Gloria deportiva con sombras

En la entrada del miércoles pasado, analizábamos los puntos en cierta medida positivos de la conquista del título por parte de España. Sin embargo, se convirtió en una tarea difícil desligarlo de las sombras. Es cierto que la imagen proyectada al exterior de un seleccionador, de un equipo que apostaba por dos delanteros negros puso al país en las pantallas de todo el orbe, desplegando una fantástica imagen de una España multicultural que proyectaba los valores de integración y multiculturalidad. Un equipo en el que todos remaban juntos: la coralidad, el trabajo en equipo: Olmos marcaba tres goles pero también contribuía ayudando en la portería impidiendo que un gol aguara la fiesta española que estaba por venir. La Nation Branding del país ibérico subía enteros en una bolsa internacional de prestigio y poder blando. De paso, estos mismos valores, que son los de la Unión Europea, contribuían a reafirmar el poder blando de la misma. Pero no todo fueron aciertos. Hay una trastienda que está muy desordenada y llena de malos olores. Será misión de los españoles limpiarla antes de que el olor salga al escaparate y la clientela (los países que quieren invertir en España, por ejemplo, y quieren vender la imagen de que invierten en un país donde se dan los valores europeos.

 

Felices, ma non troppo (I) “estercolero multicultural” 1- ultraderecha 0

     Una selección como dios manda

La ultraderecha española nunca ha visto bien la multiculturalidad (huyo del uso de la palabra “multirracial”, tan tenebrosa como frecuente, porque los humanos no somos perros ni caballos y la ciencia descarta que existan razas en nuestra especie, el homo sapiens). Sigue existiendo mucho racismo en España. Muestra de ello es la mencionada Peleteiro de la que hablábamos en la anterior entrada, campeona europeo de triple salto, quien asegura haber sido diana de tales actitudes. Si para las futbolistas españolas la lucha por condiciones laborales resta esfuerzos para centrarse en la competición, con el racismo sucede otro tanto.

Por desgracia, los deportistas más o menos de élite pueden permitirse, a causa de sus saneadas ―en mayor o menor medida― finanzas, capear el temporal del racismo, siempre en la medida de los posible. Es cierto que influye en el rendimiento deportivo, pero no pasa de ahí. Sin embargo, resulta más grave cuando se trata de personas humildes en situación delicada (en el barrio donde creció Lamine Yamal más de la mitad de su población está en peligro de exclusión social o de pobreza). Vox, por ejemplo, no se recata de llamar “estercolero multicultural” al barrio barcelonés de el Raval, un barrio que podría ser el de muchos Lamine Yamal. Lo mismo puede predicarse de ciertos deportistas de base en sus inicios: no todos tienen la suerte de que la Masia se fije en ellos.

De todos modos, tales “estercoleros” no son una invención reciente. Ya en 2020, la diputada de Vox por Almería Rocío de Meer, la aplicaba usualmente a barrios con una composición multicultural y humilde. Hay algunos usuarios que intentan, de una manera admirablemente creativa, justificar o quitar hierro a tales declaraciones―por llamarlo de alguna forma―, pero estercolero multicultural suena justo a eso mismo. En fin, no seamos tan duros como la chica, pues cosas peores ha hecho, como difundir vídeos nazis donde se habla de “negroides” y se niega el Holocausto: tampoco-vayamos-a.

Otro ya clásico es Alvise Pérez, conspicuo negacionista, xenófobo, racista y ultraderechista en líneas generales. Se ha convertido en la rutilante estrella del universo facha al triunfar en las últimas elecciones al Parlamento Europeo (sacó 3 diputados y casi el 5% de los votos, aquí una radiografía llevada a cabo por El País). Tan grande es su luz, que amenaza con cegar a los de Vox, quienes compiten en competencias fachas con el advenedizo que lanza señales preocupantes de mover la clientela electoral voxiana. Uno de sus pensadores y adláteres, el filósofo Vito Quiles, lanza enjundiosas reflexiones sobre la composición étnica de la selección: en un tweet, ante una foto de Lamine Yamal y Nico Williams celebrado un gol, lanza la siguiente meditación: “¿pero qué selección española es esta? Parece una broma de mal gusto”.

   La Península Ibérica: el estercolero mayor

Pero la Península Ibérica en concreto es un estercolero multicultural por experiencia. Por dicho solar, además de los pueblos que ya lo poblaban ― que es de suponer que venían de alguna parte y no se crearon allí por generación espontánea― pasaron fenicios, cartagineses (hoy serían calificados como moros), griegos, romanos, diversos tipos de tribus germánicas o musulmanes de distintas etnias, entre los que se cuentan africanos (sirios, almorávides, almohades, entre otros). Es decir: si hay un estercolero multicultural por antonomasia, ese es la Península ibérica, si bien a muchos les gusta identificarse sólo con los romanos y con aquellos bárbaros germánicos  que tenían a Roma como lo más y, además,  blancos, rubios, como Santiago Abascal. Bueno. Dejémoslo en blancos y rubios. El período musulmán de 900 años en incómodo, del mismo modo que le era otomana no es objeto de devoción  en muchos países balcánicos.

      La riqueza de los estercoleros multiculturales

En mi caso, provengo del estercolero multicultural ibérico y me identifican dos apellidos extranjeros de cuyos portadores iniciales no tengo noticia porque se pierden en la noche de los tiempos. En Alemania, soy un orgulloso habitante de tales estercoleros; es más: mis hijos han nacido, viven y crecen en tal «inmundicia» y, junto a mi familia, somos orgullosos «estercoleristas».

Durante mi experiencia de profesor de instituto, he dado clase en barrios de este tipo, en institutos donde hay clases con ausencia de apellidos alemanes —aunque todos o casi todos  poseen nacionalidad alemana—, y la riqueza y conocimiento  que aportan dichos alumnos no puede estudiarse ni adquirirse fuera de las clases. Precisamente creo que uno de los fallos de los centros educativos alemanes es no valorar dicho capital.

     Un español como dios manda ¿come jamón?

Retomamos ahora el  hilo de aquello de lo que estábamos departiendo arriba: hay más ― por desgracia es otra gota en el océano cósmico, que diría Carl Sagan. Tras la victoria del combinado español, muchos aficionados ultraderechistas, ebrios de celebración y actitudes racistas, instaban a la joven estrella del Barça Lamine Yamal a comer jamón, lo que denota en primer lugar cobardía, porque no se hubieran atrevido a lo largo del torneo, en solitario, y sin estar acompañados de sus correligionarios. En segundo lugar, ignorancia manifiesta. No me suena que el jugador culé haya cumplido con el rito musulmán del ayuno durante el mes de ramadán, no aparece en las redes (hace bien, es la vida privada de un menor de edad). Por último, si piensan que el futbolista es musulmán, decir que come jamón es un insulto. Algunos proponen que es desde el cariño: a ver, no se me malinterprete; lo que se quiere decir es que lo consideramos español como el que más, un español medio, de toda la vida, que come jamón ¡pero si es un piropo, hombre! No obstante, es por todos sabido que los piropos los carga el diablo. En realidad, no es un español más, sino un español como ellos: un español que come jamón, un español como dios manda. Se ve que la población musulmana en España (un 5%) que no come jamón no recibe el mismo cariño. Seguro que alguno espeta «pero si yo tengo muchos amigos musulmanes». A continuación, vamos a poner un poco de casuística a aquello de «españoles como dios manda».

     Un episodio ilustrativo: «¿musulmán o español?»

Por cierto, que hay veces en que las actitudes racistas se hacen sin intención de herir, pero están ahí. Al hilo de esto, he tenido a bien sacar a colación una anécdota que me sucedió hace un tiempo. Me encontraba repartiendo bocadillos como voluntario de una asociación que repartía comida para gente desfavorecida. Allí estábamos todos, en unas mesas con una carpa y la gente llegando a por su bocata. Que conste que eran culturalmente sensibles: se clasificaban los bocatas en aquellos que contenían cerdo y en aquellos que no. Buena idea para los musulmanes, que eran muchos quienes, por supuesto, no comen cerdo. El problema vino dado por la pregunta que se hacía, que me chirrió tanto que no la llevaba a cabo. Pero el resto de los voluntarios, gente sin duda bienintencionada, si. Así, cuando se preguntaba al usuario, se hacía de esta guisa:

―¿musulmán o español?―

Del mismo modo que el beso de Rubiales, había echado por tierra la buena obra que sin duda se pretendía llevar a cabo. Lo mejor ― y también lo peor―  es que no se dieron cuenta ni usuarios ni voluntarios.

Alguno/a podía haber matizado tal interrogante y cuestionar el asunto con un «oiga, que yo soy musulmán y español». Más de uno lo habrá pensado; y es de recibo: cuando un inmigrante como yo en Alemania va al consulado a hacer alguna gestión, es frecuente ver a muchos españoles de origen marroquí formalizando su situación en Alemania. Son como yo, pero más lacerante: han tenido que dejar sus raíces dos veces (o una, si son nacidos en España).

Al final, la construcción musulmán-español se derrumbó bajo su propio peso:

― ¿alemán? ― indagó un germano de unos cincuenta años, con acento y señales de vivir en la calle.

Pique hispano-francés de patio de instituto: un concurso de ocurrencias

La xenofobia y el racismo en España no se ciñen solamente a una tez más o menos oscura, pues ―además del ya mencionado Ilia Topuria (ver entrada anterior) ―tampoco quedan libres los franceses, viejo objeto de odio de cierto sector del nacionalismo español. En este sentido no es racismo…es simplemente sentimiento antifrancés. O no: simplemente racismo puro y duro, como ejemplifico en la anécdota que abajo comento.

     Anécdota introductoria: un pique franco-alemán

Quién lo iba a decir: a mí me suena mucho más ― y me cae infinitamente más simpático―  el eje franco-alemán, como motor de la idea de unidad europea desde los años cincuenta del pasado siglo, cuando se creó la entonces Comunidad Económica Europea y se aspiraba a unir los pueblos y no separarlos…pero rencillas históricas, lo que es haberlas, haylas…

O racismo, sin paliativos. Corría 1998. Me encontraba en Tréveris (en alemán, Trier Alemania). Era estudiante Erasmus y tenía trabajos de estudiante: que si la mensa, que si camarero… En esta ocasión, trabajaba de portero de discoteca. No era una discoteca gigante al uso con gorilas dispuestos a arrearte un guantazo a la primera de cambio, era la cosa mucho más amable. Pues bien, hete aquí que la Historia siempre tiende a aflorar, como siempre. En Tréveris había aún una base francesa, reminiscencia -o, más bien, rescoldo- de las «zonas de ocupación» de las potencias aliadas tras la  segunda guerra mundial. La cuestión es que los alemanes no podían ver a los franceses. Además, ya se sabe el problema de las banderas. Los soldados eran jóvenes franceses, profesionales o de reemplazo, que salían a divertirse como cualquier joven hijo de vecino. Pero, claro, cincuenta años dan para mucho y seguro que hubo sus diferencias entre chavales franceses y chavales alemanes «ocupados». Aunque las zonas de ocupación habían desaparecido mucho tiempo ha, seguía la base allí. Desde 2010 los terrenos militares están vacíos y la base desmantelada. Si uno mira en internet, puede leerse Ehem. französische Militärstandorte Trier; es decir: «antigua base militar francesa».

Consecuencia, doce años antes de su desmantelamiento definitivo: yo había recibido instrucciones claras de no dejar pasar a los franceses. Mi extrañeza y preguntas recibieron el silencio. Pues porque sí: no dejes pasar a ningún francés. Fue mi primer y último día allí. No dejar pasar a alguien por el hecho de ser francés es racismo puro y duro. Era muy triste como un chaval recién llegado se encontraba con tal denegación de acceso por motivos racistas. Claro que, como sucede en estos casos, no se daba explicación alguna: no te decían «no te dejamos pasar por ser francés».

     Otra variante de racismo…

Así, podríamos hablar, de acuerdo con lo dicho, de los defensas españoles Aymeric Le Normand y Robin Laporte, de origen francés. Estos tampoco lo han tenido fácil. A un cantante español, directamente, le ponía negro que hubiera dos centrales en la defensa de España. Así: “negro”. Del color de Yamal y Williams ni hablamos. Le Normand y Laporte fueron objetos de críticas. El primero está vinculado a la Real Sociedad y España desde los 17 años. Lleva una década en España y se siente muy agradecido a la ciudad de San Sebastián, a Euskadi y al país ibérico por haberle permitido cumplir su sueño de jugar en primera división. Como Iñaki Williams, sentía que tenía que devolver lo aportado: en este caso, a San Sebastián. En cuanto a Laporte, es un jugador cuya trayectoria profesional se ha forjado en clubes vascos desde los 15 años. En teoría presentaba ascendencia vasca (aunque fuera muy lejana), lo cual es un requisito fundamental para formar parte de la plantilla del Athletic de Bilbao, y a ello se agarró el club para poder ficharlo.

     Medios irresponsables…

El pique de ciertos medios de Francia tampoco se queda atrás. Vaya por adelantado que hay ocasiones en las que el mundo del fútbol no es la panacea de la deportividad, en especial por las declaraciones vertidas por ciertos rotativos que no hacen sino calentar el ambiente y ser de dudosa deportividad. Sirva como guía diseñar una portada con la consigna, “no pasarán” (en español). Es, ni más ni menos, lo que publicó el diario deportivo francés  L’Équipe el 9 de junio de 2024, en referencia a que detendrán a la selección española. Se trata de una exitosa e inmemorial consigna empleada por los republicanos españoles en la defensa de Madrid durante la última guerra civil. Al menos al principio, sí consiguieron parar a las tropas de Franco.

Vale. Podría ser desafortunado pero, hasta cierto punto, curioso-gracioso―incluso friki―…el inconveniente estriba en que se trata del lema al que igualmente desplegó la izquierda y los antifascistas franceses, que se conjuraron para frenar a la extrema derecha de Le Pen-Jordan Boardella en la segunda vuelta de las legislativas francesas (la  Rassemblement National de Marine Le Pen había vencido en la primera vuelta de manera indiscutible). Incluso hay un rap al respecto… pero no adelantemos acontecimientos. Y esto había sucedido una semana antes del enfrentamiento (deportivo, por supuesto) con España. Entonces…  ¿es que los españoles somos fascistas? Muy poco tino tuvo la ocurrencia.

   … y políticos que lo son aún más

La cuestión es que, tras ganar España, algunos políticos de la extrema derecha responden rivalizando en burricie. Cabe citar, en este sentido a la mencionada Rocío de Meer, quien, tras la victoria española sobre el combinado francés, tuvo una de sus brillantes ideas: publicar en X (la antigua Twitter) una foto en la que se veía al defensa español Dani Carvajal aplastando la cabeza del jugador bleu Koundé. Para los que vimos el partido, todo sucedió así: tras un lance de juego entre los dos futbolistas, Koundé cayó al suelo, Carvajal se desequilibró y, para evitar caerse, apoyó ―suponemos que accidentalmente― la mano en la cabeza del francés. Sin embargo tal imagen, sacada de contexto ―como bien se encargó de hacer la ultraderechista diputada― daba a entender otra cosa (aquí podemos verlo). Por si no quedaba claro, titulaba la imagen con un “ya hemos pasao´”. Se podía haber traído a colación la imagen del golazo de Lamine Yamal, que ilustraba mejor el resultado del juego, pero ¡donde va a parar! Donde haya incitación y/o apología de la violencia, que se quite el deporte. Ese es el nivel.

    En la próxima entrada de esta serie, comentaremos que es posible convertir un éxito deportivo en un fiasco para la imagen reputacional de un país.

Por Antonio Rando Casermeiro

Me llamo Antonio y nací en Santander en 1974, aunque soy, sobre todo, de Málaga. Soy licenciado en Derecho e Historia y doctor en Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales por la universidad de Málaga y quisiera dedicarme a ello. Soy un apasionado desde pequeño del este de Europa, especialmente de los Balcanes y Yugoslavia. Me encantan las relaciones internacionales y concibo escribir sobre ellas como una especie de cuento. Soy apasionado de escribir también cuentos y otras cosillas. Desde 2013 resido en Colonia (Alemania)

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