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A por todas

Parece que en Madrid se ha dado cita el pasado fin de semana la flor y nata del nacionalpopulismo mundial. Para entendernos: la ultraderecha más rancia e involucionista. En muchas ocasiones se corre el riesgo de confundir con tanta etiqueta. Nacionalpopulismoneopopulismo o incluso el inocuo extremismo a secas, términos todos ellos que sin duda aportan precisión y matices a algo cuya perspectiva general no debe disolverse ni cubrirse de calima: que se trata de la ultraderecha; populismo de ultraderecha, si queremos, pero extrema derecha, al fin y al cabo. Estamos ante un movimiento que entronca con el autoritarismo más tóxico y nocivo.

Una señal de lo dicho es, precisamente, que las formaciones de extrema derecha reniegan en su fuero externo —en el externo vemos que no— de tal parecido. VOX no se dice franquista y suelen desplegar una equidistancia reveladora. En tiempos modernos no vende proclamar que “con Franco se vivía mejor” España es un caso único en nuestro entorno donde existe una fundación “Francisco Franco” o el ya clásico “con Franco te dejabas la puerta abierta y…”.

Alemania, como luego se analiza, no está exenta de pecado, con independencia de que, en general, la población parece más comprometida con los valores democráticos; la población que no vota a la extrema derecha (AfD), que ocupa 77 de 737 escaños en el Bundestag en Berlín y que tiene conexiones con nazis, y conspiradores también nazis, todo hay que decirlo.

Así, cuando un español como quien esto suscribe comenta a sus a compañeros profesores en Alemania que existe una “Fundación Franco” nadie lo entiende a la primera. En realidad, sí lo entienden, pero piensan que no han escuchado bien porque no puede ser lo que están escuchando. Porque en Alemania es impensable una “fundación Adolf Hitler”. En Alemania —en España no es muy diferente— las clases de política son decepcionantes. La asignatura se da desde nuestro 1º de ESO español, en forma de “Economía-Política” y a niveles más adultos, como “Política”. Sus contenidos versan sobre derechos humanos, sistema democrático, etc. En España parece que hay aún reticencias sobre impartir dichos contenidos, y hablar de derechos LGTBI se considera en muchos casos adoctrinamiento. En Alemania, por el contrario, no es infrecuente que las iglesias muestren banderas arco iris como muestra de tolerancia o los grupos en la guardería se denominen “arco iris”. Normalmente son animales. Más de un español LGTBIfobo puede tener su minuto de gloria y pensar “animales y gays”, qué coincidencia.

Volviendo a la asignatura de “Política”, asombra el poco sentido político que tiene la juventud aquí. El móvil la tiene totalmente —vamos a llamarlo así— alienados. Ojalá hubiéramos tenido los niños de finales de los 80 o 90 una asignatura así. La dictadura franquista y su franquismo sociológico estaban aún frescos, pero quizá con más motivo hubiera sido un buen momento para impartir contenidos como los que se están comentando. Ahora los jóvenes no pasarían por una dictadura como la franquista o la nazi o la italiana porque —¡imagínate! — que no haya libertad para mirar en el móvil lo que quieres, para mandar un contenido que ni siquiera sabes que es político pero que el gobierno te censura o te mete en el calabozo o te interroga por él. El problema reside es que todo parece inmutable, parece que no corre peligro. La democracia es como la Humanidad. No lleva demasiado tiempo en la Tierra, pero parece que ha estado ahí siempre y que no peligra.

Ambas —Humanidad y democracia—lo llevan crudo, y están relacionadas, porque uno de los aspectos que más utiliza la ultraderecha es la desinformación. Paradigmático es el negacionismo del cambio climático de la extrema derecha. Y es un hecho contrastado que acabará con la especie humana si no se hace algo.

Alemania, tierra de contrastes

Alemania tampoco es un páramo libre de fascismo: su apoyo al muy ultraderechista gobierno de Israel saca las vergüenzas de cualquiera y la línea roja inaugurada por el líder de los populares europeos, el alemán Manfred Weber de no hacer ascos a pactar con la ultraderecha suponen claras señales de alarma…que cada vez son menos señales y más alarma a secas, porque ahora Ursula von der Leyen, la presidenta de la Comisión Europea parece que se lo está pensando. Si los números no dan, parece que vale todo. Oiga, esto con Angela Merkel no pasaba. Para ello la canciller de hierro sí que no era de paños calientes; a la ultraderecha, ni agua. Ya hemos visto que salirse de tal lineamiento ha costado el puesto a promesas conservadoras alemanas como la —hasta hace no tanto— delfín de Angela (pronúnciese “anguila”, como el pez): Anne Kramp-Karrenbauer (AKK, para los amigos) fue fulminada por contemporizar con la extrema derecha. Prometía, la mujer, pero con la ultraderecha, no. Bien es cierto que Frau Merkel firmó jugosos acuerdos de suministro de gas con Vladimir Putin el año de la anexión ilegal de la península de Crimea y el inicio de la desestabilización del Dombás y prefacio de la invasión a gran escala de Ucrania en 2022. Putin es en realidad otro fascista, pero bueno…con todo eso de añorar la URSS, casi parece comunista, no canta tanto (luego quedó cantoso a más no poder). La acérrima defensa de los crímenes cometidos por Israel en Gaza tampoco deja muy bien parada a Alemania (aquí lo comentaba). La geopolítica tiene esas cosas.

Con todo, Alemania sí produce ejemplos para predicar: treinta de las más potentes empresas alemanes se han conjurado en un una asociación por los valores: “Estamos por los valores” (“Wir stehen für Werte”, en alemán) contra el peligro que supone la extrema derecha en el país germano: la lista es larga y asombrosa: Siemens, Deutsche Bank, Volkswagen (que todo el mundo llama en Alemania VW, “fau-be”), BMW, Daimler, Allianz, Bosch, Henkel o BASF, entre otras muchas. También multinacionales como Ford u O2-Telefónica. En fin: ninguno de ellos sospechosos de abogar por una revolución comunista. No pocas de las empresas mencionadas tienen un horizonte no tan lejano y están emitiendo un “nunca más”: en su momento, colaboraron con el nazismo y emplearon trabajadores forzosos. Se agrupan contra el extremismo y el racismo. Según la web, las empresas están con “la diversidad, la apertura y la tolerancia”, valores que constituyen “los pilares de nuestra sociedad” y que además “mantienen el buen funcionamiento del sistema económico”. Dicho de otra forma: con la democracia la economía funciona mejor y suponen una garantía de competitividad en un mundo globalizado. Asimismo, se comprometen a defender con determinación dichos valores cuya protección —sostienen— es su responsabilidad. Esta especie de alianza empresarial presume, además, de emplear a 1,7 millones de personas diferentes de diversos orígenes. Por todo lo cual, se unen para “enviar una señal fuerte contra el odio y el populismo y a favor de la apertura y la diversidad como base de nuestra prosperidad”. No está mal ¿no? Sobre todo, en contraste con España.

 En Alemania, las empresas se unen contra el extremismo y en Spain…is different

En dicho país, por ejemplo, se está lejos de una iniciativa parecida: muchas de las empresas que acudieron a la llamada de Javier Milei el pasado sábado, 18 de mayo —algunas no acudieron, lo que les honra— estuvieron presenten durante las diatribas del ultra Milei sobre las bondades de la motosierra. Naturalmente, el precio pasa por recortar el capítulo social.

A más de uno se le vio un gesto incómodo. Pero ninguno aplicó el “esta boca es mía” cuando se desplegó el discurso de estado ladrón. Un poco a destiempo, aunque de manera decidida, empezaron a criticar las palabras de Milei cuando en su mitin de apoyo a Vox al día siguiente, insultó al presidente del gobierno y, por ende, a las instituciones españolas. El escándalo de ser palmeros de un fascista, porque acudieron a su llamada, no pinta bien, aunque supieron rectificar. En cualquier caso, no viene al caso rasgarse las vestiduras: un señor fascista viene a España a apoyar a otra formación fascista como VOX, con cuyo líder, Santiago Abascal, contrajo una deuda impagable porque, cuando nadie lo apoyaba, nuestro Santi lo arropó. Ahora toca devolver el favor. Al día siguiente, Milei marcharía a estar con sus admiradores de la formación de extrema derecha española ¿no lo sabían eso los empresarios del Santander, Telefónica o Iberia? En su descargo puede decirse —es broma, claro— que acudieron recelosas, como dice algún medio.  Pero Milei traía consigo, además de su libro, promesas de “abrir el cepo” a las empresas españolas en Argentina, para que estás puedan operar en condiciones de libre mercado en el país del Cono Sur: se trata de que las empresas puedan apropiarse del beneficio sin que —en palabras del presidente argentino— el estado te lo robe; o sea, que sin impuestos. Vamos, que los empresarios españoles sabían en dónde se metían, pero les seducía la idea de hacer negocios. Y, claro, en un país con una inflación interanual de casi un 300%, toda ayuda es bien recibida.  como se ha dicho, no desconocían los actos de apoyo a VOX al día siguiente. Un mandatario extranjero acude a un país que pone a su servicio los medios comunes para un tratamiento de Estado, si bien tal representante de dicho Estado no observa la regla básica de deferencia institucional de reunirse con el jefe del Estado ni con el presidente del gobierno del país anfitrión .Los empresarios españoles sabían que esto pasaría. Si vas a un país como jefe de Estado extranjero y no te molestas en saludar a los que dirigen las más altas instituciones de un país, esto es ya de por sí un insulto en un mundo tan reglado como el del protocolo en las relaciones internacionales. Lo que vino, francamente, no sorprendió a nadie. Quizá la virulencia, pero en ningún caso se esperó a un Milei con forma de cordero: sus años de declaraciones de odio en contra del más mínimo decoro institucional lo avalan.

 

Madrid, mayo de 2024: “VIVA24”, la internacional neofascista un día después del cónclave empresarial

El lugar elegido no es casualidad: Madrid es la capital de uno de los pocos países europeos donde un gobierno progresista ejerce el gobierno, y se acercan las elecciones europeas. VOX resistió en los últimos comicios catalanes y quiere seguir pudiéndolo hacer en Bruselas. Por todos es conocido que la derecha y la ultraderecha ven al gobierno español como un ocupa, como alguien que no tiene derecho a estar allí. La cuestión no es la ideología del gobierno de turno, sino la legitimidad democrática que lo llevó al poder.

El domingo, 19 de mayo, Milei acudió a un mitin para apoyar a sus admiradores y compadres ideológicos de VOX. La formación verde pudo presumir de capacidad de convocatoria, porque allí actuaron Marine Le Pen en carne y hueso, y telemáticamente, Giorgia Meloni (compositora del hit neofacha mundial identitario “Soy Georgia, soy una mujer, soy una madre, soy cristiana”). También estuvo allí otro ultraderechista como Amijail Chikli, ministro israelí —agárrense—de «lucha contra el antisemitismo». Entiéndase antisemitismo en la acepción de “protestar contra el genocidio que está perpetrando Israel en Gaza”. Dicha “defensa de Israel”, ya ha concitado oposiciones significativas como la de Karim Khan, fiscal de la Corte Penal Internacional, que ha solicitado una orden de detención contra Benjamin Netanyahu y otros miembros de su gobierno por los cargos de matar deliberadamente de hambre a civiles, homicidio intencionado y exterminio / asesinato de la población civil. Casi nada. Os conferenciantes se unieron Matt Schlapp presidente de la American Conservative Union, (derecha trumpista), y su mujer a directora de estrategia de comunicación durante la presidencia de Donald Trump (y con experiencia, por ejemplo, en la de Bush), la cubanoamericana Mercedes Schapp. VOX y la American (…) tienen como punto de unión al líder de la “internacional” ultraderechista populista Steve Bannon, exasesor de Donald Trump y condenado por obstaculizar la comisión de investigación estadounidense contra el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021. También fue asesor de Santiago Abascal, por cierto.

No podía faltar, del mismo modo, José Antonio Kast, líder de la oposición en Chile, admirador de Abascal y conocido negacionista (así, en general, de casi todo) del cambio climático, la dictadura pinochetista.

Otro identitario, una de las estrellas de la tarde, que a buen seguro le gustaría ser autor de un éxito disco similar al de Meloni, es Viktor Orbán, uno de los más veteranos líderes ultraderechistas de Europa. Una de sus perlas fue el llamamiento a ocupar Bruselas, algo muy “asalto del Capitolio”. Para cerrar la lista, cabe citar al exprimer ministro polaco Mateusz Morawiecki. Tanto el húngaro como el polaco están en el punto de mira de la UE por sus ataques al Estado de derecho y a la independencia judicial. Morawiecki se distingue, además, por ser partidario de las llamadas “zonas libres de ideología (sic) LGBTB”, denunciadas por diversas asociaciones de derechos humanos.  Hablando de asociaciones: destaca aquella para formar gobierno en Polonia con el partido (aún más) ultra Konfederacja. Dicha formación considera a la mujer una pertenencia del hombre.

No es la primera reunión ultraconservadora de este cariz. En 2022, por ejemplo, Santiago Abascal, tomó parte en la Conferencia Política de Acción Conservadora (CPAC) compuesta por personalidades políticas, cargos electos y activistas conservadores del mundo estadounidense. El encuentro se celebra desde 2010 y cuenta con el patrocinio de la Asociación Nacional del Rifle (NRA, en sus siglas en inglés). Abascal pudo compartir atril con Donald Trump, Javier Milei y Nayib Bukele (El Salvador). A la fiesta se sumaron, Nigel Farage, exlider de UKIP, uno de los partidos que más lucharon por meter al Reino Unido en el camino hacia ninguna parte del brexit, entre otros políticos conservadores de países como Gran Bretaña.

Volviendo a mayo de 2024, Milei, además de insultar a España y pasarse por la Puerta de Alcalá, aprovechó la oportunidad para perseverar en lo que dejó empezado en la reunión con los empresarios el día anterior. Si en dicha actuación se mostró comedido —si es que en tal personaje es ello posible—, la caña viene en su salsa: la ultraderecha europea y mundial: la Justicia social es una aberración. Con los empresarios platicó de quitar impuestos para que las empresas se puedan apropiar del beneficio. Con sus correligionarios ultraderechistas fue más lejos (en lo explícito, claro: no engaña a nadie en lo implícito) y aseguró que la justicia social es aberrante: el mercado lo puede todo. Los impuestos son robar, y la redistribución de la riqueza es para envidiosos que no tienen bemoles suficientes para ganarse el sustento. Los que tienen envidia del vecino, no pueden ver que éste sea rico y quieren su dinero. Ya dejó dicho VOX algo acerca de las paguitas, por cierto. Nada nuevo. En un ejercicio de simpleza y reduccionismo muy palmarios, vitupera al socialismo, al que designa como “cáncer de la humanidad”, una ideología que tiene rasgos oscuros, negros, satánicos, espantosos o atroces. Como si el gobierno de coalición español fuera bolivariano y comunista(Pablo Iglesias, conocido conservador, por ejemplo, no lo termina de tener claro ).Pero interesa una etiqueta fácil que todos puedan reconocer.

Las comparaciones con otros populismos, el currículo de sus compañeros de viaje y la instauración de los malos modos y la falta de educación en las relaciones institucionales como nueva forma de comunicación, hablaremos en la siguiente entrada.

Por Antonio Rando Casermeiro

Me llamo Antonio y nací en Santander en 1974, aunque soy, sobre todo, de Málaga. Soy licenciado en Derecho e Historia y doctor en Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales por la universidad de Málaga y quisiera dedicarme a ello. Soy un apasionado desde pequeño del este de Europa, especialmente de los Balcanes y Yugoslavia. Me encantan las relaciones internacionales y concibo escribir sobre ellas como una especie de cuento. Soy apasionado de escribir también cuentos y otras cosillas. Desde 2013 resido en Colonia (Alemania)

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