Créditos foto: Deni beli, CC BY-SA 4.0 via Wikimedia Commons

Esta entrada es un actualización y ampliación de la aparecida en enero de 2024 en este blog

Los condenados de Srebrenica

El TPIY clasificó por primera vez la masacre de Srebrenica como genocidio en un fallo de 2001, cuando condenó al exgeneral del VRS Radislav Krstić a 35 años de prisión por complicidad en genocidio. En 2024, Krstić escribió una carta manuscrita reconociendo públicamente el genocidio cometido contra los bosnios musulmanes en Srebrenica, de la que hablaremos después.

Hasta la fecha, 54 personas han sido condenadas por el genocidio de Srebrenica por diversos tribunales, tanto por el TPIY como por otras instancias nacionales. Juntos, suman 781 años de prisión y cinco cadenas perpetuas. El marco, la caída de Srebrenica el 11 de julio de 1995 en poder de los serbobosnios, cuando más de 8.000 bosníacos (bosnios musulmanes). fueron asesinados.

El excomandante del Ejército de la República Srpska (VRS), Ratko Mladić, fue condenado a cadena perpetua por el TPIY, por genocidio y crímenes de lesa humanidad cometidos durante la guerra en Bosnia y Herzegovina entre 1992 y 1995. El tribunal también dictó en 2019 una cadena perpetua contra Radovan Karadžić, expresidente de la entidad de la República Srpska (RS). Además de Karadžić y Mladić, otras tres personas fueron condenadas a cadena perpetua por el TPIY por su implicación en el genocidio de Srebrenica: en 2010, el exjefe de seguridad del ejército serbobosnio (VRS), Ljubiša Beara (que murió en Berlín en 2017), Zdravko Tolimir, excomandante adjunto de Inteligencia y Seguridad del Estado Mayor del VRS, condenado en 2015 y fallecido en 2016 de cáncer (y llorado por Dodik como una gran pérdida para los serbios). Cierra la macabra lista de reclusos perpetuos el teniente coronel Vujadin Popović, del Cuerpo del Drina del VRS, por delitos de genocidio, exterminio, asesinato y persecución de bosníacos..

Otros militares del VRS fueron, del mismo modo, sentenciados a largas penas de reclusión por su participación en el genocidio. Entre ellos figuran Drago Nikolić (35 años), Dragan Obrenović (17 años), Momir Nikolić (20 años), Radivoje Miletić (18 años) y Ljubomir Borovčanin (17 años).

No sólo fue Srebrenica: nadie ( o a eso se aspira) puede resultar impune o vivir tranquilo si ha participado en genocidio o delitos de lesa humanidad: son los casos, Jovica Stanišić ex oficial de inteligencia  y Franko Simatović, un medio croata, también oficial de inteligencia y comandante de Unidad Especial de la Policía en Croacia.

Stanišić colaboró en la creación de centros destinados a la formación de voluntarios y reclutas, quienes posteriormente fueron incorporados a unidades especiales vinculadas a la Seguridad del Estado de Serbia, desplegadas en distintos puntos de Croacia. Entre esas unidades se encontraban un sinfín de milicias de actividad criminal hiperactiva y lo que podría denominarse como paramilitares, entre otras, los Boinas Rojas, los Escorpiones, los Tigres de Arkan, la llamada «policía de Martić», la milicia de las Regiones Autónomas Serbias (SAO Eslavonia, Baranja y Srem Occidental – SAO SBZS), así como las Unidades de Operaciones Especiales (JSO) y las Unidades Antiterroristas (JATD).

Fueron condenados en 2023 (tras ser arrestados en 2003 y tras una  absolución inicial ) por el Mecanismo Residual (ver abajo) por su participación en una empresa criminal conjunta que incluyó, entre otros crímenes, el asesinato de seis civiles bosniacos procedentes de Srebrenica en la localidad de Trnovo, en 1995. Stanišić salió libre a causa de su muy deteriorado estado de salud.

Por su parte, Dražen Erdemović, miembro del 10º Destacamento de Sabotaje, fue el primer acusado en declararse culpable ante el TPIY por la ejecución de bosniacos capturados. Arrestado en Serbia en 1996 (él mismo se entregó), fue condenado ese mismo año a cinco años de prisión. Su testimonio resultó clave para la posterior condena de Ratko Mladić, uno de los principales responsables del genocidio.

 

El “Día Internacional de Reflexión y Conmemoración del Genocidio de Srebrenica”, un importante hito para honrar y rendir homenaje a las víctimas del genocidio

The adoption of this Resolution constitutes an important milestone to honour and pay tribute to the victims of the Srebrenica genocide, to the survivors and to their families. The crimes committed in Srebrenica have been conclusively proven by the International Tribunal for the Former Yugoslavia (ICTY) to constitute genocide. Those who seek to deny, trivialize or promote revisionism as it relates to this and other crimes committed during the conflict and adjudicated by competent courts, are harming not only the victims of those crimes, but also overall efforts for peace and reconciliation in Bosnia and Herzegovina and in the broader region.”

“La adopción de la presente resolución constituye un importante hito para honrar y rendir homenaje a las víctimas del genocidio de Srebrenica, sus supervivientes y sus familias. Los crímenes cometidos en Srebrenica han sido probados de manera concluyente por el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia (TPIY) como constitutivos de delito de genocidio. Aquellos que busquen negar, trivializar o promover el revisionismo [de los crímenes mencionados], así como de otros que tuvieron lugar durante el conflicto [de Yugoslavia] y que fueron sometidos a tribunales competentes, están provocando daño no solo a las víctimas de dichos delitos sino también a los esfuerzos generales por establecer la paz y la reconciliación en Bosnia-Herzegovina y en la región en general

Sin embargo, todo es política… y la política es, en muchas ocasiones, incoherencia.

Como antecedente cabe citar la Resolución del Parlamento Europeo, de 15 de enero de 2009, sobre Srebrenica que califica la matanza como el mayor crimen en Europa desde la Segunda Guerra Mundial y lamenta la inacción internacional (como, por ejemplo, los cascos azules holandeses, pero no sólo). Pide conmemorar cada 11 de julio como Día de Recuerdo en la UE, apoyar a las víctimas, llevar ante la justicia a todos los responsables y avanzar en la reconciliación como condición clave para la integración de los Balcanes Occidentales en la UE. Importante aspecto esto último, pieza clave del camino hacia la Unión.

La Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó el 23 de mayo de 2024 la Resolución (A/78/L.6) para designar el 11 de julio como el Día Internacional de Reflexión y Conmemoración del Genocidio de Srebrenica (disponible aquí en varios idiomas). Dicho día se celebrará anualmente. El texto se aprobó por 84 votos a favor, 19 en contra y 68 abstenciones (ver aquí).

En contra votaron China, Rusia, Bielorrusia y tradicionales aliados de Rusia como Cuba, Correa del Norte, Siria y habituales negacionistas de genocidios como la Hungría de Orbán. De igual modo, otros países que basculan en una órbita similar como Antigua y Barbuda, Santo Tomé y Príncipe, Nauru, Eritrea o Suazilandia, entre otros. Abstenciones de no poco peso internacional son la India y, en el ámbito latinoamericano, México, Argentina, Brasil, la República Dominicana, Honduras, Paraguay o Perú, además de diversos estados insulares del Caribe. En el campo africano destacan Nigeria, Argelia, Angola, Botsuana, Etiopía, Camerún, la República Democrática del Congo, Kenia, Sudán del Sur, Madagascar, Mozambique o Uganda (sin ser exhaustivos). En el continente asiático se abstuvieron, además de China y la India, Mongolia, Sri Lanka y algunos estados de la península arábiga.

No se pretende enumerar cada país, pero sí señalar los más importantes. Así las cosas, no es de extrañar que un Vučić envuelto en la bandera serbia (como se verá después) se jactara de “victoria moral”. A decir verdad, puede hablar de victoria pírrica del sí, pues el “partido” de los noes y las abstenciones suman 87 votos de 171 —mayoría absoluta— frente a los 84 partidarios del sí. El resultado se antoja ideal para fungir como caballo “ganador”. La aprobación de la resolución estuvo, en todo caso, alejada de cualquier resultado parecido a una unanimidad.

El Día Internacional de Reflexión y Conmemoración del Genocidio de Srebrenica es una iniciativa justa. Bien es cierto que siempre puede presentar inconvenientes, como los de ignorar otros genocidios, aunque, en fin: es cierto que es un caso paradigmático de crimen juzgado por la comunidad internacional y cuyos perpetradores fueron condenados o, al menos, enjuiciados (alguno murió en prisión, como Slobodan Milošević o los arriba mencionados). Entonces, siendo algo en principio justo ¿por qué razón suscita la oposición de tantos países, cuando no el rechazo?

La respuesta viene dada por la fractura —llamémoslo así— neoguerrafriísta de la geopolítica mundial actual. Los países no votan pensando en la justicia de una propuesta, sino en clave de alineación con uno u otro “bloque”. Nada nuevo, por otra parte. Hoy los contendientes no son los de la competición EE. UU. – URSS durante la guerra fría. Aunque las líneas no se encuentran tan claramente marcadas como entonces, cuando el Movimiento de Países no Alineados (con —precisamente— Yugoslavia y otros a la cabeza, rechazaba expresamente ser adscritos a alguno de los dos “bandos”.

Hoy en día no hay “partidos” como los descritos, pero sí tendencias que suelen agruparse para votar juntas. Los países latinoamericanos o el llamado sur global, no es que no consideren justo lo de Srebrenica o el ataque de Rusia a Ucrania, es que simplemente están hartos de que Occidente condene un genocidio o un ataque armado y otro no. Y el sur global dice “oiga: nuestra línea política es autónoma, no tenemos que pensar como Uds.”. Esto se refuerza en el doble rasero de “Ucrania está mal, pero de lo de Gaza… no opino” o, peor aún “Israel tiene derecho a defenderse”. Israel, y también Nauru, Letonia o Brunei tienen derecho a defenderse…pero esto es “otra cosa”.

Doble moral y la incoherencia: un clásico

Hablando de lo arriba descrito: aquel 23 de mayo de 2024 sucedió un episodio muy surrealista y extraño, casi paranormal. Al atril subió Antje Leendertse, embajadora y Representante Permanente de Alemania ante las Naciones Unidas. Alemania, junto con Ruanda, son además los principales promotores de la resolución.

La diplomática germana presentó la iniciativa de Srebrenica, defendiéndola con vehemencia y afirmando que se marcaba como meta “honrar a las víctimas y apoyar a los supervivientes, los cuales “continúan viviendo con las cicatrices de ese fatídico momento”. No le falta razón a la alemana, aunque podía haber vestido ese día un ropaje (de discurso, se entiende) menos llamativo:  su declaración solemne se antoja rayana en el cinismo, a tenor de la posición que despliega Alemania en torno a la masacre que Israel lleva más de medio año perpetrando… —y lo que queda, porque Tel-Aviv sostiene que durará. Lo expuesto indica, pues, que no hay que honrar a los gazatíes ni apoyar a los supervivientes de dicha ratonera, los cuales —usamos sus palabras— “continuarán viviendo con las cicatrices de ese fatídico momento”. Para los habitantes de la Franja, por lo que se ve, no hay “sufrimiento ni padecimiento futuro alguno” ¡Ah, sí! Es que Hamás es terrorismo e Israel tiene que defenderse. Blanco y negro israelización de la política exterior alemana. En serio: ¿no podían haber escogido a otro país para presentar la resolución? Es lo que no se entiende. Y no lo entienden los que no están dispuestos a seguir los dictados de Occidente por muy justos que sean… cuando los son.

En 2025, Ursula von der Leyen pronunció en sede de la Comisión Europea: «Algunos acontecimientos de la historia proyectan una sombra que se extiende a lo largo de generaciones. El genocidio de Srebrenica es uno de ellos. Constituye uno de los capítulos más oscuros de la memoria colectiva de Europa»

Se cuidó de decir algunos. Posiblemente para dejar claro que no todos.

La polémica de 2024: la reacción de la Serbia de Vučić

En principio, el país balcánico no debería tener razones para oponerse. Es como si Alemania se opone al día de la conmemoración del Holocausto (que lo hay: aquí en español y aquí en inglés). Además, es inteligente en términos políticos condenar y distanciarse de lo ocurrido, sea con convencimiento sincero o sin él. Asimismo, puede fungir como un momento para la reflexión para los serbios: “Nosotros hicimos esto; cómo pudo suceder”. Sin embargo, el predsednik mantiene la cuestión de Srebrenica como leña para su electorado más nacionalista, y las cosas no es que le vayan bien del todo: hubo de poner en práctica un tan ingente como descarado plan de trampas para ganar las últimas elecciones al objeto de renovar su mayoría parlamentaria. para estar cómodo hasta 2027 en que, en teoría, se le termina constitucionalmente la posibilidad de volver a presentarse. Si es que no hay una trumpada de útlima hora. Y queda mucho todavía.

Y es que Vučić necesita seguir incendiando el ambiente para que no decaiga esa mentalidad de fortaleza asediada que le provee de votos. El presidente afirma que la resolución es antiserbia. En su línea: es su carta de presentación que todo lo que le afecte negativamente en lo personal —o en lo que a su partido atañe— tiene como fin dañar al pueblo serbio. El mandatario sostiene que la ONU califica a los serbios de genocidas. Y los serbios, dice Vučić, no son un pueblo genocida . Lo decía el primer ministro de Montenegro: claro: Montenegro es un país, por decirlo así, bastante serbio. Además de unir su destino a Serbia durante las guerras de los años 1990.

Con todo, sabía muy bien Vučić  que la resolución conmemora, para que no se olvide, un genocidio llevado a cabo por asesinos que se encuentran hoy cumpliendo condena, la han cumplido o que ya han fallecido; nada dice el texto de la iniciativa acerca de las supuestas “propiedades genocidas” del pueblo serbio. El predsednik puso en marcha entonces una agresiva campañaque empleó, tirando la casa por la ventana, medios de comunicación, edificios públicos, la Iglesia Ortodoxa Serbia y una ofensiva diplomática liderada por él mismo . Todo muy orbániano: electoralmente vive de eso: le interesa mantener a la población en guardia hacia unos supuestos protocolos de Sion a la serbia que pretenden borrar a dicho pueblo de la faz de la tierra.

La carta de Krstić

En cualquier caso, lo de Vučić  es puro teatro y él, el primero en saberlo: muchos de los implicados en crímenes contra la humanidad lo niegan, o guardan silencio. Ellos estuvieron allí y saben que lo hicieron. Luego podrán pregonar que era por el bien del pueblo serbio. Pero allí había civiles inocentes, niños muchos de ellos. También conviene traer a colación la llamada carta de Krstić que en noviembre de 2024  envió la narrativa de Vučić al desguace. La misiva, abierta, reconocía abiertamente que en Srebrenica hubo un genocidio tan real como fríamente premeditado (creación de crisis humanitaria incluida).

Radislav Krstić fue un alto mando del ejército serbobosnio (VRS), que desde 2014 cumple condena en el centro penitenciario en Polonia, Piotrków Trybunalski, que llamán (allí), «el alcatraz polaco», trasladado desde la prisión de alta seguridad británica de Wakefield porque su seguridad peligraba (fue apuñalado por presos musulmanes y casi no lo cuenta).

Se dice que cuando los sucesos de Srebrenica fue relegado por el mismo Ratko Mladić, que tomó personalmente el mando de las operación del cuerpo del Drina (de VRS en la zona), dejándolo a él como observador; es decir: no participó (tan) activamente, o eso saseguró. En cualquier caso, algo sí que hizo. Si no fue ejecutor,  su complicidad  y cooperación necesaria quedó de sobra probada; y así lo dictaminó el TPIY, que le condenó a 46 años de prisión por un buen rosario de criminales cargos, a saber: 1) complicidad en la comisión de genocidio; 2) cinco delitos de crímenes de lesa humanidad, como exterminio, asesinato, «persecución de un grupo o colectividad con identidad propia fundada en motivos políticos, raciales, nacionales, étnicos, culturales, religiosos, de género», deportación o traslado forzoso de población, «actos inhumanos de carácter similar que causen intencionalmente grandes sufrimientos o atenten gravemente contra la integridad física o la salud mental o física» en su vertiente de traslado forzoso y; por último 3) cuatro crímenes de guerra, en particular,  cargos por violaciones graves de las leyes y los usos aplicables en los conflictos armados. Todos ellos contenidos en los artículos 6 al  8 del Estatuto de Roma.

Fue condenado, como se ha dicho, a 46 años, pero en la sentencia se «redujo»a 35, pues ya había pasado un buen tiempo a la sombra, desde que británicos y estadounidenses de la SFOR lo detuvieron en diciembre de 1998 sin informar a los rusos, que tenían a su cargo la zona. Rusia protestó, las autoridades de la Republika Srpska se indignaron e incluso se originaron disturbios en Vlasenica, la zona donde fue arrestado. Nada masivo, pero sí muy violento. El alcalde de la localidad puso el grito en el cielo asegurando que Krstić fue torturado, afirmación que, aún si fuera veraz, desplegaría un cinismo absoluto a tenor de los incontables crímenes perpetrados por el detenido.

En su carta, según aljazeera. escribe que es su  deseo la carta fuera hecha pública, y escribe en ella las siguientes declaraciones:

«Me gustaría que mis palabras las leyeran y fueran comprendieran los jóvenes que hoy viven en los territorios donde alguna vez existió un país llamado Yugoslavia» (…) Me gustaría que las personas que vivirán juntas en esos territorios, cuando yo ya no esté, si de algún modo llegan a leer mis palabras, se detuvieran a pensar: nunca más. Nunca más la guerra, nunca más la muerte por ser de otra religión, otra nacionalidad o tener ideas diferentes. Nunca más genocidio

(…)ayudé y apoyé el genocidio (…) cometí un crimen inimaginable e imperdonable.
No pido perdón, no pido justificación, no pido comprensión, porque sé que no puedo ni debo obtenerlo”

«pienso en las víctimas del genocidio en Srebrenica en todo momento, cada día (…) una madre o una hermana de alguien asesinado inocentemente no creerá que estas palabras son sinceras(…) sé que mis palabras no pueden aliviar el dolor ni reducir el sufrimiento que nunca desaparecerá”.

Sabía que el Estado Mayor [del VRS]  no tenía suficientes fuerzas para llevar a cabo las ejecuciones sin emplear al Cuerpo Drina [del que él era comandante], y sabía que el uso de las fuerzas bajo mi mando contribuiría de manera decisiva a la ejecución de los prisioneros bosniacos”

“Ayudé y apoyé  [en la perpretación de un]  crimen de lesa humanidad a través de mi participación en una empresa criminal conjunta destinada a expulsar por la fuerza a civiles bosníacos [bosniomusulmanes] de Potočari entre el 10 y el 13 de julio de 1995.
Participé en la creación de una crisis humanitaria que precedió a la expulsión forzosa de mujeres, niños y ancianos de Srebrenica, siendo plenamente consciente de que los civiles en Potočari estaban siendo objeto de asesinatos, violaciones, agresiones y torturas»

“Votaría a favor de la resolución sobre Srebrenica”

Pero, claro, aquí viene la trampa: ¿arrepentimiento sincero? Difícil saberlo, en tanto que Radislav Krstić, solicitó al Mecanismo Residual su puesta en libertad anticipada con dicha misiva. Es un «estoy colaborando» de manual. Además, lo cual empieza a mosquear, alega múltiples problemas de salud, como dolores crónicos, problemas cardíacos y de circulación sanguínea y una pierna amputada (que perdió al pisar una mina durante la guerra).

Finaliza la carta asegurando que, fuera cual fuera sea la decisión del Mecanismo, quería que sus palabras llegaran al mayor número posible de personas en su país, y mantenía le esperanza de que sirvieran para reflexionar sobre el crimen en el que participó, sobre la pena que se le impuso y  sobre el profundo, doloroso y tardío arrepentimiento con el que vivía el exmilitar desde hacía décadas. Concluye con su deseo de visitar Potočari: donde yacen muchas de las víctimas de Srebrenica. Krstić asegura que, de ser liberado, iría allí para rendirles tributo y pedir perdón.

La presidenta del Mecanismo, la uruguaya Graciela Gatti Santana dictaminó que sí, que todo estaba muy bien y que su «confesión» tenía un valor decisivo en tiempos de extensión del revisionismo histórico y el negacionismo. Que ayudaba, sin duda, a las jóvenes generaciones a enfrentarse con su pasado pero que, en atención a la gravedad de sus crímenes, no procedía la liberación anticipada.

 

Victimismo negacionista

En cualquier caso, ya hemos visto que Vučić es muy de identificarse con el pueblo serbio. Ya ha pasado varias veces: si le atacan por perpetrar pucherazos en Serbia, por poner las elecciones en medio de las navidades, casi sin información, al objeto de que la oposición no pueda preparar la campaña; si de da el fenómeno paranormal de que los muertos pueden votar en las elecciones, o si acuden votantes de la Republika Srpska (RS, en Bosnia-Herzegovina, BiH) no se está criticando una maquinación generalizada de fraude, no: se está atacando al presidente, que en la particular cosmovisión vučićniana es equivalente —faltaría más—a atacar al Serbia. El presidente presume además de chico duro: está curtido por los ataques a su persona e incluso -sostiene- intentos de asesinato. Asegura leer los periódicos de las capitales balcánicas y ver su imagen asociada a algo negativo. Ello le ha endurecido y otros, por supuesto, no podrían soportarlo: una muestra de clara victimización. Total: él ya estuvo en Srebrenica. Bien es cierto que no fue bien recibido. El joven político que en 1995 exhortaba a matar a 100 musulmanes por cada serbio muerto fue abucheado y la multitud intentó atacarle.

Boris Tadić, el último presidente decente que tuvo el país balcánico, también visitó el enclave e incluso escribió varios artículos asegurando que la verdad debía  ser contada y conocida por todos, sin adornos y sin enmascararla. Pidió disculpas sinceras a los parientes de las víctimas musulmanas en 1995. El antecesor en el cargo de Vučić, Toma Nikolić, del mismo partido, fue más lejos al afirmar en 2012 que lo de Srebrenica no fue un genocidio.

Pero el actual presidente no es Tadić, y era consciente de cuál sería el resultado de la votación en Naciones Unidas: así —un día antes— comenzó a preparar la artillería y la fiesta surrealista, declarando en instagram (algo muy del gusto nacionalpopulista, lo de despotricar contra todo lo que se mueve) que la resolución iba a mostrar al mundo cuáles son los verdaderos amigos de Serbia. Como si no llevara dos décadas machacándolo.

De la misma manera, como era de esperar,  se sumó al rechazo a la resolución el antiguo chico bueno y “soplo de aire fresco”, Milorad Dodik, quien preside la llamada Republika Srpska , una de las entidades del muy complejo entramado institucional de Bosnia-Herzegovina de mayoría étnica serbia que Dodik está dispuesto a dinamitar con su golpe de Estado de 2025. El mandatario animaba a hacer ondear banderas serbias como muestra de oposición, del mismo modo que su colega serbio propugnó.

Además, por si no quedaba claro, se podía leer en la torre Beograd na vodi (en serbio, “Belgrado sobre el agua”, “Belgrade Waterfront en inglés), que “Serbia no es una nación genocida”.  El edificio es un flamante exponente del nuevo desarrollo urbanístico de la capital serbia, que puede verse casi desde cualquier esquina belgradense. Sólo faltan los conciertos para haber transferido un ingrediente más carnavalesco la situación. Con todo, hay voces que sostienen que no se trata sólo de nacionalismo y de ganar votos (algo que es sinónimo de Vučić) sino de algo más: el líder serbio aspira a ejercer el papel de hegemón regional, al menos líder de “opinión” ¿cómo? Siguiendo fiel a su estilo: provocando tensiones para articular en torno a él una tendencia. Es algo que ya llevó a cabo Yugoslavia durante la guerra fría. En este caso es más limitado y con menos voluntad de multilateralidad, pues va dirigido a los que todos sabemos y llegar, por ejemplo, a Latinoamérica, donde ya cuenta con Cuba como cabeza de puente, y a los países arriba enumerados lanza para decir a Occidente que no le harán seguidismo.

Ya con el día para la Conmemoración del genocidio de Srebrenica aprobado en la Asamblea General, el líder serbio atacó el texto de la resolución, que estima “fuertemente politizada”: nada inesperado, ni sorpresivo, por otra parte, ya que desde abril pasado Vučić y Dodik ya había definido a la entonces futura resolución como una “manipulación política” y que ninguna nación puede ser genocida.

Tenía razón; porque el texto aprobado el pasado nada menciona al respecto, pero interesa seguir alimentando el bulo. En un ejercicio de cinismo redomado, el presidente serbio se mostraba preocupeado tras la adopción e la resolución de la ONU, ya que, a su juicio, exacerbaría las tensiones: un pirómano proponiendo que no se eche más combustible al incendio. También advirtió que la resolución podía abrir la caja de pandora (bienvenida sería esta si conllevara el enjuiciamiento de, por ejemplo, Benjamin Netanyahu, pero nos tememos que no es ello lo que va a suceder).

En la retórica más putiniana, reprochó a Francia y a Alemania que se alejaran de su tradicional posición antinazi. Si no estás conmigo, estás contra mí…y además eres nazi. Que se lo digan a los ucranianos. Por añadidura, Vučić criticaba que la decisión era algo parecido a  vengativa y que no contribuirá a la reconciliación. Tal parece que negar los hechos e ignorarlos. Dejemos a los muertos en las cuneta. Me suena de España.

Para cerrar —de momento— el capítulo de las imprecaciones, Vučić constató —días después de la votación del día internacional de Srebrenica— que el mundo está tomando la peor dirección posible y que caminaba hacia la inestabilidad, presentando el peor escenario desde la segunda guerra mundial. Los culpables, grupos de presión, ONG, sus pesadillas recurrentes porque se empeñan en investigar la marcha de la democracia en el país. El mundo ataca a Serbia… en cambio, Vučić sí que hace cosas por el pueblo serbio: un ejemplo es construir más iglesias ortodoxas que el legendario rey Stefan Milutin, soberano mecenas de las artes (1282-1321), de la muy querida por los serbios dinastía Nemanjić y .

Así, de paso se compara con un rey mítico del mismo modo que Putin hace lo propio con Pedro III el Grande o con Iván IV el Terrible. Sin duda, algo muy útil de cara a la prosperidad del país. Otra medida clave para el avance de Serbia fue cubrirse con una enseña nacional durante la votación y mandar la foto a Instagram. Los miembros de su gobierno se reunieron también para ver en directo la sesión de votación de Naciones Unidas. Todos ataviados con la bandera del águila bicéfala serbia, como quien ve la final de la Champions; por supuesto, es lo que están imaginando: hubo foto para Instagram de tan decisivo momento: very vergonzoso todo esto.

Vučić sigue muy de cerca a Milošević

Ya decía en otras entradas que Vučić empezaba a recordar a Milošević, del mismo modo que practica Orbán o el PiS polaco (cuando estaba en el poder). No en vano, se ha avisado de la creciente Orbanización” de Serbia”. Y es que Vučić necesita siempre la activación de una atmósfera tóxica para funcionar. Un ambiente que ponga a la población en la tesitura “conmigo o contra Serbia”. En este sentido, equiparar la resolución de la ONU con llamar genocida al pueblo serbio es parte del juego… y había elecciones locales en en junio de aquel año, en breve. Blanco y en botella. Por cierto, el pueblo serbio no, pero no hay que olvidar que un joven Vučić si se explayaba en actitudes genocidas en 1995, con la amenaza arriba descrita de cobrarse cien musulmanes por cada serbio muerto, con tan mala suerte que ese mismo año se produjo la matanza de Srebrenica ¿mala suerte o cumplimiento de amenaza? El presidente no quiere que se llame genocida al pueblo serbio.  Estamos de acuerdo con él: fueron algunos, y no todos los serbios, los que cometieron los asesinatos de civiles inocentes y los que animaron a ello. Nada tiene de especial que lo recibieran con tambores destemplados cuando visitó Srebrenica en 2015.

En realidad, el presidente serbio no inventa nada nuevo: reproduce el comportamiento de su antiguo jefe, Slobodan Milošević, en su momento. El por entonces presidente proclamó en 2000 que los ataques que estaba recibiendo no eran a él, sino a Serbia. Es decir: se utilizan los ataques a Milošević como excusa para atacar a Serbia. La jugada no le salió bien: poco después las manifestaciones del 5 de octubre de aquel año, con una oposición bien articulada en torno al movimiento DOS (ver esta entrada) perdió las elecciones y, por mucho que intentó negar el resultado, era tan clamoroso que tuvo que irse. Vučić, por el momento, resiste, pero veremos que está tocado.

La actitud sobre Srebrenica no siempre fue así: Tomislav Nikolić y Boris Tadić

Su último predecesor serio en el cargo, Boris Tadić (2004-2012) intentó llevar a cabo lo posible por salir del aislamiento de Serbia, provocado por una década de guerras y muerte. Tadić —diera la impresión de que hace medio siglo de su mandato, por cómo han cambiado las cosas en Serbia— apostó decididamente por sacar a su país de las tinieblas y acercarlo a una UE a la que —no lo olvidemos— aspira a pertenecer.

Boris Tadić inauguró en 2008 un estilo de presidencia más pragmático, centrado en el objetivo principal de integrar a Serbia en Europa y mejorar la situación económica del país, intentando sacar al nacionalismo de la política serbia. Tras la independencia de Montenegro en 2006, viaja a dicho país, afirmando su interés en seguir cultivando las relaciones de amistad históricas entre los dos pueblos. En 2008 es detenido Radovan Karadžić, y en 2011 Ratko Mladić. No podrían haberse realizado tales maniobras de alto voltaje político sin la inestimable colaboración del presidente serbio. Había —y sigue habiendo— un sector nada desdeñable opuesto a que se enjuicien a los criminales serbios de las guerras yugoslavas.

Con respecto a Bosnia-Herzegovina, Tadić fue partidario de pedir disculpas por la matanza de Srebrenica (como se indicó arriba). De acuerdo con esto, los partidos de su coalición presentaron una moción para que el parlamento serbio condenara la masacre de Srebrenica en marzo de 2010, propuesta que se ganó tras 13 horas de deliberación y de manera no unánime, incluso con votos en contra. Tres meses antes, había presentado formalmente la candidatura de Serbia para entrar en la UE. A buen seguro, la perspectiva de una membresía en la Unión había suavizado las posiciones más ultras.

El caso de Tomislav Nikolić es quizá más ejemplar, si hablamos de maximizar los recursos para que Serbia avance. Tadić fue el mejor presidente que ha tenido Serbia y, tal como están las cosas, pasará mucho tiempo hasta que aparezca un líder de su talla. No obstante, a Tadić se le ve venir: es europeísta convencido, hombre de mundo, nacido en Sarajevo, que ha vivido en Alemania y en Francia, detenido por las autoridades yugoslavas por colaborar con profesores disidentes en la universidad. Además está curado de rencores: uno de sus abuelos y varios de sus familiares fueron asesinados en el infame logor (campo de concentración) de Jasenovac durante la segunda guerra mundial, por el régimen croata de los ustaše. En lugar de albergar revancha, prefiere entonar un “nunca más”. Es de esperar que, al calor de estos antecedentes, quisiera sacar a Serbia del atolladero histórico en que se hallaba el país por la vía europea y el diálogo.

Nikolić, en cambio, no tiene absolutamente nada que ver con Tadić: se trata de un antiguo nacionalista radical, colaborador de personalidades como el neofascista Vojislav Šešelj[1]. Con todo, supo ver que era lo mejor para su país, y dejó lado su pasado (lo que decíamos del convencimiento sincero o no). Potenció las relaciones con BiH y, por mucho que fuera a regañadientes, siguió llevando a cabo la persecución de los criminales de guerra de los años 1990. Del mismo modo, Nikolić acoge en Belgrado la histórica primera visita de un miembro bosniomusulmán de la presidencia tripartita del país vecino. La UE reconoció los esfuerzos de su presidencia, otorgando a Serbia la exención de visado para los serbios en el área Schengen, así como avances que en la condición del estatus de candidato a la adhesión a la UE. No quedó libre el antiguo nacionalista de reproches del sector más radical, que lo acusaban de vendido…si bien se trata de daños colaterales ineludibles. Como nadie es perfecto y como bien se ha dicho, no consideró la matanza de Srebrenica como un genocidio.

2025 ¿Cambio de tercio? Vučić suena (algo) raro en 2025

En un tweet (¿o X?) que asombró a propios y a extraños (aquí el enlace )

Hoy se cumplen treinta años del terrible crimen de Srebrenica. No podemos cambiar el pasado, pero debemos cambiar el futuro. Una vez más, en nombre de los ciudadanos de Serbia, expreso mis condolencias a las familias de las víctimas bosniomusulmanas, con la esperanza en que un crimen similar nunca vuelva a ocurrir.

Con todo lo que le está cayendo, con los estudiantes bloqueando, desfilando ante una población volcada con ellos, no es raro que el presidente serbio apele al futuro: falta le hace. Como dice la canción quizá «está viejo y cansao» . Al pasado, a un pasado en el que amenazaba con matar a 100 bosníacos por cada serbio fallecido en combate, mejor no. El pasado también es el derrumbe de Novi Sad. Vamos a trabajar por el futuro. Si. Más le conviene.

El predsednik  está raro, todo hay que decirlo, quizá agobiado por la situación interna (si bien es cierto que la UE calla un poco y por omisión lo apoya porque quiere el litio serbio) ha decidido ser un chico un poco más bueno y no ignorar por completo a la UE. Asegura que quiere enmendarse y que quiere recorrer con más rapidez el camino del acceso a la Unión . Ya lo decía en 2024, pero en 2025 molestó incluso a su tradicional aliado, Rusia. Asimismo, visitó a Volodymir Zelenski en Kiev ante el renovado enfado de Rusia, a quein su chico se le va de las manos. Vučić prometió su ayuda para reconstruir Ucrania y apoyó la integridad territorial del país. Lo normal, si, te han quitado Kosovo y luchas por que vuelva. El problema es que Rusia es de los pocos que te apoyan pare recuperar la antigua provincia.

Nos quedamos tranquilos: es el Vučić de siempre

No sabemos qué tiene el presidente serbio en mente pero no conviene fiarse mucho; se emplea a fondo reprimiendo a los estudiantes, hace sólo  un año clamó contra el día de conmemoración del genocidio de Srebrenica por antiserbio. La respuesta puede venir dada por la entrevista que concedió el 11 de julio en Pink, uno de los canales más gubernamentales. Allí reiteraba sus condolencias y apoyo a las víctimas pero añadía alguna que otra puya, asegurando que en ese campo, los serbios son distintos a otros pueblos, ya que no han expresado de manera tan rotunda aún sus condolencias a las víctimas serbias. Ilustra la cuestión asegurando que la mayoría de los estudiantes serbios no saben nada del genocidio de Jasenovac (ver arriba) Añade que nadie se hizo todavía responsable de los ataques que recibió en el memorial de Potočari en 2015. 

En otro medio progubernamental, Informer, Vučić es más Vučić que nunca. En una entrevista de julio de 2025, Es cierto que en el asunto Srebrenica parece volverse más práctico (se vuelve insostenible seguir negando el genocidio). Incluso vuelve a insistir en reiterar sus condolencias a las familias de las víctimas.  Aunque, como se ha comentado, efectúa comparaciones con Jasenovac, genocidio más que probado y no discutido y sucedido hace más de 80 años. También tira del genocidio armenio a manos de Turquía, que a los turcos nadie les dice nada y que no se imagina una resolución de la ONU sobre tal genocidio. La política es hipócrita: no le falta razón al presidente, pero hablamos de Srebrenica.

En cambio – y aquí vuelve el Vučić más previsible, se muestra preocupado porque muchos en la región aprovechen cualquier excusa para ataques político-informativos contra Serbia al objeto que Serbia sea obediente y débil y bajo el control de otras potencias. Se lamenta el presidente de que es resulta difícil hacer frente a dichos ataques cuando Pristina, Podgorica, Zagreb y Liubliana se conjuran para dar los mismos mensajes negativos contra Serbia. Y, claro: lo de siempre hay que reconocer que lo echaba de menos: que quien está detrás de tal orquestación son las grandes potencias. Da igual lo que Serbia haga, todos están contra ella.

Estaremos atentos a los próximos movimientos del predsednik aunque no parece que algún doppelgang lo haya suplantado: sigue siendo el mismo de siempre.

 


[1] condenado por el Mecanismo Residual de Naciones Unidas para los Tribunales Internacionales(sucesor del Tribunal Penal para la antigua Yugoslavia)  por crímenes contra la humanidad (acusado de reclutar y financiar a voluntarios y de incitarlos a la tortura y el asesinato y la limpieza étnica contra la población croata). Nunca mostró señales de arrepentimiento y, por supuesto, es contrario al TPIY, que considera una farsa sin legitimidad.

 

 

 

 

Por Antonio Rando Casermeiro

Me llamo Antonio y nací en Santander en 1974, aunque soy, sobre todo, de Málaga. Soy licenciado en Derecho e Historia y doctor en Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales por la universidad de Málaga y quisiera dedicarme a ello. Soy un apasionado desde pequeño del este de Europa, especialmente de los Balcanes y Yugoslavia. Me encantan las relaciones internacionales y concibo escribir sobre ellas como una especie de cuento. Soy apasionado de escribir también cuentos y otras cosillas. Desde 2013 resido en Colonia (Alemania)

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