La foto representa el puente de Austerlitz sobre el río Ibar, en Mitrovica. Se trata de una infraestructura que se empezó a reconstruir en 2001 y que en teoría une las partes albano y serbokosovares de la ciudad. Es más una declaración de intenciones. El puentes está financiado por la comunidad internacional, pero la división entre los dos sectores étnicos de la urbe no se soluciona con un puente, pues la separación mental de comunidades es aún más poderosa que el río que discurre debajo.

En abril de 2023, representantes de Serbia y Kosovo se reunieron en Bruselas para discutir la creación de la Asociación de Municipios de mayoría serbia en el norte de Kosovo como parte de un acuerdo reciente entre ambos países. Señores y señoras: bienvenidos a la (enésima) cuestión candente de las relaciones entre Serbia y Kosovo.

En realidad, enunciar la cuestión así… ni siquiera el título queda libre de polémica. Se trata de dos entidades que no están al mismo nivel. Para la partealbanokosokosovar, Kosovo es un Estado. No así para Belgrado, que los sigue considerando una provincia. Jurídicamente es un poco así, Ya que Kosovo no está reconocido por todos los Estados. Aunque, en fin…el derecho y más en el ámbito de las relaciones internacionales y el derecho internacional público es asaz enrevesado: valga como ejemplo que, según el derecho internacional, España sigue siendo potencia administradora del Sáhara Occidental.

Tornando a esta esquina balcánica, los negociadores técnicos del diálogo Belgrado-Pristina discutieron hace un año los pasos iniciales para establecer la asociación de municipios de predominancia étnica serbia en Kosovo. También se presentó un borrador del equipo que manejará el proceso de establecimiento de la asociación, se discutió un acuerdo sobre personas desaparecidas y el reconocimiento mutuo de diplomas, y se acordó una reunión entre el presidente serbio y el primer ministro de Kosovo el 22 de abril. No se pudo materializar tal encuentro por la crisis de marzo de 2023.

Al fin, la reunión tuvo por fin lugar en junio de 2023 en Moldavia , con los auspicios (presión-amenazas) de la UE. Como se esperaba, el ambiente fue muy distendido entre Aleksandar Vučić y Vjosa Osmani, por Pristina). El primero acusó al segundo de mentir y de organizar tumultos en el Norte de Kosovo —aspecto que, por supuesto, negó el predsednik serbio—. Vučić, por el contrario, afirmó que la policía kosovar había actuado ilegalmente contra los serbios., a lo que Osmani espetó que Serbia quiere enviar de nuevo «a las unidades especiales de policía». Dichas unidades eran un eufemismo utilizado por el gobierno de Milošević a finales de los años 1990 para no hablar de ejército: se trata de policías que iban a Kosovo a calmar las cosas, como unos antidisturbios que van a actuar contra hooligans tras un partido de fútbol. Por lo menos intentaban cubrir un poco las apariencias (léase «operación militar especial de desnazificación de Ucrania» de Putin): Israel ni siquiera se preocupa por ello en Gaza hoy, al contar con el apoyo de EE.UU. y de Alemania: los actores más importantes del mundo y de la UE, respectivamente.

Antes, en febrero, se consiguió sacar adelante un (enésimo) «Acuerdo para el camino a la normalización de las relaciones entre Kosovo y Serbia» de febrero de 2023. Cómo estarán las cosas, que se habla de «camino a». Lo de normalización, tal como están las cosas, dejémoslo: al menos vamos a intentar transitar el camino hacia la misma. Como se plasma en el art. 6, el fin de la travesía es lograr «un acuerdo vinculante para las dos partes». De mucho no valió, pues poco después se produjo una de las crisis más alarmantes de los últimos años entre Belgrado y Pristina.

Claves del Acuerdo de 2023

En este Acuerdo se contiene lo siguiente:

Exhortaciones a que los «las dos partes quieren preservar la paz» y que —es más— «son conscientes de que es su responsabilidad». Pero eso no es todo: también aseguran estar comprometidas con la «cooperación regional fructífera y seguridad en Europa y a superar el legado del pasado»: esto es cinismo puro y duro. Pero coincide misteriosamente con lo que dice (obliga) la UE. Así que: démosle a la UE lo que quiere oír.

Por cómo actúan, no parece en absoluto que estén dispuestos a caminar la senda de lo bellamente expuesto, pues no hacen más que provocarse el uno al otro y adoptar medidas que en nada se engloban en la buena fe. Pero en fin…la UE está detrás, y ninguna de las partes va a declarar algo como «Las dos partes pasan de la paz, y van a hacer lo que les da la gana aun a riesgo de provocar una escalada de consecuencias imprevisibles». No, no se suele plasmar eso en un prefacio.

Como ya se ha dicho, se trata de un camino hacia el cumplimiento del acuerdo, no de implementar el acuerdo en sí mismo. El acuerdo consta de 10 artículos, en los que se abordan cuestiones ya más mas que manidas como que las partes se comprometen a llevarse bien (relaciones de buena vecindad, hasta la saciedad repetido por los negociadores comunitarios). Luego, cuestiones que sí atañen a la gente de a pie, como que ambas partes acepten los documentos, banderas, símbolos, matrículas, diplomas, sellos de aduana de la otra. Lo expuesto, que parece un aspecto básico, no lo es aquí de ninguna manera: ya ha habido escaladas repentinas porque una parte de repente decide no reconocer los —digamos— DNI de la otra. Para Serbia, por su parte, supone un ejercicio de sufrimiento indecible tener que aceptar unos sellos de aduana kosovares ¿perdón? ¿aduana de qué? Si ese estado del que Ud. me habla no existe. De ahí lo del camino, porque no es nada fácil. El argumento se vuelve a repetir en el art. 4: » ninguna de las dos puede representar a la otra en el ámbito internacional o actuar en su nombre». Esto va dirigido a los serbios, con rintintín. Es de recibo que Pristina no tiene intención alguna de representar a los serbios, pero Belgrado sigue insistiendo que Kosovo es parte de su territorio

El articulado sigue insistiendo en cuestiones que son de cajón para nosotros como el de guiarse por los principios de la Carta de la ONU. Y ojo, porque uno de estos principios —y se dice expresamente— es de igualdad soberana de los Estados. Reitero: Serbia no reconoce a Kosovo, por lo que mal vamos. Otros principios que se han querido plasmar son el de autodeterminación. Aún más ilusorio. Encadenada a esta cuestión se encuentra el no menos espinoso asunto y exigencia de la Unión de que se establezcan e intercambien entre Belgrado y Pristina «Misiones Permanentes» (art. 8); es decir: representación diplomática. Correcto: Serbia no está por la labor, pues ello sería aceptar de manera tácita que Kosovo es un Estado.

Parece, pues, que dicha estipulación está dictada al calor de la esperanza de que vengan tiempos mejores. Ahora no es factible.

En cuanto a lo de respetar los derechos humanos y la no discriminación los cuales, a fin de cuentas, y siempre con las numerosas excepciones, son más posibles de llevar a la práctica.

Resolver disputas por la vía pacífica sin el empleo de la fuerza ni el recurso a la amenaza (art. 3) es otro de los puntos recogidos. Parece un chiste, porque la policía kosovar envía a  desalojar a serbios de una iglesia ortodoxa (palabras mayores), con una represión que ha llamado la atención de Naciones Unidas y la UE. Y Serbia, demostrando su voluntad de arreglar las cosas, envía a la frontera a su ejército. Uno por otro y la casa sin barrer. De momento, en el cajón para cuando el ciento amaine.

Otros aspectos del articulado hacen referencia a que ninguna de las partes puede bloquear el acceso de la otra a la UE. La UE tiene que hilar muy fino en este campo ¿como? no dejando que entre uno antes que otro, pues podría vetar el ingreso de un nuevo Estado. Una vez que estén en la UE, hablaremos. Pero los dolores de cabeza para la UE serían indescriptibles con una serbia que está más cerca de entrar en la UE que Kosovo y vetando el ingreso su ingreso a tenor de su derecho de veto. Esto implica una consecuencia muy clara: Serbia no entrará en la UE hasta que se resuelva de Kosovo. Ello todos los saben, pero enfría mucho las esperanzas de los serbios.

En tanto que se llega al mencionado «acuerdo vinculante», se estipula en el art. 6 que, entre tanto, las partes colaborarán en esferas como economía, ciencia y la tecnología, el transporte y la conectividad,  relaciones judiciales y de aplicación de la ley, correos y telecomunicaciones, salud, cultura, religión, deporte, protección ambiental, personas desaparecidas, personas desplazadas» etc. Una señal de la impotencia de la comunidad internacional y la Unión para que las partes logren un acuerdo global es que se habla en el Acuerdo de «acuerdos específicos» en las materias mencionadas. Al menos avanzar desde abajo. Es lo que hay.

El artículo 7 es de importancia capital, porque plantea la cuestión de las municipalidades. Es lo que se conoce como estructuras paralelas de Serbia en Kosovo. Los serbokosovares, así, están en la práctica financiados y gestionados por Serbia. En las elecciones en los distritos serbios de Kosovo, los elegidos colaboran con Serbia, de forma que Pristina pinta poco allí de facto. Esto ha conllevado boicoteos serbios a lo poco de administración de la capital kosovar. El citado precepto busca que se normalice el derecho a los serbios a ser administrados de acuerdo a sus deseos e intereses pero fuera de Serbia que, como se ha dicho, mantiene estructuras de gobierno paralelas puenteando a las de Pristina. Ello es una fuente de conflictos garantizada. El Acuerdo pretende que sí, que Serbia pueda ayudar con la financiación a «sus» comunidades, pero una cosa es financiar y otra operar como Estado. Y dicho fleco es el que se quiere eliminar: «Serbia, saca tus sucias manos de Kosovo —aunque haya serbokosovares de por medio—», en la versión albanokosvar.

¿Como se lleva a cabo esto? de muy difícil forma. El art. 7 también establece que la Iglesia ortodoxa de Serbia debe mantener su estatus, es decir, casi como un Estado, intocable mientras cumpla con la legislación de Pristina. Casos similares con respecto a entidades serbias ortodoxas ya operan en otros países. El ejemplo más llamativo y curioso es el monasterio serboortodoxo de Hilandar en el Monte Athos en Grecia. Desde hace más de diez siglos —se cuentan en tal período abandonos, reocupaciones e incendios el siglo XVIII, los años 1970 y 2006 — dicho monasterio mantiene una autonomía que es respetada por Grecia e incluso —en diversa medida— por los sultanes otomanos.

El resto de las disposiciones inciden en lo mismo: colaboración buena voluntad, etc., si bien añaden un poco de zanahoria al palo: la Unión Europea financiará cualquier medida conexa a la ejecución de este acuerdo. Ayuda, por mucho que las partes permanezcan enrocadas en sus posiciones.

Entonces, si las partes no se pueden ni ver…¿por qué negocian?

Si Belgrado y Pristina pudieran vivir uno de espaldas al otro, a buen seguro lo harían, pero no pueden ¿por qué? porque la Unión Europea les obliga a entenderse…so pena de que el camino hacia la adhesión definido por algún observador como «un tren a ninguna parte«- sea aún más tortuoso de lo que ya es.

Negocian porque no les queda más remedio, no porque exista una voluntad de entendimiento. No es menos cierto que dichas conversaciones redundarán en mejores condiciones de vida para los habitantes de lose serbokosovares, si bien la calidad de vida de las personas suele ser un aspecto secundario en las relaciones entre los estados. Que se lo digan a los ucranianos de 2022-2024 (y lo que queda) gazatíes de 2023-2024 (llegará un momento en que no quede gente por matar ni edificios por destruir).

Las exigencias de la UE para ser estado miembro de la misma

Las relaciones bilaterales con los estados vecinos y de la zona son condiciones de todo aspirante a la membresía en la UE. Todos llevan ya pasos dados en la vinculación con la Bruselas.  Comenzando por los estados no miembros, existen convenios de cooperación en vigor y con buena marcha con Macedonia del Norte 1 y Kosovo con albania, algo habitual en estados con afinidad étnica y con los que no se mantuvo guerras. El caso es distinto con BiH donde, efectivamente, hay firmado un convenio que no está aún ratificado. Hay buen clima en cuanto a delimitación de fronteras, pero tampoco hay que olvidar que la parte de BiH fronteriza con Serbia corresponde al sector “serbobosnio” de la federación, entidad –como se ha visto en otras entradas– en sintonía con la Serbia de Vučić. Con otros países como Albania o Turquía las relaciones gozan de buena perspectiva.

En lo tocante a los países miembros, la tónica general son las buenas relaciones de Serbia con Bulgaria, Hungría, Rumanía y Grecia. La excepción la constituye un poco Croacia, país con el cual el trato es bueno pero con diversos malentendidos y discrepancias, quizá naturales de dos países que han estado en guerra.

Un año después del acuerdo de 2023, las cosas no parecen haber cambiado mucho y se cuentan diversos encontronazos entre las dos pares, pero eso lo veremos en otra entrada.

 

Por Antonio Rando Casermeiro

Me llamo Antonio y nací en Santander en 1974, aunque soy, sobre todo, de Málaga. Soy licenciado en Derecho e Historia y doctor en Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales por la universidad de Málaga y quisiera dedicarme a ello. Soy un apasionado desde pequeño del este de Europa, especialmente de los Balcanes y Yugoslavia. Me encantan las relaciones internacionales y concibo escribir sobre ellas como una especie de cuento. Soy apasionado de escribir también cuentos y otras cosillas. Desde 2013 resido en Colonia (Alemania)

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