Imagen: Montaje a partir de  Kranich17 ¡Gracias!

Image: based on a photo from Kranich17 . Thank you!

Quién dice que las cohabitaciones sean fáciles

¿Quién dijo que las cohabitaciones eran fáciles? La nueva etapa política en Polonia presenta a un gobierno de Tusk obligado a (seguir sin dejar de) pactar y (seguir sin dejar de) resistir, con un presidente del PiS que no dará tregua y complicará en la medida de lo posible la vida al presidente Tusk, quien deberá seguir manteniendo operativa la enrevesada galaxia de formaciones que lo sustentan. DE momento, pasó la primera prueba con la cuestión de confianza. Inmigración, tensión institucional y una ciudadanía cada vez más dividida marcan una atmósfera asfixiante para el primer ministro polaco.

La cohabitación que se avecina entre un gobierno de Donald Tusk sostenido precariamente y un PiS que retiene la presidencia en Polonia desde las elecciones del 1 de junio de 2025 se antoja más que problemático. La inmigración (o, mejor la gestión del sentimiento de los ultraconservadores y ultraderechistas sobre ello) va a ser un caballo de batalla importante. Donald Tusk compró parte del discurso. Ahora se enfrenta a un Karol Nawrocki que no dejará pasar una y que le pedirá más mano dura.

En un momento inicial, se sembraron dudas sobre la limpieza de las elecciones. De hecho, la Comisión Electoral Nacional de Polonia (PKW) investiga posibles irregularidades en el escrutinio de sufragios tras el balotaje del primero de junio. SI la victoria de uno de los candidatos es clara, pues para de contar (nunca mejor dicho) pero, ante un recuento tan ajustado (Karol Nawrocki (PiS) derrotó a Rafał Trzaskowski (PO) por menos de 400.000 votos sobre un total de casi 21 millones emitidos) un fraude, a mínimo que sea, puede decantar la victoria para uno de los candidatos. Las sospechas de fraude electoral para favorecer a un candidato se han dado, al menos para la coalición de gobierno, que exigió una investigación al respecto. Así, la PKW. Se presentaron 28 reclamaciones hasta el 9 de junio y el presidente del gobierno, Donald Tusk, llamó a la calma, una actitud que se añora en otros lares europeos, al declarar que no beneficia a la imagen de Polonia empezar a soltar afirmaciones sobre la seriedad del sistema electoral polaco. Ello contrasta con lo vomitado en X (estoy harto de llamarlo «antiguo etc…») por el presidente saliente del PiS, Andrej Duda, quien asegura que el gobierno quiere cambiar los resultados electorales.

A continuación, empezó la retahíla acostumbrada que suele desplegarse en estos casos: PiS y epígonos asegurando que la legislatura está muerta, que es cuestión de tiempo, etc.  Así que, ni corto ni perezoso, el presidente del gobierno, Donald Tusk, casi apenas conocidos los resultados la noche del 1 al 2 de junio, convocó una cuestión de confianza para el día 4 . Necesitaba saber si los socios de gobierno le seguían apoyando. Sabía que sí, claro está, y superó la moción. A los socios de las formaciones que lo sustentan en el poder, de todos modos, tampoco es que les quedara otra. Sin embargo, había otra función: Tusk también precisaba un baño de confirmación ante la opinión pública: oigan, esto no es una cuesta arriba hasta que vuelva a ganar el PiS. Esto sigue; el gobierno gobierna, no está «esperando a», no es ningún pato cojo.

La cuestión ucraniana

En Polonia, desde hace más de tres años y medio, la gente identifica inmigración con ucranianos. Al principio -¡era taaaan bonito!- los polacos se volcaron con los ucranianos que huían de la guerra. Pero poco a poco se comenzó a aplicar el muy manido  mantra de «la solidaridad bien entendida empieza por uno mismo». Ignoro cómo puede sonar en lengua polaca otro Hoy hablamos de inmigración pero…¿cuándo no se habla en aquél confín de la Unión Europea?

Confirmada la victoria de Nawrocki, hay algo que se antoja palmario: que la postura contra la inmigración será aún más dura. Volvemos a los ucranianos. Al año de formar Tusk gobierno en diciembre de 2023, nos encontramos con que el apoyo inicial a los refugiados ucranianos arrastra una muy caída capa. Tras la efusión, simpatía y empatía polacas con los vecinos (un 94% de la población), viene el enfriamiento. Algo influye la guerra del grano (que traté aquí). los agricultores polacos, muy del PiS (que lo peta en el campo) rabian con las facilidades concedidas por la UE a Ucrania para exportar su grano, compitiendo con los productos polacos. A buen seguro que el contencioso inclinó decisivamente la balanza a favor de Nawrocki, más habida cuenta de que el PiS desplegó una campaña permanente al respecto.

Para diciembre de 2024, poco más de la mitad era tan entusiasta. Del mismo modo, ha descendido el número de polacos que cree que Putin usará armas nucleares. En cuanto a la lucha por la libertad de los ucranianos, se va instalando en la población la idea de que el país deberá ceder territorios. Sin embargo, si es cierto que la mayoría de los polacos es partidaria de enviar de vuelta a Polonia a los hombres en edad de combatir que llegaron como refugiados. No quieren tantos ucranianos y no están tan comprometidos con la defensa de Ucrania, pero si enviamos a los que están aquí a luchar (a que se maten), entonces sí. Se matan dos pájaros de un tiro y encima se pasa por compromiso con la defensa del país vecino.

Que Polonia es un país de locos, lo evidencia el hecho de que los votantes de la izquierda y la coalición gobernante (conservadores clásicos) muestran mayor respaldo que PiS o la extrema derecha a los inmigrantes y a la afluencia de los mismos. De acuerdo: hasta ahí, bien, lo que se esperaba. Sin embargo, nos llama la atención hasta el punto de la incredulidad que entre los votantes de Konfederacja existe una mayoría que no está en contra de la inmigración (al menos, en lo que atañe a los ucranianos). Los «confederados» son una formación política que, a tenor de su ultramontanismo y los rebuznos de algunos de sus «oradores» contra las mujeres, el feminismo, los judíos. No les gustan ni la OTAN ni la UE pero su postura sobre los ucranianos es que los aceptan. Pero no gratis: que lo pague la UE, ya que tanto le gustan. Es un «¿no te gustan tanto los inmigrantes? mételos en tu casa» de manual. Otra cosa. Apoyan a los ucranianos…pero también  Putin despierta admiración (ya saben, un hombre fuere que no se pliega a la UE), pero también, como buen polaco, les asusta Rusia.  Para que los encierren o, al menos, les echen de comer aparte.

Ucranianos e inmigración

Que si la guerra del grano: venga ya, se trata de ucranianos también (granos ucranianos, para ser más exactos). Les importa una higa que uno de los principales graneros del mundo entre a competir con ellos de manera directa. Orbán no quiere a Ucrania en la UE, el PiS polaco tampoco…y Tusk pues algo tiene que dar a la población para que no piensen que es antipolaco. Porque no hace falta demasiado por esos lares para que te etiqueten así.

Los manejos del PiS: el aperitivo del referéndum sesgado de 2023

De hecho, junto a estas elecciones parlamentarias de 2023 que encumbraron tras un doloroso parto -para que faltar a la verdad- a Donald Tusk, tuvo lugar otra votación: un referéndum para endurecer las condiciones para la inmigración. Ni siquiera Donald Tusk pudo sustraerse. Lo vemos después.

Tal referéndum necesitaba un quorum mínimo de participación. Los polacos, hartos de tanta manipulación,  del PiS, acudieron  masivamente de dentro y de fuera del país para señalar la puerta de salida al PiS. Pero no se dejaron engañar. El partido ultraconservador se pasó de listo con el ardid de hacer coincidir ambos comicios: legislativos y referéndum. O Tusk o la inmigración, era el mensaje. Le funcionó en 2015…y casi en 2023.

No obstante, los mismos polacos que batieron plusmarcas de participación para el elegir al Sejm (parlamento polaco) dejaron sin efecto el referéndum, ignorándolo. Y no fue fácil, ya que en mencionado quorum se estableció en un más que discutible 50%, una cifra que va contra todos los estándares preceptivos para adoptar reformas de tal calado.

Pero había más: la pregunta principal del referéndum no podía ser más tendenciosa: giraba en torno a si los electores  aceptarían que “miles de inmigrantes ilegales del Medio Oriente y África” como parte de un «plan de reubicación impuesto por la burocracia europea». Muy neutral todo. Muy aséptico.

En el caso de que se hubiera aprobado, se restablecerían  los controles fronterizos. La Polonia del PiS comandaba el Grupo de Visegrado (V4), una época de esplendor para la fauna anti-UE en el que se encontraban Polonia, Hungría, Eslovaquia y Chequia. Orbán continúa en el grupo, siendo su máximo entusiasta. Este grupo fue desinflándose con la salida de los partidos y líderes proclives en sus respectivos países. Andrej Babiš en Chequia, Robert Fico en Eslovaquia y Tadeusz Mazowiecki en Polonia fueron desalojados del poder. Orbán estaba sólo en la élite autoritaria del caballo de Troya euroescéptico. Pero volvió Fico (un socialdemócrata que es en realidad un populista de ultraderecha) y Nawrocki a Polonia. El presidente en dicho país no tiene demasiadas atribuciones, pero entre ellas sí que se cuentan la facultad de entorpecer la aprobación las  leyes, dilatando el procedimiento de adopción.

En cuanto al supuesto «plan de reubicación» impuesto por la burocracia europea, el PiS sabía que jugaba en su campo: Polonia acogía  por entonces a más de un millón de refugiados ucranianos, pero la cuestión no eran ellos, ya que son blancos y europeos (hay encuestas que inciden en que la población está menos dispuesta a aceptar inmigrantes extraeuropeos), aunque también: el gobierno del PiS sostenía que los inmigrantes musulmanes y de otras culturas constituían una amenaza a la identidad cultural y la seguridad nacional. Desde 2015-2016 muchos refugiados sirios, pero no solo, afluyeron en masa ala UE buscando justo eso: refugio.  La Unión Europea aprobó en junio de 2023  un reparto de migrantes que entraban sin autorización, lo que generó un conflicto en muchos países.

Enemigo exterior, disolución de la identidad nacional: buen cóctel populista. El Pis atacó a Tusk y a la oposición, a sabiendas de que le podía hacer mucho daño. Con respecto a los ucranianos, se arguyó que Polonia soportaba muchos ya y que no tenían que sentirse, por dicha razón, a esos malvados burócratas europeos. El PiS recurrió a propaganda audiovisual de dudoso anclaje en países democráticos identificando inmigración con violencia. Nada nuevo bajo el sol de la extrema derecha europea o trumpiana. Hablando del anaranjado gobernante ¿Recuerdan lo del muro en la frontera con México? Pues el gobierno polaco del PiS también construyó uno ¡Con militares y todo! Más distópico, Black Mirror... o Estados Unidos en la actualidad, para qué buscarse mundos paralelos si aquí tenemos de todo.

Es cierto que hay diferencias: Rusia, a través de su «protectorado» bielorruso, es muy de lanzar a todos los inmigrantes que puede contra la UE para desestabilizarla. No hay mejor manera de influir en unas elecciones que usando miles de inmigrantes como fichas de un Risk a pequeña escala. Que quieres ayudar Orbán o a tu constelación ultra a ganar elecciones: apelas al miedo a la inmigración que también has atizado convenientemente. En Polonia, típico país de emigrantes, que no tenía más de cien mil en 2013, la gente se encuentra con dos millones y medio. Y al aludido miedo a perder la identidad cristiana y europea. Es que no están acostumbrados.

Lo peor de todo es que Donald Tusk continuó con el muro. Y es que la economía polaca mejoró con el ingreso en la UE. Los polacos están mejor que antes por mucho que digan PiS y Konfederacja. Y vienen más inmigrantes (además de los que envía Putin, así, para fastidiar) por esa misma razón. Si nadie quiere venir a tu país es porque a nadie le interesa. Y eso no es buena señal. A lo que sea añade el mal endémico de  la baja natalidad que afecta a los países europeos. Y si mueren más polacos que nacen, entonces sí que desaparecerán los polacos aunque, eso sí: los últimos serán blancos y cristianos. Muy épico todo.

Volviendo a los inmigrantes ucranianos, el gobierno del PiS ya estaba empezando a cobrar a estos por el alojamiento y, en especial, Konfederacja, es partidario de cobrar algo más:  la asistencia a Ucrania no debía ser gratis: la adjudicación de contratos preferentes para las empresas polacas en la reconstrucción de Ucrania, algo de lo que tomó buena nota Donald Trump con las tierras raras.  De todos modos, esta propuesta de resarcir a Polonia por los ucranianos acogidos tenía trampa: que la UE ya había desembolsado al país bastante dinero por ello. Algunos necesitan comer más rabos de pasa para eso de la memoria.

La virulenta campaña del PiS contra el gobierno se desplegó fuertemente, en su versión antiimigrantes en 2024 y es difícil separarla de la muy ajustada victoria de Nawrocki (PIS) en las elecciones de junio de 2025. Ello será objeto de análisis en la siguiente entrada

continuará

 

 

Por Antonio Rando Casermeiro

Me llamo Antonio y nací en Santander en 1974, aunque soy, sobre todo, de Málaga. Soy licenciado en Derecho e Historia y doctor en Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales por la universidad de Málaga y quisiera dedicarme a ello. Soy un apasionado desde pequeño del este de Europa, especialmente de los Balcanes y Yugoslavia. Me encantan las relaciones internacionales y concibo escribir sobre ellas como una especie de cuento. Soy apasionado de escribir también cuentos y otras cosillas. Desde 2013 resido en Colonia (Alemania)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

You missed