Las elecciones de 2025 al Bundestag en Alemania se presentan como un campo de batalla polarizado, donde las tensiones internas y las influencias extranjeras parecen m. Entre el auge de los populismos de derecha e izquierda y un panorama económico y social inquietante, las decisiones políticas de hoy podrían definir el rumbo de una nación atrapada entre su legado democrático y la presión de fuerzas externas e internas. De cerca, vigila Ucrania, un país cuya existencia como tal está amenazada por el nuevo giro de Trump en su relación con Europa y con Putin. Ucrania también se juega mucho en estos comicios
English:
The 2025 Bundestag elections in Germany are highly polarized, with strong internal tensions and foreign influences. Immigration is the main issue, and measures are being taken that challenge the Schengen Agreement. The rise of populism on both sides and a difficult economic situation could shape Germany’s future, which is caught between its democratic legacy and pressures from both inside and outside. Ukraine is also watching closely, as its existence is threatened by Trump’s new stance on Europe and Putin. Ukraine also has a lot to lose.
Deutsch
Die Bundestagswahl 2025 in Deutschland wird sehr polarisiert, mit starken inneren Spannungen und äußeren Einflüssen. Immigration ist das Hauptthema, und es gibt Maßnahmen, die den Schengen-Vertrag infrage stellen. Der Aufstieg von Populismus auf beiden Seiten und eine schwierige wirtschaftliche Lage könnten die Zukunft Deutschlands bestimmen, das zwischen seinem demokratischen Erbe und dem Druck von außen und innen steht. Auch die Ukraine schaut genau hin, da ihre Existenz durch die neue Haltung von Trump gegenüber Europa und Putin gefährdet ist. Auch die Ukraine hat viel zu verlieren.
Unas elecciones con interferencias interiores y exteriores
Los comicios de 2025 al Bundestag en Alemania no participan de una normalidad como antaño. Desde los últimos años, el populismo de extrema derecha y también de izquierda junto a la derecha tradicional que se empeña en comprar su discurso en especial en el asunto migratorio, han polarizado a la sociedad alemana. Se dice que en una democracia debe darse el sano debate y la contraposición de ideas en un clima de tranquilidad. Se supone que debemos poder decidir a quién votamos sin injerencias. Pero hay injerencias, y no sólo de dentro: también las hay foráneas (léase injerencias extranjeras, de las que hablamos en la anterior entrada).
La inmigración como preocupación fabricada
Unos controles muy poco socialdemócratas
En los comicios de 2025, el tema central del debate electoral es la migración, con un enfoque crítico que ha sido adoptado incluso por CDU que…
¡Un momento! Quien gobierna ―y muy posiblemente termine su mandato en breve― es la llamada coalición del semáforo (Ampelkoalition), dirigida por el socialdemócrata Olaf Scholz. El Bundeskanzler decidió re(implantar) controles fronterizos terrestres en los países limítrofes, desplegando a la policía federal. Ello contraviene el tratado de Schengen. El gobierno esgrimió la razón que faculta a suspender el tratado de Shengen; que se dé “una seria amenaza para el orden público o la seguridad interior”; y sólo se permite su aplicación de manera temporal. De momento, los controles se aplican hasta septiembre de 2025. Se pronostican excelentes resultados para los populistas y CDU-CSU y, a tenor de la potencia antischengen que despliegan AfD y SWB, junto a la voluntad de Friedrich Merz de colaborar con ellos, es de esperar que lo de los controles se convierta en una provisionalidad permanente de facto. En un país en el que uno es habitual ver cuadrillas de trabajadores polacos que vienen del país vecino acondicionando un cine, o una obra en la que se habla búlgaro, la medida de los controles fronterizos es más bien un obstáculo para la economía que una protección de la misma. Y Alemania no está para bromas en lo económico. Los experimentos, mejor en casa y, a ser posible, con gasesosa.
El SPD de Scholz es una formación históricamente más abierta a políticas de inmigración (aunque Angela Merkel también lo era, siendo de la CDU). Sin embargo, existe una contradicción entre lo que realmente preocupa ala gente y lo que domina la campaña, que hace más ruido (migración). Las encuestas indican que la ciudadanía se siente más preocupada por cuestiones como la paz, la seguridad, la economía y la justicia social. Los partidos como los Verdes (en realidad, Alianza 1990-Los Verdes, Bündnis 90-Die Grünen) y La Izquierda (Die Linke) intentan cambiar el enfoque y traer otros temas relevantes a la mesa, como la crisis climática y la justicia social, para equilibrar la discusión y diversificar las prioridades en el debate político. Sin embargo, todos tienen que subirse al carro del supuesto problema migratorio, no sea que los electores piensan que les da igual. Ello es una táctica muy exitosa llevada a cabo por otros populistas europeos como el húngaro Viktor Orbán. En el país magiar la inmigración no es significativa, pero Orbán consiguió que todo girara en torno a una preocupación fabricada. Los populistas alemanes y el resto de los partidos saben de qué va esto.
El cambio climático: cuestión seria en Alemania
El cambio climático se ha convertido en uno de los desafíos más importantes para Alemania en 2024, ya que el país experimentó el año más caluroso de su historia. Este fenómeno ha llevado a muchos a percibir el cambio climático como una amenaza para la seguridad nacional. Ya hemos visto como en países como Finlandia se proyecta prohibir la privatización del agua, como recurso que, en manos de otra potencia, puede comprometer la seguridad y soberanía del país.
Los partidos políticos han presentado diversas posturas ante esta crisis. El SPD apoya el Green Deal europeo y promueve un enfoque más verde mediante el fomento de energías renovables y la geotermia, además de proponer un impuesto a los millonarios para financiar la transición climática. Los Verdes, por su parte, abogan por una aceleración de la transición energética, con el objetivo de que el 80% de la electricidad provenga de fuentes renovables para 2030. También proponen un impuesto al CO₂, pero con compensaciones sociales para los más vulnerables. La Izquierda, porsu parte, se focaliza en una crítica radical al «capitalismo fósil» y propugna la nacionalización de las energías renovables y la creación de un fondo público de 200.000 millones de euros para la transición. En cambio, la CDU/CSU y el FDP son más escépticos sobre las medidas rápidas. Este enfoque ha sido criticado por muchos ambientalistas que lo consideran insuficiente para alcanzar los objetivos climáticos globales y mitigar los efectos del cambio climático. La visión de BSW (Bündnis Sahra Wagenknecht), izquierda populista, refleja, una priorización de la estabilidad económica y el uso de soluciones tecnológicas diversas, en lugar de políticas más radicales de cambio hacia energías renovables o la transición inmediata hacia la neutralidad en carbono. Lo dicho va suscribe la línea del llamado retardismo climático, un negacionismo más suave); en BSW prefieren soluciones basadas en el mercado, como el comercio de emisiones. La AfD, en su línea populista, niega el cambio climático y promueve un retorno a los combustibles fósiles, cuestionando incluso el Acuerdo de París (como Trump, al que defiende).
La cuestión de la justicia social
La justicia fiscal y la redistribución de ingresos son temas igualmente candentes, dado que aproximadamente el 20% de la población alemana vive en riesgo de pobreza o exclusión social, con unos alquileres en aumento constante y una hipsterización de los espacios urbanos antiguamente ocupados por una mayoría de inmigrantes, propiciado también por el encarecimiento de la vivienda.
El SPD propone aumentar los impuestos a las grandes fortunas y herencias, y destinar estos recursos a la educación y la lucha contra el fraude fiscal. Los Verdes abogan por cerrar las lagunas fiscales y establecer incentivos para pequeños ahorradores, mientras que La Izquierda busca una redistribución más eexpeditiva, con impuestos progresivos a las fortunas y la implementación de una renta mínima universal. Por otro lado, la CDU/CSU y el FDP prefieren políticas más conservadoras, favoreciendo menos impuestos y más exenciones fiscales para los ingresos bajos y medianos, además de un sistema tributario más simplificado. Friedrich Merz sostiene que no habrá más impuestos porque envenenan la economía. AfD, por su parte, se centra principalmente en la preocupación por la crisis demográfica y sus implicaciones en los sistemas de bienestar social de Alemania. Proponen soluciones para evitar la pobreza en la vejez, reconociendo la baja tasa de natalidad como uno de los principales factores que afectan las pensiones y otros servicios sociales. Aunque los expertos dicen que esto se arregla con más inmigración, ya sabemos cómo piensa Alice Wiedel: Remigración, que pasa explulsar a los ilegales, o a legales como descendientes de srios y sirios que llevan en Alemania desde 2015-2016. Abogan en su programa por una política familiar activa y un enfoque de solidaridad entre generaciones, además de un análisis crítico de las políticas actuales. De nuevo bofetón de realidad: ¿cómo se come eso si las generaciones jóvenes no podrán sostener a las menos jóvenes con esos datos de natalidad sin gente que venga de fuera? Iba a decir que la solidaridad intergeneracional puede llevarse a cabo con una muerte de las personas a partir de los 30 años como en el clásico “La fuga de Logan” o procediendo, como sostienen conspiranoicos, que el gobierno implemente políticas para que mueran las personas mayores. Pero a esta gente mejor no darle ideas.
¿Fortalecimiento de la democracia?
En cuanto al fortalecimiento de la democracia, se trata de un tema que también genera preocupación en la sociedad alemana, las propuestas varían entre los partidos. La mayoría de los alemanes desconfían de los partidos políticos y sienten insatisfacción con el sistema democrático, lo que es aprovechado por los populistas para proponer soluciones fáciles: en mí sí que puedes confiar porque yo no soy de la casta/élite: yo te doy voz a ti, etc., etc.,
El SPD y Los Verdes promueven la participación ciudadana directa y defienden la necesidad de más transparencia y reglas contra los enemigos de la Constitución. Sin embargo, la AfD rechaza la cultura democrática actual, abogando por referendos populares al estilo suizo (ideal para manipular cada una de las decisiones políticas) y rechazando las cuotas de género, o el matrimonio entre homosexuales. La enésima contradicción: la reputada líder aefdista, Alice Wiedel, es abiertamente lesbiana, y mujer, claro: cada loco con su tema. Pero no es muy creíble. Tanto es así que la misma formación de extrema derecha sintió la necesidad de declarar que no son enemigos de los homosexuales.
La CDU/CSU, por su parte, enfatiza una «democracia defensiva», apelando a la defensa de la cultura nacional y la seguridad en contraposición a las propuestas más inclusivas y participativas de los otros partidos. El término se explica solo, pero suena a conspiracionismo y victimismo de alemanes de toda la vida amenazados. Trump, Vučić en Serbia, el PiS en Polonia o Viktor Orbán en Hungría: la alemanidad, polonidad, estadounidense medio, etc está amenazada por agentes externos. Hay que defenderse.
Hablamos de un país en el que asignaturas como “Política”, una especia de “educación para la ciudadanía” están perfectamente implantadas, y donde el tema de los populismos y la ultraderecha están tratados, intentando educar para una cultura democrática. Yo mismo pude tener la oportunidad de impartir este tipo de clases, con temarios como “el populismo”, o “el extremismo de derecha y sus peligros para la democracia” ¿Se imaginan esto, por ejemplo, ¿en España? Yo, desde luego, no.
Por último, cabe apuntar el pequeño problema que arrastra AfD con el blanqueamiento de las dictaduras, incluida la nazi, y su relación con formaciones o grupúsculos abiertamente nazis. En una conversación con Elon Musk (profeta de la ultraderecha y ministro oficioso de Trump) en febrero de 2025, Alice Wiedel aseguró al surafricano que Hitler no era un conservador ni un libertario (se supone para que Musk se quedara tranquilo), sino un comunista-socialista. Tampoco era völkisch (lo vemos abajo). Lo dijo, sí.
AfD se prodiga, además, en términos controvertidos como la distinción entre “falsos alemanes” y “verdaderos alemanes”. En este sentido ahonda, por ejemplo, Alexander Gauland, diputado aefdista cuando habla del deporte: sostiene que un equipo con tanta gente con antecedentes migratorios no es, en esencia, un equipo alemán. Otros conceptos como el mencionado “remigración”, la etnicidad de los alemanes (los de aquí, los autóctonos), que rechaza componentes migratorios. Una ideología, en suma, völkisch, identidad cultural y racial más o menos pura que surgió en el contexto del nacionalismo del siglo XIX.
La crisis de la vivienda: un clásico mundial
La crisis de vivienda es otro problema urgente que atraviesa el país. Actualmente, se estima que faltan más de 500.000 viviendas en el país, mientras que los precios de los alquileres continúan aumentando. El SPD y Los Verdes apoyan la regulación de los alquileres y la inversión en viviendas sociales, mientras que La Izquierda propone medidas más radicales, como la congelación de alquileres y la nacionalización de grandes empresas inmobiliarias.
No hay que olvidar que Alemania parte de un sistema con un parque de viviendas de protección oficial infinitamente mayor que, por ejemplo, el español y que, aún así, no da abasto. No es Viena con su política de vivienda para el bienestar de los ciudadanos, pero tampoco es España. Crear un sistema de inmobiliarias del Estado similar al alemán es una buena idea, sin duda, pero requiere un consenso transversal no sólo entre partidos sino interlegislatura.
La CDU/CSU prefiere incentivar la compra de viviendas a través de deducciones fiscales, pero se oponen a frenar los alquileres (como no: el mercado ya se regula el solito). Por su parte, la AfD acusa ¡oh, sorpresa! a la inmigración de ser el factor responsable de la crisis de la vivienda y propone reducir los costos de construcción como solución al problema.
La situación de la educación
Finalmente, la crisis educativa es una de las áreas en las que más se observa la desigualdad en el acceso a la educación, con muchos niños alemanes que no logran leer ni hacer cálculos correctamente (del mismo modo, existen adultos que tampoco lo escriben bien). El SPD y Los Verdes proponen aumentar la inversión en educación, con un enfoque particular en las zonas más desfavorecidas. La Izquierda aboga por una educación gratuita y sin tareas escolares (algo que, en realidad, se da ya en muchos centros educativos: hay mucha autonomía), además de eliminar el sistema escolar dividido que actualmente existe en el país. Mientras tanto, el BSW exige mayor apoyo financiero a las escuelas estatales (que son casi todas) y propone un mayor enfoque en la inversión en infraestructura educativa.
Inciso: la educación secundaria en Alemania
Alemania tiene un sistema muy curioso y polémico, en especial en la educación secundaria.
En primer lugar, el sistema te coloca en alguno de los cajones educativos de secundaria…¡a partir de los 10 años! Quinto se hace ya en un instituto. Pero decir “instituto” es no decir nada: hay tres tipos, existen tres modalidades (o cuatro) que te predisponen desde los diez años a trabajar en una panadería o como astrofísico. Hay varios niveles:
El más exigente es el Gymnasium: Es el nivel más alto y exigente, con un enfoque orientado a la universidad que prepara a los estudiantes para acceder a la misma. Dura hasta los 18-19 años y culmina con el Abitur (selectividad). Le sigue la Realschule, de dificultad media. Ofrece una formación más práctica que el Gymnasium y se centra en el mercado laboral o la educación superior técnica. Suele durar hasta los 16 años y otorga el Realschulabschluss, que permite acceder a formación profesional o continuar en una escuela técnica. Suele ser un atajo, además , para la Abitur. Las Realschule pueden ser más o menos normales o, en barrios alejados o semimarginales, albergar un alumnado en el que más de un 80% son inmigrantes o gente con dichos antecedentes. Existen Realschulen infradotadas, con alumnos sin profesor durante meses y sustitutos mal gestionados, y Realschulen aceptables. Ambas las he vivido y padecido.
Hauptschule es, por el contrario, el nivel más bajo, y se centra principalmente en la formación práctica para el empleo. Los estudiantes completan este ciclo a los 15-16 años y obtienen el Hauptschulabschluss, que les permite acceder a formación profesional, aunque con menos opciones para la educación superior.
La Gesamtschule, para terminar, combina, en teoría, lo mejor de las anteriores. Aquí,en teoría, los alumnos con mejor rendimiento ayudan a los que no tengan uno tan bueno. En la práctica puede suceder que, en realidad, el nivel sea bajo porque muchos padres con hijos que han disfrutado de mejores oportunidades rechazan este tipo de centro educativo. Así, al final, las Gesamtschule pueden oscilar entre las Real y las Haupt, dependiendo del instituto en cuestión.
Lo expuesto constituye una fábrica de desigualdad social, pues los alumnos de familias con menos recursos o inmigrantes tienen menos oportunidades para acceder a niveles educativos más altos, toda vez que son claves las recomendaciones de los profesores de primaria. En una familia desfavorecida sin tiempo para pensar y leer las diferentes opciones educativas, los niños irán a parar a un centro educativo donde se les oriente para trabajos no demasiado cualificados. El sistema, asimismo también provoca en las instituciones que deben procurar trabajo a la población, que gente con cualificación que venga del exterior sea conducida a trabajos menos cualificados.
Incluso padres alemanes con recursos medios prefieren en ocasiones un nivel más bajo para entrar de manera lateral a otro más alto (muchos eligen la Realschule aunque puedan estar en un Gymnasium, para evitar el estrés o la ansiedad que las exigencias de dicho sistema puedan provocar a los niños).
En segundo lugar, la mencionada selección temprana: a los 10 años, los estudiantes deben elegir su tipo de escuela secundaria, lo que puede ser injusto para quienes no tienen las mismas oportunidades; no es lo mismo vivir en una casa con progenitores que hablen alemán de manera nativa y tengan recursos económicos, que una familia donde los padres se pasen el día trabajando en trabajos poco cualificados y nunca lograrán comunicarse bien en alemán.
Otros males de la educación alemana pasan por el desajuste con el mercado laboral: la educación no siempre prepara adecuadamente a los estudiantes para el mundo laboral, especialmente en habilidades prácticas. Esto, como se ve, no es en absoluto exclusivo de Alemania. Por último, persisten casos de discriminación por origen étnico o género y muchos profesores no están preparados para trabajar con alumnado inmigrante.
Todas las cuestiones mencionadas serán, pues, decisivas en las elecciones del 23 de febrero de 2025. El parlamento que dibujarán estos comicios será, casi con toda seguridad, una asamblea en la que los populistas estén más representados que nunca y haya que contar con ellos más que nunca ¿ Se mantendrá el cordón sanitario propugnado por Angela Merkel? Está por ver.