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Créditos imagen: montaje realizado con fotos de The DigitalArtist y Filip Filipović, de pixabay ambos

Podría muy bien realizar un (publi) reportaje acerca de lo que han sido estas 100 entradas, estos cien artículos desde marzo de 2023. Podría montar un “especial” conmemorando tal cifra. No obstante, no llevaré a cabo semejante empresa. La razón viene dada porque ya existe una entrada celebrando el año de este espacio virtual. Allí analizamos los hitos de la política internacional que he abordado a lo largo de un año. Sin embargo, hete aquí que esta oportunidad de los cien artículos viene que ni pintada para otro tema que ha sido no poco recurrente: el deporte…en su perspectiva política y su influencia en las relaciones internacionales, claro está. La vertiente política del deporte ha ocupado no pocos posts y ha sido colateral en otros. Un diez por ciento del espacio ha acabado, a la postre, platicando sobre el tándem fútbol/deporte-política/diplomacia exterior/internacional. Vamos con este post de nuevo de temática deportiva: qué mejor actividad para cumplir 100 entradas.

Es cierto que los Balcanes, Ucrania, Rusia y el mundo eslavo nos han ocupado no poco trabajo, aunque otra temática fue ―y continúa siendo― habitual en este blog: el deporte entendido como herramienta muy significativa de la política exterior: un elemento de poder blando de los Estados para lograr prestigio. Prestigio…poder bando ¿fue antes el huevo o la gallina? De hecho, los Balcanes, Ucrania, Rusia tienen en el fútbol no pocas polémicas que desbordan lo meramente deportivo.

En cualquier caso, nos hacemos la promesa de volver a ellos tarde o temprano, aunque, como ya hemos dicho, es difícil separar ambos aspectos

 

La política del deporte (olímpico): medallero y (más)  geopolítica

Andamos todos de resaca olímpica y paralímpica casi. El medallero es un escaparate magnífico para exhibir el poder bando de los países. Llama la atención que países de poca talla en términos de población, superficie o potencia económica destaquen en estas clasificaciones. Tales son los casos de Yugoslavia, Cuba (en su momento, hablaremos de este triste supuesto en breve) o Alemania Oriental, un país pobre y con escasez que sin embargo consideraba la obtención de medallas como un asunto de Estado. Teníamos a los Estados Unidos y la Unión Soviética y el pique estaba claro, parece como obligatorio. Las dos superpotencias del mundo bipolar de entonces tenían que demostrar al mundo que los sistemas comunista o capitalista eran los mejores…hasta mejor rendimiento deportivo producían.

Lo dicho, proyectado a escalas más pequeñas, como si de desmontar matrioskas se tratase, es más intenso. De este modo, nos encontramos con rivalidades enconadísimas como Alemania Occidental y Alemania Oriental. O Corea del Norte y Corea del Sur. Vamos a un ejemplo concreto donde todavía regía la bipolaridad mundial. Con el término “bipolaridad” se hace referencia a la división en bloques geopolíticos entonces: EE.UU. y la URSS… si bien en el sentido de no andar demasiado bien de la azotea también, podría aplicársele al asunto en su vertiente psicológica sin desmerecer lo más mínimo, recurriendo al tópico, “es de locos”. Es infantil cada uno en perpetua competición no se sabe muy bien para qué, porque correr más que el otro, nadar más rápido que el otro o meter más goles que el otro sólo implica que, efectivamente se corre más que el otro, se nada más rápido que el otro o se marcan más goles que el otro: más no hay, por mucho que podamos hacer una lectura en clave de poder blando. Hoy los bloques geopolíticos han cambiado, pero el trasfondo es el mismo.

Los locos años 1980: el boicot a unas Olimpiadas como modus operandi de las superpotencias en un mundo bipolar

Hagamos una ruta por juegos olímpicos relativamente reciente. Ya está: Moscú 1980. Pues no, porque esa cita olímpica fue boicoteada por EE. UU. y sus aliados, en teoría por la invasión soviética de Afganistán. No es menos cierto que el país norteamericano venía de bombardear Guatemala a finales de los años 1960 y que estaba hasta sólo hacía cinco años metido hasta las trancas en una “intervención” de una década en Vietnam, aunque, en fin: así es la política.

No hay problema, buscamos otro encuentro olímpico; vamos a los siguientes juegos: Los Ángeles 1984…un momento…no, tampoco: esta vez fueron los soviéticos y sus seguidores quienes los boicotearon. Tomaron nota de las olimpiadas celebradas en la URSS: si tú no vas a mis olimpiadas, yo no voy a las tuyas. Pues mal esta década para el espíritu olímpico. Sólo nos quedan de mundo bipolar los JJ.OO. de Seúl 1988. Aquí si pudieron desafiarse a ver quién tenía más grande el medallero, y no de manera total. Como veremos, no estuvieron todos. La tabla acabó dominada por la URSS y Alemania Oriental. Seguía a esta última EE.UU., que no logró el segundo puesto por una sola medalla. El cuarto fue Corea del Sur, que competía en casa y eso siempre ayuda. Alemania Occidental ocupó el quinto puesto.  La China de Deng Xiaoping pugnaba desde finales de la década de 1970 ―y estaba logrando buenos resultados― por despegar económicamente. Muy poco a poco. Sin molestar a nadie y sin estridencias, ascenso pacífico y todo eso. Obtuvo un muy discretito un décimo puesto en el medallero final. Que no está mal, pero no estuvo ni entre los diez primeros, que una cosa es que no seas la URSS o EE.UU. y otra que con el tamaño e importancia de China no entres entre los diez mejores.

Cocinando el nuevo entorno: la rivalidad EE.UU.-China está servida

Veinte años después, en los JJ.OO. de Pekín 2008, sí que iban a por todas. Ayudados ser el “equipo local”, los chinos arrasaron, sacándoles a los estadounidenses una diferencia de 22 medallas de oro (aunque en el cómputo total de metales si que superó Estados Unidos al país asiático). Tan increíble resultado hizo a los norteamericanos ponerse las pilas para Londres 2012, ya no serían pillados por sorpresa de nuevo. En la sede londinense fue la delegación olímpica estadounidense la más laureada, sacando a los chinos 18 medallas de oro y volviéndose a llevar el conteo general de medallas. Para Río de Janeiro 2016 quedaba claro que el país del Tío Sam había aprendido la lección, volviendo a superar a China con mayor diferencia aún. Con todo, no eran los americanos quienes tomaron cartas en el asunto: en Pekín se conjugaron para volver a inquietar a EE.UU. en el medallero olímpico: los estadounidenses obtuvieron mejor cosecha olímpica, pero sólo quedaron una medalla de oro por encima de China. En los recientes JJ.OO. de París, China y EE.UU. empataron en oros (40 medallas), superando los segundos ―por enésima vez― a los primeros: o es necesario ser un superanalista para dilucidar cuál será el próximo objetivo del deporte olímpico chino. Como se ve, el deporte olímpico está lejos de ser una cuestión estrictamente deportiva en un contexto en el que una China, por mucho que ya no sea tan potente como antaño, se perfila como la segunda potencia mundial en el próximo decenio.

Un aviso: estén muy atentos a India. China no va a tener la oportunidad de disfrutar mucho su triunfo en el escalón más alto del pódium de superpotencias, porque va abriéndose paso, a codazos, la que llamar la mayor democracia del mundo. Estamos hablando, qué duda cabe, de India. Para un país que amenaza con moverle el asiento a China en lo económico, es de reseñar la escuálida cosecha de medallas logradas en París 2024: sólo 6. Ningún oro, una plata y cinco bronces. Lituania, Kirguizistán y Corea del Norte están por delante del nuevo gigante asiático, que ostenta un ínfimo segundo puesto. Los norcoreanos se afanan porque brillar en deporte equivale a brillar en la geopolítica del orbe. A medida que los indios vayan creyéndose que son, efectivamente, una superpotencia, llegará el afán por aplicarse en el frente olímpico. Tiempo al tiempo

Potencias deportivas, potencias geopolíticas. El caso cubano

Junto a estos países, y volviendo a Seul ´88, vemos entre los diez primeros a tres países del bloque socialista: Hungría, Bulgaria y Rumanía. Yugoslavia, obtiene un meritorio puesto 16, el país líder del Movimientos de los No Alieneados representaba a su “partido”, en principio ajeno a los dos bloques. Y Cuba… ¡vaya! No estuvo, en solidaridad con Corea del Norte ―otra vez Corea del Norte―. Parecía imposible durante la década de 1980 celebrar unos juegos con normalidad.

Cuando el medallero habla de mala situación en un país

Si a quienes vivimos en ella nos revienta el pecho de orgullo cantar el Himno Nacional, escuchar sus acordes en la trompeta de Alexander Abreu o mirar las palmas desde las ventanillas de un avión, al regreso de un viaje, no es difícil imaginar la emoción de quienes, como ustedes, sienten lo mismo viviendo lejos de Cuba.”

Miguel Díaz-Canel, presidente de Cuba, noviembre de 2023

Y el supuesto cubano es paradigmático.  Cuba se tomaba muy en serio unas olimpiadas. Teniendo en cuenta lo escaso de sus recursos (aunque su influencia a nivel mundial la configuraba como potencia en el campo geopolítico), el país caribeño siempre ha logrado una buena posición en el conteo final de medallas de oro: 3 en Múnich´72, 6 en Montreal´76, 8 en Moscú´80 (con la “particularidad” arriba reseñada), 14 en Barcelona 1992, 9 en Atlanta 1996, 11 en Sídney 2000. Muy meritorio, sin duda alguna. Sin embargo, el deporte, que es una potente herramienta de imagen y prestigio, se te puede volver en contra.

Si la sangría de cubanos ―cualificados y sin cualificar― que abandona la isla, en especial tras la pandemia, es un hecho de dominio público, ahora toca el turno a lo que fue antaño la joya de la corona, el deporte. La cosecha de metales ha bajado a mínimos: sólo se han logrado dos oros. Ello no quiere decir que no haya otros deportistas cubanos que consiguieron tan ansiado objetivo. Muy al contrario, existe una verdadera “delegación” de deportistas cubanos “mercenarios”, por así decirlo, que compiten y obtienen medalla con otros países. Es exponente de una situación grave del país que se manifiesta en la fuga de atletas. La pérdida de deportistas se dio siempre en mayor o menos medida, pero los últimos años, en particular desde la pandemia, y en concreto en París 2024, fueron catastróficos. La última frontera se está cayendo también. Ello no hace sino dar cuenta de la difícil situación que atraviesan los cubanos. Los hay que compiten por España, lo que puede entrar dentro de la normalidad pues, al fin y al cabo, subsisten vínculos culturales e idiomáticos. Lo que ya hace arquear una ceja es cuando, en un combate de boxeo, puede verse al entrenador de Azerbaiyán dando instrucciones a su púgil… ¡en perfecto español cubano! Hay más: dicho púgil (Loren Alfonso), conquistó el oro olímpico derrotando ¡a otro boxeador cubano!, el dos veces medalla de oro olímpica Julio César La Cruz. Y esto son sólo dos ejemplos de 21 deportistas cubanos que compitieron bajo las enseñas de otros países: dramático. En Cuba ya están acostumbrados y les da igual la camiseta que lleven puesta. Son los suyos. Prueba de ello es que el mencionado campeón del cuadrilátero dedicó su victoria a Cuba. Faltaría más. Hasta el presidente Díaz-Canel cubano tuvo que aplaudir.

Trayendo a colación las palabras del mandatario que reproduzco al principio de este apartado, hay que recalcar que al líder cubano no le iba a estallar demasiado el pecho al escuchar los acordes del himno cubano, porque sólo hubo dos medallas de oro.

            Para otro país, pase; para el EOR de ninguna manera

Ya hemos visto a cubanos participar en los JJ.OO. bajo las banderas de otros países, pero no sólo: en un caso muy nítido de las implicaciones del deporte en la política internacional, dos deportistas caribeños también formaron parte de otro equipo: el Equipo Olímpico de Atletas Refugiados del Comité Olímpico Internacional (COI), conocido por EOR. Esto ya es harina de otro costal y Cuba montó en cólera por ello.

Antes de proseguir, conviene aclarar un poco que es esto del EOR (aquí un esquema). Dicha delegación está integrada por atletas procedentes de países por los que no pueden competir debido a ser objeto de persecución, guerras y otros óbices. Se trata de más de cien millones de desplazados. Como dice su web, se compone de 37 atletas de 15 países que toman parte en 12 deportes. El mencionado portal sostiene que “el equipo demuestra al mundo que los refugiados son un enriquecimiento para la sociedad”, además de constituir un “testimonio de resiliencia y excelencia” y enviar “un poderoso mensaje de esperanza, pertenencia e inclusión”.

El EOR se halla en íntima conexión con la Fundación Olímpica de Refugiados, organismo que facilita un manual para la protección del deporte (está en español, entre otros idiomas). En dicho manual se habla de cosas con las que muy difícilmente podría estar de acuerdo cualquier autoridad de un país. Así, se señala que “millones de personas han huido y huyen de sus hogares buscando seguridad frente a conflictos, violencia, persecución y violaciones de los derechos humanos”. Estas personas ―según la fuente anterior― luchan contra la pobreza, son normalmente jóvenes y están solos y desasistidos en su etapa de tránsito a la edad adulta. Se marca como objeto la fundación la de protección infantil, empoderamiento juvenil y deporte para el desarrollo y la paz. Se incide especialmente en la población joven, como se ha dicho la cual, por razones obvias, es la que suele estar en la plenitud deportiva.

Ningún Estado va a aceptar que se estén dando en su país las circunstancias que enumera el manual y se describen en la web del EOR. En consecuencia, Cuba protestó airadamente contra la inclusión de dos de sus atletas en el EOR. En Cuba no hay pobreza, ni opresión, ni persecución, ni violencia ni vulneraciones de los derechos humanos… lo que sería negado por el hecho de que dos cubanos formen parte del EOR. Estas afirmaciones serían inaceptables no sólo para el país caribeño; del mismo modo, son inadmisibles para países como EE.UU. No es menos cierto que Cuba no es la panacea de la libertad y los derechos humanos, si bien tampoco es un país en guerra o en situación de seguridad precaria. Hay muchas carencias materiales y de derechos, pero compararlo a un país en guerra es pasarse de frenada, máxime cuando hay estados como Israel que no conocen obstáculo alguno para participar en unos juegos. De igual modo, hay otros estados que tienen vetado formar parte de la cita olímpica como Rusia. La lógica nos dice que no se trata de hacer concursos de atrocidades, sino de que tanto desde Moscú como desde Tel-Aviv se dan instrucciones que implican miles de muertos entra la población civil, a la que ocasionan sufrimiento. La única diferencia son los apoyos.

Volviendo al país de la llave del Caribe, el Comité Olímpico Cubano (COC) cargó contra la prensa internacional y el COI, en tanto que los deportistas cubanos incluidos en el equipo de refugiados no se encuentran en situación de desarraigo a causa de la guerra o de la persecución. Era de esperar: la República de Cuba clamó contra lo que, a su juicio, se trataba de una clara motivación y manipulación políticas. Para las autoridades deportivas de la Habana, la inclusión de los dos deportistas cubanos ―en especial, el piragüista Fernando Dayán Jorge, muy beligerante contra el régimen cubano― suponía una clara “violación de la Carta Olímpica y de las reglas que establece el COI para todos los deportistas que participan en los Juegos Olímpicos”.

     Los que no vuelven

Volviendo a enlazar con el discurso de Díaz-Canel, en lo relativo a volver a casa, las autoridades cubanas tienen que estar muy atentas sobre a quién mandan fuera a competir, porque muchos nunca vuelven a Cuba ni competirán más por su país (aquí un ejemplo, varios). No estamos hablando de los peloteros (jugadores de béisbol) quienes, como pasa con los baloncestistas puertorriqueños, prefieren jugar en la mejor liga del mundo, del mismo modo que un balonmanista danés o sueco quieren competir en equipos alemanes o un futbolista francés o croata quieren hacerlo en España o Inglaterra. Por el contrario, hablamos de atletas que representan a la delegación nacional de Cuba y, simplemente, no vuelven: se quedan en aquel país al que teóricamente sólo llegaron para competir.

Deportistas que no realizan el camino de retorno, deportistas que se inscriben en el EOR: no es una mala noticia para una Cuba que se desangra en todos los sentidos y ve cómo un aspecto tan importante de cara al ejercicio del poder blando como es el deporte se le escapa de las manos.

 

The Political Side of Sports: 100th Article of «el mundo desde un taburete»

Though the blog often is focides in the Balkans, Ukraine, Russia, and the Slavic world, another common theme is the role of sports in international politics. About 10% of the posts are about how football and sports connect with politics and foreign diplomacy. So, this 100th article will focus on the political side of sports, especially in international relations

The Politics of (Olympic) Sports: Medals and Geopolitics

After the recent Olympic and Paralympic Games, the medal table is an excellent showcase of soft power. Countries like Yugoslavia, Cuba, and East Germany, despite their small size or economic struggles, often excelled in the rankings. The Cold War rivalry between the USA and the Soviet Union also reflected this competition in the sports arena, with each superpower trying to prove their system’s superiority through athletic achievements.

The 1980s: Olympic Boycotts in a Bipolar World

In the 1980s, Olympic boycotts became a common practice. The USA and its allies boycotted the 1980 Moscow Olympics due to the Soviet invasion of Afghanistan. In response, the Soviet Union and its allies boycotted the 1984 Los Angeles Games. The rivalry between East and West Germany, North and South Korea, and other Cold War divisions played out in the Olympics as well.

U.S.-China Rivalry in Sports

By the 2008 Beijing Olympics, China emerged as a dominant force, beating the USA in the gold medal count. However, the USA came back stronger in subsequent Olympics, such as London 2012 and Rio 2016, where they outperformed China. The recent Paris 2024 Olympics showed China and the USA tied in gold medals, signaling that the sports rivalry between the two superpowers is far from over.

India’s Potential as a Rising Sports Power?

India, the world’s largest democracy and a growing economic power, only won six medals in Paris 2024. However, as India rises as an economic giant, it is expected that its sporting achievements will also improve. In the future, India may challenge China and the USA on the global stage…maybe.

Cuba: From Sports Power to Decline

Cuba has historically excelled in the Olympics, winning numerous medals despite its limited resources. However, recent years have seen a sharp decline, with only two gold medals in Paris 2024. Many Cuban athletes now compete for other countries, highlighting the country’s internal struggles and the exodus of talent. The Cuban government protested the inclusion of two Cuban athletes in the Olympic Refugee Team (EOR), which they saw as a political manipulation by the International Olympic Committee (IOC).

 The Exodus of Cuban Athletes

Cuba is losing many of its athletes to other countries or to the Olympic Refugee Team, reflecting the country’s broader social and political issues. This decline in sports success also signals a weakening of Cuba’s soft power on the global stage.

Por Antonio Rando Casermeiro

Me llamo Antonio y nací en Santander en 1974, aunque soy, sobre todo, de Málaga. Soy licenciado en Derecho e Historia y doctor en Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales por la universidad de Málaga y quisiera dedicarme a ello. Soy un apasionado desde pequeño del este de Europa, especialmente de los Balcanes y Yugoslavia. Me encantan las relaciones internacionales y concibo escribir sobre ellas como una especie de cuento. Soy apasionado de escribir también cuentos y otras cosillas. Desde 2013 resido en Colonia (Alemania)

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