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El mal rato

Creditos de la foto: montaje propio a partir de foto de JordanHoliday de Pixabay

Ayer las portadas alemanas y casi todas las europeas se despertaban con la resaca de una bebida espirituosa de alto octanaje y aún peor calidad: la victoria de AfD (Alternative für DeutschlandAlternativa por Alemania): el partido de ultraderecha negacionista del nazismo y propulsor de varias ―nunca mejor dicho― alternativas. Propuestas curiosas y frikis (y peligrosas) como preocupantes que analizamos en este artículo y en la serie que viene después. La resaca a la que hacíamos referencia no pilla a nadie con el paso cambiado: si compras un vodka―Schnapps, el aguardiente en el caso alemán, hablemos con propiedad― de calidad ínfima, sabemos que la mañana siguiente no va a ser agradable. Pero lo compramos. Y de esto es de lo que se intenta platicar en la presente entrada.

Alternativa por Alemania. Vaya nombre. Obsérvese, por cierto, cómo le gusta al populismo de extrema derecha ir de algo nuevo, de algo diferente, de algo queer, supuestamente al margen del sistema o que no tiene el sistema: que si la libertad que avanza, cuando es todo lo contrario; que si damos vox al pueblo, que no tiene, el pobre… o que ya está bien de políticos malvados, se acabó la fiesta. Ya basta: menos mal que estamos nosotros, que formábamos parte del sistema, pero queríamos un poco de protagonismo. No nos hacían mucho caso -todo hay que decirlo- y nos lo tuvimos que montar por nuestra cuenta.

Semántica aparte: los neofascistas o neonazis alemanes han arrasado en Turingia, y de milagro no hicieron lo idéntico en Sajonia, donde los conservadores de toda la vida, el CDU, se llevaron una pírrica victoria por la mínima. De acuerdo: son estados del este alemán que durante casi cuatro décadas integraron la República Democrática Alemana (RDA), estado comunista tutelado por Moscú (no me dirán que no suena a NODO esto último). Allí la Alemania espejo de democracia y prosperidad que todos invocamos cuando hablamos del país teutón no termina de funcionar. Van por otra parte, tienen otros tiempos, tienen otra mentalidad. La unificación alemana no lo fue tanto por estos lares (aquí lo comento un poco) y el este quedó entre resabiado y enfadado: nunca se logró una unificación plena y ―en muchos sentidos― los estados orientales (llamados Nuevos Estados, por los “anexionistas” del oeste, qué poco tacto) presentan una dinámica similar a los populistas ultraconservadores del este europeo como Orbán, Morawiecki y demás artefactos del Grupo de Visegrado.

Ahora Olaf Scholz, el Bundeskanzler, pide ―exhorta, lo que sea― que los demás partidos sigan aplicando el famoso cordón sanitario a la extrema derecha, algo que en los últimos tiempos la derecha tradicional no parece tener demasiado claro. Y es que el canciller se ve ya amenazado y pone sus propias barbas―y las de su coalición del semáforo― a remojar. Su gobierno, digamos, no es el mejor valorado en la  historia reciente alemana y cada vez que tiene lugar algún proceso electoral, los resultados se cuentan por varapalos. Llueve sobre mojado y las alcantarillas parecen desbordadas: elecciones europeas, elecciones regionales en Hesse y Baviera…economía regular a causa de la guerra de Ucrania o la de Gaza, inflación: campo idealmente abonado para que los falsos profetas de la mejora de la vida ―así, en términos generales― hagan su agosto (casi: el 1 de septiembre sigue siendo una resaca de agosto).

Esto ya viene de lejos, para qué engañarnos: el jefe de los conservadores europeos, Manfred Weber, pone desde siempre ojitos con el aludido grupo de Visegrado o los neopopulistas europeos en general. Ursula von der Leyen y otros líderes se lo afean, más bien de mala manera, pero tampoco demasiado porque, con el tiempo, la misma Ursula tampoco le hacía ascos a pactar con la extrema derecha en sede comunitaria. Ay, esto sin Angela Merkel no es lo que era. A ella sí que no le temblaba la mano si alguien osaba no hablar mal de la ultraderecha. La excanciller era de derechas, formada políticamente en la RDA y empachada de comunismo, pero sabía que la ultraderecha tampoco era mejor. Como todo habitante de la RDA, viene de una herencia de nazismo, guerras y pérdidas territoriales seguidos de cuarenta años de comunismo y pérdida de soberanía. No fue fácil, desde luego, vivir allí.

Y es que, claro, en la archidemocrática Francia el macronismo se escindió “En Marcha”, partido del actual presidente, y muchos diputados de dicha formación optaron por colaborar con el lepenismo. En España, por ejemplo, la derecha y la extrema derecha gobiernan juntas en muchas instituciones. No ha colapsado ―de momento― la democracia, y las actitudes de muchos políticos ultraderechistas, bueno, son atávicas, machistas, negacionistas del franquismo, retrógradas aunque, en fin, tampoco nos vamos a volver locos por un quítame-allá-esos-derechos. A Trump ya lo conocemos, a Bolsonaro, también, por no hablar de Nayib Bukele en El Salvador. Lo importante es estar en el poder. Que deo divan a Ursula von der Layen, quien coqueteó con la extrema derecha europea, en concreto, con Giorgia Meloni (amor a segunda vista, le llaman en Alemania). Sí, la reina de (ciertas) discotecas con su hit “Soy Giorgia, soy una mujer, soy una madre, soy italiana, soy cristiana”. Se dice que los políticos están alejados de la realidad pero ¿es que nuestra presidenta de la Comisión Europea no ve/lee estas barbaridades? Pues hay que decir que el coqueteo con la extrema derecha acabó transformándose en una cita: la presidenta de la Comisión Europea, -ya se veía venir- acabó favoreciendo una vicepresidencia del ultraderechista Raffaele Fitto

Sinceramente, me pareció en su momento que había dos posibilidades para explicar tal comportamiento: no quería entenderse con ellos y lo hacía para presionar en el sentido de que la izquierda votara a su favor, o 2) sí quería entenderse con ellos, pero quedaba mal..y eso es al final lo que ha sucedido. En serio: ¿puede sorprender a alguien que con tanta falta de firmeza el populismo de derecha acabe venciendo en el este alemán donde siempre había sido fuerte? ¿puede sorprender a alguien que, tras casi un año apoyando Berlín a un régimen racista, ultraderechista, expansionista y genocida como Israel alguien no vote a AfD? En cualquier caso―y esto es de cajón― el cordón sanitario contra la extrema derecha no está funcionando: lo normal, a tenor de lo descrito en el presente párrafo. Hace falta más energía, más pedagogía, más todo. Ursula von der Leyen, fomentando que la ultradeecha entre en el «gobierno» europeo, sólo da alas a que formaciones como AfD vuelvan a arrasar en las próximas elecciones regionales que son en Barandenburgo.

 

¿Quién es Bjorn Höcke?

Volvemos a Alemania, a Turingia, en concreto. El indiscutible vencedor de los comicios es un tal Bjorn Höcke, tipo tan polémico que sólo pensar en pactar con él ya da grima.

Inciso: Sara

El problema en el estado federado de Turingia es que cualquier acuerdo pasa por otra personalidad política que no tiene unas credenciales tan bestias como nuestro Björn, pero que también se las trae: Sahra Wagenknecht-Niemeyer, de la Alianza Sahra Wagenknecht – Por la Razón y la Justicia (alemán: Bündnis Sahra Wagenknecht – Vernunft und GerechtigkeitBSW, para los amigos), una formación que procede de una escisión del tradicional partido postcomunista La Izquierda (Die Linke). Esta señora es también populista, pero de izquierdas, si es que tal etiqueta ayuda en algo. Los populismos son asuntos no poco curiosos, y este no lo es menos. Por poner un ejemplo, se le ha definido como “izquierda conservadora”. En realidad, no es distinta de otros (nacional)populismos, en tanto que su pasión por ayudar al pueblo y su desprecio por la élite son su estandarte más vistoso. Una élite a la que, por supuesto, ella no pertenece, que va, después de décadas en Die Linke y estando casada con un político como Oskar Lafontaine, del SPD (socialistas). Su marido es un (ex) peso pesado de los socialdemócratas alemanes, con quienes ostentó cargos como ministro-presidente (Ministerpräsident) del pequeño estado de Sarre, para ser después candidato a Bundeskanzler por el SPD y ―su punto álgido― Finanzminister del gobierno alemán en el primer gabinete del canciller del SPD Gerard Schröeder (1998-2002). Luego se pasó a Die Linke y luego al BSW: lo que se dice un recién llegado a la política.

Dejamos el inciso y seguimos con Bjorn Höcke. Estamos ante un convencido nazi que ya ha sido multado por usar símbolos y lemas nazis. El tribunal de Halle (Sajonia-Anhalt, este) lo condenó en 2024 a bonar 16900 euros por ensalzar al régimen nazi (eso sí, fraccionado en cómodas cuotas de 130 días-multa). Y es el segundo juicio ya. El hecho delictivo:  decir “Todo por Alemania”. Pero, a ver…si eso lo dicen todos. En España, en Francia, en cualquier sitio ¿qué político no quiere darlo todo por su país? En realidad, no es tan sencillo. El lema en alemán es “Alles für Deutschland”. Bueno ¿y qué? Pues no es inocente. Es que resulta que tal eslogan estaba impreso en los famosos puñales que recibían los nazis cuando habían completado ―exitosamente, se entiende― su formación nazi: hasta entrada en Wikipedia tiene. En principio fue un lema utilizado por los paramilitares nazis de la SA Sturmabteilung, la milicia armada de del partido nazi. Así que, digámoslo así, es intraducible: viene a significar todo para Alemania (en alemán para y por se dicen a veces de la misma forma). De paso, todo para Alemania, vamos: Polonia, Rusia, donde había judíos y diversos Untermenschen (infrahumanos―léase mala gente eslava) y, claro, había que quitarlos de ahí o darles algo que hacer. Es cierto que no pronunció el lema de forma aislada, lo normal, porque es demasiado evidente: las palabras que le costaron la multa fueron “Todo por nuestra patriatodo por Sajonia-Anhalt, todo por Alemania”. Pero se pasó de listillo porque, esta vez, sí le procesaron. Y es que el Código Penal alemán lo condena dentro del epígrafe “Uso de signos de organizaciones inconstitucionales y terroristas”, un eufemismo, la primera parte del apartado, de “nazi”; para que andarnos con tonterías. Y es que este Björn se cree que se las sabe todas y procedió de la siguiente forma: “todos por…” y animaba con el brazo a los asistentes en su arenga (acaecida en Gera, como no, Turingia); sus acólitos respondían “Deutschland” (Alemania) como si estuvieran en un partido de fútbol. A mí que no me miren ¿eh?, que yo no he dicho eso. Le faltó hacer con los dedos índice y medio el gesto de “¿lo pilláis?”

Sin embargo, el presidente del tribunal que juzgó a Höcke dejó claro que nada de ir de listillo, que el político es una persona elocuente, que sabe hablar, y que es inteligente. La expresión, además, es percibida por casi todos los alemanes como lo que es: un rollo nazi. Por si cupiera algún tipo de duda, Höcke ya había tirado de lemas nacionalsocialistas con anterioridad, en una campaña electoral en 2021 en Meseburg (Sajonia, donde el AfD perdió por la mínima el pasado domingo). Y hay mucho más: su lenguaje violento y agresivo (y nazi) es de sobra conocido. En 2015, por ejemplo, en las manifestaciones de Erfurt en el otoño de dicho año, Höcke llamó a sus rivales políticos “traidores al pueblo” y “gentuza”. También “violadores de derechos fundamentales” (cantinela muy nacionalpopulista, llamar lo que son ellos a los otros). Como veremos a continuación, soñó un “imperio de mil años para Alemania” (un sueño húmedo de Hitler). Naturalmente, como no podía ser de otra forma (lógica nazi), destacó que la edad dorada del imperio alemán fue entre 1871 y 1914. La primera, la fecha de unificación definitiva de Alemania; la segunda, máximo auge territorial, económico y mundial alemán (de tal imperio ―y de los que consideran que sigue vigente― hablaremos en sucesivas entradas). Por tanto, pensó el magistrado ponente del tribunal que lo juzgó: nada de trucos ¡A mí!

Sin embargo, Björn sabe hacer otras muchas cosas más: entre otras, además de convencido nazi, es convencido homófobo, que acusó en 2016 al gobierno de Turingia de dejar de financiar excursiones escolares para invertirlo en entretenimiento gay. Un amor de persona.

Una cosa lleva a la otra y, como no podía faltar, Bjorn Höcke es autor de diversas diatribas contra la reunificación familiar de los solicitantes de asilo desde 2015 (estamos en plena crisis migratoria ocasionada por la avalancha de refugiados a causa de la guerra civil en Siria). Lo dicho, según su relato, implicaba que Alemania absorbería siete millones de inmigrantes, carga, para él, inasumible para el país. La mayoría de ellos, para colmo, musulmanes (véase la propia web de AfD, no se trata de algo que dicen que dice). La realidad fue bien distinta. En 2015 se contaron 366.000 sirios (cifra que triplicó a 2014 y multiplica por diez la de 2011). Los solicitantes de asilo del mencionado Estado ascendieron a 637.000 en 2016 y su número ha ido escalando, pero no llegan, ocho años después (2023) , al millón de personas. Además. No eran los únicos que llegaban a Alemania. Durante los años 1990 el país sufrió gran afluencia de refugiados como consecuencia de las guerras balcánicas.

Höcke critica también la acogida a los ucranianos, si bien no con tanta virulencia, porque no son musulmanes. Por añadidura, es un declarado admirador de Vladimir Putin, por lo que es de esperar que sus simpatías no basculen hacia los sufridos ucranios. Sostiene, en este sentido, que la clase media alemana está compuesta por tontos que financian los caprichos del Estado (acogida de inmigrantes ucranianos y de toda procedencia) mientras faltan plazas en las guarderías. Muy populista todo.

Hay más, claro: Höcke es por supuesto antivacunas, antihomosexuales (si bien existe entre dicho grupo gran cantidad de votantes de AfD, paradojas de la vida). Con respecto a lo segundo, el discurso de AfD se esfuerza por proclamar que la formación no es antihomosexual. Esto no está reñido con declaraciones que entran de lleno en lo homofóbico. Las perlas expulsadas por Höcke en este campo no son pocas. Así, clama contra el actual  Zeitgeist (“espíritu del tiempo”, palabra alemana que no merece la pena ser traducida, pero que se acercaría a algo similar a mentalidad colectiva, entre otras muchas acepciones): dicho Zeitgeist no puede ser aceptado, es menester defender la “familia natural”, la “sexualidad natural”, que ―qué duda cabe― sólo puede darse entre un hombre y una mujer. No conformándose con ello, califica la homosexualidad como desviación o error de la naturaleza. En fin…otros miembros prominentes de la AfD de Sajonia o de Berlín ya han sido denunciados por odio al colectivo homosexual o llamarles degenerados. Con todo, los hay más creativos: algunos diputados sajones de la formación ultra tienen otra sugerencia como la de encarcelarlos, como hacen en el Magreb. Serán musulmanes, pero esto en Marruecos no pasaría: algo bueno debe tener esta gente.

Con todo, la formación de extrema derecha no tiene nada contra los homosexuales: vosotros votadme y ya luego hablamos. Habría que recordar a muchos votantes LGTBI de AfD que Höcke es, más que homófobo, nazi; y debieran tener en cuenta que el nazismo exterminó con denuedo a los homosexuales del mismo modo que lo hizo con diversos grupos étnicos como judíos o gitanos.

Pues este es el nivel, con independencia de que, en cualquier caso, no es un lobo solitario ni mucho menos. En los próximos posts, analizaremos los compañeros de viaje, los mentores, diversa gente de AfD que está conectada, a su vez, con grupúsculos más a la (extrema) derecha aún, que son pesadillas de la inteligencia alemana, que dedica no pocos recursos al problema. Hablaremos del círculo de amistades de Bjorn Höcke, que salta a la palestra informativa ahora que ha ganado las elecciones en Turingia pero que está lejos de ser nuevo. Llevaremos a cabo, así, un recorrido por los Reichsbürger y sus conectados colegas del Reino de Alemania.

Sin embargo, el temporal está aún lejos de amainar: Bjorn Höcke podría estar acompañado en el grupo de vencedores ultraderechistas del Este por Christoph Berndt, , quien alberga serias posibilidades de victoria las elecciones regionales de Brandenburgo el 22 de septiembre próximo.

condensed version in English:

The Far Right in Thuringia: An expected victory I

Björn Höcke and His Circle

 

The unpleasant “surprise”

Yesterday, German and European headlines reacted to the AfD’s (Alternative for Germany) victory, a far-right party that denies the Nazi past and promotes dangerous ideas. This hangover wasn’t unexpected—if you buy cheap vodka (or Schnapps in Germany), you know the next morning won’t be pleasant.

The far right made significant gains in Thuringia and narrowly lost in Saxony. These are former East German states that have not been fully integrated with Germany or the West since reunification, resembling Eastern European populist movements such as Orbán’s. The far right made significant gains in Thuringia and narrowly lost in Saxony.

Chancellor Scholz is now urging parties to keep isolating the far right, but his coalition is losing popularity. Economic struggles, war-related inflation, and upcoming elections are fertile ground for populists. This isn’t new—conservative leaders like Manfred Weber have “flirted” with far-right groups in Europe, and even Ursula von der Leyen has worked with them.

Without Merkel’s firm stance against the far right, the political climate has shifted. Scholz’s government faces an uphill battle as right-wing populism continues to grow in eastern Germany. The isolation strategy isn’t enough—more action and education are needed.

Who is Björn Höcke?

In Thuringia, Germany, Björn Höcke, the controversial leader of the far-right AfD (Alternative for Germany), recently won the regional elections. Höcke is notorious for his extreme views, including Nazi sympathies. He was fined €16,900 in 2024 for using Nazi slogans like «Alles für Deutschland» (All for Germany), a phrase linked to Nazi paramilitary groups. His speeches often promote nationalism, racism, and xenophobia, criticizing asylum seekers, particularly Muslims and to a lesser extent Ukrainians. He also opposes LGBTQ+ rights and Covid-19 vaccines, making him a highly polarizing figure in German politics.

Despite his controversial nature, Höcke’s AfD continues to gain traction, especially in East Germany, where his populist rhetoric resonates with discontent over immigration and government policies.

 

 

 

 

 

 

 

Por Antonio Rando Casermeiro

Me llamo Antonio y nací en Santander en 1974, aunque soy, sobre todo, de Málaga. Soy licenciado en Derecho e Historia y doctor en Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales por la universidad de Málaga y quisiera dedicarme a ello. Soy un apasionado desde pequeño del este de Europa, especialmente de los Balcanes y Yugoslavia. Me encantan las relaciones internacionales y concibo escribir sobre ellas como una especie de cuento. Soy apasionado de escribir también cuentos y otras cosillas. Desde 2013 resido en Colonia (Alemania)

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