Hoy, seguimos inmersos en la resaca electoral de las elecciones parlamentaras y locales celebradas en Serbia en diciembre del año pasado.

Foto: composición a partir de imágenes de AGBCSX y Kaufdex, de Pixabay

Pese a que la situación prometía, nada induce a pensar que Vučić tenga por qué preocuparse por su sillón presidencial en Serbia (al menos, mientras los pucherazos sigan viento en popa). En dicho menester —y en otros muchos otros— será siempre la Federación Rusa un gran aliado.

Marzo de 2024: llegará un momento en que no será posible profundizar más en las relaciones serbo-rusas

Que las relaciones Moscú-Belgrado pasan por un dulce momento no es ningún secreto. Tanto se insiste, que resulta difícil que puedan ir a más, pues cada vez que se tiene oportunidad se destaca lo muy estrechas que son y lo mucho más que lo serán en el futuro; llega a ser empalagoso.

Esta especie de luna de miel se robustece, en especial, desde que Vučić detenta el poder en Serbia (2017).  En marzo de 2024 tiene lugar en Altaya (Turquía) un encuentro entre los ministros de asuntos exteriores Ivica Dačić (Serbia, quien desde el 20 de marzo es primer ministro) y Sergei Lavrov. Se suceden las manifestaciones de afecto entre los dos países: nos vamos a aburrir a lo largo de esta entrada. Como de costumbre, se habla de estrechar las relaciones entre los dos países y de la intención serbia de llevar a cabo una política exterior autónoma e independiente: la UE no debe dictar a Serbia lo que tiene que hacer, faltaría más. En este sentido, Serbia sigue negándose por enésima vez a aplicar los paquetes de sanciones comunitarias (ya van por el decimotercero) al amigo ruso, por mucho que la Unión presione en ese sentido (la posición serbia en la cuestión ucraniana ya ha tenido la ocasión de ser abordada en otras entradas, como esta y esta)

Se deja atrás un pequeño detalle: que, efectivamente, Serbia ha firmado con la UE diversos instrumentos en los que —lo dice Serbia, no la UE— el país sí que se compromete, precisamente, a hacer lo que la UE le diga que haga en muchos sentidos, en especial en el asunto de Rusia. O eso, o no hay adhesión que valga. En fin… la política es el reino de proclamar algo y llevar a cabo lo contrario, nada que nos pille de sorpresa.

Elecciones en Serbia y Rusia

La farsa electoral producida en Serbia en diciembre de 2023 reforzó a su presidente. Frente a los clamores mundiales sobre las irregularidades en el proceso electoral, Rusia, apoya a Belgrado en este trance, y asegura que no es tal, sino que la culpa es de Occidente, que intenta desestabilizar Serbia. Una manita a su hermano serbio. Rusia también celebró este año, hace nada, otros comicios marcados por la falta total de garantías. Sólo si vives fuera puedes votar sin miedo. Un ejemplo son los rusos que viven en Serbia, quienes votaron masivamente contra Putin, es la única forma…un consuelo, más que otra cosa…y no es que en Serbia los detractores de Putin sean tratados de la mejor de las formas, pero al menos —de momento— les queda eso. Vučić, por supuesto, felicita a su homólogo ruso tras su victoria en las elecciones (también lo han hecho Maduro y Díaz-Canel… En fin…), apelando —como no— a su cualidad de dirigente de un país al que ama, soberano, que no es esclavo de nadie (en referencia a la UE y EE.UU., quienes critican la falta de limpieza de los comicios rusos): da igual lo que Occidente diga sobre los comicios rusos de marzo. Una mano tapa a la otra.

Consecuencia: los líderes Aleksander Vučić y Vladimir Putin pueden seguir profundizando en el deterioro de la democracia en Serbia y, en Rusia, perseverar en algo que tiempo ha que no puede denominarse democracia, ni siquiera híbrida (como la serbia). De ahí que les convenga no estar solos. En Serbia al menos cabe la protesta frente a unos medios de información manipulados, con una oposición que sigue desafiando, pese a no estar totalmente unida, al poder. En Rusia, tal cometido es imposible, pues los opositores son encarcelados y/o mueren en extrañas circunstancias. Los dos países mantienen unas relaciones muy fluidas para desesperación de una UE que asiste impotente a cómo Serbia se compromete a seguir los valores comunitarios, pero los ignora. No es poco el dinero con el que la Unión asiste a Serbia, aunque, como hemos visto, la percepción entre los serbios es que el aliado más fiable y que más dinero invierte es Rusia, cuando ni de lejos llega a lo desembolsado por la UE.

Colaboración en muchos campos, aunque uno es especialmente controvertido

De momento, ambos países siguen insistiendo en la fraternidad que les une. Ya he explicado en otras entradas que, históricamente, de fraternidad hubo poco, cuando no lo contrario, y van varios siglos ya en los que no existió tal fraternidad. No obstante, el discurso es otro: 2024 empezó fuerte. Pese a que la UE implora en sentido contrario, Serbia no hace sino estrechar más sus lazos con Rusia. En enero tienen lugar acuerdos en el ámbito sanitario y en el militar, que se materializa por ejemplo en la adquisición serbia de un sistema antidrones militar ruso, el Repellent. Suena a insecticida, pero es mucho más serio. Rusia no puede permitirse el lujo de vender insumos militares estando tan necesitada de ello en su —ahora sí lo llama así— guerra con Ucrania. Luego, a mi juicio, es un acto de propaganda: Rusia no sólo no pasa apuros militares, sino que incluso colabora y vende armamento a otros países.

Pero ya hemos visto que Serbia necesita a Rusia en el contencioso de Kosovo, por lo que, un poco sin venir al caso, no pierde la oportunidad de agradecer a Rusia su “apoyo a la integridad territorial de Serbia”, junto a la muletilla “hermandad profunda”, enunciado de cualquiera de las formas que se nos antojen posibles. Una declaración muy vasallática. Ahora viene el problema: La UE monta en cólera por enésima vez, está cansada de decir que ya está bien de colaborar con Rusia, que la posición comunitaria en la guerra de Ucrania es la que es: pero Serbia sigue estrechando la relación con Moscú mientras más se lo reprochan. Todos lo saben, también Estados Unidos, cuyo exembajador en Kosovo —Philip Kosnett— asume, frustrado, ya va para medio año, que los esfuerzos por alejar a Serbia de Rusia y su no-aliado chino no han resultado.

Y, ahora, con ustedes, la excusa de Begrado. Serbia argumenta que los sistemas adquiridos a Rusia son para uso doméstico (los drones, por ejemplo, son para impedir los robos, en teoría). Sin embargo, casa poco tal afirmación con que se compren equipos de infantería, de observación y protección, así como material  para dispersar manifestaciones por parte de la policía militar serbia. No parece que Vučić tenga en mente iniciar otra guerra, pero lo que sí está claro es que es material militar comprado a una potencia conocida por el control y la represión de la oposición con métodos —digamos— expeditivos. El “producto” está destinado, básicamente, a reprimir a la oposición y a los manifestantes en unos momentos en que el predsednik serbio tiene a la calle en pie de guerra, enfurecido por los atropellos a los derechos humanos y el último vodevil electoral. Los equipos utilizados por la policía serbia para reprimir a los manifestantes llevan años siendo denostados por la UE: viene de largo la adquisición a China de tecnología usada para el reconocimiento facial de manifestantes, algo de dudosa constitucionalidad en cualquier democracia que se precie de ello.

El gas ruso: la historia de siempre

Serbia no sólo necesita a Serbia en el apéndice kosovar. También depende del gas ruso. Y el gas es un arma de presión muy poderosa del Kremlin (que se lo digan a los moldavos). El gigante gasístico Gazprom suministra gas a Serbia a través de Turquía mediante el gasoducto TurkStream. Vučić inauguró muy solemnemente en 2021 el tramo serbio de dicha vía (junto a un sustancioso contrato de suministro de gas ruso en 2022). El predsednik serbio proclamó en persona (también puede verse en la web de la presidencia serbia) el gran día para el progreso serbio, gracias a los “amigos rusos” (y no sé cuántas van ya). Moscú suele recoger el guante y premia a su hermano (menor) con prebendas simbólicas como, por ejemplo, en diciembre de 2023 la Orden de la Federación Rusa al CEO de Srbigas (la empresa estatal serbia), Dušan Bajatović (también político, del partido de Milošević y del actual primer ministro serbio Ivica Dačić). Durante la ceremonia, lo de siempre: los lazos entre Serbia y Rusia son a prueba de bomba. No se desperdicia ocasión para insistir, cual canción de verano, en lo mismo. Lo de las concesiones de títulos es algo que ya ponía en práctica Bizancio hace unos 1500 años: dar títulos a los entonces muy salvajes eslavos para deslumbrarlos. Pero también para recordar quien manda. Y Rusia es deudora de Bizancio en muchos sentidos, en especial de la muy sofisticada diplomacia bizantina. Aunque Bizancio era un imperio milenario y Rusia…pues es…la Federación Rusa. En cualquier caso, el discurso de poder no viene mal a nadie. Y más cuando Rusia se encuentra bastante aislada y necesita cualquier apoyo, bien será Serbia, China o incluso el archipiélago de Vanuatu. Aislada, ojo, pero no tanto, poque recibió parabienes tras su éxito electoral de China, India y gran parte de América Latina.

Amigos, pero que corra el aire

Y a Serbia, por mucha fraternidad que proclame, no le gusta ser dependiente en lo energético de nadie. Ni a Serbia, ni a nadie: eso es de primero de política exterior. No hay más que ver el ejemplo de Alemania cuando Angela Merkel suscribió con Putin un acuerdo de suministro de gas ruso a Alemania. Fue en 2014. Adivinen. Correcto, están en lo cierto: el año en que Rusia se anexionó Crimea y empezó la guerra en Ucrania “desestabilizando” —una forma amable de denominarlo— el Dombás (¿de verdad todavía alguien piensa que la guerra en Ucrania comenzó en febrero de 2022? Porque en enero de 2022, poco antes de producirse la invasión a gran escala, ya iban por 14.000 muertos). Luego, a los líderes alemanes se les quedó una expresión rara cuando Rusia entro en tromba en Ucrania. “Quien se acuesta con niños se levanta meado”, suele decirse. Nada que no se esperara. Luego legaron las proclamas solidarias y le indignación en febrero de 2022 por algo que llevaba pasando ocho años: es política.

Volvemos a Serbia y su dependencia. Que sí, que los hermanos rusos están muy bien. Pero Vučić —que es un nacionalpopulista de tintes ultraderechistas, pero no se ha caído de un guindo— no quiere fiar todo a un solo suministrador (ya conoce los sufrimientos moldavos de 2006 cuando Rusia se negó a suministrar gas al pequeño país y casi se mueren de frío ese año). Por dicho motivo, Serbia se aprovisiona también de gas azerbayano vía Bulgaria: por si acaso, que a veces los hermanos, por muy cercanos que sean, tienen su carácter; sobre todo, si se trata de hermanos mayores.

 

 

 

 

 

 

 

 

Por Antonio Rando Casermeiro

Me llamo Antonio y nací en Santander en 1974, aunque soy, sobre todo, de Málaga. Soy licenciado en Derecho e Historia y doctor en Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales por la universidad de Málaga y quisiera dedicarme a ello. Soy un apasionado desde pequeño del este de Europa, especialmente de los Balcanes y Yugoslavia. Me encantan las relaciones internacionales y concibo escribir sobre ellas como una especie de cuento. Soy apasionado de escribir también cuentos y otras cosillas. Desde 2013 resido en Colonia (Alemania)

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