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Polonia: presidenciales 2025

Titulé mi primer artículo sobre Polonia como “elecciones cruciales”. Pero, sobre todo en estos tiempos, con el aliento ruso detrás y tratándose de Polonia ¿cuándo no es crucial ir a votar en este país que, por añadidura, se está convirtiendo en una potencia militar en medio de una verdadera cacharrería geopolítica?

Hoy, nos centramos en quien defiende el título: PiS y un poco Konfederacja

Una confrontación con viejos conocidos

Como ya hemos visto en otras entradas, se mastica una confrontación a cara de perro. Se trata de un clásico que ya viene siendo habitual en los comicios polacos (desde octubre de  2023, así como una serie de cinco entradas que comenzaba aquí). PiS contra KO (o antecesores). De hecho, se da el caso de que se presenta por la segunda Rafał Trzaskowski, quien ya perdió por muy poco la segunda vuelta de las presidenciales de 2020 contra el actual presidente saliente, Andrzej Duda. Se respira revancha, aunque Duda no concurra.

En 2023 la oposición consiguió articularse en las elecciones legislativas en KO o Coalición Cívica (lo explico en el enlace anterior), venciendo en conjunto a una coalición formada por un PiS-Konfederacja que, de haber ganado, hubiera seguido profundizando en el deslizamiento de Polonia hacia algo similar a la Hungría de Viktor Orban. Ya se sabe: que si los ataques al Estado de derecho con los atropellos a la independencia del poder judicial, la deriva homófoba anti-LGTBI, o el rechazo a los inmigrantes. En lo de Putin, valoran su onda autoritaria, aunque para los polacos Rusia son palabras mayores, como veremos.

Pero volvemos a 2023 cuando venció Donald Tusk al frente de su KO. El veterano político de su país y de la Unión Europea tuvo que seguir quitando horas al sueño en tanto vaya tarea la de formar un gobierno con gente que sólo tenía en común el rechazo al involucionismo piskonferacjonista. Y hemos dicho que la KO venció a la coalición mencionada, pero no por KO (el chiste era imposible de reprimir, me disculpen); de hecho, el PiS resultó el partido más votado y continúa hegemónico en el campo y, en muchas regiones salvo las grandes ciudades. Es más: el PiS continúa detentando la jefatura del Estado polaco. Un puesto que no es tan importante como el de regentar el gobierno, pero que sí cuenta con capacidad para torpedear la acción de este con triquiñuelas de toda ralea. Lo que se ventila ahora es si el PiS pierde la presidencia, corroborando la retirada del poder institucional que se inició en octubre de 2023 o resiste. En cualquier caso, el predicamento de la formación es indiscutible por dos razones: en primer lugar, porque formaciones y gente que no se pueden ni ver entre ellos han tenido que unirse para frenarlo; en segundo: en las locales y en el campo polaco no hay quien les tosa. Con todo, en un partido tan heterogéneo por mucho que les una el ultraconservadurismo, el hecho de sumar la pérdida del gobierno a la de la presidencia podría suponer un cataclismo que podría actuar de disovente.

Lo viejo y lo “nuevo”

Pero Andrzej Duda termina por ley su mandato o número máximo de mandatos (kadencja, en polaco) en agosto. No puede volver a presentarse, lo cual es una buena noticia para la Unión Europea y el Estado de derecho. El que viene no promete nada, pero al menos es tabula rasa. O no. Su sucesor, designado en noviembre de 2024 para las presidenciales polacas es el también doctor Karol Nawrocki. En teoría es un candidato independiente, si bien nadie duda (de dudar) que su unción procede del PiS.

Andrzej Duda representa lo viejo. Disolver las instituciones democráticas. El PiS ya ha puesto varias piedras en ese edificio. Deshacer el sistema montado no es fácil para Donald Tusk, conservador de centroderecha que tiene en su KO  no sólo a formaciones del espectro político dentro de la izquierda, sino tendencias y partidos ultraconservadores que en muchos casos comparten ideario con el PIS. Los retos a los que se enfrenta Polonia desde la formación del gobierno no son pocos (aunque pueden resumirse en uno: restaurar la democracia tras tantos años de gobierno de PiS): formar gobierno, acercar la legislación sobre la interrupción voluntaria del embarazo a los países de la UE, que el PiS convirtió en retrógrada en un país que nunca fue pionero en ello salvo, curiosamente, la época comunista, arreglar el desastre en libertad de información del gobierno anterior, la guerra de Ucrania, con su derivada de la guerra del grano, un espinoso asunto, un campo pro PiS al que no se puede enfadar demasiado porque vuelve a su “dueño”. Y Nawrocki, claro, tan contento ante tal eventualidad. Es lo que se pretende.

Pero volvamos a Duda. En la senda de Orbán, al actual presidente se le acusa de haber violado la constitución polaca de forma reiterada, hasta el punto de que su director de tesis Jan Zimmermann, de la Universidad Jaguelónica (Cracovia), lamentó que Duda se hubiera doctorado allí y acusó a su antiguo estudiante de conculcar la constitución hasta en tres ocasiones con su descarado intento de manipulación de la composición del Tribunal Constitucional polaco al objeto de destruir la independencia del poder judicial u otorgar indultos más que dudosos, hasta en la forma…entre otras acciones. La UE se desesperó, regañó, multó, pero no consiguió nada.

En suma: si hubiera podido presentarse, Duda tiene aún mucho predicamento en muchos sectores de la población, pero reúne características, del mismo modo, de “activo quemado”, pues tiene tantas cuentas pendientes con la justicia, que quién sabe si las tiene que resolver en medio de tal hipotético mandato.

La(s) historia(s) la(s) carga el diablo

Duda, como es de recibo en los nacionalpopulismos ultraconservadores, tiene a reescribir la historia, porque le interesa que la gente se sienta agraviada para presentarse como garante del malvado entorno exterior. Andrzej Duda ha sido, así, acusado de manipular la historia al promover una narrativa nacionalista que presenta a Polonia solo como víctima, de nazis y soviéticos mientras minimiza la colaboración de algunos polacos en el Holocausto y reescribe el pasado. Bajo su gobierno, se aprobaron leyes y se usaron instituciones como el Instituto de la Memoria Nacional (IPN, por sus siglas en polaco) para imponer una visión parcial del pasado, lo que ha generado críticas de historiadores y organismos internacionales. Del IPN tendremos ocasión de discurrir luego. Y ahora es cuando toca citar que el IPN no se llama sólo así y tiene apellidos: en realidad, hay que añadir “Comisión para el Enjuiciamiento de los Crímenes contra la Nación Polaca”. Y una de las leyes…

Cabe citar una ―por aquello de no aburrir― a modo de ejemplo: la Enmienda a la Ley del Instituto de la Memoria Nacional (en adelante, “la enmienda” (también conocida como “ley del Holocausto polaco”, de 2018. La norma constituye un ejercicio de cinismo. Ya hemos visto que el IPN se marca como objetivo enjuiciar a los que han cometido crímenes contra los polacos ―léase nazis y soviéticos. Un ejercicio de memoria histórica viene bien: aquellos que te han hecho cosas deben asumir su responsabilidad y…

Todo bien, pero sin venirnos arriba. Resulta que los crímenes cometidos por Polonia no entran en la memoria histórica: vamos, que los polacos no fueron sólo víctimas, sino también victimarios. Esto hace tiempo que se sabe, y bien que se hacen eco los distintos portales y periódicos judíos. Que eso es otra. Que escándalo. Lo polacos mataron judíos, nosotros, que no matamos a nadie, que también tiene tela. Pero volvemos a aquella comisión de memoria histórica. Muchos historiadores polacos y también foráneos se han dedicado a estudiar algo distinto a los crímenes perpetrados por los nazisoviéticos: los cometidos por los polacos. Pues mal: han pinchado en hueso. Los polacos fueron los buenos, no los malos. Oiga Ud.: nos invadieron, nos masacraron, nos desbarataron el país y nos mataron a nuestros judíos, que no eran pocos. La idea fue inscrita en el contexto de las celebraciones y conmemoraciones que se llevarían a cabo en 2025, al cumplirse 50 años del final de la guerra. Naturalmente, se quiere organizar un fiestón y no es plan de que cuatro aguafiestas nos amarguen el ágape. El más contumaz de dichos pájaros de mal agüero de eventos épico-festivos es el historiador polaco-estadounidense Jan Gross, si bien no es el único. Por algo la ley también se denomina “Ley Gross”.

Dicha ley tiene como puntos clave diversos actos de negacionismo histórico, como son criminalizar toda declaración, obra o pronunciamiento que tenga como fin atribuir responsabilidad o complicidad en los crímenes nazis (en particular, el Holocausto). Para hacer cumplir dicha norma se han ideado sanciones que van desde las multas a tres años de cárcel. No vayan a pensar, por favor, que es una medida de reescribir y reafirmar la narrativa revisiovictimista del PiS: simplemente se trata de proteger el honor de Polonia y sus héroes , que mucha gente que hace historia se propone destruir. Trump es un novato: un ejemplo “campos de exterminio polacos” ni mentarlo, no vaya a ser que de a pensar que los polacos tenían algo que ver. Se prefiere, por ejemplo, campos de concentración nazis en Polonia.

No solo la complicidad polaca en el holocausto, también se carga contra los nacionalistas ucranianos que cometieron crímenes contra los polacos en la segunda guerra mundial, que los hubo, lo que ha complicado un poco las relaciones entre polacos y ucranianos. Como de costumbre, investigar atrocidades polacas siempre es bienvenido, aunque con un detalle que ya nos suena: parece que los crímenes/limpiezas étnicas cometidos por polacos contra ucranianos se quedan fuera. Es lo que tiene el negacionismo. Su meta es que los ucranianos que residen en Polonia se queden calladitos y no digan nada sobre el asunto: es todo un intento de criminalizar a una etnia y el Tribunal Constitucional polaco dejó sin efecto dicho artículo. Todo puede arreglarse: ¿he dicho ya que Duda intentó colocar a los suyos allí? Pensad mal.

Ni que decir tiene que ONG, gobiernos, organizaciones de derechos humanos y otros actores nacionales e internacionales clamaron contra lo que es un intento descarado de limitar la libertad de expresión: una censura en toda regla con su inevitable componente de autocensura.

Los gobernantes polacos saben de historia

Ya hemos visto que la historia quiere ser retorcida. Sin embargo, para saber qué quieres retorcer, es menester conocer aquello que quieres retorcer. Es por ello que hay líderes que conocen bien la historia, porque de ahí a identificar nuevos peligros y potencias extranjeras que quieren destruir al pueblo polaco hay un solo paso. Es un decir, porque el paso hace tiempo  que se ha dado: soviéticos, Alemania, Unión Europea…son los demonios de los ultranacionalistas polacos. «La UE te regaña porque te estás cargando la independencia judicial»=la UE quiere quitar soberanía al pueblo polaco y destruir la identidad nacional polaca. Interviene en el libre devenir histórico del pueblo polaco, porque te dicen cómo tienes que ser.

Lech Kaczyński (no confundir con su hermano gemelo Jarosław, quien fue primer ministro de Polonia), historiador y presidente de Polonia entre 2005 y 2010, falleció en un trágico accidente aéreo mientras viajaba a Katyn para homenajear a las víctimas de la masacre. En el siniestro murieron también altos cargos del Estado. Los temas centrales de Lech Kaczyński fueron la Segunda Guerra Mundial, especialmente la matanza soviética de Katyn (donde miles de polacos, lo mejor de la oficialidad, fueron fusilados y enterrados en una fosa entre abril y mayo de 1940) y el anticomunismo. Lech acudía a Katyn invitado por Putin, algo ahora impensable.

¿Lo nuevo?: la pasión historiográfica del candidato Nawrocki

Dejamos a Lech Kaczyński y volvemos, por fin al candidato presidencial Nawrocki. Como se comentaba, es un tipo joven, a quien se le considera una cara nueva, aire fresco. Ello siempre es bienvenido en un muy corrupto, revisionista, antidemócrata y radical PiS. De momento, Nawrocki no ha atentado contra la constitución como Duda, pero si es un furibundo anticomunista y con grandes recelos hacia Rusia, Ucrania también está salpicada.

Naturalmente, huelga decir que está lejos de las intenciones del autor (es decir: yo) restar relevancia a traumas polacos como la agresión nazi, la soviética y la acometida por sectores ucranianos, aunque, si se intenta llevar a cabo un ejercicio más o menos aceptable de memoria histórica, este debe abarcar aquellos acontecimientos en que Polonia formó parte del bando de los malos de la historia.

Y, cosas de la vida, resulta que el flamante candidato a la presidencia del país es, también, historiador. Su especialidad es la Segunda Guerra Mundial y el comunismo en Polonia. Pero no sólo: es experto en la masacre de Volinia, llevada a cabo por el Ejército Insurgente Ucraniano (UPA) y otros grupos armados de 1942 a 1944, si bien no fue en absoluto algo planificado por Ucrania, que bastante hacía con desligarse de los soviéticos.

El problema de todo esto es que durante la Segunda República Polaca, la minoría ucraniana sufrió una fuerte opresión caracterizada por una polonización, penalizando y suprimiendo prometida autonomía y la lengua, cultura, religión y educación ucranianas, mientras que grandes colonos polacos ocuparon Volinia y los ucranianos fueron excluidos de cargos públicos, acompañado todo ello de una represión brutal contra los disidentes y autonomistas ucranianos ¿Lo adivinan? No, investigar este ensayo de limpieza étnica contra los ucranianos es ir contra la reputación de Polonia. Tenía que pasar.

Y ahora, vamos algo que, por aquello de dar emoción al asunto, no había dicho aún: ¿recuerdan el Instituto de Memoria histórica (IPN)? Pues ―vaya por Dios― resulta que es, un señor que sabe mucho de historia (hasta ahí, bien) que se llama… ¡Karol Nawrocki! Claro, aprobado por una mayoría muy cualificada del Sejm (parlamento) polaco, controlado en 2021 por el PiS y Konfederacja, 2.0, que se dice ahora (¿o 3.0?)

Su gestión al frente el IPN es polémica. No hablamos de su empeño en convertir el negacionismo histórico en principio del IPN, que ya le venía de largo, ni de su liderazgo, digamos, expeditivo, que consiste en despedir a los críticos y de transformar  al IPN en una puerta giratoria  para afiliados del PiS del gobierno anterior, nombrando de este elenco a directivos, según Polskie Radio. No sólo se trata de abuso de poder y amiguismo; es, consecuencia de lo anterior, permitir la organización de acontecimientos académicos patrocinados por elementos neonazis y antisemitas

Pero pasando a asuntos más terrenales y menos historiográfico-épicos, Karol Nawrocki enfrenta sospechas de malversación por una cantidad de unos de 15.4 millones de cotis (unos treinta mil euros), lo que ha provocado una investigación por parte de la fiscalía polaca. Parece que a Duda no le dio tiempo a colocar a gente en la fiscalía.

Pero hay más: Karol Nawrocki, adquirió en 2012, según Gazeta Wyborcza  un apartamento en Gdańsk de un presidiario, un tal Jerzy Ż. Todo muy formal: parece que llevó a un notario directamente al centro penitenciario para formalizar la compra. Y, que coincidencia: Nawrocki había prestado dinero a Ż. para adquirir el inmueble. Hoy por ti, mañana por mí. Lo peor de todo es que Nawrocki declaró públicamente tener un solo apartamento, aunque en sus registros oficiales figuran dos. Tamaña falta de transparencia y de ética no debería ayudarle mucho en campaña.

Amistades peligrosas

Cultiva amistades peligrosas como Donald Trump quien, a principios de mayo de 2025,  le aseguró que ganaría en el Despacho Oval, donde recibió a Nawrocki a principios de mayo.

Buenas credenciales no son. Donald Trump apoya todo lo que tenga que ver con actitudes antidemocráticas, anti Unión Europea, anti-independencia judicial, y un largo etcétera que aumenta a medida que el mandatario estadounidense vomita por Truth SIEMPRE EN MAYÚSCULAS todas sus disquisiciones “filosóficas”. Una mano lava a la otra. Nawrocki aseguró que, si ganaba, estrecharía la relación con EE. UU. Porque, en sus palabras, Polonia lo necesita.

El candidato más ultramontano: Sławomir Mentzen (Konfederacja)

El partido de gente que asegura que la mujer es tonta o que debe ser considerada como posesión del hombre (en concreto un caballo) tiene en Mentzen, de 38 años, su principal valedor. Es más que previsible que apoye a Naurocki en la segunda vuelta, aunque es cierto que en la primera pueda dividir el voto ultra e incluso ser decisorio. Sus ultraconservadoras ideas y propuestas son de sobra conocidas: va contra el aborto, contra los derechos LGBTQ+ y contra la UE, además de posturas anti-ucranianas. En eso es como Nawrocki, pero más radical. Aboga por legalizar el castigo corporal leve a los niños ―de los creadores de “una buena hostia a tiempo…” ― y liberalizar la tenencia de armas. El radical político tienen muchos jóvenes partidarios en el universo tik-tok.

De él se platicará con mayor detalle en la siguiente entrada.

El candidato de la oposición: Rafał Trzaskowski

El actual alcalde de Varsovia lidera las encuestas por unos siete puntos, aunque con un exiguo 32%. Ello no ofrece garantía alguna puesto que Milei también perdió la primera vuelta y luego arrolló en la segunda. Teniendo en cuenta protrumpismo de Nawrocki, hay que mirar de cerca lo ocurrido en Canadá y en Australia, donde los candidatos menos trumpistas vencieron a aquellos mejor posicionados en las encuestas, si, pero tampoco se echa en falta mirar a la misma Polonia, donde el PiS fue en las dos últimas citas electorales el más votado. Polonia es Polonia. Canadá y Australia no pueden quedar más lejos.

Sobre él seguiremos departiendo en la siguiente entrada, que será en breve

English version (shortened)

Poland: Presidential Elections 2025

A crucial elections again

I once titled an article on Poland “crucial elections”. But let’s be honest: when is an election in Poland not crucial? With the shadow of Russia nearby and Poland becoming a growing military power, every vote matters.
This time, the ruling party PiS (Law and Justice) is trying to keep the presidency. They might need help from their far-right ally: Konfederacja.

Old rivals, new battle

As in past elections, we’ll likely see a close race between PiS and KO (Civic Coalition). Rafał Trzaskowski from KO is running again — he almost won in 2020.
KO won the 2023 parliamentary elections, forming a government under Donald Tusk. But PiS remains strong in rural areas and still controls the presidency. That gives them power to block reforms. If they lose the presidency now, it could mark the end of their dominance.

The old and the “new”

President Andrzej Duda must step down in August 2025. His replacement is Karol Nawrocki, presented as “independent” but clearly supported by PiS.
Duda has been accused of weakening democracy, pushing anti-LGBT+ laws, and limiting judicial independence. KO faces the tough job of rebuilding democracy. Nawrocki’s possible election would be a major setback.

History manipulation

Duda also tried to rewrite Polish history, painting the country only as a victim. His government supported the IPN (Institute of National Remembrance), which promotes a very one-sided historical view.
In 2018, a law was passed to criminalize claims of Polish involvement in Nazi crimes, with penalties of up to 3 years in prison. Historians like Jan Gross, who wrote about Polish crimes during WWII, faced strong pressure.
The law also targets Ukrainian nationalists, but Polish crimes against Ukrainians are rarely mentioned. This makes Poland’s history seem “cleaner” than it really was.

The Even More Ultramontane Candidate: Sławomir Mentzen (Konfederacja)

Mentzen, 38, is the face of Poland’s far-right Konfederacja, a party known for comparing women to property—like horses. He’s anti-abortion, anti-LGBTQ+, anti-EU, and anti-Ukrainian. He even supports mild corporal punishment for kids and looser gun laws. He’s like Nawrocki, only more radical. Likely to support Nawrocki in the runoff, but may split the ultra vote in round one. He has a strong TikTok fanbase among young men.The Opposition’s Candidate: Rafał Trzaskowski

The mayor of Warsaw leads the polls by 7 points—but only has 32%. That’s no guarantee: just ask Milei in Argentina. Nawrocki’s Trumpist tone invites comparison with Canada and Australia, where moderates won despite trailing. Even in Poland, PiS won the most votes twice in a row. Poland plays by its own rules.

More on Trzaskowski in the next post.

 

Image credit: Marcin Białek, CC BY-SA 3.0
https://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0, via Wikimedia Commons

Deutsche Version (gekürzte Fassung )

Polen: Präsidentschaftswahlen 2025

Wieder entscheidende Wählen
Ich nannte eine frühere Analyse zu Polen „entscheidende Wahlen“. Doch: Wann ist eine Wahl in Polen nicht entscheidend? Mit dem russischen Druck und Polens wachsender militärischer Rolle zählt jede Stimme.
Diesmal will die Regierungspartei PiS den Präsidenten stellen – mit Unterstützung der rechtsextremen Konfederacja.

Zwei alte Bekannte Kampf
Wie bei früheren Wahlen gibt es ein Kopf-an-Kopf-Rennen zwischen PiS und KO (Bürgerkoalition). Rafał Trzaskowski von KO tritt erneut an – 2020 verlor er knapp.
Bei der Parlamentswahl 2023 gewann KO unter Donald Tusk. PiS bleibt aber stark im ländlichen Raum und kontrolliert weiter das Präsidentenamt – ein strategischer Vorteil. Ein Machtverlust bei der Präsidentschaft könnte ein Wendepunkt sein.

Alt und “neu”
Andrzej Duda muss 2025 sein Amt verlassen. Sein Nachfolger soll Karol Nawrocki werden – offiziell „unabhängig“, aber eigentlich mit Unterstützung der PiS.
Duda wird vorgeworfen, die Demokratie geschwächt zu haben: Eingriffe in Justiz, Anti-LGBT-Politik und autoritäre Tendenzen. KO steht nun vor der Aufgabe, demokratische Strukturen wieder aufzubauen. Ein Sieg Nawrockis würde dies erschweren.

Vergangenheit als Waffe
Duda setzte sich dafür ein, die Geschichte umzuschreiben – Polen als reines Opfer. Sein IPN (Institut für Nationales Gedenken) verbreitet eine sehr einseitige Sicht auf die Vergangenheit.
Ein Gesetz von 2018 kriminalisiert Aussagen über polnische Beteiligung an Nazi-Verbrechen. Strafen reichen bis zu 3 Jahren Haft. Historiker wie Jan Gross, die über polnische Gräueltaten im Zweiten Weltkrieg schreiben, stehen unter Druck.
Auch ukrainische Nationalisten werden angeprangert – aber polnische Verbrechen an Ukrainern werden kaum erwähnt. Polens Rolle in der Geschichte erscheint dadurch „reiner“ als sie war.

Der noch ultramontanere Kandidat: Sławomir Mentzen (Konfederacja)

Mentzen (38) ist das Gesicht der rechtsextremen Konfederacja – einer Partei, die Frauen mit Eigentum vergleicht, etwa mit Pferden. Er ist gegen Abtreibung, gegen LGBTQ+, gegen die EU und gegen die Ukraine. Er will leichte körperliche Züchtigung von Kindern erlauben und den Waffenbesitz liberalisieren. In allem ist er wie Nawrocki, nur radikaler. Vermutlich wird er ihn in der Stichwahl unterstützen, könnte aber vorher die rechte Wählerschaft spalten. Besonders auf TikTok hat er viele junge Fans.

 

Bildnachweis: Marcin Białek, CC BY-SA 3.0
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Por Antonio Rando Casermeiro

Me llamo Antonio y nací en Santander en 1974, aunque soy, sobre todo, de Málaga. Soy licenciado en Derecho e Historia y doctor en Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales por la universidad de Málaga y quisiera dedicarme a ello. Soy un apasionado desde pequeño del este de Europa, especialmente de los Balcanes y Yugoslavia. Me encantan las relaciones internacionales y concibo escribir sobre ellas como una especie de cuento. Soy apasionado de escribir también cuentos y otras cosillas. Desde 2013 resido en Colonia (Alemania)

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