Predrag Koraksić Corax, dibujante yugoslavo/serbio

Créditos de la imagen: Ibert

 

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El tiempo de Milošević y el de Vučić son casi exactamente iguales

Predrag Koraksić (Korax) dibujante serbio, en Danas, 2021

 

Nacido el 15 de junio de 1933 en la rural Gornja Gorevnica, cerca de Čačak
fallecido el 16 de mayo de 2026 en Belgrado — a los 93 años de edad
publicó su última caricatura, el día de su muerte

Sección 0: Un reloj in extrema res como comienzo 

El 14 de mayo de 2026 aparece en el diario serbio Danas (Hoy), uno de los medios serbios críticos con el poder que escapan como pueden del hachazo a la libertad de prensa del vučićsmo. Un Vučić al más puro estilo de su caricaturista atrasa las horas de un reloj cuyo minutero son estrellas amarillas, sobre un fondo azul: el predsednik (presidente, en serbio) atrasa las horas. El ilustrador, claro está, lo desconocía, pero la viñeta fue realizada dos días antes de su muerte, ocurrida de forma inesperada. Estaba convencido de que Vučić era un trasunto de Milošević tras el esperanzador y malogrado paréntesis de Zoran Đinđić y Boris Tadić (2001-2012).

No es la primera vez que plasma esta metáfora. Pero sí la última. Hay otras en las que se otea, desde arriba, al mandatario empujando las manecillas del cronógrafo contra una multitud, al otro lado, el pueblo, que intenta frenar la postergación que pretende el predsednik.

Sección I. Aquello que los archivos permiten reconstruir de su infancia

Los registros parroquiales de la iglesia ortodoxa (los civiles se daban en ciudades y, mucho después, en el ámbito rural) indican que Predrag Koraksić nació en la aldea de Gornja Gorevnica, municipio de Čačak, el 15 de junio de 1933, un año y unos meses antes que Danilo Kiš, otro de los grandes críticos frente al poder en el ámbito narrativo, casi cinco meses después de que Hitler ocupará la cancillería en Berlín. Danilo nació 250 quilómetros al norte, en Subotica en una Vojvodina que, aún hoy, alberga una minoría húngara: todavía en nuestros días es habitual ver en el pasaporte en el sello de la granica, “Subotica” en los cuando se ingresa o se deja Serbia a través de Hungría.

No existe constancia documental de su infancia, salvo las respuestas que encontraron los periodistas a las entrevistas que le hicieron, testimonios del propio Corax, y libros sobre humor gráfico yugoslavo y el contexto histórico.

A la edad de cuatro años, experimentó complicaciones derivadas de la varicela. La dolencia era, a falta de vacunas y antibióticos, una enfermedad infantil casi ineluctable en  toda Europa, que todos los niños pasaban en sus primeros o cuatro años de vida. Las vacunas eran por entonces escasas. Como el progreso de la humanidad es imparable, cabe añadir que,

―sostienen fuentes alternativas ― no tenían, al menos, microchips, ya que aún no se habían inventado. Dichos registros, sin que exista razón verificable para que fueran sustraídos al común del pueblo por gente que debería ser garantía de veracidad, serían, de acuerdo al cuñadismo acientífico de la segunda década de la centuria corriente, autores alternativos que manejarían información que los gobiernos no quieren que conozcas.

Empero, tuvo el niño Pedrag, especial mala suerte, o esta le persiguió a él, en tanto que, en primer lugar, no era normal que la enfermedad afectara a los ojos y a él sí que le sucedió. Es cierto que podía atacar a la córnea o al nervio óptico o dejar inflamaciones oculares persistentes: a Pedrag le pasó. En segundo lugar, el futuro  Koraxhabitaba una zona rural con especial falta de atención médica, contribuyendo a su desgracia que las infecciones oculares no venían acompañadas del progreso científico que presentan ahora. Consecuencia: el pequeño Pera (hoy se usa más “Peđa”) cargó durante el resto de su larga vida con una aguda carencia de visión en el ojo izquierdo. No tuvo demasiado tiempo para lamentarse, infiérese de la cascada implacable de acontecimientos.

Sección I.1. La guerra: hechos consignados

Diversas fuentes ―desde narraciones propias y familiares hasta periodismo cultural, pasando por entrevistas, estudios literarios y conferencias― dejan constancia del impacto de la Segunda Guerra Mundial al desplegarse la Unternehmen 25 de la Alemania nazi, acompañada por Italia y Hungría, para acometer la invasión de Yugoslavia: la llamada Guerra de Abril, en 1941. Dicen los historiadores que la Jugoslovenska vojska (Ejército Real Yugoslavo) se batió bravamente, aunque, como era de esperar, poco podía oponerse contra la apisonadora de la Wehrmacht y la Luftwaffe.

Durante la contienda, los dos niños ― el mencionado Danilo y Predrag― quedaron impregnados  por  la ubicua violencia y el desmoronamiento del mundo de la primera infancia de ambos. No se conocían, nunca se conocieron al menos de manera asidua, quizá pudieron verse en algún momento, pero en general trazaron dos trayectorias espaciotemporales que coincidieron pero que no intersectaron, no puede hablarse de un contacto verificado.

Korax, en tanto que no existen huellas del futuro en su presente por el asunto de entropía y la causalidad ―asegura la teoría de la relatividad― no tenía manera alguna de saber que sería así conocido 25 años después. En cualquier caso, padeció cómo su padre, partisano, fue por los chetniks en 1941, mientras su familia se vio obligada a huir de la zona de Čačak y ocultarse cambiando no solo de ubicación geográfica (Zemun, entonces un pueblo ―hoy pertenece a Belgrado― donde tenía familia materna), sino incluso de identidad: llegó a llamarse Franjo Božić. De esta guisa logró huir de chetniks, alemanes y ustashas.

Kiš, por su parte, perdió a su padre, judío deportado y asesinado en Auschwitz, lo que lo dejó expuesto desde niño al flagelo del exterminio y la persecución. Ambos vieron sus familias deslavazadas por la guerra, lo que dejó un poso indeleble en su posición con respecto al poder y la violencia.

Sección I.2. Lo que atestiguan las fuentes tras la posguerra. Las narrativas de poder

Tras la guerra ―testimonian los registros― cada uno afrontaría su ineludible crítica al poder de dos formas distintas: Kiš desde una actitud más reflexiva y filosófica, incluso desde una perspectiva de metaficción documental: tiró de expedientes policiales, documentos históricos o biografías para ponerlos en contacto con personajes ficticios, poniendo de relieve que la historia es más una narración, un relato, una interpretación, especialmente impuesta desde el poder. Porque ambos vivieron nazismo y el titismo que, por mucho que fuera un socialismo sui géneris, autogestionario, lo que se quiera, no era la panacea de la democracia. agazapado y amenazante, siempre al acecho, se hallaba el estalinismo. Todos, en suma, construían la verdad a su manera. Por eso eran conscientes que el titismo también manipulaba, como el estalinismo. Stalin y su descontento por la autonomía yugoslava acabaron por generar una conciencia de asedio en la sociedad y la élite yugoslava, dando luz a las territorialna Odbrana o defensas territoriales, capaces de operar ante un estado descabezado ante una eventual invasión soviética. Y Kiš y Koraksić también ejercieron su propia defensa

Sección III. Expediente sobre el comienzo a temprana edad de las primeras publicaciones (Jež y prensa satírica)

Archivos editoriales y catálogos de prensa yugoslava sí recogen que cinco años del fin de la guerra, hacia 1950, con diecisiete años, comenzó a publicar en la revista satírica Jež. Pensó en dedicarse a la arquitectura. Los registros corroboran que empezó la carrera, si bien no llegó a terminarla: la abandonó para dedicarse a lo que ya entonces le conquistaba y ocupaba más: el dibujo. Desde esa fecha hasta su muerte, ya no paró nunca más: setenta y seis años después, no existe ningún período documentado de inactividad, aun cuando los problemas de salud comenzaron a atenazarlo. Es más: en mayo 2026 uno de sus últimos pensamientos y preocupaciones fuera, quizá, justo antes de apagarse para siempre y pensando que sólo sería un susto más en la historia de su salud delicada, el siguiente:

— buff…esto va a afectar a la viñeta del lunes

 

Rápido, directo, sin concesión a lo barroco, aguado en el trazo: un verdadero veredicto político y moral ―asegura la prestigiosa publicación semanal serbia Vreme― sobre los políticos en el poder, no ilustra, sino que dicta una sentencia definitiva. Así lo hace en especial con políticos ultranacionalistas como Milošević, uno de los arquitectos de la limpieza étnica en lo que integró el solar yugoslavo, el (absuelto) criminal de guerra Vojislav Šešelj, así como otro Vojislav, el muy decepcionante contradictorio y tibio Koštunica.

Sección III.1. Las diversas teorías sobre su cosmovisión gráfica ¿biología o tradición caricaturesca?

Han ocupado el tiempo y la mente de algunos exégetas variopintas teorías en torno a su particular forma de ilustrar. Sus dificultades de visión suscitan la siguiente pregunta de investigación: ¿predeterminaría su dolencia ocular su visión del mundo? La ciencia dice que el consiguiente estrago de estereopsis o visión estereoscópica debió influir en la pérdida de percepción tridimensional. Este atributo, que compartimos con nuestros parientes cercanos de evolución los primates, pero, del mismo modo, con félidos, gatos, perros, lobos, zorros o aves rapaces, constituye una ventaja evolutiva de primer orden, pues las sombras, la perspectiva, el movimiento o la comparación de tamaños son percibidos con mayor nitidez y facultaron una optimización de la caza o la observación del entorno.

Es por las razones expuestas ―dicen algunos― que Predrag Koraksić proyectaba el tipo de dibujos que lo caracterizaron. De acuerdo con la teoría propugnada, el carecer de visión binocular, le condujo a conjurar dicha insuficiencia compensando líneas y ángulos y tamaños y estableciendo las distancias mediante cálculos internos; es decir: interpreta más, es más consciente, construye más y es menos automático, lo que es idóneo de cara al análisis y síntesis que precisa toda caricatura política o de cualquier otra esfera de la realidad.

Otros sostienen, por el contrario, que la falta de tridimensionalidad origina una tendencia a resumir rasgos, a hiperbolizar (labios, por ejemplo), a plasmar formas veloces y claras, líneas claras, expresivas, directas, casi manchas de acuarela a veces en el color, lo que define bien el estilo del genial dibujante.

Otro sector, por el contrario, asevera que dichos artilugios teóricos son tonterías vacías, que intentan encontrar una explicación enrevesada a algo que es más bien navaja ockamiana. La biología tiene poco que decir aquí; más bien puede hablarse del entorno político como combustible que alimenta el estilo. Sus dibujos conforman una réplica directa a la política contemporánea yugoslava y serbia, comentando una realidad política que fue casi siempre tumultuaria en clave satírica, una crítica al poder en especial cuando el contexto aconsejaba usar finas plumas.

En cualquier caso, siguió pautas de la tradición yugoslava, como un humor gráfico contestatario del poder con poca o ninguna participación de texto. Korax lo llevó más allá, más explícitamente, sobre todo cuando llegó a Serbia una democracia que, en realidad nunca ha terminado de hacerlo.

 

Sección IV. Lo que establecen las fuentes sobre la Yugoslavia de Tito e influencias tempranas

Medios influyentes en la Serbia de hoy como Blic, a caballo entre el análisis político serio y lo tabloide, dan cuenta de la precoz votación koraksićiana, siendo así que, buceando en los tiempos, todo indica que la primera caricatura publicada en algún medio, a poco relevante que fuera, tiene lugar durante la etapa de la educación primaria, cuando estaba en séptimo.

Excurso documental: ficha de fuente

nombre: Pjer Križani

Nacido en 1890, en Gina (Actual Croacia); fallecido en 1962 en Belgrado (actual Serbia)

Profesión: caricaturista, periodista,

Relación con Korax:  más que posible influencia en Koraksić

Poco antes de publicar su primera colaboración con Jež, es muy posible que le afectase un hecho como la muerte de otro caricaturista decisivo: Pjer Križanić (alias Pjer o Pierre, según el caso). Había nacido en 1890 en Croacia, de madre serbia y padre croata, oficial de la frontera militar austriaca. Se dotó del pseudónimo Pierre para conjurar los problemas con las autoridades autrohúngaras en Zagreb, donde comenzó con sus dibujos, antes de la primera guerra mundial (colaboró en el periódico satírico de Zagreb Koprive, plasmando la alianza de serbios y croatas y siendo por ello objeto de las iras de la censura austrohúngara. Así, realizó un viaje a Belgrado en 1912 junto con otros estudiantes polacos para cimentar la alianza. La situación era muy inestable y los atentados llevados a cabo por estudiantes revolucionarios en Croacia decidieron a Viena a expulsar de la universidad a muchos estudiantes.

Cuando estalla la guerra, se alista en el ejército, viendo allí la oportunidad de plasmar con sus dibujos la situación bélica y lo que la rodeaba, pasando a ser caricaturista de trincheras, donde brillará con sus dibujos y despertando su vocación del humor gráfico como medio de lucha social y política. Muy desencaminado no andaba: su representación de unos fascistas “que siempre estaban con una mano en el aire”. Sus dibujos provocaron las protestas italianas y hubo una crisis internacional por sus viñetas. Se especializó también por caricaturizar a políticos, escritores y gente de la cultura yugoslava de entreguerras y adquiriendo sus obras renombre a escala yugoslava e internacional, convirtiéndose casi en un símbolo de la revista Polítika, donde otros dibujantes también desempeñarán su labor.

Finalizado en conflicto, se trasladó a Belgrado. Destacando, en especial, por su colección de caricaturas «Kuku Todore”, donde documenta aspectos decisivos de la cultura serbocroata como el contencioso del empleo de los alfabetos cirílico (más usado, aún hoy, en Serbia) y el croata, donde predominaba el latino) ante la mirada de unos turcos que se percatan de que anteponen dichas cuestiones menores a la independencia de los turcos.

La segunda guerra mundial le colocó en una comprometida situación: su cualidad de presidente de la Asociación de periodistas de Belgrado (único caricaturista en alcanzar dicha distinción) y lo punzante de sus dibujos aconsejaban quitarse de en medio, por lo que permaneció oculto de la misma manera que lo hizo Koraksić. En 1944 se unió a los partisanos. Finalizada la guerra, escribió su tercer libro llamado Protiv fašizma (“contra el fascismo”, 1948. Parece que la historia se empeñe en andar y desandar ciclos. Muestra de lo consagrado del personaje es la exposición conmemorativa que se celebró en su honor en 1954 con motivo del cincuenta aniversario de su primera caricatura, organizada por la Asociación de artistas gráficos de Serbia. Que alguien como Ivo Andrić, mítico escritor serbobosnio o ―como él mismo declaró ser llamado― “simplemente yugoslavo” escribiera el prólogo de la inauguración, da fe de la relevancia de Pjer. Andrić, por cierto, fue galardonado con el premio nobel de literatura en 1961. Un año después fallecía en 1962, a los setenta años Križanić, dejando una impronta difícil de olvidar en el mundo del humor gráfico serbio.

Fin del excurso

El Zemunska Gimnazija o instituto de educación secundaria de Zemun ―atestiguan diversas fuentes― es un hito fundamental en la trayectoria del joven Pedrag, además de ser una de las instituciones educativas más prestigiosas y antiguas de toda Serbia. Fue fundado en 1858 en Zemun, hoy parte de Belgrado, pero no entonces; es más: era una ciudad que no formaba parte de Serbia (en aquel momento, un principado autónomo parte del Imperio Otomano), sino del Imperio Austro-húngaro.

El Belgrado de entonces se hallaba a un tiro de piedra, en frente, de hecho, de la frontera danubiana. Aunque por ubicación geográfica quedaba bien podría haber quedado dentro de los dominios húngaros tras el Ausgleich o compromiso de 1867 (que dividió el imperio en zonas de influencia de Viena o de Budapest), Zemun era parte de la “frontera militar de Eslavonia” o Slavonska vojna krajina (en alemán, Militär-Gränze), administrada directamente (militar, no civil) desde Viena.

El centro de enseñanza, dicen los registros de la institución, comenzó funcionando en alemán, si bien los estudiantes lograron introducir el serbio. Con el tiempo pasó a formar parte del sistema educativo serbio y se convirtió en uno de los mayores institutos del país. Su edificio histórico, de estilo neorrenacentista, es un bien histórico cultural protegido. Entre sus antiguos alumnos destacan el propio Korax  o su rival político y diana de sus dardos, el político Aleksandar Vučić, además de diversos cineastas o escritores

Predrag Koraksić compartió además centro educativo con ilustradores de la talla de Nikola Rudić y el colaborador de larga trayectoria Dragan Rumenčić “Ruma”, quien vivió, como Korax, una larga vida y nació en 1935, dos años después. Allí también se formaron otros caricaturistas como con Dušan Petričić, Zoran Jovanović o Jovan Prokopljević (Proko).

Prokopljević, como Koraksić, estudió arquitectura y, a diferencia de este, terminó la carrera. También trabajó en   con Korax. Fue destinatario de numerosos premios internacionales.

Zoran Jovanović (1942-2016) es de una generación posterior. También de carrera universitaria, su lenguaje visual era más de acompañamiento de textos (grafista editorial) que de viñetas independientes portadores de significado denso. Su estilo era menos incisivo, menos directo y menos humorístico.

Dušan Petričić (nacido en 1946) es el único que continúa vio de los mencionados. Tuvo un carácter más internacional sus dibujos se han en ver en medios como The New York Times o  The Wall Street Journal. También es conocido por la lustración de libros infantiles.

Todos ellos fueron las figuras fundadoras de la mítica Escuela de Caricatura de Zemun, que era, en realidad, más un círculo de humoristas gráficos con similares intereses e inquietudes. Su museo alberga bastantes dibujos.

Sección V. Predrag Koraksić: una crítica al poder no siempre neutral (según las fuentes y su recepción crítica)

Los registros periodísticos y las reconstrucciones biográficas permiten verificar que la obra de Predrag Koraksić “Korax” se desarrolla de forma continuada dentro del espacio de la prensa serbia desde mediados-finales de los años ochenta, con participación en publicaciones como Borba, Vreme y, de manera sostenida a partir de finales de los noventa, Danas. Las fuentes ubican su obra como caricaturista político crítico con el poder en paralelo a la crisis del sistema yugoslavo y a la degeneración de la libertad de prensa durante el milosevismo.

En lo relativo a la recepción de figuras políticas posteriores, los registros coinciden en que su producción mantiene una continuidad crítica tras la caída del régimen de Milošević, aunque con intensidad variable según los protagonistas de sus caricaturas., siendo así que durante el periodo de gobierno de europeístas y reformistas como Zoran Đinđić (2001–2003) y Boris Tadić (2004–2012), las tintas se cargan menos contra las personas y más contra el sistema. Infiriéndose por sus viñetas que el problema es más estructural que de liderazgo, una institucionalidad débil que hacía imposible conducirse debido a las estructuras heredadas del antiguo sistema que, de hecho, le costó la vida a Đinđić en 2003: elementos remanentes del estado de cosas que se resistía a irse.

Su sátira, pues, continuará, ahora  más focalizada en la representación de la administración estatal y los procesos de transición institucional que alejan a la RFY y a Serbia de Europa, de la promesa de normalización histórica y salida fallida del aislamiento internacional pese a que la UE ya había acogido, caído Milošević a Serbia como país candidato con todas sus contradicciones.

La crítica al poder no se detiene, simplemente se transforma. Sin embargo, se recrudece al acceder al poder de Tomislav Nikolić compañero de filas de Vučić, quien llega al poder como primer ministro en 2014 y logra defenestras a Nikolić para las presidenciales de 2017, momento a partir del cual permanece en el poder. Para Korax, se trata de una vuelta del milosevismo con otro rostro con lecciones aprendidas para retener, concentrar y ejercer el poder de manera caudillista prometiendo a la UE que hará lo que le ordene pero manteniendo un contacto con China y Rusia: el día que Serbia entre en la UE, dicho sistema será severamente examinado, analizado y es muy posible que rueden muchas cabezas políticas. Entre tanto, y por mucho que la constitución invalida al actual predsednik para un tercer mandato, Vučić seguía allí cuando  Korax se despertó. No obstante, Korax, ahora sí, se durmió, esta vez para siempre.

Sección V.I Vida y obras de Koraksić en los tiempos del homus milosevanus

“Esa bestia salvaje que vive en el hombre y que no se atreve a mostrarse hasta que se han eliminado las barreras de la ley y la costumbre, fue entonces liberada.”

Ivo Andrić, Un puente sobre el Drina, escrita durante la guerra, publicada en 1945

Todos los  historiadores coinciden en describir los años 1990, en función de la potencia de carga de la pluma, como turbulentos. Slobodan Milošević gobernó durante esa década y un poco antes, conduciendo a su país a su destrucción. Las guerras de Yugoslavia causaron decenas de miles de víctimas mortales y heridos física y mentalmente. El conflicto edificó un régimen de clientelismo, corrupción y nacionalismo dañino: fueron sus herramientas de gobierno. Del mismo modo que en el momento actual pero con aún menos estándares democráticos, había pocos medios independientes, una libertad de prensa  en estado de shock, con constantes presiones y fabricación de acusaciones falsas contra cabeceras críticas. Danas ―constatan las fuentes―fue uno de esos medios. Koraksić fue uno de sus dibujantes.

Podrían referenciarse  fuentes históricas que-hablan-sobre, si no fuera porque las sátiras de Korax son documentos históricos en sí mismos. Sus J’accuse gráficos contra Milošević y su esposa Mira Marković ejercían una labor de resistencia aglutinante en una población poco crédula por los sucesivos fraudes electorales. La inmediatez y la rapidez de su trazado dicen más que los textos y más rápido en un momento el que, por añadidura, corrían el riesgo de sufrir el tijeretazo censor en cualquier momento.

Korax incomodaba. Mira, la mujer del presidente, aseguraba que Korax era “el peor dibujante del mundo”. Un probable admirador del milosevismo, devenido presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump, sintiendo, más de treinta años después,  gran vergüenza de tomar alguna lección del pasado, procedió de igual guisa, calificando a los cómicos nocturnos o cantantes que le criticaban como gente “sin talento”, “perdedores” o personas a las que nadie veía en la tele. El autoritarismo siempre se las arregla para recomponerse

Milošević solía ser representado desprovisto de ojos, bebiendo de la tradición serbia y balcánica del líder ciego al que sigue también un pueblo ciego.

Excurso documental: líderes ciegos, pueblos ciegos

La victoria sobre el enemigo elegido, el otro, es una victoria total. Por eso el nacionalismo es la ideología de la desesperanza, la ideología de la victoria posible, una victoria que está garantizada y una derrota que nunca es definitiva.

Danilo Kiš, O nacionalizmu  (Nuestro nacionalismo), 1973

Ficha historiográfica: factores inspiradores o coadyuvantes en la obra de Korak

Nombre: Radoje Domanović

Nacido en 1873, en Ovsište (actual Serbia); fallecido en 1908 en Belgrado (actual Serbia)

Profesión: periodista, profesor, escritor

Obra clave: Vođa (el líder)

Relación con Korax:  fuente, influencia simbólica

Como Korax, nació en la Serbia rural (aunque a finales del siglo XIX), en un territorio que pugnaba por sacudirse de la Sublime Puerta. Estudió en Kragujevac, lugar donde se redacta la primera constitución serbia y urbe frecuentada por los estudiantes desde las protestas que comenzaron en 2024. Con posterioridad, frecuentó la Gran Escuela de Belgrado (germen de la universidad), donde se formó en historia y filología. Trabajó como profesor universitario  en varias ciudades. Sus tiempos fueron también turbulentos y usaba la sátira en su versión más literaria contra el sistema político serbio, lo que le enemistó con las autoridades, siéndole  aplicadas diversas medidas “correctivas” y estando siempre vigilado. Arrastró problemas de salud y no pudo superar una tuberculosis que se lo llevó demasiado joven (treinta y cinco años) en 1908, aunque dejó un relato fundamental para Korak: Vođa, escrito en 1901.

A grandes trazos, bibliotecas y registros atestiguan que, si bien su obra no pudo ser extensa debido a lo poco extensa que fue su experiencia vital, albergaba rasgos marcados como la crítica sin medias tintas al poder, a la obediencia ciega y a la corrupción política.

 

“Vođa” constituye un cuento-alegoría satírica en la que Domanović elucubra una situación de gran potencia simbólica: un grupo de ciudadanos pobres y desesperados decide emigrar a un lugar mejor. Como líder es elegido un tipo al que no conocen: se acaba casi de presentar ante ellos. Se trata de un hombre callado (lo que es interpretado por los emigrantes en clave de sabiduría y cautela). El pueblo lo sigue sin plantear cuestión alguna ni contradecir sus decisiones. Finalmente, sus seguidores se dan cuenta, al final, de que el vođa es ciego, los ha guiado sin ver y nadie ha dicho “esta boca es mía”, de modo que el pueblo queda perdido, incapaz de orientarse.

Es de recibo, dicen los estudiosos, que no es un simple cuento sino una metáfora muy recurrente: un líder ciego que representa el poder incompetente, irresponsable y/o autoritario y/o corrupto: Guiando a un pueblo no menos ciego que le sigue sin cuestionar nada: obediencia ciega. La sociedad yugoslava (RFY) siguió ciegamente a su líder Slobodan Milošević quien, como el coronel Aureliano Buendía en “Cien años de soledad”, metió a yugoslavos y serbios en cuatro guerras (Eslovenia, Croacia, Bosnia, Kosovo). Y las perdió todas, con la diferencia de que Aureliano era un idealista que propugnaba reformas para eliminar los males del país, si bien acabó dudando de él mismo y de lo demencial de las guerras. El “idealismo” de Milošević, en cambio, era más sanguinario: no sólo agotó la economía del país y lo convirtió en un paria internacional por las sanciones y asilamiento, sino que además creó una élite corrupta y clientelar que perduró más allá de su abandono del poder, que se lleva por delante a líderes reformistas y que continúa moviendo hacia el pasado los minuteros del reloj serbio. Vučić supondría, de acuerdo con lo dicho, un mal salto temporal que habría llegado para quedarse en tanto se lo permita la constitución serbia.

Es por dicha razón por lo que Milošević y también Vučić y otros líderes políticos aparecen encarnados en las viñetas sin ojos, o con estos tapados, o vacíos.

Sección V. 2. No todos estaban ciegos, aunque nadie tuvo a bien guiarlos.

En realidad, gran parte del pueblo fue ciego, pero no todo. Una nada desdeñable parte de la población siguió por inercia, por irresponsabilidad, por apatía, o ―en muchos casos― por convicción. No obstante, siempre existieron pulsiones que ansiaban el cambio. En la Yugoslavia (la real) de finales de los años 1980, los ciudadanos deseaban superar el estado adverso de las cosas, con una crisis económica galopante desde la muerte del mariscal Tito (1980) que tuvo aparejado, además el terrible efecto de dejar al país sin piloto a bordo: Tito era lo poco que quedaba de consenso. Una población exhausta optó por varias soluciones: desde la independencia a la lucha por transformar el sistema. Muchos, aun que no todos, concluyeron que la forma de escape pasaba por la independencia: Eslovenia y Croacia, que arrastró, con el tiempo a Bosnia y Herzegovina. Muchos serbios también querían salir de la crisis y la parálisis institucional sin disolver la federación yugoslava. No sólo eran serbios: de igual modo existían las mismas “fuerzas” en otras repúblicas.

Pero Yugoslavia/Serbia tuvo mala suerte: la Comunidad Económica Europea (CEE), en su tránsito hacia la Unión Europea (UE) se focalizó mucho más en la alternativa independentista. Podía ser legítima, pero lo que no fue sensato fue ignorar a los serbios, de ningún modo satisfechos con Yugoslavia. Se les ignoró, como hoy al movimiento estudiantil serbio (2024- ). Por otra parte, la recién nacida UE dio al mundo un curso gratuito de miserias humanas cuando, por ejemplo, una Alemania recién unificada pretendió ir por su cuenta para dejar claro que ellos eran `potencia mundial, que tenían su propia vida. Ninguneó a la UE y tiró de Alleingang  (como con Israel y su genocidio, como con Irán).

Los serbios, lejos de asistir impávidos a la oferta de destrucción del país, racismo y limpieza étnica, muerte y colapso económico: los años 1990–2000 (era de Slobodan Milošević) fueron testigos de ello, con el surgimiento de movimientos estudiantiles y cívicos contra el régimen, el nacionalismo dominante y la represión política. Hubo focos de resistencia contra el régimen duranta toda la década: en 1991, en 1996-97, en 2000. Así hasta ahora.

Medios nacionales e internacionales (aunque menos) dan cuenta de las grandes protestas masivas de estudiantes y oposición política en 1991 contra el autoritarismo y el control de medios por parte del Estado, o el ultranacionalismo creciente que presagiaba la catástrofe que, finalmente,  sobrevino: aunque en 1991 estaba tomando forma: la RFY  y sus adláteres en Bosnia o Croacia sembrarían por acción u omisión el terror y la muerte en Croacia y Bosnia, y Sarajevo se convertía en el asedio más largo y cruel de la historia moderna, se reprimió toda disidencia, aunque Korax continuó desplegando su particular resistencia con sus viñetas reprobatorias, conmocionadas por la barbarie bélica.

El poder se manifiesta en Korax encarnándose en lo grotesco, deshumanizado o casi monstruoso, mientras que la población civil suele mostrarse como víctima de tamaño reducido y aplastada por el Estado o la propaganda. Son también personajes recurrentes los “hombres de negro”, malacarosos, de traje y con gafas de sol y sobrero como imagen del Estado profundo, que suelen acompañar a los personajes.

En ese periodo crítico, la guerra, el nacionalismo y la represión política son temas centrales, decantándose por el  más desnudo blanco y negro, en un estilo muy directo como corresponde a los tiempos, cargado de ironía y simbolismo. Los líderes de otras repúblicas como Franjo Tuđman, que tuvieron su parte de culpa con su actitud irresponsable, ocupan viñetas del humorista gráfico. Sus viñetas plasman muerte, calaveras. Una de ellas muestra a la que parece ser Mira Marković en un campo con flores, sentada en una lujosa silla y escribiendo, posiblemente, poesía, mientras, debajo, las ciudades destruidas humean.

Excurso documental: el tractor y la tormenta

Tema: guerras Yugoslavas (Croacia) Operación Oluja (Tormenta)

Fecha: 11 de septiembre de 1995

Afectados: serbios de Croacia

Fuente: aparecido en Vreme 1995, en la prensa serbia (entonces RFY), referido por Danas

Vinculación con Kórax: caricatura

Descripción:  B/N.  Columna de civiles desplazados croatoserbios representados sobre o junto a un tractor cargado con pertenencias domésticas. También, élites civiles y militares serbias.  Se apea del vehículo Milošević para realizar una pintada en una casa, antes de ser evacuado: “esto es una casa serbia”. La escena remite a desplazamientos masivos de población serbia durante el verano de 1995.

 

La caricatura despliega una información condenadísima tanto en lo meramente visual como en los hechos que describe. El punto de partida es la mencionada Operación “Oluja”, implementada entre el 4 y el 7 de agosto de 1995, cuando las fuerzas croatas recuperaron la Krajina. Las Krajinas (¿recuerdan las Militär Grenze austrohúngaras?) son unos territorios repoblados con serbios étnicos para defender la fronteras del imperio. Eran una especie de colonos-soldados. Al producirse la independencia de Croacia, los serbios que las habitaban decidieron no integrarse en el Estado croata y seguir siendo leales no a Serbia, sino a una Yugoslavia que, en el papel, seguía existiendo. Mucho se podría platicar sobre la imprudencia de Franjo Tudjman al adoptar la bandera croata actual. Una enseña antigua, sí, pero que era la misma que la empleada por los ustaše croata, al mando de uno de los mayores criminales que haya conocido Europa:  Ante Pavelić. Se dedicó con denuedo a exterminar serbios y otras etnias, siendo la estrella del genocidio el terrible campo de exterminio de Jasenovac. Asegura Francisco Veiga en su imprescindible “La trampa balcánica” que, cuando los serbios más añosos vieron aparecer el lábaro croata, acabaron por pensar que, simplemente, los ustaše habían vuelto. Franjo Tudjman es hoy un líder indiscutible, incriticable a nivel “razón de Estado” alemana en el contexto del genocidio de Gaza por parte de Israel. Pavelić, por su parte, acabó en un retiro dorado en España, acogido por aquel señor que se hacía llamar  caudillo.

La operación tormenta, con independencia de los dislates criminales cometidos por los serbios en antiguo-yugoslavo suelo, constituyó una limpieza étnica ―esta vez, de serbios― de una población que habitaba esas tierras desde tiempos inmemoriales. Más de doscientos mil refugiados hubieron de abandonar sus casas. El mundo permitió esta operación de limpieza étnica en toda regla, por una llana explicación a tenor de la cual los serbios eran los malos absolutos de la película. Tal es así que, para vencer a los serbobosnios que se habían adueñado de una parte del territorio croata (con sus consiguientes crímenes contra la humanidad, solo faltaba), se acabó expulsando a civiles que no tenían nada que ver con la guerra: total: ya que estamos…

El mundo vio en prime time las carreteras colapsadas por columnas interminables de refugiados que huían con lo puesto, cargando sus pertenencias como muebles, animales, enseres domésticos, personas) en tractores (imagen recurrente en Korax), carros, caballos bicicletas. La escena que pinta Korax hace referencia, precisamente, a ese episodio. Quizá no es el caricaturista demasiado explícito, pero puede observarse a alguien de uniforme militar que se parece mucho a Ratko Mladić (criminal de guerra serbobosnio) y a un Slobodan Milošević que, en sus delirios del expansionismo vinculado al proyecto de la Gran Serbia, todavía tiene tiempo para salir del tractor donde está parte de la casta militar y política del régimen, que no ha sido capaz de garantizar que los serbios étnicos habitaran sus territorios históricos. Armado con un espray, graffitea con caracteres cirílicos:

“Esto es una casa serbia”

La palabra casa queda incompleta, sugiriendo que quizá no le dé el tiempo para terminarla.

En eso quedó tanto sufrimiento y tantas guerras. El episodio constituye un verdadero trauma nacional que aún perdura. Serbia tuvo que acoger a cientos de miles de personas: una Megali Katastrofi en miniatura.

 

Excurso documental: el “caso Borba” y los ataques a la libertade de prensa.

Tema: libertad de prensa

Afectado: diario Borba

Fuente: aparecido en The Guardian en 1995, desde 1994 en la prensa serbia (entonces RFY)

Vinculación con Kórax: caricatura, colaborador en su momento de dicho periódico.

Descripción:  B/N.  Slobodan Milošević, caracterizado sin cuencas oculares, araña con su garra de lo que parece ser un oso un ejemplar en blanco del histórico diario yugoslavo Borba (Lucha)

La libertad de prensa sufrió entonces también claros retrocesos y hoy diversos informes aseguran lo mismo.

El prestigioso diario periódico Borba fue fundado en 1922 en Zagreb, lo que da cuenta de su yugoslavicidad, de línea afín con el partido comunista yugoslavo y fuerte crítica política. Fue prohibido durante la dictadura del rey Alejandro I por sus ataques al poder. Durante la II Guerra Mundial, resurge vinculado al movimiento partisano comandado por Tito, convirtiéndose en un medio antifascista y propartisano.

Tras la guerra, se muda la redacción a Belgrado, erigiéndose en uno de los componentes más influyentes del ecosistema mediático yugoslavo. Pese a considerarse una cabecera oficialista con el socialismo del Estado, mantuvo siempre cierto prestigio intelectual.

El decenio de 1990 sería decisivo para el periódico. Al acceder Slobodan Milošević al poder, tiene lugar una crisis editorial y el equipo se parte en dos.  Una parte se alinea con el poder. Sin embargo, el otro sector convierte a Borba en un rotativo contestatario con el gobierno, lo que lo hará blanco del milosevismo, que intenta atenazarlo con censura y pérdida de independencia. En 1994, el gobierno logra descabezar el medio

En los años noventa se convirtió en uno de los pocos medios serbios que mantenían cierta independencia frente al régimen de Slobodan Milošević. No se podía consentir “donde se ha visto”, referiría alguien cercano al poder, en una fuente no verificable. En 1994 el gobierno intervino el periódico: expulsó a la dirección crítica y colocó en su lugar a una nueva afín al poder. Resultado: documentan algunos registros como Washington Post y alguno serbio, que  muchos periodistas abandonaron en masa la redacción, lo que afectó irremediablemente a la reputación de Borba. Como pasó en toda guerra civil, caricaturistas y profesionales de la información acabaron ubicándose ―y dando brillo― a periódicos más independientes como Naša Borba (una especie de falsa refundación del intervenido Borba) y Danas, una de las casas de Korax.

Aunque Borba siguió existiendo durante años, nunca recuperó su influencia anterior. La presión política, el control estatal y la pérdida de lectores durante la era Milošević fueron factores determinantes en la decadencia que acabaría llevando al cierre definitivo del diario en 2009. Unos años después, una nueva Borba reabrirá, ya como revista cultural mensual. Con apoyo estatal y sin vinculación con el histórico periodismo político del proyecto anterior.

Para Korax, el caso Borba es piedra de toque de  una prensa bajo presión la presión del poder que lucha por mantener la independencia informativa y la veracidad que se ve obligada a encarar un asimétrico choque entre propaganda y crítica.

 

V.1. Un humorista gráfico en ante los tribunales

Con el tiempo colaboró con varios medios como Večernje novosti, NIN, Borba, Naša Borba, con el portal Peščanik, con Radio Free Europe/Radio Liberty, el medio financiado por Estados Unidos que intentaba proteger la libertad de prensa desde el prisma de sus postulados y/o intereses.

En especial, desde 1993, cuando el milosevismo ―reseña Al-Jazeera Balkans― lo expulsó de Večernje novosti por razones políticas ( zbog političke nepodobnosti; o sea: no idoneidad política). La Yugoslavia de  Milošević se caracterizaba, en el marco de un decenio de guerras y de limpieza étnica contra sus vecinos, por la censura y las amenazas a la libertad de prensa, un ecosistema poco propicio para los periodistas. En ese tóxico clima, Korax cargaba contra los líderes políticos, tal y como había procedido incluso en la Yugoslavia de Tito, haciendo su labor tan valiente como peligrosa. Así fue como una de sus caricaturas acabó por llevarlo ante los tribunales. La fiscalía de Novi Sad, de este modo, ordenó abrir una investigación contra Dragoljub Žarković, editor jefe de Vreme, en tanto que la viñeta de  Koraxrepresentaba una posición indigna e insultante. Los límites del humor: para los apologetas de que lo-de-ahora es-una-dictadura-y-antes-se vivía-con-más-libertad -y-en-suma-más-mejor.

La viñeta de la discordia

Sientan registro del contencioso, a posteriori,  personalidades del mundo académico como  Dinko Gruhonjic, de la facultad de ciencias políticas de la universidad de Novi Sad. Fue en dicha urbe donde se originaron las protestas de los estudiantes serbios que impactaron y aún inspiraran y guían a toda la sociedad. La causa: el derrumbe, en noviembre de 2024, de la flamante y reformada estación ferroviaria de la capital de la Vojvodina. Fue reconstruida con capital chino y se caracterizó por la opacidad habitual que caracteriza toda concesión por parte del gobierno serbio. Se saldó el colapso de la infraestructura con dieciséis víctimas mortales y numerosos heridos. Hoy nadie rinde cuentas y los jueces que lo intentan son destituidos.

Volviendo al dibujo, este escenifica de manera grotesca una escena en la que pueden verse varios líderes de la RFY/Serbia como Milošević, Radovan Karadžić, Vojislav Šešelj y Dobrica Ćosić, todos ellos ejecutores o ideólogos de la depuración étnica contra los bosniomusulmanes. El último descrito fue el primer presidente de la RFY (1992-1993) y uno de los doctrinarios de la idea de la Gran Serbia, a la par que voz importante en la teoría del victimismo a tenor del cual existe un proyecto que tiene como fin la hegemonía de los musulmanes en detrimento de los serbios, pueblo que sería deportado a campos de concentración. El gran reemplazo dirigido contra los WASP por los musulmanes que tanto gusta a Trump y  que compra con gusto la ultraderecha europea. Nota: como todos los extremistas, acabaron peleados entre ellos. Ćosić acabó siendo un acérrimo opositor de Milošević: y no, por cierto, porque estuviera en desacuerdo con los crímenes del ejército,  milicias, banderías, y contingentes armados serbobosnios.

Los cuerpos de los líderes, quienes practican en el juego infantil de tirarse al montón (trula kobila,yegua podrida o muerta” en serbio). Un jugador se agacha y hace de “base” (la “yegua/caballo”), mientras el resto salta encima uno tras otro, formándose una especie de “montón humano”. Si alguien falla el salto o el grupo se cae, se reinicia el juego o los jugadores cambian de posición.

Es lo que a Korax le suscitaban los debates estériles en la asamblea srpska (parlamento, asamblea nacional serbobosnia). En este caso, los líderes, reunidos para la negociación y posterior rechazo del (enésimo y fallido) plan de paz ―esta vez, Vance-Owen―, aparecen representados sin concesiones durante las guerras de Bosnia.

Los cuerpos de los políticos intentan abrirse paso, saltan unos encima de otros, se empujan, se pisotean en una cruda escena. La ilustración fue acusada de pornográfica, algo habitual cuando se quería eliminar por la censura. En realidad, simbolizaba la lucha descarnada por el poder, la descomposición del Estado y del poder, el caos y el desgobierno, la ausencia de rendición de cuentas, la opacidad de las decisiones. El acusador ha querido ver una felación, aunque lo que se plasma es la humillación de la clase política del régimen. Y no: no estamos hablando ―todavía― de Vučić.

Tras varias vistas, se consiguió probar que la intención de la caricatura sino crítica con el poder y la demanda fue retirada. Comentó Koraksić que ―en sede kafana (café, bar), por supuesto― uno de los antiguos asesores de Ćosić le confesó en Belgrado, detrás de un vaso, que la idea de la demanda partió, efectivamente, de Ćosić, aspecto que Korax siempre sospechó.

La segunda parte de los años 1990 y lo que se cuenta de siglo XXI, hasta prácticamente ayer, los transitará Korax con su asidua pluma afilada contra el poder, que irá mutando, a medida que se vaya agotando el milosevismo, hacia unas representaciones más coloridas y menos abigarradas.

English Version: Predrag Koraksić «Korax» (1933–2026): A Life in Cartoons

A last cartoon

On May 14, 2026, the Serbian daily Danas published a cartoon showing President Aleksandar Vučić turning back the hands of a clock. The clock face was the EU flag — blue background, yellow stars as the minute hand. Two days later, its author was dead.

Predrag Koraksić — known universally as Korax — did not know it would be his last cartoon. He had spent 76 years drawing without interruption, through wars, censorship, court cases, and failing health. One of his last reported concerns, before he was hospitalized, was whether he would make the Monday deadline.

He was 93.

Childhood and war

Korax was born on June 15, 1933, in Gornja Gorevnica, a small village near Čačak in central Serbia. At four years old he contracted chickenpox, which damaged his left eye and left him with severely reduced vision on that side for the rest of his life. Some critics later argued this shaped his artistic style — that drawing without full stereoscopic vision pushed him toward simplified lines, exaggerated features, and flat but expressive forms. Others said that was overcomplicating things, and that politics alone was fuel enough.

When the Nazis invaded Yugoslavia in April 1941, Korax was seven. His father was a partisan, captured by the Chetniks. The family fled the Čačak area and went into hiding in Zemun — then a separate town, now part of Belgrade — where his mother had relatives. They changed their name and identities. The boy who would become Korax spent part of the war as Franjo Božić.

School and first cartoons

After the war, Korax attended the Zemun Gymnasium, one of Serbia’s oldest and most prestigious secondary schools. Founded in 1858, it began as a German-language institution before switching to Serbian, and its neoclassical building is now a protected historical monument. Among its alumni: Korax himself, and — several decades later — Aleksandar Vučić, the man who would become the main target of Korax’s final years of work.

At school he was already drawing. By the time he was 17, around 1950, he was publishing in Jež, a satirical magazine. He briefly studied architecture, then abandoned it. Drawing was clearly what mattered.

At the Zemun school he was part of a remarkable generation of cartoonists that became known as the Zemun School of Caricature — a loose circle rather than a formal institution. It included Nikola Rudić, Dragan Rumenčić, Jovan Prokopljević, Zoran Jovanović, and Dušan Petričić, the only one still alive today, whose work has appeared in the New York Times and the Wall Street Journal.

The tradition he drew from

Korax did not work in a vacuum. Serbian and Yugoslav satirical cartooning had a strong tradition of political opposition, and one figure loomed particularly large: Pjer Križanić, born in 1890 in Croatia to a Serbian mother and Croatian father, who began drawing before the First World War for the Zagreb satirical paper Koprive. His cartoons attacking the Austro-Hungarian authorities got him into serious trouble. During the war he drew from the trenches. Between the wars he became one of the defining voices of Yugoslav political cartooning, famous for skewering politicians, writers, and public figures. His cartoons of Italian fascists — always with one arm raised — caused a diplomatic incident. He survived the Second World War in hiding, joined the partisans in 1944, and died in 1962. Ivo Andrić, who won the Nobel Prize in Literature in 1961, wrote the preface for a retrospective exhibition of his work.

There was also a literary tradition that fed into Korax’s visual language. Radoje Domanović, a Serbian writer and journalist born in 1873, wrote a short satirical story in 1901 called Vođa — «The Leader.» In it, a group of desperate people decide to emigrate to a better place. They choose a leader they barely know, a quiet man they mistake for wise. They follow him without question. At the end, they discover he is blind. He has led them nowhere, and now they are lost.

The image of the blind leader guiding a blind people became one of Korax’s most persistent symbols. Slobodan Milošević, in his cartoons, almost always appears without eyes — empty sockets, or simply blank where the eyes should be.

The Milošević years

The 1990s were the decade that defined Korax’s reputation. Milošević led Serbia and what remained of Yugoslavia into four wars — Slovenia, Croatia, Bosnia, Kosovo — and lost them all. The decade brought ethnic cleansing, international sanctions, economic collapse, and the systematic destruction of independent media.

Korax drew through all of it. He worked for Borba, Vreme, and Danas — among the few publications that maintained some independence from the regime. In 1993 he was expelled from Večernje novosti for what the editors called «political unsuitability.» Milošević’s wife, Mira Marković, publicly called Korax «the worst cartoonist in the world.» Korax took this as a compliment.

His style in this period was almost entirely black and white — fast, stark, loaded with irony. Leaders appear grotesque or monstrous. Ordinary people appear small, crushed. Men in black suits and sunglasses — the «deep state» — lurk in the background. Skulls appear. Cities burn. In one cartoon, a figure resembling Mira Marković sits in a luxurious chair in a field of flowers, writing poetry, while destroyed cities smoke in the ground below her feet.

In 1995, he drew the mass exodus of Croatian Serbs following Operation Storm, when Croatian forces retook the Krajina region and over 200,000 Serbs fled their homes. The cartoon shows a column of civilians on tractors loaded with furniture and belongings — a real and televised image that traumatized Serbia. In the cartoon, a figure resembling Milošević climbs down from the tractor long enough to spray-paint in Cyrillic on a house wall: «This is a Serbian house.» The word for «house» is left unfinished.

The court case

One cartoon went further than the authorities were willing to tolerate. It showed Milošević, Radovan Karadžić, Vojislav Šešelj, and Dobrica Ćosić — wartime leaders and ideologues of ethnic cleansing — in a chaotic pile, their bodies tangled together, referencing a Serbian children’s game called trula kobila («dead horse»), in which players pile on top of each other. The cartoon was meant to capture the chaos, the scramble for power, and the moral collapse of the regime during the Bosnian war negotiations.

Prosecutors in Novi Sad charged the editor of Vreme, Dragoljub Žarković, claiming the cartoon was pornographic. After several hearings, the court accepted that the image was political satire and the case was dropped. Years later, Korax was told by a former aide to Ćosić — in a Belgrade café, over drinks — that it was Ćosić himself who had pushed for the prosecution. Korax said he had always suspected as much.

After Milošević

When Milošević fell in 2000, and the reformist Zoran Đinđić became prime minister, Korax’s work shifted — not softer, but differently aimed. The problem, his cartoons suggested, was structural. Weak institutions, corrupt networks, the deep residue of the old system. Đinđić was assassinated in 2003, shot by a sniper outside his ministry. The people who ordered his death were never fully brought to justice.

Boris Tadić’s years (2004–2012) brought a genuine pro-European direction, and Korax’s cartoons reflected a cautious, incomplete optimism — less about monstrous leaders, more about a system resisting change.

Then came Tomislav Nikolić, and then Aleksandar Vučić, who took power as prime minister in 2014 and has dominated Serbian politics since. For Korax, this was a return — not a simple repeat, but a recognizable pattern. Vučić had learned from Milošević’s mistakes. He maintained the forms of democracy while hollowing them out. He promised the EU what it wanted to hear while keeping warm relations with China and Russia. He concentrated media, courts, and public contracts in friendly hands.

Korax drew him turning back the clock. Again and again, in different forms, the same image: a leader moving the hands backward, a people trying to push them forward.

The end

On May 16, 2026, Predrag Koraksić died in Belgrade. He was 93 years old. His last cartoon had been drawn two days earlier.

He had published his first cartoon 76 years before, as a teenager in postwar Yugoslavia, in a country that no longer exists. He had drawn under Tito, under Milošević, through wars and sanctions and isolation, through a brief democratic opening, through its slow erosion. He had been expelled from newspapers, taken to court, called the worst cartoonist in the world by a president’s wife.

He kept drawing.

Por Antonio Rando Casermeiro

Me llamo Antonio y nací en Santander en 1974, aunque soy, sobre todo, de Málaga. Soy licenciado en Derecho e Historia y doctor en Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales por la universidad de Málaga y quisiera dedicarme a ello. Soy un apasionado desde pequeño del este de Europa, especialmente de los Balcanes y Yugoslavia. Me encantan las relaciones internacionales y concibo escribir sobre ellas como una especie de cuento. Soy apasionado de escribir también cuentos y otras cosillas. Desde 2013 resido en Colonia (Alemania)

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