créditos de la imagen: Gracias, Markus Spiske (Pixabay)
Hace ya más de un año, escribía en Jot Down sobre la cumbre de la deportación (Remigration) de Postdam, proyecto de AfD que, en realidad, no era tan nuevo. y que ahora acaba de copiar Vox.
El Pacto Europeo de Migración y Asilo
El Pacto de Migración y Asilo de la UE, previsto para entrar en vigor en junio de 2026, nace ya lastrado por múltiples contradicciones internas. Su objetivo oficial es crear un sistema común más eficaz para gestionar la inmigración y el asilo, pero su meta oficiosa, lo que pretende en realidad, es contener a los refugiados fuera de las fronteras europeas. Echarlos, vaya. Si han conseguido llegar.
Cordón desilachado
Fue Giorgia la italiana, quien abrió el meloni. El chiste es malo, para llorar, pero es verdad: sono una donna, sono italiana, sono cristiana. También europea, que tiene miedo aa que los italianos y la gloriosa civilización cristiana europea acaben mirando a la Meca, ayunando en Ramadán y respondiendo a la llamada del muecín desde la cúpula de la mezquita de mezquita Mehmet II, antigua San Pedro en un futuro, no muy lejano. Así será, sin duda, si se siguen aceptando inmigrantes: mezquita principal de Italia, a la que se habrán añadido cuatro minaretes como a la Santa Sofía de Estambul, la antigua Constantinopla, quién sabe si no le cambian en nombre a Roma, que se empieza por los minaretes y se termina por donde todos sabemos. No digáis que no lo avisé. Por eso, los refugiados a Albania. Y de tanto decirlo, la UE dijo que guay. Total, si en la Comisión Europea está mi Raffaele Fito, que lo colocó mi colega von der Leyen.
Hace tiempo que el cordón sanitario o cortafuegos, como le llaman en Alemania, está de capa caída. Hay -hubo- no pocos intentos en Alemania de pactar con la extrema derecha de AfD. Merkel no lo permitía: era hablar y ver tu carrera dando vueltas antes de caer al sumidero. Pero poco a poco se va abriendo camino. El hoy Bundeskanzler ya pactó con los ultras en enero y casi, dicen, le cuesta las elecciones federales de febrero. Y antes Manfred Weber, jefe de los populares europeos. Y más de uno en ámbito regional en Alemania pacta con ellos por la puerta de atrás. Algún día se normalizará.
Vox y la molicie plagiadora
Se dice que los de Vox no son muy dados a currar. Ni a pensar. La extrema derecha española nunca ha sido especialmente original. Vox no inventa nada: recicla el franquismo, lo envuelve en banderas y memes, y copia los discursos de otros. Primero dejó atrás el casposo y rancio franquismo del que había poco que conservar en Era meme. No sus ideas, sino esa imagen de fanáticos de bigotito atusado y señoras con peinetas y mantillas de riguroso luto
Sin embargo, la idea no fue suya, claro: copiaron la estrategia de Marine LePen, quien defenestró amablemente a su muy nazi padre, Jean-Marie. Seguro que LePen padre lo comprendió, lo vio. Era menester romper con el pasado o, mejor dicho, con el pasado de líderes nazis. Estamos en el siglo XXI. Podemos seguir siendo igual de nazis, pero mejor ser modernos o parecerlo, porque, en realidad es la misma cantinela de siempre, sólo que cambiando “judío” por musulmán. La peña no va a los mítines: lee el móvil. Por eso Abascal desea que Marine sea presidenta de Francia e an yur de moán aván que Marie LePen devián presidén de la Republic (acento en la u, como en alemán: se lía con tantas lenguas, este hombre). Marín será presidenta de la France». Fin de la cita.
Ahora bien: no sólo vive Vox de las ideas de la «prochán presidenta de la frans». Su última propuesta estrella es la “remigración masiva”, calco casi literal del programa de AfD. Según Vox, habría que expulsar no solo a inmigrantes en situación irregular, sino también a millones de residentes legales que, a juicio del partido, “no se han integrado”. Figuras de la formación de extrema derecha cifran en siete millones las personas susceptibles de remigración masiva. Se trata de una limpieza étnica, pero con palabras más suaves. El gran reemplazo, ese delirio conspiranoico importado de Estados Unidos y Hungría, sirve aquí de marco teórico (o de plagio). Abascal, por su parte, intenta matizar la ocurrencia: sostiene que solo se expulsará a los que “no respeten las normas”. Como si el racismo, la xenofobia y la expulsión de migrantes legales estuvieran en la constitución.
Ya se sabe…uno se integra por el trabajo y, si no trabajas y te pasas la vida cobrando por no hacer nada… y si, además, proclamas cosas que van contra nuestro ordenamiento, no te integras. Fuera (estoy hablando de los musulmanes, no vayan a pensar que)
AfD y la “Remigration”
Y Vox pensó que, si hasta a la derecha alemana le mola pactar con AfD, y los alemanes siempre son un poco nuestros hermanos mayores en ultraderechistas asuntos, pues vamos a copiar a la AfD.
¿Y qué propone exactamente AfD, ese partido con el que algunos conservadores alemanes ya no ven tan mal pactar? Un concepto clave es la “Remigration”: un concepto aparentemente técnico, pero profundamente racista. Bajo esa palabra se esconde la intención de expulsar a millones de personas con antecedentes migratorios, incluso si tienen la ciudadanía alemana. Inspirada por ideólogos aefdistas como Martin Sellner, la AfD promueve la idea, propuesta fue discutida en la famosa “Cumbre de la Deportación” en Potsdam, donde se dieron cita líderes de la AfD, activistas neonazis y personajes del mundo conspiranoico como miembros de los Reichsbürger (hoy prohibidos).
El plan, detallado, incluía enviar a los deportados al norte de África —sin consultar a nadie, claro— y cambiar la legislación para dificultar la vida de los inmigrantes. Desde entonces, el concepto de “remigración” ha sido normalizado en los discursos de la AfD: se repite, se tuitea, se imprime en folletos. La estrategia es clara: desplazar lo que era impensable hacia lo “razonable”. Y a fuerza de repetirlo, cala.
Ahora Alice Weidel lo repite sin miedo en los mítines. Y le aplauden, y gana elecciones en el este.
La ultraderecha de TikTok
Vox ha sabido utilizar las redes sociales para difundir su mensaje: bulos, vídeos emocionales, frases efectistas y apelaciones constantes a un patriotismo huero de contenido. Ha logrado instalar la idea de que ser de extrema derecha ya no es motivo de vergüenza. Al revés: ahora está de moda. Esto ha calado sobre todo entre jóvenes que no vivieron el franquismo ni su represión, pero sí la precariedad de la democracia real. En lugar de pedir más derechos, se identifican con un discurso autoritario, machista y nacionalista.