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Cada proceso electoral en Moldavia promete ser más decisivo que el anterior en la breve pero intensa andadura del país desde la independencia de la Unión Soviética, otra cuestión irresuelta más de descolonización. Hay una diferencia: que a Rusia le interesa acelerar el proceso de desconexión de Moldavia con la UE, sabedor de que, quizá, no haya oportunidades tan claras en el futuro. Es por ello que el Kremlin pone toda la carne – y dinero- en el asador.
El domingo, 28 de septiembre de 2025, los electores moldavos acudirán a las urnas en lo que podría ser la elección más importante desde que el país se independizó de la Unión Soviética hace treinta años. Esto último, a decir verdad, tampoco es que sea del todo cierto…desde que las tendencias europeístas están en el poder en Moldavia, cada elección promete “ser-la-más-importante-desde-que-el-país-se-independizó-de-la-URSS” aunque, en fin… son latiguillos que siempre quedan bien y pregnantes. Cada elección es clave, como fue la de Polonia cuando venció el ultraderechista Karol Nawrocki y, de momento, parece consolidar la senda de reentrada en los estándares democráticos del país eslavo.
Protección de minorías: mundo ruso, mundo serbio, etc.
Moldavia, la antigua Besarabia, como se comentó en este artículo , lleva décadas atrapada entre imperios y dependencias: desde 1992, Rusia mantiene tropas en Transnistria bajo el pretexto de “proteger a su minoría”, de facto que nunca se ha ido (de hecho, muchos aseguran que es el último reducto de la Unión Soviética, un fósil. Este enclave condiciona toda la política del país y bloquea cualquier acercamiento real a la UE o la OTAN, mientras Moscú usa el gas como chantaje y sueña con conectar Transnistria con las zonas ocupadas de Ucrania. La alternancia de gobiernos prorrusos y proeuropeos mantiene a Moldavia en un bucle constante de inestabilidad, y la guerra en Ucrania solo ha agravado su vulnerabilidad.
Los moldavos eran una especie de hermanos de los rumanos, que hablaban un dialecto del rumano. Durante la época soviética, la URSS comenzó sus planes de industrialización del territorio, y comenzaron a llegar inmigrantes rusohablantes (también ucranianos y de otras etnias) en diversas oleadas, haciendo el territorio menos étnicamente homogéneo. Paralelamente, se dio un impulso a la moldavicidad como etnia, si bien bajo la égida de la dominante Rusia: en Moldavia se escribía el dialecto moldavo con caracteres cirílicos. A finales de los años 1980, emergió el nacionalismo moldavo, uno de cuyas aspiraciones pasaba por volver al alfabeto latino. Así, se crea el Frente Popular de Moldavia, inspirado en el nacionalismo de las repúblicas bálticas y al calor de las reformas impulsadas por Gorvachov. La minoría rusoparlante reaccionó creando, a su vez el movimiento “Unidad”, de carácter separatista. Buscaban igualdad de derechos con los rumanoparlantes, y organizaron protestas y huelgas que crearon inestabilidad en el país. La situación escaló: en septiembre de 1990, ante la inminencia de la independencia de Moldavia de la URSS, los separatistas convocan un referéndum cuyos resultados dan en la proclamación de la República Socialista Soviética Moldava Pridnestroviana[1], dentro de la URSS, a la que invocan para preservar su autonomía, y cuyo territorio es el de la actual Transnistria. El gobierno moldavo se opuso a la declaración de independencia y se produce un conflicto armado cuando Chisinau envía al ejército para restablecer la autoridad. Rusia, a su vez y siempre “neutral”, envía también tropas para proteger a sus minorías, en calidad de “mantenimiento de la paz”: desde entonces, allí siguen. Los parecidos con el Dombás ucraniano son…digamos: razonables
Obsérvese, de igual modo el paralelismo con la Repúblika Serbia de Krajina un año más tarde: los serbios de la Krajina, comenzaron a inquietarse tras una muy probable independencia de Croacia de la federación yugoslava tras las elecciones de 1990. En febrero de 1991, en efecto, Croacia anunció la pérdida de vigencia de las leyes yugoslavas sobre Croacia. Su nueva constitución, además, dejaba a los serbios de Croacia en la categoría de minoría étnica. En mayo de 1991, Zagreb convoca un referéndum para independizarse de Yugoslavia, mientas que los serbios de la Krajina lo convocan para permanecer en ella. El resultado es abrumador y entonces se declara la República Serbia de la Krajina (Republika Srpska Krajina). Más paralelismos: ¿recuerdan la Republika Srpska de Dodik?
¿Y si los rusos se enfadan? Se busca el voto prorruso
Ya de vuelta a la Moldavia actual, Maia Sandu y su Partido de Acción y Solidaridad han jugado todas sus cartas a la integración europea, que sigue siendo el principal sostén económico del país. Una apuesta arriesgada, pero tampoco es que haya muchas más opciones. Ese contigo ni sin ti, aquel no molestar a Rusia, no sea que se enfade no ha valido para mucho: porque Moscú acaba enfundándose. No necesita mucho: ni siquiera excusas. Es como aquella frase que la leyenda atribuye a Groucho Marx: si no van bien mis motivos de enfado, tengo otros.
Empecemos: expansión de la OTAN hacia el este y posible integración de países vecinos: Moldavia se integró en el Plan de Acción individual para la asociación (IPAP) de la OTAN. La idea es modernizar el ejército moldavo y acercarlo a los parámetros de la UE. Ello no hace gracia a Putin, claro.
Pero también podría buscarse un pretexto moldavo-nazi que implicara amenazas a las minorías rusas. Ya se sabe el asunto de las diásporas rusas como funcionan en el constructo del mundo ruso (lo explicaba aquí): nunca fueron rusas, nunca tuvieron tal nacionalidad; fueron soviéticos que, al desaparecer la URSS, no tenían vínculo de nacionalidad con la nueva Rusia (me refiero a la que surgió tras la desintegración soviética, no a la región sureña de Ucrania que el Kremlin reclama). En cualquier caso, eso se arregla fácil: como en el Dombás (mejor dicho, dicha región siguió el ejemplo de Transnistria), se empiezan a repartir pasaportes rusos por doquier. ¿Dice Ud. que faltaban rusos? Ahí los tiene.
No sólo hacen falta rusos: también es menester ―es lo que tienen las democracias― votos. Pero no hay problema: todo puede arreglarse.
En primer lugar, cable hablar de la influencia ―cabría hablar, más bien, de interferencia o injerencia― rusa. En este sentido, destaca el Plan Kirienko: una herramienta del Kremlin que se marca como objetico influir en los resultados electorales desplegando pucherazos como la compra de votos (regada con 30 millones de dólares para torcer las voluntades de 200.000 moldavos: no se escatima). A ello van anejas las consabidas campañas de desinformación en las redes sociales, con noticias que sugieren el despliegue de tropas europeas para hacerse con Moldavia o Maia Sandu (campaña Matrioska) representada como adicta a sustancias psicotrópicas, corrupta, pagada por la UE, para permitir inmigración masiva o abusos sexuales, autora de corrupción y manipulación electoral, por ejemplo, usando los votos delo ausentes del país de manera fraudulenta para inflar los resultados electorales. Hasta 39 “historias”, por decirlo, así, curiosas, sobre ella o montajes como supuestos vídeos de la BBC que, ni que decir tiene, llaman a Maia Sandu de todo menos bonita.
El dinero ruso también está detrás de la organización de “manifestaciones” contra el gobierno, con sus correspondientes ―y desestabilizadores― disturbios, ciberataques y violencia política. Se dice que Israel ha gastado 50 millones de euros en blanquear el genocidio. Peccata minuta: los rusos destinan 350 millones para el mencionado Plan.
Sus pautas de actuación se asemejan al populismo MAGA (el último congreso de Make Europe Great Again, se celebró precisamente en Moldavia) y al ya aludido populismo rumano, enfrentando a los ciudadanos contra las élites proeuropeas, que no quieren el bien de Moldavia ni su soberanía, etc., etc.: nada que no se repita hasta la sociedad en Polonia, Hungría o la Republika Srpska.
Con todo, las experiencias georgiana y ucraniano han demostrado que, al final, el Kremlin acaba por hacer lo que le parezca. Para qué perder tiempo conteniendo a Rusia si al final es inevitable. Mejor morir en el intento (proeuropeo) que no intentarlo y acabar de aquella manera.
Los contendientes en liza
Maia Sandu se presenta con el Partido de Acción y Solidaridad (Partidul Acțiune și Solidaritate, PAS). Siguiendo a la universidad de Lovaina, fue fundado en 2016 mediante un proceso “bottom-up” (al estilo de formaciones como Podemos en España, Movimento 5 Stelle italiano, Syriza en Grecia o France Insoumise). Su idea clave es la búsqueda de una comunidad política basada en la meritocracia y la integridad profesional, uniendo a todos los ciudadanos independientemente de su etnia, idioma, edad o género. Su ideología pasa por el europeísmo de centro-derecha con tintes neoliberales, con valores como la mencionada meritocracia, la integridad y la dignidad humana. En el plano económico, podría identificarse con los democristianos europeos clásicos (no muchos de los influidos por el populismo de ultraderecha de ahora), combinando mercado libre combinado y Estado de bienestar, se declara contrario a los monopolios y la corrupción. En política exterior, donde más choca con Rusia, prioriza la integración plena de Moldavia en la Unión Europea, el diálogo estratégico con Estados Unidos y mantener relaciones cordiales con Rusia evitando la confrontación (tampoco es que le quede otra). Además, destaca la participación de la diáspora a través de plataformas en línea para involucrar a profesionales en proyectos públicos y privados. La campaña de 2025 se mueve en un entorno de alta efervescencia polarizante, no escapando de la tendencia mundial. El PAS cree en la alternancia de en el poder de partidos prorrusos y preeuropeos si es que tal artefacto es posible sin tensiones.
Enfrente en esta liza tiene al Bloque Electoral Patriótico (BEP), prorruso, nostálgico del Kremlin. De un Kremlin soviético ―a decir verdad, como Putin (su iconografía, de hecho, remite a la URSS, como si fuera un escaparate de anticuarios, abundando las hoces, estrellas, puños cerrados)― que desafía la mayoría a favor del PAS y de la UE y amenaza con frenar las reformas vinculadas a la candidatura de Moldavia a la UE. Llaman al gobierno de Sandu “el régimen de Sandu”, y sueñan con que estas elecciones sean una cuenta atrás hasta su derrota. En su web, de hecho, no hay nada más que eso: quién necesita programa electoral si tiene dinero e influencia risa detrás.
Como su propio nombre indica, el bloque es una constelación de micropartidos socialistas, comunistas y prorruso-populistas de toda laya . Su ideología pasa por el nacionalpopulismo moldavo prorruso: soberanismo, rechazo a la OTAN, apoyo a la federalización. Son antieuropeos pues, a imagen y semejanza de sus pares del este europeo, la UE cercena la soberanía de los moldavos e impone su visión occidental a los moldavos. Su retórica es la típica del populismo: defensa de soberanía(como se ha dicho, en peligro por culpa de la Unión a la UE), junto a promesas económicas que a ningún moldavo pasan desapercibidas, como abaratar los precios de gas.
En cuanto a sus líderes, el más decisivo es Igor Dodon, su líder, que ya fue expresidente (2016-2020). Es rusófilo, nacionalista moldavo y ―algo cada vez más recurrente en la ultraderecha europea― acusado de corrupción y asociación con actores rusos. También es asiduo de foros internacionales de nacionalistas y conservadores.
Vladimir Voronin, por su parte, es el fundador del Partido Comunista, también expresidente (2001-2009). Es un aliado histórico del mundo prorruso y presenta hostilidad a Rumanía. Otro personaje decisivo es Irina Vlah. Fue hasta 2023 başkan (gobernadora) de Gagauzia (al sur de Transnistria). Es prorrusa, aunque se manifiesta “neutral” y federalista, fundadora de la arriba aludida formación “Corazón de Moldavia”. Tan intensos son sus lazos con Rusia, que diversos países ya han tomado medidas contra ella por participar en sus interferencias, como Canadá (sanciones contra ella y otros moldavos). Estonia, Letonia, Lituania y Polonia decretaron una prohibición de entrada de la política moldava en sus territorios.
También su propio país: Corazón de Moldavia, ha sido excluido de los comicios por la comisión electoral moldava, a causa de irregularidades en la financiación, tal y como le sucedió, en la vecina Rumanía, a Călin Georgescu, el prorruso de aquellas tierras, de la Alianza para la Unión de los Rumanos (AUR), cazado con dopaje ruso en la financiación de su partido, en teoría hecho a si mismo con vídeos en las redes tan solo: aquí lo contaba). Por supuesto,
Cerramos la serie con Vasile Tarlev: exprimer ministro, fundador del partido Futuro de Moldavia (un futuro dentro de Rusia, se entiende). Es un tecnócrata defensor de gobernanza presidencial reforzada y relaciones equilibradas con Rusia. “Equilibradas”, vocablo que, en fin, ya entienden.
Aliados del BEP, son formaciones como Bloque Victoria, dirigido por el oligarca moldavo Ilan Șor, exiliado en Moscú. Otras formaciones pasan por el Bloque Alternativa de Ion Ceban, el Partidul Nostru (Nuestro Partido), alcalde de Bălți, la tercera ciudad de Moldavia en dos ocasiones, hasta 2021 y apodado el Trump moldavo. Orientado también a Rusia.
A este elenco se suman la iglesia ortodoxa y algunos oligarcas residentes en Rusia,
El papel de la Unión Europea
Desde Bruselas, los gestos de apoyo han sido claros. Sandu recibió una ovación de pie en el Parlamento Europeo y se dejó ver en Chisináu junto a Macron, Tusk y Merz. El país tiene suscrito desde 2014 un acuerdo de asociación con la UE (la última cumbre Moldavia-UE se celebró en junio de 2025). Durante septiembre de 2025, la UE transfirió casi diecinueve millones de euros a Chisináu como parte de su plan de reforma y crecimiento, un adelanto de los miles de millones comprometidos para mantener al país en la órbita de la Unión. Y es que Bruselas se lo toma muy en serio, se juega mucho: Moldavia es una prueba de fuego, y el resultado de las elecciones dilucidará si la UE puede seguir manteniendo su ascendente en su vecindario inmediato.
De la acuciante situación se hace eco el mismo Volodymir Zelensky, que sabe muy bien de lo que habla advirtió a la UE que “Europa no puede permitirse perder también a Moldavia”. Maia Sandu también es consciente de lo apremiante del escenario y cifran la supervivencia de Moldavia a su estrecha vinculación a una Unión Europea que, además, es el mayor contribuyente en fondos al pequeño país,
Lo que hay en juego
Si el Bloque Electoral Patriótico y sus aliados prorrusos de hacen con la victoria, Moldavia está ante algo más que un cambio de gobierno. Tal y como están las cosas, el país podría traspasar el horizonte de sucesos de la influencia rusa del que es imposible escapar. Moscú es, del mismo modo, consciente de que el tiempo juega también en su contra. Ya se han dado cuenta de que es más rentable en términos financiero y de imagen manipular e interferir en unas elecciones que la opción bélica que mantiene al país empantanado en Ucrania tres años (y lo que queda).
Ni que decir tiene que la integración en la UE se frenaría en seco: hay que eliminar la carta de la UE, que es ganadora entre la mayoría de los moldavos, pues Bruselas no negociará con un ejecutivo abiertamente hostil a las reformas europeístas. Es más: no podrá hacerlo, aunque quiera (ejemplo bielorruso). En tercer lugar, se `propugnaría una federalización forzada con Rusia con una Transnistria como modelo y Gagauzia como modelo dentro del modelo. De hecho, Transnistria es parte de facto de la Federación Rusa, vigilada de cerca por las tropas rusias estacionadas en la entidad autónoma desde hace más de tres décadas.
Otro frente pasaría por la dependencia energética y económica de Rusia, que se intensificaría, con el gas y los créditos como herramientas de chantaje e influencia: chantaje económico, chantaje político…todo ello podría dar el estoque definitivo a la tambaleante democracia moldava y alejarla de una manera bastante irreparable de la Unión Europea.
[1] La última palabra, un gentilicio, podría traducirse como “junto al Dniéster”. Es curioso como Transnistria significa allende el Dniéster; es decir: el lado de allá, desde la perspectiva Occidental. Confróntese con Cisjordanía: la Jordania del lado de acá del Jordán, también para los europeos. West Bank, como se conoce en inglés, en cambio, hace referencia al oeste del Jordán desde la perspectiva jordana.
Aquí tienes una traducción al inglés formal, clara y sencilla, eliminando repeticiones innecesarias:
ENGLISH VERSION
Moldova Elections (28/09/2025): between the Russian bear´s Hug and clser ties with the European Union
Image credits: RFMONLINE.DE – Eigenes Werk, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=112469507 and Simonecappe91 from Pixabay
Every electoral process in Moldova has promised to be more decisive than the last in the country’s short but intense journey since gaining independence from the Soviet Union, one of the many unresolved issues of decolonization. There is one key difference now: Russia aims to accelerate Moldova’s detachment from the EU, knowing that such opportunities may not appear again. For this reason, the Kremlin is putting all its resources—and money—on the line.
On Sunday, September 28, 2025, Moldovan voters will vote in, maybe, the most important poll since the country gained independence thirty years ago. Ok.it’s true that , such claims are somewhat exaggerated: every election under pro-European governments has been presented as “the most important since independence.”
Minority Protection: The Russian and Serbian Worlds
Moldova, historically known as Bessarabia, has long been caught between empires and dependencies. Since 1992, Russia has maintained troops in Transnistria under the pretext of “protecting its minority,” though in practice they have never left. This enclave continues to shape Moldovan politics and hinders any genuine EU or NATO integration, while Moscow leverages energy supplies as a tool of pressure and dreams of connecting Transnistria with occupied areas of Ukraine. The alternation of pro-Russian and pro-European governments keeps Moldova in a persistent cycle of instability, worsened by the war in Ukraine.
Moldovans were once considered “brothers” of Romanians, speaking a Romanian dialect. During the Soviet era, industrialization brought waves of Russian-speaking, Ukrainian, and other ethnic settlers, making the population less homogeneous. The USSR also promoted a distinct Moldovan identity, using the Cyrillic alphabet for the language. By the late 1980s, Moldovan nationalism emerged, advocating a return to the Latin alphabet. This led to the formation of the Popular Front of Moldova, inspired by Baltic nationalism and Gorbachev’s reforms. In response, the Russian-speaking minority created the separatist “Unity” movement, demanding equal rights and staging protests and strikes that destabilized the country.
In September 1990, anticipating Moldova’s independence from the USSR, separatists held a referendum establishing the Pridnestrovian Moldavian Soviet Socialist Republic within the USSR, claiming it was necessary to preserve their autonomy. The Moldovan government opposed this declaration, sending the army to restore authority. Russia, claiming neutrality, deployed troops to protect its minority under the guise of “peacekeeping,” and they remain to this day. The parallels with Ukraine’s Donbas region are notable.
Similarly, the Serbs of Krajina in Croatia, concerned by Croatia’s independence in 1991, held a referendum to remain in Yugoslavia, creating the Republika Srpska Krajina. This mirrors other separatist dynamics, including the Republika Srpska under Dodik.
Pro-Russian Influence
Today, Maia Sandu and her Party of Action and Solidarity (PAS) pursue European integration as the country’s main economic pillar. Avoiding confrontation with Russia has proven insufficient, as Moscow acts according to its own interests. NATO eastward expansion and Moldova’s participation in the Individual Partnership Action Plan (IPAP) for army modernization provoke Kremlin opposition.
Russia also manipulates minority narratives, distributing passports in Transnistria and other regions, echoing the Donbas model. Beyond people, votes matter: the Kremlin’s “Kirienko Plan” allegedly aims to influence elections through vote-buying ($30 million reportedly for 200,000 voters), disinformation campaigns, and media manipulation targeting Sandu with fabricated stories and videos. Russian funds support protests, cyberattacks, and political violence, paralleling tactics seen in MAGA-style populism and Eastern European nationalist movements.
Experience from Georgia and Ukraine shows that ultimately, the Kremlin acts unilaterally. Attempts to contain Russia are often futile.
The Contenders
Maia Sandu’s PAS, founded in 2016 through a “bottom-up” process, advocates meritocracy, professional integrity, and inclusive citizenship, with a center-right pro-European platform and a mixed-market economy. Foreign policy emphasizes full EU integration, strategic dialogue with the U.S., and cordial relations with Russia. The party also engages the diaspora in public and private initiatives.
Opposing PAS is the pro-Russian Patriotic Electoral Bloc (BEP), nostalgic for the Soviet era, opposing EU-aligned reforms and NATO expansion. It comprises socialist, communist, and nationalist parties promoting sovereignty, federalization, and energy price reductions. Leaders include Igor Dodon, former president (2016–2020), a pro-Russian nationalist; Vladimir Voronin, founder of the Communist Party and former president (2001–2009); and Irina Vlah, former governor of Gagauzia, with strong Russian ties. Other figures include Vasile Tarlev and oligarch Ilan Șor, aligned with Russian interests.
The Role of the European Union
The EU has shown clear support. Sandu has received ovations in the European Parliament and met leaders like Macron, Tusk, and Merz in Chisinau. Moldova has had an EU Association Agreement since 2014, and in September 2025, Brussels transferred €19 million as part of its reform and growth plan, with larger commitments pending. President Zelensky has emphasized the strategic importance of keeping Moldova in Europe.
What’s at Stake
A BEP victory would go beyond a government change. Moldova could fall deeper under Russian influence, halting EU integration, risking forced federalization modeled on Transnistria and Gagauzia, and increasing dependence on Russian energy and financial leverage. Such an outcome could severely weaken Moldova’s democracy and distance the country irreversibly from the EU.