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¿Siguen siendo las elecciones lo que eran? Durante décadas, las potencias han intentado influir en los resultados electorales de otros países, ya sea con financiación, propaganda, sanciones o, directamente, golpes de Estado. En el siglo XXI, las injerencias han adoptado nuevas formas: la desinformación, la guerra híbrida y la manipulación en redes sociales han convertido el juego democrático en un tablero aún más complejo. En Alemania, Putin se frota  las manos con que partidos que compran su narrativa, como AfD, BSW obtengan buenos resultados, mientras que Friedrich Merz, líder de la CDU, se ha mostrado abierto a entenderse con la ultraderecha. ¿Qué nos espera en las elecciones al Bundestag de 2025? Nada bueno.

¿Siguen siendo las elecciones lo que eran? Durante décadas, las potencias han intentado influir en los resultados electorales de otros países, ya sea con financiación, propaganda, sanciones o, directamente, golpes de Estado. En el siglo XXI, las injerencias han adoptado nuevas formas: la desinformación, la guerra híbrida y la manipulación en redes sociales han convertido el juego democrático en un tablero aún más complejo. En Alemania, Putin se frota las manos con que partidos que compran su narrativa, como AfD, BSW obtengan buenos resultados, mientras que Friedrich Merz, líder de la CDU, se ha mostrado abierto a entenderse con la ultraderecha. ¿Qué nos espera en las elecciones al Bundestag de 2025? Nada bueno.

English

German Bundestag Elections 2025: Disinformation and Trojan Horse

Are elections still what they used to be? For decades, powers have tried to influence the electoral results of other countries, whether through funding, propaganda, sanctions, or even coups dEtat. In the 21st century, foreign interference has taken new forms: disinformation, hybrid warfare, and social media manipulation have made the democratic game even more complex. In Germany, Putin is rubbing his hands as parties that buy into his narrative, like AfD and BSW, get good results, while Friedrich Merz, leader of the CDU, has shown openness to working with the far-right. What awaits us in the 2025 Bundestag elections? No good news for democracy.

Deutsch

Deutsche Bundestagswahlen 2025: Desinformation und Trojanisches Pferd

Sind Wahlen noch das, was sie früher waren? Seit Jahrzehnten versuchen Großmächte, die Wahlergebnisse anderer Länder zu beeinflussen, sei es durch Finanzierung, Propaganda, Sanktionen oder sogar Putsch. Im 21. Jahrhundert haben sich diese Einmischungen verändert: Desinformation, hybride Kriegsführung und Manipulation in sozialen Medien haben das demokratische Spiel noch komplexer gemacht. In Deutschland reibt sich Putin die Hände, da Parteien, die seine Narrative unterstützen, wie AfD und BSW, gute Ergebnisse erzielen, während Friedrich Merz, der Chef der CDU, offen dafür ist, sich mit der rechten Szene zu verständigen. Was erwartet uns bei den Bundestagswahlen 2025? Kein gute Nachricht für die Demmokratie.

Prólogo: elecciones e injerencias extranjeras como dios manda

Las elecciones ya no son lo que que eran, eso está claro. Antiguamente, siempre había gente que quería interferir en las elecciones de otro país para lograr un candidato proclive a sus intereses. Durante la guerra fría, por ejemplo EE.UU. y la URSS financiaban a los medios que les eran afines para decantar la victoria de “su” candidato”. El primero emitía en Radio Free Europe/Radio Liberty, propaganda anticomunista del gobierno estadounidense en la Europa comunista o en Cuba.

Otra posibilidad es sufragar la campaña del partido que más te guste (Estados Unidos a Democracia Cristiana en Italia para frenar el ascenso del comunismo en aquel país después de la guerra) Hoy…los Meloni y Salvini actuales ¿son el producto de ello? Cualquiera sabe.

No se trata sólo de dinero, sino que también existe la modalidad de poner a disposición de “tu” candidato asesores políticos y de campaña. Bah, mentira: si se trata de dinero: al fin y al cabo cuesta una pasta ese personal y los viajes. Poderoso caballero.

Y, como no, otro clásico: injerencia diplomática y/o presión económica (léase sanciones): que se lo digan a Cuba (que llevan ya más de medio siglo) o al Chile de Allende).

De igual modo, no podían faltar los elementos más expeditivos como la desestabilización y apoyo a los golpes de Estado. Si no nos gusta un candidato, ponemos otro o desestabilizamos el país para que la gente lo vote o lo eche. De ello dan cuenta los golpes de Estado en Irán (1953) apoyado por EE.UU. y Reino Unido tras la elección de Mosaddeq, o el apoyo estadounidense que también se dejó ver en el chapucero intento de invasión por parte de anticastristas en Bahía Cochinos en Cuba en 1961; o cuartelazos varios como el golpe de Pinochet en 1973 en Chile, amén de muchos otros en América central y del Sur: son parte del manual de injerencias, digamos, menos sutiles.

En el capítulo de la manipulación del voto y fraude electoral, ocupan un lugar especial la alteración de resultados, bien sea manipulando el escrutinio o presionado a autoridades electorales. Trump lo intentó en 2020… ¡en su propio país! Y Vučić en Serbia lo implementa con denuedo y felicita además (por medio de su primera ministra entonces) a los servicios de inteligencia rusos por “ayudarle” con los manifestantes y estudiantes ¿para qué negarlo, si lo puedes proclamar a los cuatro vientos)

Dentro del mismo período de campaña pueden darse campañas de intimidación a los votantes que no participen del sentido del voto que se quiere imponer: coacciones, amenazas, violencia contra votantes o candidatos no “alineados”. Y sí:  Vučić es, de nuevo, el maestro.

Con todo, si lo expuesto no funciona, siempre se puede recurrir a la intervención (léase invasión) más o menos directa. EEUU o la URSS (aunque no son los únicos) coleccionan unos cuantos casos. Empezando por el primero, pueden citarse Granada en 1983 o Panamá en 1989, por no hablar del siglo XIX y principios del XX. En cuanto a la URSS/Rusia, los episodios no son pocos: Hungría (1956), Checoslovaquia (1968), Afganistán (1979-1989) y, ya más reciente y con Rusia de titular, el estacionamiento de tropas de “pacificación” en las Transnistria moldava a principios del los 1990,  Georgia (2008) y, por supuesto, Ucrania (2014, 2022-…). Respecto a este último caso, siempre habrá quien defienda que la culpa la tiene la OTAN y tal. Aunque, así, a bote pronto, tiene toda la pinta de ser una invasión de un país soberano por otro que, quieras que no, siempre está feo… ¿O no? Ya veremos que a algunos no se lo parece tanto.

Injerencias modernas: todo se pierde

Hoy en día, las cosas se hacen de otra forma, si bien, no siempre: Donald Trump, que es un ser bastante primario y se le ven las ideas, pide elecciones en Ucrania porque sospecha que Volodimir Zeleneski perdería, y le interesa un candidato prorruso… pero eses Trump, un político bastante básico, como se dijo. Hoy en día, lo que se lleva es la guerra híbrida, la desinformación, operada por personas de carne y hueso o trolls creados por los primeros que, como si de un buque nodriza se tratara, despachan lanchas de desinformación falsa a las redes.

Todo se pierde…hay demasiada sutileza: antes era todo más directo o se intentaba disimular; ahora, por el contrario, ya no son desestabilizadores de verdad, sólo frikazos que se esconden tras una pantalla ¡Ay! si James Bond levantara cabeza (¿o no se ha muerto aún? hombre…son ya 63 años de servicio).

De este tipo de injerencias electorales hablaré en la entrada de hoy

Elecciones al Bundestag de 2025 en Alemania y la injerencia extranjera.

Esto ya venía de antes…

Ya en 2024, Alemania tomaba muy en serio el asunto, por lo que no pilló a nadie por sorpresa: en una entrada titulada “Desinformación extranjera en el marco de las elecciones federales”, el gobierno federal ya expresó su preocupación sobre el riesgo de desinformación extranjera durante las elecciones al Bundestag’2025, en particular a través de las redes sociales, donde se esperaba un aumento de campañas de manipulación e intento de influencia en el voto de la población. Dichas prácticas ―expone el gobierno alemán― suponen un peligro para el proceso de toma de decisiones políticas y la libre formación de la opinión pública. La expansión de estas estrategias, ayudadas por la rapidez de difusión en internet y la automatización de los procesos, podría socavar la confianza en las instituciones gubernamentales, la independencia de los medios de comunicación y los procesos democráticos, como las convocatorias electorales: y es que desacreditar las instituciones es un caldo de cultivo para desmovilizar a los votantes o bien para orientar su voto a posiciones populistas de extrema derecha como AfD, pero también los de izquierda como Alianza Sahra Wagenknecht (BSW), cuyo “apellido” es, precisamente “Por la Razón y la Justicia”. Más claro, agua.

Así, el gobierno estimaba que existía una gran probabilidad de que poderes extranjeros pusieran en práctica campañas para desprestigiar las instituciones democráticas alemanes a través de la desinformación y el fomento de desconfianza hacia el gobierno y los medios. Así, ponen como muestra las últimas elecciones al Bundestag (2021), cuando el Kremlin trató de influir en la opinión pública en Alemania mediante la descalificación de los principales partidos políticos. Del mismo modo procedieron en las elecciones al Parlamento Europeo (2024): en especial los rusos, difundieron narrativas de desinformación, especialmente relacionadas con el apoyo de Alemania a Ucrania. No hay que olvidar que la mencionada Frau Wagenknecht ha mantenido posiciones ambiguas con respecto a Vladimir Putin hasta el punto de que tuvo que salir al paso para asegurar que Putin era un criminal… “como cualquier líder que inicia guerras”: una afirmación equidistante, máxime si se tiene en cuenta que su BSW siempre ha sido crítico con la ayuda alemana en armas a Ucrania y, últimamente, ha asegurado que Trump “ha demostrado que se puede negociar con Rusia”, a la vez que culpa a la posición belicista alemana de no tener asiento en dichas negociaciones. De hecho, asegura que Alemania está en guerra con Rusia. Que el BSW saque buenos resultados, está claro que favorece a Putin.

Asimismo, AfD juega también la carta de la equidistancia: ya en diciembre de 2024, Tino Chrupalla, diputado aefdista desde 2017 en el Bundestag y uno de los lideres de la formación, llevaba a cabo un ejercicio de negacionismo sobre los crímenes cometidos por los rusos y desenrollaba la muy conocida matraca de considerar a Rusia víctima de Occidente y de la OTAN.

Herr Chrupalla exhibe, además, actitudes anti-OTAN y, como no, anti-UE: AfD busca debilitar la alianza occidental, planteando la salida de Alemania de la OTAN y la disolución de la UE, en favor de una estructura económica asociada con Rusia. Así, el imperialista no es Rusia y su constructo del Rusky mir, a tenor del cual Rusia considera su área de influencia con derecho a adquisición (visto lo visto) el espacio eslavo postsoviético, sino que el imperialista sería EE.UU. No es que EE.UU sean unos santos pero echarle la culpa de la invasión a ellos es un poco retorcer la argumentación. Buenas noticias, con todo para Chupralla: la alianza occidental se ha debilitado ella sola al llegar Donald Trump por segunda vez a la Casa Blanca. Lo que parecía intocable, se fastidió.

Así las cosas, tampoco es de extrañar que el gobierno el gobierno alemán asuma que las estrategias rusas de desestabilización y desinformación seguirán a tope en estas elecciones de 2025.

2025 y un ensayo con no muy buen resultado: Meta y X

Todo se comunica en el mundo: cabe hablar, en este sentido, de Elon Musk. El ministro no oficial de Trump tomó X (antigua Tweeter: ¿cuándo dejaremos de usar ese incómodo latiguillo?), ya se sabe, promovió la libertad de expresión. Hoooombree ¿qué va a ser eso de que no pueda expresar mis opiniones racistas o nazis o discursos de odio en libertad? ¿qué es esto, una dictadura? Al carro de esta libertad se unió también, como palmero más o menos seguidista, Mark Zuckerberg (el de Facebook y ese macroproyecto llamado Meta que no acaba de funcionar). Y, vaya, qué mala suerte: resulta que Meta y X fallaron en eliminar opiniones cargadas de odio en un reciente ensayo.  Y esto, en plenas elecciones en Alemania es, cuando menos, preocupante ¿Fallaron? Juzguen Uds. mismos.

Vamos a ver cómo de qué va esto: para probar los sistemas de Meta y X, se postearon diez anuncios de contenido extremista y violento, que incluían la incitación a la violencia o discursos de odio. Tales posts pasaban por promover violencia extrema contra inmigrantes (por ejemplo, encarcelamiento, gaseado, quema de mezquitas, además de imágenes generadas por inteligencia artificial que incidían en esos aspectos). Pues bien: Tanto Meta como X no tardaron ni un día en aceptarlos. Luego los borraron, se dice, pero los borrados, ya se sabe: los carga ―como casi todo en esta vida― el diablo.

Ya se pueden ir poniendo al día tales plataformas, por que vulneran el Código de Conducta para Combatir el Discurso Ilegal de Odio en Línea. Dicha normativa obliga a las plataformas a combatir la incitación al odio, la desinformación o la publicidad opaca, así como a mejorar la accesibilidad. Grandes plataformas como Meta, X, TikTok y YouTube deben cumplir con auditorías anuales para garantizar la transparencia y moderación de contenido. Estos códigos buscan establecer cooperación entre plataformas, sociedad civil e investigadores para mitigar riesgos sistémicos en el entorno digital… y, claro: la Comisión Europea ya está investigando a Meta y X por incumplimientos de esta normativa.

Tik-tok también tiene “fallos”

Tik tok, otra de las famosas plataformas, tampoco es que se esté matando por combatir los bulos. Proliferan vídeos por doquier donde se muestran tablas con intenciones de voto y posiciones de los partidos manipuladas o citas falsas de políticos como Saskia Esken o Friedrich Merz. Como no podía faltar en estos casos, también se han encontrado contenidos vinculados a campañas de desinformación con rastros hasta…¡los servicios secretos del Kremlin! No me digan que no se lo esperaban. La desinformación adopta formas menos evidentes que la de manipular vídeos y hacer hablar mediante inteligencia artificial a los políticos alemanes: se siembran dudas sobre legitimidad de las elecciones (errores en papeletas, manipulación de las mismas por los partidos tradicionales…). Nada que no haya llevado a cabo ya Trump o Bolsonaro.

Otra muestra de lo expuesto es Tik-Tok: la ONG Correctiv llevó a cabo una investigación que arrojó la existencia de 201 videos con desinformación. Entonces, escribió a la plataforma solicitando dichos archivos fueran objeto de examen. Sin embargo, TikTok consideró que sólo 12 de ellos debían ser eliminados. El caso es especialmente grave, porque los 180 vídeos que subsistieron en la plataforma albergaban 15 millones de visualizaciones y medio millón de me gusta. La ONG siguió insistiendo, pero sólo lograron que se eliminaran 4 más. Lo peor de todo es que la revisión de los vídeos se llevó a cabo en menos de 30 minutos, lo que sugiere que no hay un humano detrás, sino que se trata de un proceso automatizado.

Derecha tradicional alemana y entendimiento con la ultraderecha

Pero el peligro no es solo que AfD y SWB saquen buenos resultados porque, por sí solos no ocuparían el poder. El problema viene de dentro del sistema: la CDU de Friedrich Merz se ha mostrado proclive a pactar con la ultraderecha. Pero tampoco es nuevo: ya Manfred Weber, del mismo partido que Merz y jefe de los populares europeos, no le hacía ascos a entenderse con los extremistas en Europa. Sin salir de la Unión, la misma Ursula von der Leyen ha hecho sitio en la cama al partido de Meloni, dándole cabida en la Comisión ¿para qué quejarse de la ultraderecha si puedes dar ejemplo tú mismo?

En agosto de 2024, casi la mitad de los diputados de CDU en el land de Sajonia no descartaban pactar con AfD.

Con Angela Merkel regía el principio de que, a la ultraderecha, ni agua (política), pero Merz no opina igual: el democristiano siempre ha criticado la política de puertas abiertas de su antecesora, con la que mantuvo siempre diferencias desde hace más de veinte años. Así, el líder de la derecha alemana ha comprado con frecuencia el duro discurso afdista en materia de migración. Ya ha trabajado con ellos, aprobando con apoyo de los ultraderechistas propuestas en el Bundestag. De hecho, hubo una ley de límite de entrada de inmigrantes que, si no salió adelante, fue por una pequeña rebelión en los escaños del CDU, muchos de de cuyos diputados rompieron la disciplina de partido para que no llegara a buen puerto la restrictiva ley; si bien la propuesta,  como se ha dicho, si que fue aprobada con el respaldo de AfD. Esto representó para el SPD la ruptura del tabú de no llegar a acuerdos con los extremistas.  Alemania salió a la calle a protestar contra la entente cordial CDU-AfD. La principal ―y peligrosa consecuencia― de lo dicho, es que Merz puede quedarse entre dos sillas y en el suelo, porque, al fin y al cabo, quien mas rédito va a sacar de todo este embrollo es la AfD, que queda como un partido que ha conseguido arrastrara a la derecha tradicional a sus posiciones. Ergo: votar a AfD sí que vale para algo ,y sus votantes pueden movilizarse.

La pregunta que se plantea es la siguiente ¿le interesa a Putin que gane la derecha, bien AfD, BSW (que no pertenece a tal espectro político pero sigue la narrativa de Putin en Ucrania) o CSU-CSU (que ya hemos visto que ha sido capaz de trabajar con la extrema derecha a nivel regional, nacional y europeo). La respuesta es …si.

 

 

Por Antonio Rando Casermeiro

Me llamo Antonio y nací en Santander en 1974, aunque soy, sobre todo, de Málaga. Soy licenciado en Derecho e Historia y doctor en Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales por la universidad de Málaga y quisiera dedicarme a ello. Soy un apasionado desde pequeño del este de Europa, especialmente de los Balcanes y Yugoslavia. Me encantan las relaciones internacionales y concibo escribir sobre ellas como una especie de cuento. Soy apasionado de escribir también cuentos y otras cosillas. Desde 2013 resido en Colonia (Alemania)

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