créditos imagen: montaje a partir de un diseño de Jorono, de Pixabay
Muy poco pan para tanto mañana
El Acuerdo de Dayton puso fin a la guerra en Bosnia, pero dejó un país dividido, con una compleja estructura federal que, en cierto sentido, legitimaba parte de la depuración étnica producida durante la guerra y un estado precario e inestable. La República Srpska (RS) y la Federación (bosnio-croata), debido al peso del nacionalismo —especialmente el de Dodik—, no han podido mantener una verdadera cohesión estatal. Así, las elecciones de 2025 constituyen, más que una excepción, un síntoma más de un sistema estancado casi desde su concepción.
BiH fue fruto de arduas negociaciones pero ¿para qué tanto trabajo de parto? ¿Con qué razón otra federación surgida de las cenizas de otra, que arrastraba defectos de la otra, podía funcionar? Y, lo más importante: ¿quién pensó que era una buena idea? Richard Holbrooke (1941-2010), diplomático clave en la construcción de la paz en el solar de la antigua Yugoslavia (y cuyo libro «Para acabar una guerra» se recomienda encarecidamente), lo tenía claro: para él, no.
En la obra mencionada y en alguna entrevista dejó muy claro que lo peor de Dayton no es lo que se hizo, sino lo que se dejó de hacer. Para el diplomático estadounidense hubo excesivas prisas y se creó un país dividido en dos entidades, sin garantizar o implementar mecanismos de Estado unitario, fiando su éxito a la supervisión continua de Estados Unidos y aliados. Inocentemente se pensaba que EE.UU. seguiría siempre la línea de los años 1990 de compromiso con la paz. No obstante, con Donald Trump bailando en el salón de baile hortera-pretencioso que se quiere construir en la Casa Blanca, los tiros van por otro lado: una especie de Colonia israelo-estadounidense en Gaza y un Zelenski que tiene que suscribir el «plan» de Putin que, evidentemente, no beneficia a Ucrania y cuyos 28 puntos poco tienen que ver con aquellos catorce que el predecesor de Trump, Wilson, hace ya más de un siglo ideó para Europa: este sí recibió el Nobel de la Paz.
Las débiles instituciones federales bosnias nunca estuvieron bien engrasadas, y se puso de relieve en especial desde 2025, con el pulso de Milorad Dodik a lo en Dayton estipulado. El mandatario, presidente de la RS, desafía al Estado bosnio al negarse a acatar decisiones del Alto Representante (OHR, un género de supervisor internacional ―que suele ser europeo― de Dayton) y promover la secesión. Tras ser condenado a prisión ―simbólica, que no se diga― y a seis años de inhabilitación política, la RS aprobó leyes que bloquean la autoridad central y Serbia lo respalda, claro., porque Aleksandar Vučić sueña con la anexión de la RS, aunque no muy alto; y Dodik, lo disimula menos. Al fin y al cabo era el sueño de los depuradores étnicos tras la destrucción der Yugoslavia: para mí mis serbios. Lástima que había croatas y bosnio-musulmanes estorbando, pero todo se podía arreglar, hombre. Y los croatas querían lo mismo, pero prefirieron ser los buenos al final (aunque en un principio, malos eran un rato). Por eso están el la UE.
Dodik, además, mantiene estrechos vínculos con Putin, usando apoyo internacional y presión interna para desafiar la implementación del Acuerdo de Dayton y poner en cuestión la unidad de Bosnia-Herzegovina (en adelante, BiH).
Porque Dodik se lo puede permitir. Con Trump en el poder y sus émulos, se asiste a un desguace del derecho internacional: trata a los (antiguos) aliados como enemigos, asesina supuestos traficantes de drogas en el Caribe sin juicio previo (en Guantánamo no te veían, al menos), permite el genocidio en directo de Gaza (del mismo modo que las principales potencias europeas). Y Sudán, la gran olvidada (ya se sabe: Dios se ocupa de separar a buenos y malos en el cielo). Ante esas menudencias ¿nos vamos a pelear porque rompamos un Estado que ―todo hay que decirlo― funciona más bien poco y mal? A la vista está.
Más de 30 años después de los Acuerdo de Dayton, BiH sigue atrapada en la trampa de una paz frágil con una institucionalidad débil a merced de demasiados presupuestos que se supone tienen que cumplirse. En resumidas cuentas: todos sabían que te podía explotar en la cara en cualquier momento. Lo típico: ¿corto el cable azul o el rojo? Un día, cansado del mismo cable, secciones el incorrecto, porque te lo propones, y se empieza a (volver a) complicar todo. Las elecciones presidenciales de 2025 son una tormenta sobre mojado en un año especialmente fructífero en el desmontaje de aquel engendro de Dayton.
Siniša Karan: el «Medvédev» de Dodik que gana unas reñidas presidenciales
El lunes 24 de noviembre, la República Srpska amaneció con un vencedor y futuro presidente: Siniša Karan, candidato de la Alianza de Socialdemócratas Independientes (SNSD, por sus siglas en serbio), el partido de Milorad Dodik. Según la Comisión Electoral Central de Bosnia y Herzegovina (CIK), con el 99,72% de las mesas escrutadas, Karan obtuvo 217.324 votos (50,3%), frente a los 208.955 votos (48,4%) de Branko Blanuša, del histórico y debilitado Partido Democrático Serbio (SDS), cuyo fundador fue nada menos que Radovan Karadžić, el arquitecto de la limpieza étnica, también apodado «el carnicero de Sarajevo». Hoy cumple cadena perpetua por autor de genocidio y crímenes contra la humanidad. Está claro: con dichas credenciales, Milorad Dodik era el líder «moderado» a finales del siglo XX y, en consecuencia, mimado por gran parte de la comunidad internacional. No es que les hubiera salido rana, es que era lo menos malo.
Karan es un experimentado policía con amplia carrera de más de 20 años. En su vertiente política fue, acorde con su experiencia, asesor de seguridad del presidente de la RS, secretario general del gobierno, ministro del interior, y ministro de desarrollo científico-tecnológico y educación superior. Es, por tanto, un hombre de máxima confianza de Dodik. Surgió con un mandato claro: continuidad institucional y defensa del poder del SNSD.
Más les vale: la RS bajo Dodik despliega corrupción estructural, especialmente en empresas públicas y la administración, con sobornos, abuso de poder y vínculos con la delincuencia organizada. Las leyes anticorrupción y la protección a los denunciantes son débiles, y altas autoridades del Estado como ministros ya han sido investigados o arrestados. La falta de transparencia y control institucional no mejoran la situación.
Pero eso no fue, obviamente, lo que dijo Karan. En una acostumbrada lamentación victimista a la que son asiduos Putin, Orbán, Vučić, los granreemplacistas estadounidenses, los del PiS polaco, AfD y VOX en España y otros (nos quieren echar a los de aquí y sustituir por vaya-Ud.-a-saber-quien), asegura que el pueblo serbio ha dicho “no” a cualquier usurpador ―léase instituciones federales o el OHR, entre otros―. Sostiene que la prioridad es la paz y la estabilidad y que la República Srpska no será humillada por extranjeros. Nada nuevo.
Dodik, quien se paseaba el mismo 2025 desafiando a la policía federal que debía detenerlo, proclamó la victoria como reafirmación de su influencia, aseverando que, si los enemigos de la RS querían destituirlo mediante un proceso injusto, ahora tendrían no uno, sino dos Dodik: si no querías caldo, toma dos tazas.
Unos resultados controvertidos: la oposición no menos controvertida acusa
El SDS (Partido democrático de Serbia), principal partido de la oposición que sin duda conoció tiempos mejores, llega a 2025 como una formación debilitada y sancionada internacionalmente, entre otros, por EE.UU, que lo incluye en la Lista de Control de Activos Extranjeros (OFAC) por no colaborar con el TPIY (Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia cuyo sucesor actual es el llamado Mecanismo Residual) a la hora de entregar criminales de guerra para su enjuiciamiento. Motivo por el cual fue objeto de sanciones por el OHR. La OSCE, por su parte, lo hizo por fraude electoral y financiación ilegal de la campaña electoral.
Sus problemas incluyen, entre otros, la «pérdida» del nombre: ahora se llama SDS–Volja Naroda (SDS, la Voluntad del Pueblo) denominación «distinta» para sortear las sanciones financieras. Además, ha sufrido una fuerte pérdida de apoyo electoral tras el ascenso del SNSD en 2006, con una caída que les hizo quedar por debajo del 20 por ciento en el parlamento en 2018.
Pero eso es otra historia. Volviendo a 2025, el SDS denunció irregularidades en diversas localidades, como votantes sin registrar y observadores expulsados (como sucede en la vecina Serbia, pero quizá con aún menos control). Algunas ONG denuncian un desequilibrio mediático evidente: Karan apareció 57 veces en la radiotelevisión pública, mientras Branko Blanuša, solo dos veces (también como en Serbia). Blanuša es el candidato de la oposición, además de autoridad académica de talla mundial en el campo de la ingeniería eléctrica y electrónica. El SDS exige repetición parcial de la votación, aunque con poco recorrido, en tanto que el gobierno mantiene un control total sobre las instituciones de la RS.
Unos comicios bajo la apatía, la polarización y la falta de confianza en la clase política
La participación fue solo del 34,79%, un desplome de 17 puntos respecto a las presidenciales de 2022. De los 1.264.364 votantes registrados, acudieron a votar 439.897 electores. Los centros permanecían vacíos, y eso que existió un boicot parcial por parte de los electores del SNSD que consideraron ilegítimas las elecciones tras la intervención internacional que inhabilitó a Dodik (Christian Schmidt, el OHR). Para Dodik y sus seguidores es ilegítimo todo lo que venga de Dayton, el OHR y la UE. Milorad Dodik sigue siendo la figura decisiva que muestra el fracaso de la federación de BiH.
Continúa marcando la política de la RS. Sea o no presidente, porque no es un hombre que vaya a dar un paso al lado. Ya en abril de 2025, se vio claramente quién mandaba: la policía federal (SIPA) intentó arrestarlo por «amenazar el orden constitucional», tras ignorar citaciones de la justicia federal por promulgar legislación de carácter secesionista. Cuando los agentes federales se presentaron para proceder a su detención, la propia policía armada de la RS lo impidió. Dicha fuerza (en teoría, policía civil) está adscrita al Ministerio del Interior de BiH (MUP, federal). Sin embargo, eso hoy no se lo cree nadie en BiH; tampoco, que sea civil: está fuertemente armada y al servicio de Dodik.
Es más, ya puestos, Dodik viajó a Belgrado, Jerusalén y Moscú, desafiando órdenes judiciales y solicitando apoyo internacional. Alemania y Austria le prohibieron la entrada, mientras Sarajevo (la parte federal), solicitó a Interpol un «red notice» (una alerta internacional sobre una persona buscada, pero no una orden de arresto ―para qué hacer más el ridículo―, que Rusia ignoró, exhibiendo su falta de autoridad real. Con Israel, tres cuartos de lo mismo: no va a ser Netanyahu quien detenga a nadie cuando es uno de los más buscados. La RS, por su parte, persevera en su inconstitucional proyecto de nueva carta magna, pese al pataleo del OHR y otras instituciones mundiales como la ONU. El proyecto incluye más autogobierno (que desborda los límites de la constitución de BiH y un posible ejército de la RS ―himno totalmente serbio incluido―, medidas previamente anuladas por el Tribunal Constitucional de BiH (sí, el federal).
Y ahora ¿qué? Desafíos inmediatos: legitimidad, relaciones internacionales y polarización
La situación en la República Srpska se caracteriza por varios fuegos sin control: la legitimidad electoral está en entredicho, ya que, si se comprueban las irregularidades, la CIK podría ordenar la repetición parcial de la votación y por todos es sabido el caso que hacen Dodik-Karan a todo lo que venga de sede federal. Además, las relaciones internacionales se ven complicadas por el discurso anti-OHR y la defensa cerrada de Dodik, lo que dificulta la relación con la UE y la OTAN. Esto no es algo nuevo, si bien ahora se recrudece, pues se entra en un conflicto más directo con el OHR.
En clave interna, la rivalidad entre el SNSD y el SDS refleja los intentos del segundo de recuperar terreno, aunque su pasado y las sanciones limitan su credibilidad. Por último, la tocada institucionalidad federal se va deteriorando cada vez más, si es que ello es posible. Todo ello, con un nuevo horizonte electoral, las elecciones generales previstas en 2026, otra prueba de fuego para lo que queda del poder central de BiH en la RS. Con una política en modo campaña permanente, la polarización no hará sino subir peligrosamente.
Datos clave de las elecciones de 2025 (según B92)
Resultados con 99,72% de mesas escrutadas:
| Candidato | Partido | Votos | % |
| Siniša Karan | SNSD (ultranacionalista) | 217.324 | 50,3% |
| Branko Blanuša | SDS (ultranacionalista) | 208.955 | 48,4% |
| Dragan Đokanović | Alianza por la Nueva Política (moderado) | 1.877 | 0,43% |
| Nikola Lazarević | Partido Ecologista de la RS (ecologista, progresista) | 1.583 | 0,37% |
| Igor Gašević | Independiente | 1.284 | 0,30% |
| Slavko Dragičević | Independiente | 1.012 | 0,23% |
Datos de participación:
- Votantes registrados: 1.264.364
- Votantes que acudieron: 439.897 (34,79%)
- Votos válidos: 432.035 (98,21%)
- Papeletas en blanco: 853 (0,19%)
- Votos inválidos: 7.009 (1,59%)
ENGLISH VERSION
High-Stakes Elections in Republika Srpska, Bosnia: More of the Same
Not Enough Bread for What’s Coming
The Dayton Agreement ended the war in Bosnia, but it left the country divided, with a messy federal system that, in a way, allowed some of the ethnic cleansing from the war and created a weak, unstable state. Republika Srpska (RS) and the Federation (Bosniak-Croat), weighed down by nationalism —especially Dodik’s—, have never really kept the country together. The 2025 elections were not an exception, just another sign of a system stuck from the start.
BiH was made after tough negotiations, but for what? How could a federation built on the ruins of another, carrying all its flaws, really work? And who thought this was a good idea? Richard Holbrooke (1941–2010), the main U.S. diplomat in the peace process (his book To End a War is worth reading), was clear: for him, it was doomed from the start.
Holbrooke repeatedly said that the worst part of Dayton was not what was done, but what was left undone. He believed the agreement was rushed, creating a country divided into two entities without real guarantees of a functional central state. Its success depended on constant U.S. and allied supervision. The assumption was that Washington would always remain as committed as it was in the 1990s. Today, however, with Donald Trump dreaming of turning the White House into a kitschy ballroom, U.S. policy looks very different: an Israeli-American colony emerging in Gaza, and a Ukrainian president pressured to accept Putin’s “plan”, which has little to do with Woodrow Wilson’s famous Fourteen Points for Europe —for which Wilson, unlike Trump, actually received a Nobel Peace Prize.
Bosnia’s already weak federal institutions were never solid, and things became clearer after 2025, when Dodik openly challenged the very foundations of Dayton. The RS president refused to accept decisions from the Office of the High Representative (OHR), the international overseer of the peace agreement, and pushed for secession. After being sentenced symbolically to prison and banned from politics for six years, his entity passed laws blocking state authority. Serbia backed him, of course —President Aleksandar Vučić dreams quietly of annexing the RS, while Dodik hides it even less. It was, after all, the dream of the ethnic cleansers in the 1990s: “Serbs for me”. The fact that Croats and Bosniaks lived there too was, in their view, just an obstacle to be “managed”. Croats wanted their own slice as well, though they eventually chose the “good guy” path —which helped them into the EU.
Dodik also maintains strong ties with Vladimir Putin, using both external backing and internal pressure to challenge the implementation of Dayton and question Bosnia’s unity.
And Dodik can afford it. With Trump back in office and similar leaders elsewhere, international law is being dismantled piece by piece. Washington treats former allies as enemies, kills alleged drug traffickers in the Caribbean without trial (in Guantánamo they at least pretended not to see you), and allows the live-streamed destruction of Gaza —as do the main European powers. Sudan remains forgotten. If these issues are treated as small details, why would anyone worry about breaking a state that barely works anyway?
More than 30 years after Dayton, Bosnia-Herzegovina remains trapped in a fragile peace and a weak institutional system based on assumptions nobody has fulfilled. everyone knew it could collapse at any moment. The usual dilemma: cut the blue or the red wire? One day you get tired, cut the wrong one on purpose, and the whole thing starts to fall apart again. The 2025 presidential elections are simply a on an already troubled country, in a year full of efforts to dismantle Dayton’s fragile structure.
Siniša Karan: Dodik’s “Medvedev” Wins Tight Race
On Monday, 24 November, the RS woke up with a new president: Siniša Karan, candidate of the Alliance of Independent Social Democrats (SNSD), Dodik’s party. With 99.72% of votes counted, the Central Election Commission reported that Karan won 217,324 votes (50.3%), narrowly beating Branko Blanuša of the Serbian Democratic Party (SDS), who received 208,955 votes (48.4%).
The SDS was founded by Radovan Karadžić —the architect of ethnic cleansing and known as the “Butcher of Sarajevo”— who is now serving a life sentence for genocide and crimes against humanity. By comparison, Dodik was seen as the “moderate” in the late 1990s. Not because he was good, but because he was the least bad.
Karan is a veteran police officer with more than 20 years of service. Politically, he has served as Dodik’s security adviser, secretary-general of the government, interior minister, and minister for science and higher education. He is one of Dodik’s most trusted men, with a clear mission: ensure continuity and protect the SNSD’s grip on power.
They need it. Under Dodik, the RS is marked widespread corruption in state-owned companies and government agencies, bribery, abuse of power, and links to organised crime. Anti-corruption laws are weak, and even high-ranking officials have been investigated or arrested. Transparency is minimal.
But of course, that’s not what Karan said. In a familiar victimhood speech —the kind often heard from Putin, Orbán, Vučić, and hard-right parties from the U.S. to Poland and Spain— he claimed that the Serb people had said “no” to all “usurpers” (meaning federal institutions and the OHR). He declared that peace and stability were top priorities and that the RS would not be humiliated by foreigners. Nothing new there.
Dodik, who in 2025 was openly defying federal police who were supposed to arrest him, celebrated the victory as proof of his continued influence. If his enemies wanted to remove him through an “unfair” process, he said, they now had not one Dodik but two. If you didn’t want one, now you get double.
Controversial Results: A Controversial Opposition Complains
The SDS —once dominant, now weakened and under international sanctions— entered 2025 in rough shape. The U.S. placed it on the OFAC sanctions list for failing to cooperate with the ICTY, the UN war crimes tribunal for former Yugoslavia. It also faced sanctions from the OHR and the OSCE over electoral fraud and illegal campaign financing.
To dodge sanctions, it even tweaked its name: SDS–Volja Naroda (“the Will of the People”). Since 2006, the party’s support has fallen sharply, dropping below 20% in 2018.
In 2025, the SDS claimed irregularities across multiple towns: unregistered voters, expelled observers, and severe media imbalance. Some NGOs reported that Karan appeared 57 times on public television, while Blanuša appeared only twice. Blanuša, beyond politics, is a globally recognised scholar in electrical engineering.
The SDS is demanding a partial rerun, though prospects are slim, given the government’s tight control over RS institutions.
Elections Marked by Apathy, Polarisation, and Distrust
Turnout was only 34.79%, a drop of 17 points compared to 2022. Out of 1,264,364 registered voters, only 439,897 participated. Polling stations were empty, partly due to an SNSD voter boycott after Dodik was banned from office by the OHR’s Christian Schmidt. For Dodik and his supporters, anything coming from Dayton, the OHR, or the EU is illegitimate.
Dodik remains the dominant political figure in the RS —president or not. In April 2025, federal police tried to arrest him for threatening the constitutional order, but RS police blocked the operation. Although technically a “civil” police force under the federal Ministry of Interior, the RS police are heavily armed and loyal to Dodik.
He then travelled to Belgrade, Jerusalem, and Moscow, ignoring judicial orders and seeking international backing. Germany and Austria banned him from entry. Sarajevo requested an Interpol Red Notice —not an arrest warrant— which Russia ignored entirely. Israel did the same. Meanwhile, the RS continues to push for a new unconstitutional entity constitution, including more autonomy and even a potential RS army, despite these measures being annulled previously by Bosnia’s Constitutional Court.
What Now? Legitimacy, International Tensions, and Rising Polarisation
The RS faces several burning issues. Electoral legitimacy is in question; if irregularities are confirmed, a partial rerun may be ordered —which the RS is likely to ignore. Relations with the EU and NATO will worsen as Dodik escalates his anti-OHR rhetoric and deepens ties with Moscow and Belgrade.
Domestically, the rivalry between the SNSD and the SDS is intensifying, though the SDS’s problematic past limits its credibility. Federal institutions, already weakened, continue their slow collapse.
And on the horizon lies yet another test: the 2026 general elections. With constant campaigning and rising polarisation, Bosnia-Herzegovina is heading toward an even more dangerous political climate —and Dayton’s unstable system looks more fragile than ever.
2025 Republika Srpska Presidential Elections (B92 data)
Results (99.72% of votes counted):
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Siniša Karan (SNSD, ultranationalist): 217,324 votes — 50.3%
-
Branko Blanuša (SDS, ultranationalist): 208,955 votes — 48.4%
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Dragan Đokanović (Alliance for New Politics, moderate): 1,877 votes — 0.43%
-
Nikola Lazarević (RS Ecologist Party, progressive): 1,583 votes — 0.37%
-
Igor Gašević (Independent): 1,284 votes — 0.30%
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Slavko Dragičević (Independent): 1,012 votes — 0.23%
Voter turnout:
-
Registered: 1,264,364
-
Voted: 439,897 (35%)
-
Valid votes: 432,035 (98%)
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Blank ballots: 853 (0.2%)
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Invalid votes: 7,009 (1.6%)