Zoran Đinđić y Europa herida en Serbbia
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Las relaciones serborrusas en las eras post-Milošević y Putin: Serbia como cabeza de puente de la penetración rusa en los Balcanes

El mundo ruso también tiene su vertiente serbia. De entre otros teóricos, cabe citar a los rusos Yelena Guskova y a Aleksander Dugin.

La primera es historiadora y especialista en relaciones internacionales. Trabajó para Naciones Unidas en Croacia y es una activista anti-OTAN declarada que mantuvo lazos con el controvertido extremista serbio Vojislav Šešelj, acusado de crímenes contra la humanidad por el Tribunal Penal para la antigua Yugoslavia (TPIY). Relata lo que — a su juicio— fue el heroísmo serbio durante los años 1990. Dicha cualidad corre, como no podía ser de otra forma según la cantinela clásica, peligro de perderse con el acercamiento a la UE y a Occidente. Este lema machacón lo  repetiría, del mismo modo, una y otra vez Putin: la OTAN obliga a e Serbia, Montenegro, Macedonia y Republika Srpska a mantener una actitud anti rusa. Propugna que los hermanos eslavos (rusos) deberían pararlo (¿quién mejor que ellos?). En cuanto al dirigente de la Republika Srpka, es, a juicio de Guskova, un hombre valiente porque se atreve a decir no a Occidente y cuyo “país” está llamado a ejercer de Piamonte serbio en los Balcanes. Está hablando, por supuesto, del otrora moderado conciliador llamado a portar la tranquilidad a parte de los Balcanes: Milorad Dodik. Ahora, la onda conciliadora quedó bastante atrás: es más de insultar, como Milei o Aleksandar Vučić.

En cuanto al segundo, Aleksandr Duguin, es un filósofo, sociólogo y analista político de extrema derecha ruso . Es firme partidario de la arraigada idea en muchos sectores serbios y rusos según la cual todo acercamiento a la UE es una traición. Asimismo, destaca por ser el creador de la idea de “geopolíticas euroasiáticas”, donde por supuesto está Serbia incluida y donde, como no podía ser de otro modo, Rusia debe ser la cabeza. Su pensamiento pasa por la colaboración entre grupos de extrema derecha y extrema izquierda. Su interés en Serbia comienza por la página web Srpska.ru hoy extinta, que departe sobre los cristianos ortodoxos en Kosovo, Ucrania y la “república” de Donetsk. En ella destacan —o destacaban—los numerosos vínculos a webs grupos de extrema derecha.

El primer mandato de Serbia en la era post- Milošević, Vojislav Koštunica (2000-2003) supone una fase de transición. Slobodan Milošević es desalojado del poder mediante unas elecciones en 2000. De nuevo Rusia se erigió en protector de los serbios, si bien, desde su particular visión, «los serbios» están encarnados en Milošević. Con arreglo a lo dicho, la narrativa rusa califica el derrocamiento como un golpe de estado. Moscú se negó por ello a felicitar al ganador y futuro presidente Vojislav Koštunica y siguió apoyando a Milošević aun cuando éste estaba procesado por el TPIY. El exmandatario murió en prisión sin ser juzgado y Rusia concedió asilo a su familia Su viuda, Mirjana Marković, residió en Moscú hasta su fallecimiento en 2019.

Con Koštunica al mando de la RFY se abre una nueva etapa en la que se trata de dejar atrás el aislamiento (ocasionado por las sanciones internacionales) que caracterizó al anterior régimen. Su caso es arquetipo de pragmatismo. Siendo en esencia un hombre, aun rival de Milošević, similar en ciertos planteamientos, su actuación política se sitúa sin embargo en otros parámetros. Una de las principales metas de la política exterior serbia —que no la única— es el ingreso en la UE. Dicho empeño, lógicamente, no podía gustar a Rusia, que hasta el último momento no reconoció al ganador de las elecciones Koštunica como futuro presidente, contra el criterio del resto del mundo. Moscú comienza a ver con más claridad que la UE es su competidor más inmediato en los Balcanes —China no era tan potente ni tan decisivo como ahora, aunque comenzaba a marcar territorio . Vojislav Koštunica es recibido por la UE, que se muestra dispuesta a asistir a Belgrado en su firmeza de convertirse en nuevo estado miembro. Pero Koštunica, pese a ser contumaz opositor de su antecesor, dista de ser un proeuropeo convencido. Y es que la aspiración serbia de unirse al club comunitario ha suavizado las pulsiones más contrarias a los valores europeooccidentales: Koštunica  sigue siendo un nacionalista, y no precisamente de los moderados, pero sabe que el camino de Serbia pasa sí o sí por el ingeso en la Unión. Y sí, es de creer que le caigan más simpáticos los rusos, pero las cosas son como son: que sí, que la retórica flamígera está pero que muy bien, pero lo bueno para Serbia está muy clarito.

Koštunica no es un santo…

Koštunica nació en el seno de una familia anticomunista (es hijo de un oficial del Ejército Real Yugoslavo), por lógica opuesta al sistema de Milošević, pero afín a él en muchos sentidos: sus ideas son nacionalistas y hablan de la Gran Serbia, participando de la retahíla de lamentaciones victimistas de fronteras impuestas sin respetar la voluntad del pueblo, serbios oprimidos, de Yugoslavia como patria natural de los serbios, etc. , etc. Asimismo, protesta por la situación de los serbobosnios de la RS, imanes para la serbianidad, a quien se les impiden sus aspiraciones nacionales. También apoya a Radovan Karadžić, criticando la detención del serbobosnio cuando esta tuvo lugar. La comunidad internacional es otro de sus demonios: cree en la injusticia de que todos los países tienen derecho a expandirse excepto Serbia, confinada al Drina . Con Milošević coincide en la idea del papel dominante del pueblo serbio, siendo partidario de la supresión de las autonomías de Kosovo y Vojvodina en 1989 y manteniendo una opinión que tiende a minimizar o negar los crímenes cometidos por los serbios. Así, el error del presidente serbio no fue haber sumido a Yugoslavia en cuatro guerras, sino su visión “comunista” del nacionalismo serbio, que dejó de lado la de la tradición e identidad nacional, amén de un excesivo autoritarismo y la corrupción generalizada del sistema. En resumen: Milošević no fue lo suficientemente patriota. El nacionalismo de Koštunica, así, no es agresivo como el de otras potencias sino, en la línea de victimización del pueblo serbio, defensivo y benévolo con otros pueblos pero, ojo: no nos equivoquemos: si hay que hacer guerra santa, se hace… no quiere decir que sea el medio óptimo, como se verá después Es, en todo caso, un demócrata convencido, pero bastante sui generis: es un demócrata nacionalista (con toda la carga que tal término conlleva en los Balcanes, no hablamos de España), que promueve una nueva federación yugoslava en la que debe asegurarse el control serbio indubitado sobre Kosovo y Vojvodina, pero, también -y esto es lo más grave- sobre las zonas de Croacia y BiH habitadas por serbios.

…pero sabe lo que conviene

Este bagaje nacionalista, antioccidental y anti-OTAN es el que acumulaba cuando se presentó a la UE y a la comunidad internacional en 2000, deseoso de pasar página. Ahora bien, si algo ha caracterizado a Koštunica – y es  su principal baza- ha sido su pragmatismo. Su verdadera ideología panserbia no le obstó a pensar lo siguiente: el mundo odia a los serbios, pero se necesita avanzar. En virtud de lo dicho, pero también por convencimiento sincero, no tuvo reparos en escribir que las guerras de los años 1990 no fueron el mejor método para conseguir objetivos y que se podía haber logrado mucho más con instrumentos políticos y medios de información. Quiere un país basado en la sociedad civil, no autoritario, conectando con lo que quiere la UE. Su pasado de activista por los derechos humanos —habiendo sufrido personalmente los excesos de un régimen autoritario— es de sobra conocido, así como su oposición a Milošević. Por añadidura, atesora otra cualidad: es íntegro, lo que ya era mucho en la RFY de entonces; de hecho, una de las virtudes de Koštunica que más apreciaban los serbios era no haber protagonizado escándalo de corrupción alguno: no era poca cosa entonces.

Como presidente, destaca su voluntad de recomponer sus relaciones con los países que una vez compusieron Yugoslavia, no siempre de la manera más acertada: su visita histórica a Croacia, por ejemplo, contrasta con la que lleva a cabo a la llamada RS con motivo de un funeral, cuando seguían sin restablecerse aún las relaciones diplomáticas con BiH, Por mucho que avisara al gobierno de Sarajevo de que dicha visita tenía un carácter privado. Fue una forma gratuita de desacreditarse en la esfera internacional. Es cierto que el viaje comentado podía servir también para tranquilizar a parte de su electorado y para responder a las acusaciones de político comprado por Occidente y lacayo de los intereses occidentales. No obstante, no es menos cierto que uno que uno de sus objetivos fue también establecer relaciones diplomáticas con BiH .
Con respecto a la colaboración con el TPIY, que le exige la UE, mantiene una visión ya trillada por su oponente Milošević y que compartía gran parte de la población serbia: es un tribunal político, no judicial, selectivo con los serbios: antiserbio, para más señas. Pese a ello, defiende la necesidad de colaborar con el mismo en cuanto que representa oportunidades en la esfera internacional que deben ser aprovechadas porque, pese a su sueño de una Gran Serbia, aplica el realismo político: se precisa un estado civil, pues un estado nacional sólo lleva a prolongar la situación de guetización de Serbia, lo cual coloca a Serbia en un estatus semicolonial.

En lo tocante a las relaciones internacionales de Serbia, es de la opinión de que no hay que perder la perspectiva: tras la Guerra Fría, Estados Unidos es el país más fuerte. Con arreglo a esto Rusia, con independencia de lo querida que pueda ser y con enorme agradecimiento por su labor de apoyo, es un aliado bastante débil, con demasiados problemas internos . Y es que la situación no es la misma: la UE acepta la solicitud de Serbia. La consecuencia es que será incluida en Proceso de Estabilización y Asociación (PEA) lo que, entre otros beneficios, supone asistencia económica. Esto no implica, en ningún caso, cortar los lazos con una Rusia que sigue necesitando y que es una de las principales valedoras en la cuestión de Kosovo. Así, apenas comenzado su mandato, Koštunica viaja a Moscú a entrevistarse con el nuevo mandatario ruso, un semidesconocido Vladimir Putin, que llevaba poco tiempo en el cargo, visita que el líder ruso devolverá en 2001. Se abordan asuntos como el suministro de gas o el pago de la deuda ocasionada por la asistencia económica rusa a una Serbia aislada y devastada por la(s) guerra(s). Pero hay otros temas: el presidente serbio expone argumentos que en parte asume Putin, en torno a la idea de que tanto el comunismo soviético como las democracias occidentales no son tan distintas, calificándolas de sistemas totalitarios del siglo XX en tanto que ambas perjudican siempre a los serbios: la democracia soberana está servida. Conforme a ello, Estados Unidos es calificado de totalitarismo democrático . Y es que Koštunica necesita a Rusia para no depender totalmente de su denostado mundo occidental y contraponer el aliado ruso al predicamento de la OTAN o la UE en la zona. A tenor de esta concepción, Serbia debe ser proeuropea pues, entre otras razones, depende de la ayuda financiera comunitaria; pero también prorrusa: un complicado juego de equilibrios en el que no siempre es fácil preservar la coherencia. Con todo, Koštunica rechazó la idea propuesta por Rusia de unirse a la Unión de Rusia y Bielorrusia.

Ambos, Koštunica y Putin, son acusados por sus correspondientes sectores más radicales de tibios, vendidos , en especial el primero quien, de acuerdo con este discurso, sacrifica Kosovo o la Repúblika Srpska a cambio de la asistencia económica de la Unión: es un mercachifle. En cuanto a Rusia, Putin toma nota de lo enunciado por el líder serbio y se afianza en protector o abogado del estado balcánico. Pero también exhibe pragmatismo; así, reconoce la victoria de Koštunica, y permanece impasible ante los duros-ultamontanos rusos, que lo califican de marioneta de la OTAN. Este viraje de la diplomacia rusa puede venir dado por el hecho de que, a fin de cuentas, el cambio de régimen en Belgrado mejora las posibilidades de Rusia en el escenario internacional: es mucho más fácil hacer lo que hace todo el mundo que enrocarse en no reconocer a un Koštunica que, se diga lo que se diga, ha ganado las elecciones en su país. En cualquier caso, el líder del Kremlin comprará el relato de Koštunica, apoyando a Serbia en la cuestión de Kosovo y culpando del conflicto a la intolerancia nacionalista y religiosa y al extremismo albaneses .
Como conclusión del período se constata que, ya descartada la veracidad del constructo de la hermandad secular serborrusa pero siempre potente como instrumento de poder blando ruso, tiene lugar por la Federación Rusa una apuesta más decidida por asistir a Serbia, una relación de mutua conveniencia que seguirá siendo promovida por Vladimir Putin durante su largo reinado.

Serbia, buena cabeza de puente de Rusia ante el  avance europeo
A medida que va avanzando el siglo XXI, Putin se empeñará con denuedo en contener a la UE en el este: Ucrania amenaza la influencia rusa en la zona al aproximarse a la UE. Rusia se encuentra, además, siempre vigilada por la potencia china, que le va restando protagonismo paulatinamente. Para luchar contra la UE, Putin se aplica en fomentar la inestabilidad, desde el apoyo a los países euroescépticos del Grupo de Visegrado, donde los valores formulados por Putin encuentran eco a sostener (junto con China) a Bashar el-Assad en Siria, pasando por le injerencia en Cataluña en 2017: la UE sigue con el asunto en febrero de 2024. Es cierto que, tras unos momentos complicados, la UE acaba por recuperar el pulso tras la salida de la crisis económica de 2008-2018 y el apoyo a una recuperación más solidaria de la crisis ocasionada por el SARS-CoV-2, que golpeó con dureza a la UE (y a todo el orbe) durante 2020 y 2021 en especial.

Djindjić: la esperanza efímera

Un hecho que va a conllevar cambios es la llegada de Zoran Djindjić al cargo de primer ministro (2001-2003) del gobierno de Koštunica, iniciándose una peligrosa cohabitación. El presidente del gobierno es hoy en día un pasado mítico y un símbolo. En 2023 y 2024 es un clásico su efigie y su retrato en las protestas contra la deriva autoritaria de Aleksandar Vučić.  El presidente Koštunica, como se ha dicho, quiere modernizar el país, pero es a la vez un hombre del viejo régimen, por lo que la élite del país no se siente incómoda con él, pero no sucede así con Djindjić, hombre con experiencia en países europeos y profundo partidario del europeísmo, lo que ineluctablemente lo coloca en rumbo de coalición con las élites del país y con Rusia, en tanto que dichas élites son decididamente prorrusas. Una muestra de ello es que se contempló la unión con Rusia y Bielorrusia, en plena indignación durante la campaña de bombardeos de la OTAN contra Serbia en 1999 . Djindjić pretende acometer una reforma integral del país. Su deseo es renovar por completo la administración, el ejército, las fuerzas especiales, los medios de difusión estatales con medidas expeditivos si la ocasión lo requiere. Además, se propone llevar a Milošević al TPIY. Era demasiado para una élite que tenía mucho que perder, por lo que le costó al primer ministro la vida en un atentado en 2003. El primer ministro fue blanco de las invectivas de la mencionada Yelena Guskova, que acusaba al primer ministro de tener bloqueados a verdaderos patriotas como Koštunica y Šešelj, así como de vender a Milošević al “antiserbio” TPIY. Aleksandr Dugin, el otro teórico del “hermano ruso” en Serbia es más crudo al hablar del asesinado Djindjić en el quinto aniversario de su muerte, calificándolo de “marioneta de Occidente que se merecía la bala que lo mató”, ya que pagó por su intención de integrar a Serbia en la UE el precio de la renuncia a Kosovo. La llegada de Putin al poder en el Kremlin, de acuerdo con esto, supone una oportunidad de revertir la situación de Serbia. Según el pensador ruso, el propósito de la UE y Occidente es desmembrar Serbia, provocando la secesión del Sandžak y de Vojvodina de Serbia -del mismo modo que sucedió con Kosovo-. Asimismo, la RS desaparecería , algo en lo que insiste Dodik de manera recurrente, al asegurar que el gobierno de Sarajevo quiere convertir la federación en un estado musulmán. Así, una de sus bestias negras es el Alto representante para Bosnia y Herzegovina (OHR), surgido de los Acuerdos de Dayton (1995) para implementar dicho tratado de paz. Los OHR suelen ser de países de la UE y asistidos por cargos estadounidenses. Para Dodik tienen como finalidad boicotear el desarrollo de la RS .
En cuanto a la relación con Rusia, el ferviente europeísmo de Djindjić no le impidió ver que había que mantener los lazos, pues Serbia es dependiente de Moscú en muchos sectores estratégicos, en especial el del gas ruso; el recurso natural es un arma de Moscú, como ya se ha descrito, para lograr objetivos políticos (se lo pueden decirt a los moldavos y a los europeos, en especial alemanes, al comenzar la invasión de Ucrania). Fuera de ahí, no hubo mucho más en la esfera de profundizar relaciones con Rusia, pues más bien la intención era lo contrario.

El asesinato de Djindjić no dejó mucho margen para mayor especulación. Sus autores y planificadores infiltraban la seguridad del estado, que a su vez estaba en parte tomada por la mafia, en concreto el clan de Zemun, conectado a su vez con los llamados “Tigres de Arkhan” grupo paramilitar serbio que operó en las guerras yugoslavas, perpetrador de crímenes de guerra y contra la humanidad. El nombre de la operación del asesinato del primer ministro no deja lugar a equívocos «Stop la Haya»: junto a la cooperación con el TPIY, la lucha contra dichos clanes mafiosos y el en general contra el crimen organizado es uno de los requisitos que la UE estipula para la adhesión . Lógicamente -traición a Serbia o no- la delincuencia organizada difícilmente podía permitir un camino hacia la adhesión que implicara su desaparición o la lucha contra sus organizaciones.

Boris Tadić (2004-2012), el último euroepísta
La presidencia de Boris Tadić (2004-2012), órgano de nueva creación, supuso un impulso definitivo en el proceso de adhesión de Serbia a la UE, marcando como hitos la entrega al TPIY, entre otros, de Radovan Karadžić (2008) y de Ratko Mladić (2011). Al mismo tiempo, su actuación se caracterizó por un juego de equilibrios complicado entre su europeísmo y la relación con Rusia: el precedente de la muerte de Djinjić era una espada de Damocles que pesaba sobre su cabeza de manera constante. En cualquier caso, Tadić necesita a Rusia en especial en la cuestión de Kosovo. Moscú se declara firme partidaria de Serbia, pero quizá pudo tener un precio: el aumento de la influencia rusa, que se manifiesta, amén de otros asuntos, en el suministro de gas. A tenor de lo dicho. Se firma con Dmitri Medvedev (testaferro de un Putin de 2008 a 2012, pues la constitución rusa le impedía a Vladimir otro mandato) una serie de acuerdos que incluían la adquisición por parte de la todopoderosa empresa rusa Gazprom de la gasística-petrolera estatal serbia Nis, trayendo como consecuencia le monopolio ruso del gas en Serbia y el paso de un tramo del gasoducto ruso South Steam por territorio serbio . Ambas operaciones fueron realizadas en condiciones de total opacidad, vulnerando las reglas de competencia de una UE a la que Serbia quiere pertenecer. Menos mal que Tadić era el europeísta que pilotaba el paso de Serbia a la modernidad y a la Unión Europea y el alejamiento de Rusia, pero es que lo que hay, es lo que hay. No pudo hacer mucho más.

Vuelve el euroesceticismo y el (mayor) acercamiento a Rusia: Nikolić y Vučić

Las presidencias de Tomislav Nikolić, y Aleksandar Vučić (2012- actualidad) constataron la instalación del nacionalismo antaño radical y un regreso al hermano ruso. Por mucho que la línea oficial insista en el no alineamiento. Ambos presentan credenciales nacionalistas (Vučić se encargó de la propaganda ejerciendo un ministerio durante el régimen de Milošević). Nikolić, ex ultranacionalista, forma parte de la generación de políticos que reniega de su pasado radical para abrazar la “causa” europea, aunque al mismo tiempo, no ocultan su querencia por Rusia. Oficialmente, no obstante, declara que Serbia tiene propio camino, lo que se ha dado en llamar política exterior pluralista, que venía operando de antes. Sin alinearse ni con la UE, ni con Rusia. Ante la ONU se decanta por que su país tiene como meta la integración en la UE, pero también con otros poderes mundiales -lo que indica una referencia velada a Rusia- para que «Serbia no sea colonizada por la UE».

Su sucesor Alexander Vučić, antiguo portavoz del partido de Milošević, exhibe una retórica nacionalista con menos complejos que quienes le precedieron y es considerado por muchos un peligro para la seguridad de la región.Vučić relanza la relación con Rusia. Sin embargo, ya no es el único rival en la zona: tiene que competir con China el favor serbio, y no siempre lo consigue: el país asiático tiene inundada la región de los WB6 con empréstitos de tal envergadura algunos de ellos, que la soberanía de dichos estados puede verse seriamente comprometida .

Aleksandar y Vladimir tienen mucho en común
Vučić y Putin se entienden bien, pues sus narrativas son similares: ambos coinciden, en primer lugar, en que sus países mantienen serbios y rusos fuera de sus fronteras y aspiran a reagruparlos en la madre patria. Sin ahondar más en el caso ruso: un sector de serbios irredentistas, entre los que destaca Vučić (aun no exteriorizándolo) sueña con reintegrar Montenegro o la RS a la madre patria serbia. En segundo lugar, ambos participan de un victimismo a tenor del cual Occidente les margina y frustra sus aspiraciones nacionales. En este sentido, Rusia sufre sanciones por parte de la UE, EE. UU. y otros países . Serbia ya salió de dicha fase, pero ha transitado por la misma experiencia durante los años 1990 y parte de la década posterior. Además, el país sufrió la campaña de bombardeos de la OTAN. Dicha intervención se llevó a cabo al margen del Consejo de Seguridad de la ONU y estuvo dirigida por EE.UU. Ergo: la Alianza Atalántica es otra de las bestias negras de ambos gobernantes.

Así, Rusia es considerado un buen amigo. Sin embargo, es una relación asimétrica en la que Moscú actúa más de “padrino” que de hermano. La influencia rusa en un país con un gobierno prorruso quizá se les esté yendo de las manos; y distintos analistas hablaban y siguen hablando do abiertamente de rusificación en el sentido aún más estricto de putinización . Nikolić apuestó sin ambages por Rusia al declarar que los dos países son “socios al más alto nivel ”. Muchos se preguntan si este apoyo ruso sobre todo en la cuestión de Kosovo no es demasiado caro y le está costando a Serbia esa soberanía de la que tanto gusta a hablar al servicio exterior ruso. Vučić, por su parte, profundiza en la relación con Moscú, al permitir que Rusia instale una base militar camuflada de centro humanitario (2016), lo que se completa con una oficina de enlace de Rusia en Serbia para fortalecer los lazos militares (2020), pese a saber que es incompatible con el programa de Asociación para la Paz de la OTAN, del que Serbia forma parte. La consecuencia potencial más grave es que crea inquietud e inestabilidad en toda la región de los WB6, en especial en BiH, Kosovo y Montenegro .

No obstante,Vučić sabe que, sin perjuicio de su admiración sincera por Rusia, no debe dejar de lado el proceso de integración en le UE. Ello  entraña una contradicción, pues resulta claro que Rusia y la Unión Europea no comparten los mismos valores en lo relativo a Estado de derecho y valores democráticos, entre otros. El caso de Ucrania es muy ilustrativo. En lo tocante a las sanciones que la UE puso en marcha contra Rusia tras la anexión de Crimea y la desestabilización del Dombás en 2014. Serbia no puede o no quiere molestar a su aliado ruso, por lo que se niega a aplicarlas bajo la mirada del embajador ruso en Belgrado, Alexander Chepurin, quien, añadiendo presión sobre Belgrado, declara que “no espera que Serbia aplique las sanciones por presiones de la UE”, a los que responde Ivica Dacić, ministro de exteriores serbio de una forma bastante irónica: declara que apoya la integridad de todo país del mismo modo que apoyó la S/RES/1244 , que establecía la integridad territorial de Serbia, en una nada velada referencia al apoyo occidental casi unánime a la declaración unilateral de independencia de Kosovo. Ahondando en el sarcasmo, afirma que Serbia no puede imponer sanciones a un amigo que nunca se las ha impuesto a él, en otra clara alusión a las sanciones sobre la RFY en su momento. Así Serbia se retrata como el único país europeo (junto a Bielorrusia) que no aplicaría las sanciones a Rusia con motivo de la invasión de Ucrania, irritando a una UE a la que pretende acceder. Los medios de propaganda rusos insisten para que la Serbia no sucumba al chantaje de la UE .

 

en la próxima entrada, algo (aún) más interesante: «La posición serbia ante la invasión rusa de Ucrania: equilibrismo diplomático»

Esta entrada es parte de mi artículo, revisado y actualizado:

LOS CONSTRUCTOS POLÍTICOS DE “MUNDO RUSO” Y “FRATERNIDAD ESLAVA” A LA LUZ DE LA INVASIÓN DE UCRANIA DE 2022: EL CASO DE SERBIA

 

Resumen:

La Federación Rusa utiliza dos herramientas para posibilitar o acrecentar su influencia, en especial en el ámbito eslavo: el “mundo ruso”y el constructo de la“fraternidad eslava”. La primera presenta dos manifestaciones: en primer lugar, la protección de las minorías rusas en un área que considera de influencia rusa (Transnistria en Moldavia, Osetia del Sur y Abjasia en Georgia, Crimea y el Dombás1 en Ucrania); en segundo lugar, al negar a ciertos Estados eslavos su carácter nacional, éstos pasan a ser considerados rusos, o una forma de serlo (Bielorrusia, Ucrania). En ambos casos, el corolario es un derecho de intervención para proteger a las minorías rusas.En cuanto a la “fraternidad eslava”, el constructo se aplica a otros pueblos que, si bien no se consideran rusos, son para Rusia “hermanos eslavos”: es el caso de Serbia, que se aborda en el presente estudio. Así, la invención de la idea de una “fraternidad eslava” secular, de protección a la nación serbia, sirve a Rusia –en especial, desde la guerra de Kosovo– para incrementar su influencia en grandes sectores de la opinión pública serbia.

Palabras clave: Balcanes occidentales, Serbia, Rusia, invasión rusa de Ucrania, mundo ruso, fraternidad eslava.

 

THE POLITICAL CONSTRUCTS OF “RUSSIAN WORLD” AND “SLAVIC BROTHERHOOD” IN THE LIGHT OF THE 2022 RUSSIAN INVASION OF UKRAINE: THE CASE OF SERBIA

Abstract:

The Russian Federation uses two tools to facilitate and extend its influence in the Slavic post-Soviet sphere: the “Russian World,” and its twin idea “Slavic brotherhood.” The first tool is expressed in two ways: first, protection of Russian minorities in an area that Russia considers its sphere of influence (Transnistria in Moldova, South Ossetia and Abkhazia in Georgia, or Crimea and Donbas in Ukraine). Second, Russia denies the national character of cer-tain states, such as Belarus and Ukraine. Instead, both are defined as Russians, or ways of being Russian. In either case, the consequence is that Russia reserves its right to (military) intervention to protect the Russian minorities.Regarding the second tool, Slavic brotherhood, this construct is applied to other peoples who are not considered by the Kremlin to be Russians, but fellow Slavs. This is the case of Serbia, dealt with in this paper. Perpetuating the myth of “Slavic Brotherhood” allows Russia—particularly since the Kosovan war—to increase its influence in large sectors of Serbian public opinion.

Keywords: West Balkans, Serbia, Russia, Russian invasion of Ukraine, Russian world, Slavic Brotherhood.

 

LES CONSTRUITS POLITIQUES DU « MONDE RUSSE » ET DE LA « FRATERNITÉ SLAVE » À LA LUMIÈRE DE L’INVASION DE L’UKRAINE EN 2022: LE CAS DE LA SERBIE

Résumé:

La Fédération de Russie utilise deux outils pour permettre ou ac-croître son influence, notamment dans la sphère slave: le « monde russe »et la validation de modèle de« Fraternité slave ». Le premier présente deux manifestations : premièrement, la protection des minorités russes dans une zone qu’elle considère comme d’influence russe (Transnistrie en Moldavie, Ossétie du Sud et Abkhazie en Géorgie, Crimée et Donbass en Ukraine) ; deuxième-ment, en déniant à certains États slaves leur caractère national, ils en viennent à être considérés comme russes, ou l’étant d’une certaine manière (Biélorus-sie, Ukraine). Dans les deux cas, le corollaire est un droit d’intervention pour protéger les minorités russes.Quant à la « fraternité slave », le construit s’applique à d’autres peuples qui, bien qu’ils ne se considèrent pas russes, sont pour la Russie des « frères slaves » : c’est le cas de la Serbie, lequel est abordé dans cette étude. Ainsi, l’invention de l’idée d’une « fraternité slave » laïque, pour protéger la nation serbe, sert à la Russie – surtout depuis la guerre du Kosovo – pour accroître son influence dans de larges secteurs de l’opinion publique serbe.

Mots clés : Balkans occidentaux, Serbie, Russie, invasion russe de l’Ukraine, monde russe, fraternité slave

 

Por Antonio Rando Casermeiro

Me llamo Antonio y nací en Santander en 1974, aunque soy, sobre todo, de Málaga. Soy licenciado en Derecho e Historia y doctor en Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales por la universidad de Málaga y quisiera dedicarme a ello. Soy un apasionado desde pequeño del este de Europa, especialmente de los Balcanes y Yugoslavia. Me encantan las relaciones internacionales y concibo escribir sobre ellas como una especie de cuento. Soy apasionado de escribir también cuentos y otras cosillas. Desde 2013 resido en Colonia (Alemania)

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