Créditos foto: montaje a partir de una foto de deMastad – Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1071407
Al hilo del otorgamiento del premio nobel de la paz a la activista venezolana María Corina Machado, una decisión polémica donde las haya, llevaré a cabo un recorrido por las concesiones más controvertidas del galardón a la paz más prestigioso del mundo, analizando algunos antecedentes para acabar en María Corina Machado, premiada en 2025 en base a unos criterios que arrojan más sombras que luces. No es la primera vez. De ello departo en este artículo
Y es que el premio Nobel no es Eurovisión, pero a veces se le parece. Ya no son las controversias que generan sino la consecuencia: la poca seriedad que cada vez más suscita el Comité Noruego, con algunas de sus decisiones (y van unas cuantas de este cariz). Amenazan con convertir un galardón tan necesario en algo vacío. Hay veces algunas de estas controvertidas decisiones que incluso se llevan vidas por delante.
En este sentido, cabe rescatar uno de los episodios más tenebrosos, como el acaecido en 1974, cuando los galardonados con el premio Nobel de Literatura fueron Harry Martinson y Eyvind Johnson, dos miembros de la Academia Sueca (para el premio nobel de la paz, sin embargo, Alfred Nobel dispuso que fuera un Comité Noruego: hasta 1905 Suecia y Noruega estuvieron unidas) . Vaya. No les fue demasiado bien a los dos. El primero murió cuatro años después; el segundo, dos.
Un nobel literario: la elección de 1974 y una tormenta mediática
Es de recibo la alegría que pudo llevarse uno de ellos en particular: Harry Martinson. A quién no le gusta recibir un nobel en literatura. Es el culmen de todo escritor. Lo que pasa es que aquello era un poco como los papas en Roma: que todos eran italianos. Pero, va…tampoco vayamos a empañar una alegría una nimiedad. El buen Harry era un hombre de su tiempo. Entonces no había cuotas, o no se pensaban. La cuestión es que el asunto del noble era como los balones de oro hace no tanto: si no eras brasileño o argentino ―se rumoreaba― no te lo daban. No es menos cierto que la Academia fue abriéndose con el tiempo pero, a día de hoy, las cifras son escalofriantemente…obvias y de dominio público ―o demonio público, depende por la arista desde donde se derrame la perspectiva de quien lo mira.
A día de hoy ―apuntaba― los galardonados con la distinción han sido, según recuentos recientes, 521 europeos y 377 estadounidenses. De los europeos, Reino Unido, Alemania, Francia y Suecia se llevan 362. Europa del este, 53. América Latina, 17. Saquen Uds. sus propias conclusiones: son como los colores (más aún en el mundo de la posverdad o las posmentira). En 1974 el sesgo europeo era aún más potente.
Martinson no podía pensar en eso, porque era 1974, porque había menos países, porque era algo normal. Sin embargo, haberlas, haylas. Con el tiempo, le asaltaron las dudas a Martinson, a lo que sin duda coadyuvarían las arduas polémicas desatadas (hoy se hubiera recurrido a la manida tontería de “las redes arden”, o algo de tal pelo). Es verdad que siempre se había dicho que la Academia Sueca premia a gente de otras procedencias…aunque con especial predilección por los occidentales y suecos. Aquella vez, a mayor inri, los dos eran, como se comentó, miembros de la Academia sueca; parte del jurado.
No solo era la gente de la calle: se cuenta que en el seno del propio comité de elección del premio, ya se suscitaron fuertes oposiciones. Pero les dio igual. El premio tenía que ser para dos suecos. El secretario permanente del Comité del Nobel, Karl Ragnar muy probablemente pesó que la decisión del comité tenía su punto “revolucionario”: en primer lugar, nunca hubo tantas mujeres nominadas; en segundo, ambos galardonados venían de extracción humilde, con bagaje de compromiso social. Desde el final de la II Guerra Mundial sí es cierto que había una mayor atención a este hecho. Con todo, siempre había cierto clasismo: aristocracia a secas, aristocracia académica, intelectuales con mucho dinero, poco que hacer y mucho tiempo para pensar. Al señor Ragnar le hubo de venir a las mientes, con toda probabilidad, el siguiente interrogante: si se ha premiado a dos tipos de origen obrero y con sensibilidad tirando para la izquierda, estamos siendo audaces ¿no? ¿qué puede salir mal? De hecho, puede decirse que se rompió con una regla no escrita de premiados situados en buena posición social.
Pensó lo esbozado, pero, no obstante, Regnar dijo otra cosa al salir a hacer frente al revuelo: aseguró que tanto Martinson como Johnson era dos excelentes escritores cuya calidad estaba fuera de toda duda. El problema radicaba en que la gente ya no se conformaba con esas migajas. Lo que en 1960 hubiera sido aplaudido, estaba pasado de moda 14 años después.
Y había más: sí, los ganadores del premio eran buenos…pero no se sabe si lo suficiente. A la “final” llegaron autores y autoras como Nadine Gordimer (Suráfrica), Doris Lessing británica), Saul Bellow (Estados Unidos) o Eugenio Montale (Italia). Hasta Graham Greene El último lo ganó al año siguiente (¿arreglo del error?), Gordimer en 1991; Doris Lesing, en 2007.
En cualquier caso, un tufo muy occidental. Tal parece que en el resto del mundo no se escribía. Pero sí que se escribía, porque concurrieron al premio, aunque no lograron ser finalistas literatos y literatas de la talla de Rafael Alberti, Vicente Aleixandre, Jorge Luis Borges, Camilo José Cela, el mito catalán Salvador Spriu, Jorge Guillén, Octavio Paz (sólo por citar al ámbito hispanoamericano). También estaban, fuera de las letras hispanas, el dramaturgo Eugéne Ionesco, Günter Grass, André Malraux, Herbert Marcuse, Vladimir Nabokov o Elie Wiesel. Casi nada.
Para colmo, el “cuerpo electoral” designado para votar el premio destilaba cierto aire de pucherazo: 3 de ellos estaban muertos y dos de ellos eran candidatos. No fue en absoluto extraño que la prensa tachara la decisión de amiguismo. Y fue lo más bonito que le llamaron. Otros periodistas fueron menos benévolos, calificando la decisión de “retroceso nacionalista y provinciano”, “catastrófica” o que los autores estaban “terriblemente pasados de moda”. Ríanse de las “redes”.
La tragedia de Martinson
La cobertura mediática tuvo efectos devastadores, especialmente sobre Martinson. ¿y si es verdad? ¿y si yo no me lo merezco? ¿y si, como yo mismo pienso, hay gente que escribe mejor que yo? ―debió rumiar. El escritor cayó en una depresión de la que nunca se recuperó, optando por salir de ella por la vía más expeditiva: el suicidio. Johnson, aunque menos afectado, falleció no mucho después: había sido víctima de lo que, para él, fue la maldición del Nobel.
Esto llevó a que el prestigio de la institución del premio instituido por Alfred Nobel cayera muchos enteros en cuestiones reputacionales.
El noble de literatura es, a veces, política
Varios galardonados en este rubro han albergado una dimensión política decisiva, confluyendo en la elección de los laureados criterios de calidad literaria pero también políticos. En este grupo caben escritores como Aleksandr Solzhenitsyn (1970, URSS), cuya obra denunciaba los gulags soviéticos; Pablo Neruda (1971, Chile), poeta comprometido con el comunismo y la realidad social de su país; Gabriel García Márquez (1982, Colombia), cuyo realismo mágico reflejaba las tensiones de América Latina; José Saramago (1998, Portugal), crítico del poder y la religión; y Orhan Pamuk (2006, Turquía), que abordó temas tabú (que pueden llevar a cualquiera a ver acabada su carrera profesional)sobre la historia y minorías de su país como el genocidio armenio o la situación de los kurdos. En todos estos casos, el Nobel no solo reconoció la excelencia literaria, sino también su contribución a la defensa de los derechos humanos. Con independencia de la controversia que surgió en torno a su designación, no es discutible que su labor política, en este caso, contribuyó a mejorar la humanidad.
El nobel de la paz es política. Los patinazos del Comité Noruego
Lo ocurrido en 1974, de cualquier manera, no deja de ser un episodio en cierto sentido cutre, casi de España de pandereta. Amiguismo, nepotismo, endogamia. Con permiso de los afectados, no hizo mucho daño a nadie ni tuvo un efecto especialmente simbólico. Además, hace mucho tiempo ya de eso y también de que la gente no lee. O lee y no entiende, porque cada vez más estudios alarman de que nuestra capacidad de lectura se enfoca más en el titular, en la poca profundidad. Es lo que tienen las redes.
Sin embargo, el galardón correspondiente a los esfuerzos por promover la paz sí comporta más resonancia. En primer lugar, es de recibo, para comenzar con las cosas claras, que se entiende que el premio nobel de la paz, por qué razones se otorga, qué conquistas para la paz mundial encierra. Para tal menester, nada como desplazarse al testamento de Alfred Nobel, responsable de la erección ya centenaria del premio: allí se establece que se concederá a
“personas que hayan contribuido a la fraternidad entre las naciones, a la abolición o reducción de los ejércitos permanentes y a la celebración y promoción de congresos de paz”.
El texto adolece de una muy meridiana claridad, sin espacio para la improvisación. Los estatutos añaden poco más: que los destinatarios pueden ser, además, organizaciones. Ahora bien, quien dice improvisación, dice interpretación, y no es menos cierto que esta se retuerce hasta dejar el trapo de la exégesis sin una gota. Se pasará, pues, a un ligero recorrido ―sin pretensión de exhaustividad― por decisiones desafortunadas del Comité Noruego.
Se han elegido a modo de ejemplos, los nobeles Nelson Mandela y Frederik De Klerk (1993). Obama (2009) y, por supuesto, Corina Machado
Henry Kissinger “el bombardero”, rey de la Realpolitik, 1973
Más que un nobel, fue un inulto gratuito a las víctimas de todas las acciones que implicaron un atropello a la paz, lejos de promocionarla. Por mucho que en teoría el nobel se le concedió en atención a las negociaciones para poner fin a la guerra de Vietnam, inició en iniciar muchas otras. Elogió a Pinochet por derrocar a Salvador Allende, democráticamente elegido, y participó activamente en la preparación del golpe de Estado (proyecto FUBELT, y Operación Cóndor, en el ámbito del Cono Sur, entre otros) y apoyo a un régimen autoritario y represivo.
Partidario sin tapujos de la fuerza bruta, fue apodado por algunos analistas como “el bombardero” por la querencia especial que presentaba por tal “recurso” de la política exterior. Casi cien mil civiles perdieron la vida en Camboya a causa de los seis millones de toneladas de bombas con las que sembró el país, operaciones que supervisaba en persona: no pasaba por allí. La inestabilidad que produjo allanó el terreno a la llegada del régimen criminal de los jémeres rojos.
Por resumir, Kissinger, adalid de la paz, estuvo implicado, planificó o atizó invasiones en países como Timor Oriental (East Timor) (entonces en Indonesia), Bangladés (por parte de Pakistán), Laos (desde Vietnam del Sur con apoyo de EE. UU.), o Angola apoyando al régimen racista de Suráfrica). Kissinger estaba en todos los fregados…con sangre.
Manachem Begin, 1978. Un militarista y antiguo terrorista
Junto a Anwar al-Sadat por las negociaciones de paz y los acuerdos de Camp David entre Egipto e Israel. Desde 1948 todos los mandatarios israelíes están implicados en diversos atropellos de los derechos humanos. Begin, en concreto, tuvo responsabilidad indiscutible en las masacres de Sabra y Chatila (campos de refugiados palestinos en Líbano)en el marco de la invasión de Líbano en 1982, como componente de la limpieza étnica contra los palestinos del país. Fueron perpetradas por milicias falangistas libanesas, con la complicidad e inacción del ejército israelí dirigido por Ariel Sharon (que también fue presidente de Israel) bajo el gobierno de Begin.
De igual modo, diversos analistas consideran que en la invasión a Líbano residía la idea de extirpar un mal ejemplo: allí convivían religiones y grupos étnicos y un Estado racista y teocrático como el israelí no podía consentirlo. Duante el mandato británico, perteneció a una organización terrorista sionista Irgun Zvai Leumi (Etzel), que llevaba a cabo atentados con víctimas mortales civiles tanto contra las autoridades británicas del Mandato como contra comunidades árabes. Se ve que le cogió el truco.
Frederik De Klerk (junto a Nelson Mandela, 1993): un afrikaner que nunca condenó el apartheid
El motivo de la concesión para estos dos hombres pasó por “sus esfuerzos para la finalización pacífica del régimen del apartheid y por sentar las bases de una Sudáfrica democrática”
El chiste se cuenta un poco solo. Poner a Nelson Mandela, símbolo universal de la lucha contra la injusticia con alguien como de Klerk es, cuanto menos, chocante. Mandela fue juzgado y condenado sin garantías en la farsa judicial llamada proceso de Rivonia (1964) a cadena perpetua, encarcelado de manera inhumana durante 27 años hasta que el gobierno de De Klerk lo liberó. Su delito fue luchar contra un régimen racista. Con todo, la verdad sea dicha, llevó a cabo importantes acciones que si lo hacen acreedor, al menos parcialmente del nobel.
De Klerk, cierto, liberó a Mandela, una obligación para cumplir con los derechos humanos, por cierto. Su gesto le honra, pero no es humanitario liberar a alguien condenado injustamente. Es una obligación legal y moral. De igual modo, se asegura de él que posibilitó la transición de su país hacia la democracia. También autorizó el desmantelamiento del arsenal nuclear sudafricano, en proyecto y ya avanzado.
Con todo, era un hombre del sistema. Abogado de familia afrikáner, fue ministro, desde 1979 de diversos gobiernos que no cuestionaron el apartheid: de hecho, siguieron aprobando leyes que profundizaban en el racismo del sistema. A partir de 1989 inició una serie de tímidas reformas que mantenían los beneficios de facto para la población blanca. Liberó a Mandela y otros líderes del Congreso Nacional Africano (CFN). El dirigente del Congreso Nacional Africano consideraba que De Klerk había salvado al país de una guerra civil. Ahora vienen los peros: evitar una guerra civil tiene sus méritos, pero no hay que olvidar que los blancos hubieran salido mal parados de ella (por mucho que los negros llevaran quizá las de perder al tener menos recursos).
En segundo lugar, si bien De Klerk consideró que había que abolir el apartheid, nunca lo condenó ni lo consideró como el crimen contra la humanidad que era. Era un partidario sin ambages del apartheid; ni siquiera se cuidó de exteriorizar que su sueño era la comunidad de Orania, una población de unos 5000 habitantes, todos afrikainers, que se autoabastecen y autogestionan, sin trabajadores negros. Aspiraba a un apartheid pacífico, sin violencia, voluntario, pero una segregación racial en cualquier caso.
Defendió los bantustanes y la política de “separate development”; es decir: desarrollo económico negros y blancos… por separado, abogando por la creación de Estados “nacionales”: los bantustanes o reservas, “Estados” fundados en la limpieza étnica y desplazamientos forzosos de la población negra que, como Gaza o Cisjordania hoy en día, o incluso si algún día logra Palestina ser independiente, carecen de toda viabilidad y que quedan sometidos a la dependencia perpetua de Pretoria. Presumía, ―manual de paternalismo del “hombre blanco” ― a su vez, de que el gobierno había financiado de mucha ayuda al desarrollo para los mencionados bantustanes y homelands. Eludió, asimismo, toda responsabilidad en el asesinato de activistas negros, cuando él era su máximo jefe.
En resumen: un racista confeso de moralidad más que dudosa, cuyas disculpas nunca fueron sinceras y cuya voluntad de terminar con el apartheid son incompatibles con el premio nobel de la paz.
En la misma Suráfrica había gente ―blanca― mucho más merecedora del nobel de la paz que De Klerk, como Harry Schwartz, judío de Colonia que huyó de la persecución nazi. Ironías de la vida, Schwarz significa en alemán “negro”.
Abogado, opositor contumaz al apartheid, defensor de Nelson Mandela y otros activistas en el mencionado proceso de Rivonia, veterano de guerra de las fuerzas aéreas y británicas en la II Guerra Mundial, fundó una asociación de excombatientes contra la segregación racial en las fuerzas armadas. Gente para el nobel en Suráfrica, más idónea, había, desde luego. La cuestión es siempre contentar a alguien. En este caso, el poder establecido afrikáner.
Isaac Rabin, Shimon Peres (junto a Yasir Arafat, 1994): los pacifistas militaristas
Asegura Wikipedia que los tres políticos desempeñaron un gran papel en la búsqueda de la paz en el Medio Oriente, y se vieron recompensados por sus esfuerzos desde los Acuerdos de Oslo. Sin embargo, no fue gente especialmente pacifista y sus esfuerzos por la guerra superan con creces a los de la paz . Isaac Rabín es un héroe de la guerra de independencia de 1948, que en más de un caso eran simplemente operaciones de limpieza étnica y traslado forzoso de población palestina, lo que desborda lo meramente bélico. Con el tiempo se pasó a buscar la paz y ello le valió su asesinato. En cuanto a Peres, también fue partícipe en las limpiezas étnicas de 1948, el robo de tierras a los palestinos en los años 1960 y, por ejemplo, su implicación en la masacre de Qana en Líbano (1996). Fue, a su vez, firme partidario del programa de armas nucleares israelí (en contra del derecho internacional), favoreció los asentamientos israelíes y de nuevo la depuración étnica en Galilea. En cuanto a Arafat, por mucho que representara a la parte oprimida del conflicto, tiene sus sombras. No es menos cierto que sí fue pacifista en un principio, con la resistencia pacífica y la organización social como pautas de actuación. Israel no le dejó y evolucionó hacia una línea más activa y terrorista a medida que la intención de Israel era la anexión total de Palestina. COn todo, desplegó terrorismo y violencia muchas veces contra civiles.
Barack Obama (2009)
Fue premiado a pesar de no haber resuelto conflictos clave. Y es que Obama era un presidente cool. De los más carismáticos y comprometidos socialmente que ha dado Estados Unidos. Malas lenguas sostienen que, por los motivos enumerados, era el candidato ideal para trabajar por la paz. Una especie de premio por adelantado, un anticipo. Sabemos que lo harás bien y tienes la responsabilidad de ganarte el premio que te hemos dado de forma “preventiva”.
Se suponía que, a tenor de su discurso y formas, Obama estaba sólo empezando a construir algo muy grande. Es una expectativa que se pensaba se cumpliría (la profecía y todo eso).
En 2009, la concesión del Nobel de la Paz a Barack Obama fue recibida con escepticismo y críticas no sólo en Occidente sino en países como Afganistán, Irak y Palestina, quienes veían muy pocos avances en relación al teóricamente perseguido objetivo de la paz. En Afganistán, civiles y trabajadores de ONG aseguraban que la violencia, lejos de disminuir, seguía creciendo y que sus operaciones militares estaban lejos de suponer una mejora en la seguridad del país. En Palestina, se le achacaba a Obama no haber llevado a cabo medidas efectivas para terminar con la ocupación israelí ni avanzar hacia un Estado palestino independiente.
Y hablando de este atribulado pueblo, Obama no es De Klerk, pero acaba viéndosele igualmente el plumero. En su visita a Israel en 2013, el estadounidense siguió un itinerario cuidadosamente selectivo (es decir, equidistante), evitando todo contacto con palestinos y los asentamientos o las zonas políticamente sensibles, y viajando en helicóptero para no tener que departir con los palestinos.
Visitó la tumba de Herzl y los Manuscritos del Mar Muerto, dando espaldarazo y legitimidad adicional a Israel, reafirmando el derecho de Israel a su seguridad. Si criticó los asentamientos en Cisjordania al asegurar que complican la paz con los palestinos, a los que se refiere como convidados de piedra. Se reúne con Mahmud Abbas y visita Belén, reconociendo los derechos palestinos pero siempre (re)enfatizando el derecho a la seguridad de Israel, lo que no predica para los palestinos (será porque no tienen Estado, también hay que entenderlo).
Las dudas que suscitó el otorgamiento al político estadounidense en 2009 cobran todo su valor en 2025. Con ocasión, en octubre de dicho año, del fin de la “guerra” en Gaza (léase, básicamente, fuerzas profesionales israelíes masacrando a la población civil indefensa y privándoles de alimentos e infraestructuras básicas), el expresidente tuiteó (¿debe decirse “X-eó”?) un mensaje totalmente carente de empatía y asépticamente equidistante, en el que equipara los sufrimientos de gazatíes con los de palestinos y se felicita por la reunión de rehenes israelíes con sus familias. No habla de los casi 9000 palestinos en poder de Israel, ni de los cerca de 700.000 muertos que barajan los expertos que pueden haber perecido durante el genocidio perpetrado por Israel. Debe ser que, de todos modos, no se pueden reunir con sus familias porque están muertos, o sí, porque han fallecido juntos en su vivienda, quién sabe. Para rematar la equidistancia, el ex mandatario asegura que “recae sobre israelíes y palestinos con el apoyo de EE.UU. la ardua tarea de reconstruir Gaza”. Te destruyen el país y eres corresponsable de reconstruirlo con aquel que lo demolió. Más cínico y no nace
Otros ejemplos controvertidos de nobel de la paz
Para cerrar esta lista, puede citarse a otros controvertidos agraciados, como Teresa de Calcuta (1979), fan del sufrimiento, y amiga de dictadores, que la financiaban; o Aung San Suu Kyi (1991), en principio abanderada de la resistencia no violenta contra la dictadura militar en Myanmar, acabó apoyando a los militares en la cuestión del genocidio y depuración étnica practicada contra los rohinyá. Su cambio de chaqueta llegó a tal punto que defendió a los militares ante el Tribunal de Justicia Internacional. Donde las dan, las toman: en 2020 los militares alegaron fraude en las elecciones que supuestamente había ganado Aung San Suu Kyi, dando un cuartelazo que tuvo como consecuencia el arresto y prisión de la antigua activista.
Tabla de premios nobel de la paz y su adecuación con los criterios de concesión del mismo
Para finalizar el artículo y a fin de tener una visión más esquemática, se ha elaborado una tabla con los galardonados y las circunstancias que concurrieron a su nombramiento.
|
Año
|
Galardonado | Razones del otorgamiento | Criterios de concesión. Promover: | Cumple con el espíritu del testamento de Nobel
¿Merecedor del Nobel? |
||
| Fraternidad entre las naciones | Abolición o reducción de ejércitos permanentes | Congresos para la paz | ||||
| 1973 | Henry Kissinger | “Negociaciones para poner fin a la guerra de Vietnam” | ❌Responsable directo o cómplice de guerras e invasiones | ❌Promovió el uso de la fuerza y la expansión militar | ❌Ningún impulso real a congresos o mecanismos de paz |
❌ Máximo exponente del Realismo/cinismo políticos |
| 1978 | Menachem Begin (con Anwar el-Sadat) | Acuerdo Egipto–Israel; fin parcial de hostilidades | ❌Mantuvo ocupación y violencia estructural; implicado en Sabra y Chatila (1982) | ❌Miembro de paramilitares sionistas, políticas expansionistas a costa de palestinos, anexionismo, asentamientos | ✅❌parcialmente
Participó en Camp David |
❌ Dudoso: acuerdos formales, sin paz real, una gota no hace océano |
| 1979 | Madre Teresa de Calcuta | “Promoción de ayuda humanitaria global | ❌evangelización como verdadero objetico, exaltación del sufrimiento delos pobres | ❌ No organizó foros ni acciones políticas de paz | ✅❌Parcial (fuera del sentido del premio) |
❌ No según testamento, sí por razones morales |
| 1991 | Aung San Suu Kyi | “lucha no violenta a favor de la democracia y los derechos humanos” | ❌ ✅en principio, defendió valores universales (paz, libertad, derechos humanos) | ❌luchó contra una dictadura militar (1988–2010), pero terminó apoyando a otra. Silencia ante la represión | ❌Apoyo posterior al genocidio rohinyá |
❌ No. Fue prematuro: se desdijo de toda ética pacifista |
| 1993 | Frederik De Klerk (junto a Nelson Mandela) | “Reconciliación nacional en Sudáfrica” | ❌
Partidario del apartheid |
✅ ❌
sí desarme selectivo de fuerzas armadas y paramilitares internas pro y anti apartheid |
✅ ❌
Desmantelamiento del arsenal nuclear surafricano. Aún siendo pro apartheid, apoyó acciones para eliminarlo |
❌ No. |
| 1994 | Yitzhak Rabin y Shimon Peres y (junto a Yasser Arafat) | “Por sus esfuerzos para lograr la paz en Medio Oriente, y por la firma de los Acuerdos de Oslo” | ❌ Participación en depuraciones étnicas
Israel mantuvo ocupación, promovió armas nucleares |
❌Incremento del gasto militar, avance tecnológico | ❌Sin efectos reales de los discursos de paz, prosigue la ocupación y la discriminación de palestinos |
❌ no |
| 2009 | Barack Obama | “por sus esfuerzos para fortalecer la diplomacia internacional y la cooperación entre los pueblos” |
❌ Continuó guerras (Irak y Afganistán) uso de drones con víctimas civiles, asesinatos extrajudiciales, Posición pro-israelí, entonces y ahora |
❌ Recurso habitual a la maquinaria militar en operaciones en el exterior |
❌ gestos simbólicos para promover el desarme sin efecto |
❌ no |
Por cierto: que se sepa, ninguno de los galardonados descritos ha visto su vida convertida en un infierno por el remordimiento y problemas de conciencia
En la próxima entrada, analizaremos con mayor detalle el caso de Corina Machado.