imagen: montaje a partir de una foto de JohnOndreasz. Gracias
Edited from a photo by JohnOndreasz. Thank you!
Pedofilia y homosexualidad: el disco de acreción húngaro
Se trata de un colosal agujero negro. Por una parte, devora derechos, se traga el bienestar de los niños. Los absorbe con tanta energía, giran tan veloz hacia el sumidero, que eyectan radiación de moralistas cuya conducta se afana en lo contrario de aquello que se desgañitan en proclamar en las tribunas. El agujero negro (en este caso, la red de orfanatos húngara) no se ve, pero adivinamos su presencia por el disco brillante generado por la corrupta actuación de cargos del Fidesz. Bien podría no haber sido avistado nunca: menos mal que el fulgor nos puso sobre la pista.
Estamos entre amigos
Ya hemos visto cómo los derechos fundamentales de la población, la independencia del poder judicial o el Estado de derecho giran rápido para caer por el desagüe. Un autócrata tiende a entenderse mejor con otro. Tráigase a colación, como excelente tarjeta de presentación, la visita de Bibi Netanyahu a su colega Orbán. Bibi, vaya por adelantado, es apócope de Benjamin, el apodo que recibe el líder israelí, por mucho que suene a ello, no debe confundirse con bebé, con los asesinados a bombazos o por inanición a causa de la guerra de exterminio y limpieza étnica desplegadas por Israel en la Franja.
Entre el 3 y el 6 de abril de 2025 recibió el mandatario húngaro a Netanyahu en Budapest, con todos los honores. La Fiscalía del Tribunal Penal Internacional (TPI) se dijo que aquello era una oportunidad fantástica para detenerlo, de modo que requirió formalmente al país magiar el 3 de abril a que procediera a arrestar al líder israelí, pues sobre él pesaba una orden de detención provisional desde 2024, que lo acusaba de cometer crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad contra la población palestina. Hungría es Estado parte del Estatuto de Roma (que rige el TPI) por lo que debía cumplir con tal obligación. ¿Respuesta de Netanyahu? Ya con Netanyahu en su territorio, Hungría declaró que abandonaba el TPI y se negó a arrestar al israelí. Si nos habíamos dejado a Dodik en Sarajevo oriental utilizando la policía pública como escoltas de traqueto de tercera, Orbán se sirve de todo un país para lo mismo.
El Tribunal consideró que dicho proceder podría haber impedido el ejercicio de sus funciones, y por ello inició el procedimiento sancionador correspondiente. Hungría sabe que no puede hacer eso. Lo primero, porque sigue formando parte del TPI, ya que aún no se ha hecho efectivamente la salida, ni esta puede materializarse por la mera declaración de expresarlo; lo segundo, porque la retirada del foro judicial no entraría en vigor hasta dentro de un año. Hungría tiene TPI para rato y está jurídicamente vinculado a acatar y cumplir sus resoluciones. Pero no va a suceder nada.
El TPI puede patalear lo que quiera, si bien sus juristas son plenamente conscientes de que poco más pueden hacer, habiéndose retirado del TPI el mismo Estados Unidos y no formando parte ni Rusia ni China. El TPI como tribunal penal predeterminado para enjuiciar criminales importantes es de cascarilla, sólo van al banquillo los mindundis de la comunidad internacional.
Historia de un compromiso europeo
Mas Hungría no fue siempre así. Hubo un tiempo en que se comprometió con los valores europeos (Estado de derecho, protección de los derechos humanos, sistema democrático). Normal: es preceptivo que todo aquel país que aspire a ser candidato del club europeo debe observar y –es más– desear. Hungría entró a la Unión en 2004, en la llamada “quinta ampliación”. Antes, fue imperioso transitar por un largo proceso (tal y como sucedió con España y Portugal). A finales de los años 1980, el país estaba lejos de la convergencia con los criterios de ingreso en la entonces Comunidad Económica Europea CEE). Se trataba de una economía socialista: faltaba uno de los presupuestos básicos que comparten los comunitarios, como un sistema de libre mercado. Luego viene lo de los derechos humanos y el Estado de derecho. Mientras dure el proceso, los países candidatos deben adoptar una serie de instrumentos internacionales, comunitarios y de derecho interno que atestigüen que se persevera en los valores europeos. Es decir: lo contrario de lo que no lleva a cano la Serbia de Vučić: es el mejor ejemplo para ilustrar cómo no se debe obrar.
—Tú quieres que ucrania entre en la UE, ¿no? –pregunta un negociador comunitario, vestido de preceptivo negro, a Volodimir Zelenski, quien se entretiene mirando los artesonados de madera de una suntuosa sala del siglo XVIII.
—Hombre, claro –responde el ucraniano, tomando aire ante una perspectiva más que incierta, proyectando su mirada al infinito.
—Pues entonces –tercia el diplomático– haz lo contrario de lo que está haciendo Serbia.
—Ok.
—Pero no digas eso en la rueda de prensa conjunta.
Con los regímenes comunistas tambaleándose en toda Europa, Hungría comenzó a acercarse a la CEE. Formó parte de determinados programas de asistencia comunitaria y suscribió con la organización tratados de estabilización y asociación (del mismo modo que los Balcanes Occidentales hoy). Entretanto, la Comunidad Europea iba perfilando los requisitos de adhesión para futuros candidatos, entrando en vigor los criterios de Copenhague (en realidad, Copenhague-Madrid).
En 1994, una Hungría en transición solicita formalmente el ingreso en la ya Unión Europea, iniciándose las negociaciones de acceso cuatro años después y concluyendo en 2002. Hungría estaba lista, determinaron los representantes de la UE. Faltaba el referéndum, que se celebra en 2003, siendo aprobado por una abrumadora mayoría de casi el 84% de húngaros a favor, un referéndum de verdad, no como el que se explicará después.
Conviene tener en cuenta este resultado, a tenor del antieuropeísmo de Orbán y su partido. Hoy, en cambio, se articulan otro tipo de referendos, si bien más en la onda de no entrar que de entrar en la UE. Un ejemplo es la convocatoria de uno de estos plebiscitos al objeto de que Ucrania no ingrese en la UE. La razón argüida es que están hartos de que Europa les diga lo que tienen que hacer, que les impongan su criterio, persistiendo en la letanía ya convertida en ruido blanco (hace más de una década) de que Hungría no será jamás una colonia de Europa: un axioma del populismo tanto dentro como fuera de la Unión entre cuyos partidarios internos están la Polonia del PiS (que se fue del gobierno del país, pero no acaba de irse del todo), la Eslovaquia de Fico y por supuesto los orbanistas.
Entre los externos, la Serbia de Vučić, que aplica de manera contumaz el principio básico de política exterior conocido como el perro del hortelano: Serbia es una especie de Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Lo mismo hace todo lo contrario de lo que la UE le exige como, en junio de 2025, declara su alineación con la UE tras años y años ignorando sus demandas. La UE, como el típico progenitor que amenaza a su hijo con castigarlo mil veces y no lo hace ninguna, se desgañita una y otra vez amenazando a Serbia con perjudicar el proceso de adhesión sin continúa en sus trece.
“Me estás asuntando”, podría perfectamente reconocer cualquier diplomático comunitario al ver a Vučić visitando a Zelenski en Kiev. Serbia y Dodik son los mayores entusiastas de Putin en el contencioso de Ucrania y Belgrado se declaró neutral, al respecto algo que recuerda la “no beligerancia española” contra los nazis en su momento.
Mientras tanto, resuenan las voces de una airada inteligencia exterior rusa que acusa a Belgrado de violar su neutralidad por vender armas a Ucrania ¿Teatro? Imposible probarlo, porque lo que sí hace Serbia es mandar voluntarios a combatir junto a los rusos utilizando territorio de la RS, aunque se prohíbe por ley a los serbios luchar como mercenarios.
En suma: Hungría, Eslovaquia y Polonia (en su momento) firmaron con la UE que se comprometían a observar los valores europeos. Serbia, también, ya que no es miembro de la UE y de cumplir con lo que la UE estipula dependerá su membresía. Sin embargo, de repente, hace unos años, estos países descubrieron que la Unión Europea era un dechado de opresión que quería colonizarlos. Muchos hablan ya del “triángulo euroescéptico” Eslovaquia-Hungría-Serbia (si es que no se suma Polonia tras las próximas elecciones presidenciales)
Valores europeos y LGTBIQ: cuando Hungría se alineaba con Europa
Tornamos a los Criterios de Copenhague: Budapest se comprometió a su cumplimiento. En el aspecto de las personas LGTBIQ, comenzó con buen pie. Por entonces, el poder judicial húngaro era independiente y no se alineaba con el gobierno como sucede ahora. Tanto es así que, en 1995, llegó al Tribunal Constitucional un recurso en el que se planteaba que la legislación sobre familia que restringía el matrimonio y la cohabitación solo a parejas heterosexuales suponía una discriminación sexual. La judicatura húngara, más bien conservadora, falló en contra, estableciendo que, por su propósito de salvaguardar la tradición y la protección constitucional de esta, el matrimonio debía darse sólo entre parejas de distinto sexo.
Peeero: dejó una decisiva puerta abierta, flexibilizando su postura sobre la cohabitación, y estipulando que, en efecto, constituía discriminación sexual no permitir el registro de cohabitantes del mismo sexo, que se definió como una asociación emocional y económica de dos personas que viven juntas sin casarse. Registrarlas era otra cosa lo que, evidentemente, ocasionó algún que otro problema legal si era necesario constatar una unión que funcionaba a todos los efectos como un matrimonio, ya que no había constancia jurídica de tal unión: era una cohabitación sin registro ni huella jurídicos.
Sin embargo, algo que fue muy criticado, siguió restringiendo la presencia de menores en estas cohabitaciones, arguyendo el tribunal razones en torno a la protección de la infancia: ahí lo tenemos. Tres décadas después no sólo no se ha avanzado, sino que se ha desandado camino y el Fidesz sigue exhibiendo los mismos argumentos, sólo que con un poder judicial controlado por ellos.
Eso llegaría después, de momento seguimos en la era pre-Orbán. Desde 1996, el asunto de las uniones homosexuales fue un punto de inflexión en los derechos el colectivo y los debates continuaron, llegando al año 2007, que asistió a una sociedad preparada para ir más allá. En diciembre de dicho año vio la luz la ley de cohabitación registrada que seguía la normativa europea del rubro, equiparándose a una unión de hecho. La ley entró en vigor en 2009 y no hablaba de sexos, era indiferente el sexo de los convivientes. La unión se inscribía ante las mismas instancias que los matrimonios y tenía prácticamente los mismos derechos que estos. Subsistían, en cualquier caso, algunas diferencias entre las cohabitaciones registradas y los matrimonios: cómo no, en relación a los menores. No era perfecto, pero viendo lo que ha hoy supuso un avance incuestionable.
Y en esas llegó el Fidesz al poder. Con todo, se trataba de una formación bastante conservadora, si bien no comparable a lo que es hoy. De hecho, Orbán ocupó el cargo de primer ministro en la legislatura 1998-2002, en la onda de los cristianodemócratas europeos. De hecho, se sentaba en el Parlamento Europeo en los escaños del grupo de los populares europeos. Parece que haga siglos de aquello.
En 2010, tras perder el gobierno, Orbán volvió al poder. Las segundas partes en estos asuntos nunca fueron buenas, pues se suele volver más echado al monte que antes: que se lo digan a los estadounidenses.
Los idilios más intensos son los que se rompen con más virulencia
Desde 2010, todo va a seguir otros derroteros. Al objeto de conjugar la labor legislativa anterior, un Orbán crecido por su éxito electoral incontestable puso la primera piedra de una confrontación permanente con la UE. Uno de los primeros cometidos de nuevo gobierno pasa por la redacción de una nueva constitución. Es menester poner de relieve que el empeño, en principio, no es baladí: redactar una nueva ley fundamental que sustituyera a la comunista de 1949. El país necesitaba una nueva, eso era incuestionable. El problema es cómo se llevó a cabo.
La ‘Grundchapuza’
El texto nació viciado desde su concepción, rayana en una de las típicas chapuzas tipo Mortadelo y Filemón, aunque con mucha más mala baba. El encargado de elaborar el borrador constitucional fue József Szájer, importante figura de la que se platicará largo y tendido. Este “padre de la constitución” (se le podría llamar así en España) presidía el Comité de Consulta Nacional que asistía a la redacción de la norma. A continuación, Fidesz (básicamente dicha formación) propuso enmiendas. La oposición podía votarlas afirmativa o negativamente, pero no pintaba nada en su confección. Por dicha razón se denominó esta farsa un “golpe constitucional”.
Con la versión definitiva lista, se preparó para enviarla a la población a fin de que aprobara – o no– la norma mediante ¿referéndum? No exactamente. Como distaba un largo trecho de poder considerarse tal cosa, se designa a este plebiscitario despropósito como “consulta nacional”. Dicho dislate consistió en algo tan cutre como difícil de imaginar: el envío de ocho millones de cuestionarios a los electores húngaros con una serie de preguntas (totalmente sesgadas) para que, sobre la base de ellas, los húngaros decidían si aprobaban o no el magno articulado… ¡por correo! Los electores (o lo que fuera), lógicamente, no se lo tomaron muy en serio. Sólo retornó el diez por ciento de los cuestionarios. Con tan incontestable voluntad del pueblo en sus manos, se sometió a voto el texto constitucional en el parlamento, donde la apisonadora Fidesz la sacó adelante con sus aliados y con los dos tercios necesarios de los sufragios. Esto, en sí mismo, ya da que pensar, aunque es una excelente carta de presentación de lo que se avecinaba. Los partidos de la oposición se juraron desde entonces para cambiar la falaz constitución, difícil afán si tomamos en consideración el pequeño detalle de que Orbán arrasa en cada proceso electoral.
La Comisión Europea para la Democracia por el Derecho (Comisión de Venecia), dependiente del Consejo de Europa, alabó la intención de dotar al país de una nueva norma suprema, pero de ahí no pasó: denunció irregularidad del proceso (que calificó de “lamentable”), donde los estándares democráticos esenciales brillaban por su ausencia. Los rasgos definitorios de la constitución y el proceso de su elaboración son, según la Comisión, falta de transparencia, supresión del diálogo entre la mayoría en el gobierno y la oposición, insuficientes oportunidades para un debate público adecuado, y un plazo muy ajustado (sí, como las elecciones que organizó Vučić en medio de las navidades del pasado año), que sustrae, naturalmente, el sereno debate y contraposición de ideas que una sociedad requiere para la adopción de una norma de tal calado.
Por todo lo esbozado, el texto legal “aprobado” fue calificado por los expertos no como una constitución, sino como un programa de gobierno a largo plazo del Fidesz. En este sentido, el contenido legal de la norma fundamental “promovía” valores familiares tradicionales y rechazaba –a diferencia de la llamada “degradación occidental”– los derechos LGTBI, vetando el matrimonio homosexual. Del mismo modo, ataca la independencia judicial, estipulando que los jueces se jubilen antes… para colocar a los suyos y, así, influir de manera descarada en la composición del tribunal constitucional (no vaya a venirse arriba con los matrimonios homosexuales, por ejemplo), además de que se coarta a ciudadano y oenegés la posibilidad de acudir a dicho foro jurisdiccional cuando se considere que se viola la constitución. Los innumerables regaños de la UE al respecto son piedra de toque del poco efecto que suscitan.
continuará…
Próximo: la homofobia gubernamental de Orbán.
Esta entrada forma parte del artículo «Vientos autoritarios soplan desde Hungría. A Viktor Orbán no le va el ambiente«, aparecido en frontera D el 19 de junio de 2025