créditos montaje: montaje realizado con fotos de Tumisu y Gerhard_Romero from Pixabay
Vamos con un pequeño refresco desde la entrada anterior: este domingo, casi 29 millones de polacos están llamados a las urnas. Son elecciones presidenciales, con dos vueltas, una primera en la que el candidato que se haga con más del 50% de los votos se proclama vencedor. Ello no va a pasar: Rafał Trzaskowski es quien va por delante en las encuestas, y sólo con un poco más del 30 por ciento. Se antoja, pues, una segunda vuelta (lo que los argentinos llaman balotaje) que será decisiva, claro, como todo lo que tenga que ver con el país eslavo.
Una víctima de estos comicios va a ser, para muchos analistas, la desaparición del centro político. A menudo se suele sostener que el país está profundamente dividido entre progresistas y conservadores, pero la realidad es otra: está dividido entre conservadores y muy conservadores. No sólo es el centro la principal víctima, lo es también el sano debate que debería ser rasgo distintivo de cualquier sistema democrático. Así, los debates arrastran un verdadero lodazal discursivo, trufados de insultos, mentiras y polarización. Sólo la seguridad y la defensa parecen estar a salvo de trifulcas. Lo dicho no es nuevo, es el lábaro de la extrema derecha mundial, de la que Milei es el principal deslenguado pero no el único.
La izquierda no está: suerte tiene de poder aspirar a alguna de las migajas-ministerios de la muy heterogénea KO, pero está totalmente fuera de juego de cualquier posibilidad de ganar. KO, conservador, coquetea con ciertos postulados de la ultraderecha (ver más adelante), porque en Polonia está la derecha y la ultraderecha, y la segunda es hasta ahora la más votada y fluctúa desde un ultraconservadurismo atávico a un autoritarismo homófobo-misógino confeso. No hay más en el espectro político polaco. Existe, pero no está invitado.
En la entrada anterior, hablábamos del presidente saliente, Andrzej Duda (no puede presentarse de nuevo según la ley polaca), corrupto, adalid de la destrucción del Estado de Derecho y manipulador contumaz de la historia a la par que censor. Su sucesor, Karol Nawrocki es el director del Instituto polaco de la Memoria histórica, instrumento de censura que posibilitó la censura oficial hacia todo lo que suponga investigar y/o hablar de la participación polaca en el Holocausto, del mismo modo que prohíbe a los ucranianos residentes en Polonia hablar del intento de polonización sufrido por este pueblo durante la Segunda República Polaca (1918-1939). Pero, además, está acusado de corrupción, nepotismo, tráfico de influencias e incluso episodios como el de ir a la cárcel a contraer un préstamo con un presidiario para un casoplón en 2012, inmueble que no estaba declarado (le pillaron). Pero es más: a su vez este recluso ya le había prestado dinero con anterioridad. Esto lo vemos en una serie de Netflix y decimos “¡venga ya!”.
Los otros candidatos
Hay un total de 13 candidatos. Ya habíamos hablado del candidato más echado al monte (y no era para hacer senderismo): Sławomir Mentzen (Konfederacja). Antiaborto, anti LGBTQ+, anti-UE, antiinmigración y antiucranianos, bien sea porque el grano de este país es más barato (ya que la UE favorece a Ucrania, a causa de la guerra de exportar sin aranceles a la UE su cereal), bien sea porque quieren cobrar a los refugiados que huyen de la guerra (no quieren: ya lo puso en práctica el anterior gobierno). Eso sí, Konfederacja no es sólo anti: también es pro, sólo que partidario de la tenencia de armas y a favor de pegar a los niños si se portan mal. Causa furor en tik-tok, especialmente…¡entre los jóvenes!
Es, en definitiva, contrario a todo lo que suene a avanzado, aunque sea de manera tenue.
Pero es joven, con cultivo de su imagen y un discurso libertario (Milei es un ejemplo). La matraca de la libertad atrae especialmente a jóvenes, en consonancia con el nacionalpopulismo mundial que incide en que la izquierda e incluso la derecha moderada son parte del sistema que quita posibilidades de realizarse en vez de otorgarlas. No es menos cierto que en lo social es demasiado conservador, si bien eso no ha demostrado ser un óbice en el pasado. Por otra parte, su actuación calca a la extrema derecha de toda región, siendo generoso en el riego de su discursos con generosas dosis de bulos y manipulaciones, algunas de ellas especialmente burdas, en especial sobre los inmigrantes .
La misoginia inherente que lleva de serie Konfederacja lo aleja de muchos jóvenes y otros sectores de la población. Está a favor de penalizar el aborto incluso cuando este haya sido consecuencia de una violación. Da igual: “matar niños inocentes” en ningún caso, sostiene el candidato ultra. No es un problema: tiene su nicho, y no le ha ido mal, pues apoyó al PiS en el gobierno antes de llegar Tusk, lo que sin duda le reportó concesiones por parte de este partido.
Otros candidatos son Adrian Zandberg, del partido de extrema izquierda Razem (Juntos), y Magdalena Biejat, de la Nueva Izquierda, ya fuera del podio, jugándose el cuarto y el sexto puestos. Con todo, no es del todo mala noticia del todo para la izquierda, pues si la participación electoral es tan alta como se espera, se habla de una mejoría que no se daba desde 2010. Su utilidad y su fuerza podría decantar el sostén a Rafał Trzaskowski en la segunda vuelta para convertirse en presidente.
El candidato de la oposición: Rafał Trzaskowski, hombre de mundo
El actual alcalde de Varsovia lidera las encuestas por unos siete puntos, aunque con un exiguo 32%. Ello no ofrece garantía alguna puesto que Milei también perdió la primera vuelta y luego arrolló en la segunda. Teniendo en cuenta protrumpismo de Nawrocki, hay que mirar de cerca lo ocurrido en Canadá y en Australia, donde los candidatos menos trumpistas vencieron a aquellos mejor posicionados en las encuestas, si, pero tampoco se echa en falta mirar a la misma Polonia, donde el PiS fue en las dos últimas citas electorales el más votado. Polonia es Polonia. Canadá y Australia no pueden quedar más lejos. De hecho, el problema de Trzaskowski, en teoría centrista, es el mismo de Starmer en el Reino Unido: que adapta su discurso para atraer votantes conservadores, yéndose a la ultraderecha en muchos de sus postulados
Si Rafał Trzaskowski gana las elecciones, se inaugurará una etapa de políticas menos retrógadas, y proeuropeas, lo cual no presenta especial dificultad si se parte de la labor de Duda. Como regidor mayor de Varsovia, su inclinación es centrista (aunque en retirada por lo mencionado anteriormente). Representa a una Polonia urbana, avanzada, de mayor crecimiento y más cosmopolita (cuyos votantes frenaron a Mateusz Morawiecki y dieron la victoria a Donald Tusk: lo que se ha dado en llamar la “Polonia A”. El problema es que necesita al conservador mundo rural polaco, razón por la cual Trzaskowski lleva a cabo un denodado esfuerzo en presentarse como el patriota que une a campo y ciudad.
Trzaskowski es un hombre de mundo y, además, con mucho más carisma que Nawrocki. Se formó en Australia, EE. UU., el Colegio de Europa en Natolin (cerca de Varsovia) y Oxford. Habla, además del polaco, inglés, español, ruso e italiano
y comenzó su carrera política en Bruselas antes de regresar a su país, donde impulsó medidas como la eliminación de símbolos religiosos en edificios públicos, el apoyo a la comunidad LGBTQ+ y la creación de una zona de bajas emisiones. Aunque perdió por la mínima en 2020 frente a Andrzej Duda en una campaña marcada unos medios en su contra, parte ahora como favorito gracias a la falta de carisma del nuevo candidato del PiS, Karol Nawrocki, y a la división de la derecha por el auge del partido Confederación. No es menos cierto que el carisma puede suplirlo con una imagen de hombre patriota y duro, apoyado nada menos que por Donald Trump de manera expresa
La victoria de Trzaskowski también consolidaría el legado democrático de Donald Tusk y facilitaría reformas como la flexibilización del aborto, la legalización de las uniones civiles LGBTQ+ y la reversión del control político sobre la justicia y los medios públicos, aspectos en los que Duda es maestro.
Es de recibo que, si el candidato de KO consigue imponerse, podrán acometerse reformas como la ley del aborto, una de las más restrictivas de Europa que, en ese sentido, estaba mejor con los comunistas.
Los riesgos de un Nawrocki ganador pueden ser de vértigo: daría oxígeno a un PiS tocado desde que perdió el gobierno contra Tusk en las parlamentarias de 2023. Por no hablar de que, como se comentó en el anterior post, puede que no mande mucho, pero sí tiene en su mano una atribución destructiva a través del veto sobre la acción del gobierno, que permite retrasar o complicar sus decisiones
De hecho, cunde una especial de sensación de que Tusk está en período de prueba. Tanto es así que las elecciones de hoy pueden suponer un test que responda a la pregunta de si es posible derrotar al populismo sostenidamente o se trata sólo de un paréntesis. Es decir: si hay vida después del populismo .
Tusk y su KO y apoyos aguantaron el envite; es decir: Tusk siguió sin ser el partido más votado pero tampoco el PiS (que si lo fue) no consiguió avanzar con respecto a las legislativas de 2023, con todo lo que ha caído. Sin embargo, el PiS podría empezar a acusar el desgaste que sigue a un partido que, una cita tras otra, no para de perder administraciones, por mucho que siga siendo el partido mayoritario de los polacos.
El contexto internacional y regional
El mismo domingo 18 de mayo se juegan además otros partidos electorales que pueden determinar el devenir del continente en una Europa que tiene un caballo de troya de Putin potente como Orbán, si bien no les hace falta: se bastan ellos solos. En Portugal la ultraderecha Chega puede ser determinante pero, sobre todo, para el este europeo, George Simeon podría alzarse con la victoria en unas presidenciales rumanas. Parece el tapado de Călin Georgescu. El candidato de extrema derecha rumano era una especie de Alvise Pérez local. En teoría independiente, estaba bien surtido con dinero ruso, lo que llevó a la Justicia rumana a anular la primera vuelta, que ganó, por cierto. No obstante, Simeon podría llevarse los comicios. Imagínense el sueño húmedo de Orbán hecho realidad: reconstruir el Grupo de Visegrado, una época de esplendor para la fauna anti-UE en el que se encontraban Polonia, Hungría, Eslovaquia y Chequia. Ahora no está Polonia ni Chequia pero la vuelta del primero y la entrada de Rumanía podrían conformar un frente antidemocrático de lo más peligroso.
actualización, aquí