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Short English version below
ESPAÑOL
Los estudiantes serbios, tras su largo periplo desde noviembre de 2024 logran derrotar el 25 de octubre de 2026 a aquel que parecía dotado de una aura de imbatibilidad , el presidente Aleksandar Vučić. Todo comienza cuando el derrumbe de la marquesina de la estación de tren de Novi Sad, flamante nueva construcción de ingeniería china, se vino abajo matando a 16 personas, demostrando que la corrupción, la falta de transparencia y de rendición de cuentas traen, además de indignación, conllevan víctimas mortales.
Comienza aquí una serie de entregas desglosadas de mi ensayo aparecido en Frontera D, «Y, a pesar del tren búlgaro, los estudiantes llegaron a Belgrado». La idea es dividirlo en partes más cortas para hacer más fácil y rápida la lectura. Con todo, se recomienda siempre una lectura entera, al objeto de no perder el hilo: vaya por delante dicho aviso en tiempos de inmediatez. hoy, el primer capítulo.
Un autobús medio desbaratado y un predsednik que no se entera
“Lijte kiše, hladne vode, Vučić ode, Vučić ode”
“Pumpaj!”
“Gotov je!”
“Que llueva, que llueva, que caiga agua fría
¡Vučić se va, Vučić se va!
Dales caña
Se acabó”
[Cánticos basados en el tema homónimo ‘Lijte kiše’, de la cantante serbia Zorica Marković, en las ciudades serbias tras la victoria electoral de la candidatura Lista de los estudiantes contra Aleksandar Vučić en las elecciones parlamentarias, 25 de octubre de 2026]
El autobús, por fin, hace su entrada en la urbe de la fortaleza blanca: Beograd s firmom Krstić (hacia Belgrado, con la empresa Krstić)
Un autobús desvencijado de la empresa Krstić atraviesa Serbia desde Novi Sad. Ocupan al principio sus asientos (algo ajados, todo hay que decirlo: a veces, hasta se ve la esponja) unos pasajeros jóvenes a los que les da igual que Belgrado esté sombrío, porque están ilusionados por llegar. Son muy jóvenes y han decidido dejar sus labores propias de estudiantes para marchar a la capital.
Solo tienen en común el destino, Belgrado y un país asomado al abismo. Ni siquiera están de acuerdo en todo, sólo en que la luz penetre algo por las nubes belgradenses. Se empezó a platicar sobre el pokret (movimiento) un mes y pico después de atravesada la frontera de 2025. Comenzaron, en 2024, los de Novi Sad, aunque se extendió como una mancha de aceite en un terreno liso labrado por otras protestas, otros estudiantes, otros ciudadanos hartos de la violencia, que también trajo muertes de inocentes. Los jóvenes no portan mucho equipaje, porque sabían que el camino proveería: pero si poseen una canción ‘¿Quién canta ahí?’ (Ko to tamo peva?), se interrogan los estudiantes, como en la comedia negra de 1980 dirigida por Slobodan Šijan, e interpretada por los músicos gitanos Mića y Nenad Kostić, quienes, también entonan ‘Za Beograd’ (Hacia Belgrado), una canción de Voki Kostić.
Está muy bien todo, hay que ser joven, quién lo discute, pero ¿qué se os ha perdido allí? –les preguntan algunos, conmovidos por su empeño, pero también resignados a una situación imposible de cambiar. Allí no hay nada que hacer, nada que cambiar. “Seguid estudiando”, “esto no lo arregla ni Dios”, les aconsejan en las estaciones por las que pasan los estudiantes, que son muchas porque el motor se recalienta pronto. Sin embargo, van subiendo más y más jóvenes, de otras localidades también: ya es un convoy. Por la gente de los pueblos empieza a circular un rumor que precede a los estudiantes y, si antes, cuando el vehículo se detenía sólo el viento que ululaba en páramos desolados era el único testigo, los lugareños salen a ver de qué va aquella locura.
Un día, resulta que hay señoras mayores que les ofrecen comida y bebida. En otro pueblo la multitud, que era de curiosos admirados de la determinación estudiantil, ya es un comité de bienvenida que les da abrazos, flores, comida, productos de higiene, de limpieza. Alguien ofrece su invernadero, su fábrica o el pabellón deportivo de la localidad para dormir, según va transcurriendo el tiempo y la querencia. Qué va a ser eso de machacarse la espalda tantas horas. Muchos estudiantes de otras universidades y facultades se van subiendo al autobús. Y está lleno, son tantos, que es menester organizarse: con el tiempo, estos partisanos sin armas portarán chalecos amarillos que dicen АРХИТЕКТУРА (Arquitectura), ПРАВНИ (derecho), ЕЛЕКТРОТЕХНИЧКA (ingeniería electrónica), ПОЛИТЕХНИКА (Politécnica), ПРАВНИ (derecho). Los de secundaria se les van agregando.
Ignorancia, compras, enfado, represión
Es más: un día, acostumbrados a transitar solos en carreteras secundarias y comarcales, ven polvo en el horizonte, y esta vez no es aquel que arrastra la nada como antes, porque suena algo. Son tractores de los campesinos que se les unen, e incluso bandas de moteros con sus chalecos de cuero y sus Harley, Viragos y todo lo que tenga dos ruedas que los escoltan y, con el tiempo, los protegen en las ciudades contra ataques de pendencieros. “Aquí estoy”, “métete conmigo”, “atropéllame”, “a ver la porra, si la sacas tan fácil ahora”, provocan. La población va tomando sus propios vehículos y les va siguiendo, multiplicándose las bienvenidas que ya no dejan pasar al autobús. Y tienen que bajar. En un momento dado, el vehículo no puede más, si bien esto no es problema, pronto se ofrece uno que carbure. Los de Belgrado, que primero los ignoraban, luego se reían de ellos (si se ríen de ti es que algo pasa) para a continuación enfadarse e intentar comprarlos, desviar la atención para que los serbios se olvidaran de ellos desescalando su ascendente. No funcionó: entonces tocaba insultarlos, intimidarlos y, finalmente, actuar.
Ya no se trata solo de ciudadanos con una sonrisa que saludan el paso, también hay hombres de gris que intentan hacerles daño, lugartenientes del SNS (Partido Progresivo Serbio) con poder territorial que les impiden dormir, pasar, concentrarse. Como no basta –los de la capital acaban de comprender que esto es en serio y que se les puede mover el asiento, desde luego, mucho más lujoso que los del autobús–, comienzan a enviar emisarios para convencerles de que depongan su actitud. Aún piensan que serán otros revoltosos más. Pero no es suficiente. A estas alturas, saben que se les ha ido de madre el pokret, por mucho que aún confíen en encarrilar la situación. No pocas veces se ha dejado enfriar y a otra cosa. Funcionó: esta vez, por el contrario, es diferente y la reacción prueba que tienen miedo, porque toda la población está ya con aquella expedición minúscula que comenzó sólo con juvenil ilusión. Quilomberos del SNS los atacan, los arrestan; también a los que les apoyan.
A ver, quiero hablar con el jefe, dice el comandante de un retén de la policía. “No hay”, dicen. En otro lado estarán. Tampoco. No hay ninguna cabeza visible, es como las defensas territoriales de otra época. Cada uno sabía dónde debía estar y cuál era su cometido, pero, si intentabas descabezar el movimiento neutralizando al jefe se encontraban con que no había nada que neutralizar: sólo podían ir tras fantasmas. Era la idea: Teritorijalna Odbrana o TO permitía seguir actuando a la defensa aún cuando Belgrado ya no podía dar órdenes. No hay jefe, pero organización sí que hay. Se sustituyen los brazaletes por los omnipresentes chalecos fosforito y como en las mencionadas TO, cada uno sabe el lugar y función que le corresponde. Cuando la policía y la inteligencia y seguridad del Estado (también policías que no querían ir contra el pueblo ni acatar órdenes ilegales) vieron que no eran la panda de borrachos juerguistas que describía el gobierno alguien con conocimiento debió advertirle a Aleksandar Vučić:
Gospodine predsedniče: permítame decirle que esto no es lo de siempre. Nos enfrentamos a algo mucho más gordo
Gospodine predsedniče, con todos mis respetos; esto es muy grande: no son cuatro zarrapastrosos que no saben a dónde van. Están muy organizados. Hágame caso. Tienen Redarski timovi, equipos de orden que se ocupan de la seguridad, cortar el tráfico, coordinar las movilizaciones, delegados que nadie sabe quienes son que se comunican por walkie-talkies, con equipos en la cabecera, los laterales, detrás. Dentro de ellos, tienen además a los dabrovi (castores), quienes van con cascos y protección, tienen entrenamiento, tus cobras de la policía pueden hacer poco. Encima se hacen llamar castores para mofarse de tus cobras. También tienen controladores de acceso (redarski), equipos de logística para coordinar las donaciones, el transporte, el material, el abastecimiento (tim za logistiku), primeros auxilios, con estudiantes de medicina y médicos (prva pomoć), delegati, que tienen diversas funciones en cada manifestación
También van con brigada sanitaria (sanitarna brigada), que se encargan de dejar las universidades y edificios que ocupan, dejándolos limpios como una patena; las cosas, como son: por eso, cuando usted dice que “son unos cerdos, lo dejan todo lleno de basura”, la gente se ríe de cómo decimos cosas que saben que son mentiras palmarias –desde el respeto, Gospodine predsedniče: yo me limito a informar.
―¡Maldita sea! Detenga a cada uno de los que mandan, yo qué se. Tan difícil no puede ser…
―Eso es otra cosa que quería comentarle: no tienen jefe: podemos pillar a un que esté con el altavoz, pero viene otro rápido.
―¡Quiten a este cenizo de mi vista! –ordenó, nervioso a uno de seguridad.
―Siempre a sus órdenes, predsednik –respondió, profesional.
O yo, o el caos:esto es lo que hay
Es entonces cuando los de arriba dicen “se acabó la tontería”. Vamos a las cosas serias. Gritar y protestar está muy bien. Que sí, que están muy bien organizados, pero ¿qué futuro es ese? Una cosa es organizar un botellón en la facultad con equipos de distribución de cerveza y otra gobernar un país. Eso no es un proyecto. Ninguno. Tendréis que elegir entre nosotros o el caos.
Sin embargo, cuando hubo que decidir entre el caos o el orden, la gente eligió el supuesto caos. Los que mandaban se habían pasado dos años persiguiendo a alguien que siempre acababa por pasar el balón a otro. Muchos caían, pero de qué servía. Cuando los confiados de lo más alto perdieron la silla, ignoraban –obsesionados con las individualidades–, nunca supieron, en realidad, quién les había golpeado. Porque no había un quién. Había un todos. Cuando los capitalinos del poder se instalaron en la mullida soberbia de las sillas de cuero y su experiencia la sociedad, al mando de gente sin experiencia política como los estudiantes, había recuperado la ilusión y les había expulsado de sus confortables tronos.
Pero eso fue después, nunca nadie lo imaginó. En principio, había razones de sobra para que el pueblo marchara a Belgrado (Za Beograd), decía la canción… pero para qué, si la suerte no acompaña. La canción refleja unos tiempos sombríos, los de la ocupación nazi de Yugoslavia. En 2025, otro tipo de tiniebla, menos existencial, se cernía –tiempo hacía– sobre Serbia.
Su acto inaugural fue la tragedia de Novi Sad en noviembre de 2024: la marquesina de una obra recién reformada (¿por qué se dejó sin reformar dicha marquesina?) que se llevó en su colapso las vidas de 16 personas. Fue el detonante de un movimiento nuevo, pero tampoco tan nuevo: recogía el testigo de tantas movilizaciones desde el milosevismo y durante el vučićismo, pero siempre faltó una chispa, aspecto del que era perfectamente conocedor un depredador político como el diputado electo Aleksandar Vučić. Aún no lo es: ocupará su escaño opositor cuando tenga lugar la constitución de la nueva Narodna Skupština (Asamblea Nacional), según la Constitución serbia (artículo 101), en 30 días desde la proclamación de los resultados oficiales.
(continuará)
Esta es una entrega del artículo aparecido en la revista Frontera D el 5 de noviembre de 2026
English version
This is the first part of my essay, originally published in Spanish in Frontera D magazine on November 5, 2026, under the title “Y, a pesar del tren búlgaro, los estudiantes llegaron a Belgrado” (And Despite the Bulgarian Train, the Students Made It to Belgrade).
After a long journey that began in November 2024, Serbian students finally defeated Aleksandar Vučić, a president who had long seemed politically untouchable. It all began with the collapse of the canopy at Novi Sad railway station, part of a recently renovated station built with Chinese engineering involvement. Sixteen people died. The tragedy exposed the deadly consequences of corruption, lack of transparency and the absence of accountability.
I have divided the original essay into shorter parts to make it easier and quicker to read. Nevertheless, I recommend reading the complete piece to follow the argument in its entirety.
Today, the first chapter:
A battered bus and a president who fails to understand what is happening.
El autobús, por fin, hace su entrada en la urbe de la fortaleza blanca
Un autobús desvencijado de la empresa Krstić atraviesa Serbia desde Novi Sad rumbo a Belgrado. Al principio viajan en él unos pocos estudiantes que han decidido dejar temporalmente sus estudios para marchar a la capital. No todos piensan igual, pero comparten un objetivo: intentar cambiar la situación de un país al borde del abismo.
El movimiento comenzó en Novi Sad en 2024, tras el derrumbe de la marquesina de la estación de tren, que causó la muerte de 16 personas. La protesta se extendió sobre el terreno de movilizaciones anteriores contra la violencia y el autoritarismo. Las protestas estudiantiles serbias y la apatía de las sociedades europeas.
Poco a poco, más estudiantes de otras ciudades y universidades se fueron sumando a la marcha. En los pueblos, la gente empezó a salir a recibirlos y a ofrecerles comida, bebida, alojamiento y otros productos necesarios. Lo que había comenzado como una pequeña expedición se convirtió en un movimiento nacional.
El apoyo fue creciendo. Agricultores con sus tractores y grupos de motoristas se unieron a los estudiantes, los acompañaron y llegaron incluso a protegerlos frente a los ataques de grupos de extrema derecha. Estudiantes y motoristas impiden una concentración de la derecha radical. La población comenzó a seguirlos con sus propios vehículos.
Mientras tanto, el Gobierno de Aleksandar Vučić pasó de ignorar y ridiculizar las protestas a intentar desacreditarlas, intimidar a sus participantes y, finalmente, reprimirlas. También trató de convencer a los estudiantes para que abandonaran sus movilizaciones, pero ya era demasiado tarde.
La fuerza del movimiento residía en su organización horizontal. No tenía un líder visible al que detener o neutralizar, pero sí contaba con una estructura muy organizada: equipos de seguridad y coordinación (Redarski timovi), grupos encargados de la logística y las donaciones, equipos médicos, delegados y brigadas sanitarias. Los estudiantes sabían qué función debía desempeñar cada uno y cómo coordinarse durante las movilizaciones. Incluso los equipos de protección, conocidos como dabrovi (castores), estaban preparados para responder a posibles ataques.
El Gobierno tardó en comprender que no se enfrentaba a un grupo desorganizado de jóvenes, sino a un movimiento capaz de movilizar y coordinar a miles de personas sin depender de una dirección central. Sus intentos de identificar y detener a quienes supuestamente lo dirigían fracasaron: cuando apartaban a una persona, otra ocupaba su lugar. Su fuerza no estaba en un líder, sino en la acción colectiva.
Al final, cuando la población tuvo que elegir entre el supuesto caos que representaban los estudiantes y el orden que prometía el poder, muchos optaron por el cambio. El movimiento que había partido de Novi Sad con un pequeño grupo de jóvenes consiguió llegar a Belgrado y derrotar políticamente a quienes parecían intocables.
Versión resumen en inglés
The battered bus finally arrives in the city of the White Fortress
A battered bus operated by the Krstić company travels across Serbia from Novi Sad to Belgrade. At first, it carries only a small group of young students who have decided to leave their studies temporarily and march to the capital. They do not agree on everything, but they share one goal: to change the situation in a country on the edge of the abyss.
The movement began in Novi Sad in 2024, after the collapse of the roof structure at the city’s railway station killed 16 people. The protests grew out of earlier demonstrations against violence and authoritarian rule. The Serbian student protests and the apathy of European societies.
More and more students from other cities and universities joined the march. In towns along the way, local people came out to welcome them and offered food, drinks, places to sleep and other supplies. What had started as a small group soon became a nationwide movement.
Support continued to grow. Farmers joined the students with their tractors, while groups of bikers accompanied and sometimes protected them from attacks by far-right groups. Students and bikers prevent a far-right gathering. Local people also followed the march in their own vehicles.
Meanwhile, the government of Aleksandar Vučić moved from ignoring and mocking the protests to trying to discredit, intimidate and finally repress the movement. It also tried to persuade the students to stop their protests, but these efforts failed.
The movement’s strength came from its horizontal organization. It had no visible leader who could be arrested or removed, but it was highly organized. It had teams responsible for security and coordination (Redarski timovi), logistics and donations, medical assistance, delegates and cleaning teams. Each person knew their role and how to work with the others during demonstrations. The protection teams, known as dabrovi (beavers), were also prepared to respond to possible attacks.
Imagined conversation between Vučić and one of his advisers. It is based on the student movement’s organization and the government’s difficulty in understanding how it operated.
— Mr. President, with all due respect, this is much bigger than you think. These are not just a few scruffy kids who don’t know where they’re going. They are highly organized. Believe me. They have Redarski timovi, teams responsible for security, traffic control and coordinating demonstrations. They have delegates whose identities nobody knows, communicating by walkie-talkies, with teams at the front, on the sides and at the back.
— They also have the dabrovi (beavers), who wear helmets and protective gear and have received training. Your police Cobras can’t do much against them. What’s more, they call themselves beavers to make fun of your Cobras.
— They also have access-control teams, logistics teams to coordinate donations, transport, equipment and supplies, as well as first-aid teams with medical students and doctors. They have delegates with different responsibilities at every demonstration.
— They even have cleaning teams (sanitarna brigada) who leave the universities and occupied buildings spotless. So when you say, “They’re a bunch of pigs who leave rubbish everywhere”, people just laugh. They know perfectly well that these are blatant lies. With all due respect, Gospodine predsedniče, I’m just reporting the facts.
— Damn it! Arrest everyone who’s in charge. I don’t know, just get them all. It can’t be that difficult…
— That’s another thing I wanted to tell you: they don’t have a leader. We can arrest someone with a loudspeaker, but someone else takes their place straight away.
— Get this killjoy out of my sight! — he ordered one of his security officers, nervously.
— At your service, predsednik — the officer replied professionally.
The government was slow to understand that it was not facing a disorganized group of young people, but a movement capable of organizing and coordinating thousands of people without a central leader. Its attempts to identify and arrest those supposedly in charge failed. When one person was removed, another quickly took their place. The movement’s strength did not lie in one leader, but in collective action.
Imagined conversation between Vučić and one of his advisers, based on the student movement’s organization and the government’s apparent difficulty in understanding how it operated. It illustrates the problem faced by the authorities: they were used to dealing with movements built around visible leaders, but this one had no single person at the top.
In the end, when people had to choose between the supposed chaos represented by the students and the order promised by those in power, many chose change. The movement that had set out from Novi Sad with a small group of young people reached Belgrade and defeated a political leadership that had once seemed untouchable.
(Constitution of the Republic of Serbia, Article 101: Official English text.)
