempre ha sido un poco activista y sueña con que los jóvenes futbolistas “no tengan que irse tristes de un partido porque les insultan, sino porque han perdido y ya está”. Del mismo modo, aboga por “lograr una sociedad justa para que podamos disfrutar del fútbol y la vida”. Con todo, no es ajeno al hecho de que siempre es tarea sencilla tener a personas como Nico o su brother/bro (cosas de gente MUY JOVEN) Lamine Yamal como ídolos y, al mismo tiempo, ignorar o incluso despreciar al resto de personas con los mismos antecedentes migratorios que no disfrutan de una posición privilegiada.

En resumen: a pesar de todo lo dicho, la gesta deportiva de la selección es un relato que nos une a todos, absolutamente a todos ―o casi. De acuerdo con esto, propongo un ejercicio de agudeza mental: ¿se imaginan a Irene Montero y a Cayetana Álvarez de Toledo de acuerdo en algo? Pues sí, tal entelequia existe: Yamine Lamal y la selección… cada una por su lado, claro.

Se comentaba el valor de la victoria futbolística, pero ―en especial― lo es para aquellos que tienen en su haber un relato migratorio. Es una parábola con un final feliz, que hace felices a los antiguos compañeros de juegos de Lamine y de Nico y es ansia vital de tantos niños que quieren emularlos. En el fondo, y en un país como España, todos tenemos algo que ver con la emigración, y no hablo del sinfín de pueblos que afloraron a la península. Mi caso, por ejemplo, es el de una familia malagueña que emigró al norte de España (como muchos andaluces que lo hicieron a Cataluña): allí nacimos tres de mis hermanos. A su vez, había salpicados por el norte otros parientes que, de igual manera, eran emigrantes andaluces de larga duración y cuyo origen hay que buscarlo en la última guerra civil. Yo mismo volví a Málaga y la tuve que volver a dejar. Hoy tengo dos hijos que nacieron en Alemania y que por momentos se sienten más españoles que alemanes, pero son también alemanes de corazón. La historia que aquí nos ocupa es, por tanto, una de tantas ―aunque escasas― que acabó bien: es la mejor clase posible de educación cívica que pueda darse a un niño o niña.

Hasta aquí, casi todo es más o menos positivo. Por desgracia, siempre existe la posibilidad de utilizar el deporte en un sentido políticamente negativo. En las dos siguientes entradas, abordaremos como el futbol siempre es política o, mejor dicho, susceptible de ser exprimido en política.

En el siguiente post, analizamos que el triunfo de España tiene sus puntos negativos, y no son pocos

 

 

Por Antonio Rando Casermeiro

Me llamo Antonio y nací en Santander en 1974, aunque soy, sobre todo, de Málaga. Soy licenciado en Derecho e Historia y doctor en Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales por la universidad de Málaga y quisiera dedicarme a ello. Soy un apasionado desde pequeño del este de Europa, especialmente de los Balcanes y Yugoslavia. Me encantan las relaciones internacionales y concibo escribir sobre ellas como una especie de cuento. Soy apasionado de escribir también cuentos y otras cosillas. Desde 2013 resido en Colonia (Alemania)

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